viernes, 3 de febrero de 2017

Mi crítica de "Jekyll & Hyde" (Teatro musical)

Bueno, después de un receso de dos meses por las carteleras porteñas, debido a la ola de calor, volví, ayer que estaba lindo para ir al teatro. E inauguré el año con un espectáculo de excepción: el musical "Jekyll & Hyde", con libro y letras de Leslie Bricusse y música de Frank Wildhorn (o Francisco Cuernosalvaje). El musical, a la vez está inspirado en la famosa novela de Robert Louis Stevenson de 1886. Stevenson escribió dos novelas famosas, ésta y "La isla del tesoro", las dos en franca competencia hacia su adaptación cinematográfica. La última de las transposiciones para la pantalla de "Jekyll & Hyde" es de 1996 ("El secreto de Mary Reilly") y pertenece al talentoso inglés Stephen Frears y está protagonizada por Julia Roberts y John Malkovich y cuenta la relación de la mucama de Jekyll con éste y sus transformaciones, si no la vieron véanla porque es una verdadera joyita.
Pero volvamos al musical. Se ve que el jueves es mal día para ir al teatro (y sobre todo a las obras caras, esta cuesta 800 $ la platea, pero yo la conseguí por Tickets a 530 $, jajaja) ya que sólo estaba lleno en un quinto del teatro, y siendo generoso. Es una lástima para tanto esfuerzo y tanta producción... La buena noticia es que Juan Rodó me dio una sorpresa: mejoró. Ya no tiene la voz tan grave y tan monocorde, ahora se ha convertido en un tenor y posee muchos matices, sino no podría haber elegido un personaje tan complejo, que tiene que desdoblarse en dos y variar la tesitura de su canto según el personaje. La otra buena noticia es que está Raúl Lavié, otro experto en musicales ("El Hombre de la Mancha", "Zorba", "Víctor/Victoria") y que no perdió nada de su voz, está mejor que nunca aún con sus más de 80 años cumplidos. Otra buena, está Eluney Zalazar en el rol de Emma Danvers, la virginal novia de Jekyll, que tiene una voz increíble y un talento total para enfrentar ese personaje puro y casto. La contracara de ese papel lo cumple la prostituta Lucy Harris, encarnado por Melania Lenoir, quien no pudo trabajar ayer y fue reemplazada triunfalmente por ¿Karina? ¿Cecilia? (el nombre se me escapa ya que no figura en el programa de mano) Muerza, y compone con total devoción el personaje más querido y aplaudido de la obra. Sí, se ganó una ovación del público más que justificada, ya que su reemplazo fue de lujo, con un papel totalmente querible. Decíamos, Rodó es el Dr. Henry Jekyll y el malvado Mr. Edward Hyde, y Lavié es su abogado, el Dr. John Uttersson. La escena en la que cantan los cuatro juntos, cada cual con su letra (aunque no se les entienda un pomo) y con la misma música es increíble y un total hallazgo vocal/auditivo. Después está ese himno, que ya forma parte de todas las antologías de musicales que es "Es el momento", entonada por Jekyll antes de convertirse.
La historia debe ser conocida (aún a grandes rasgos por todos). Henry Jekyll ha descubierto la posibilidad de separar el bien del mal dentro de una persona y pide experimentar en un manicomio con los enfermos mentales, pero le es negada su solicitud y todos se burlan de su propuesta. Entonces decide ser su propio conejillo de Indias e inyectarse el suero. De pronto, tras un ataque convulsivo, se ve transformado en Mr Hyde, el mal encarnado en una sola persona, una basura de tipo, vea. Suelto por las calles de Londres empieza a cometer sus brutales crímenes, y sus principales víctimas son aquellos que le rechazaron la posibilidad de experimentar en locos. Se emparenta con Lucy, la prostituta que se ha hecho amiga de Jekyll y la denigra de tal forma que ella no puede menos que horrorizarse cada vez que está con él (la golpea sádicamente, la viola, hasta que termina matándola). Sí, el pecado (representado en Lucy) debe ser destruido para que la virtud prevalezca (en Emma), así como deberá morir Jekyll para matar a Hyde, tal es la fusión que se ha hecho del bien y del mal.
Pero tomémonos a nosotros mismos como experimento. Nadie puede decir de sí que es una persona enteramente buena ni totalmente mala. Todos tenemos nuestras bajezas, nuestras zonas oscuras, así como las más luminosas. No hay personas que puedan considerarse santas o demonios. El bien y el mal conviven dentro de todos nosotros. Ahora bien. Ese mal, ¿no puede ser entendido como "lo inconsciente", más concretamente el Inconsciente dentro del aparato psíquico, ya que esta es una instancia que reacciona a las pulsiones, a lo libidinal, a lo más primitivo o animal que hay en cada ser humano?. Stevenson lo hacía salir mediante un jeringazo, Freud descubrió otro método menos violento y más efectivo: la palabra, el poner en palabras todo lo que remita al inconsciente. Y sabemos que la vía regia para visualizar lo inconsciente se da a través de los sueños, los actos fallidos, los lapsus linguae, los chistes, es decir todo lo condicionado al mundo verbal. Pero hay algo más. Stevenson publicó su novela en 1886 y los primeros trabajos de Freud sobre la histeria y las neurosis corresponden a 1892/93, es decir que Stevenson, sin saberlo, se adelantó a Freud en el descubrimiento de "la otra cara", lo cual no sé si será oportunamente agradecido.
El trabajo de los actores es magnífico. Juan Rodó se adueña de esos dos personajes con total naturalidad (aunque vemos que hay mucho trabajo detrás de eso) y llega al colmo del paroxismo cuando debe discutir consigo mismo, dando vuelta la cara para un lado y el contrario, con el pelo recogido en Jekyll y con su pelo ensortijado y largo en Hyde y cantar a la vez. Cuando se adueña de él Hyde es la maldad misma, y todo su cuerpo canta con él, se encorva, se contrae, es espasmódico, tiene voz cadavérica, etc.
La transposición escenográfica de Brodway a acá varió mucho. Acá casi no hay escenografía, sólo unas torres de metal que se van moviendo en el transcurso de la obra, que por suerte no remedan a las escaleras de "Drácula" como se podía suponer, sino que sirven para enmarcar el cuadro, para darle una contención a la acción. Aparecen sí otros elementos, un sillón, el gabinete del Dr. con su conjunto de probetas y retortas humeantes, la cama de Lucy, la escalinata del altar donde se casará Jekyll con Emma, etc.
Debo hablar ahora de la belleza de la melodía y la poesía de sus letras. Son todas canciones inspiradas, no hay desperdicio en ninguna, aunque seguramente el espectador saldrá tarareando más unas que otras. La música es casi constante, si bien hay momentos sólo hablados, pero son los menos. La obra dura dos horas y media y es el tiempo exacto para transmitir tanta belleza, hasta se hace una estética de los asesinatos, que dejan de ser brutales para convertirse en necesarios y coreográficos. En definitiva, un espectáculo para aprovechar con los cinco sentidos, y si hay alguna mujer leyendo ésto, hasta con su sexto sentido. Y para no dejar pasar ya que estará en cartel sólo por 15 semanas (cuatro meses a partir de enero). Mi recomendación: un lujo, excelente.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El conde de Teberito (un crítico independiente -y un cítrico también-).

lunes, 30 de enero de 2017

Mi crítica de "Cyrano de Bergerac" (Teatro-Broadway)


Gracias nuevamente a Teatrix pude ver esta joyita venida de Broadway, con un elenco encabezado por Kevin Kline (Cyrano), Jennifer Garner (Roxane) y Daniel Sunjuta (Barón Christian de Neuvillette), subtitulada al castellano y en el inglés original. La dirección de la brillante puesta es de David Leveaux y data del 2016. Todos conocemos, al menos a grandes rasgos la historia que nos cuenta Edmund de Rostand, su autor. Cyrano es tan buen espadachín como lo es como poeta. De sus labios fluyen versos inspirados como su respiración y sabrá componer una balada mientras se bate a duelo de espadas  con un vizconde para culminar su último verso con la estocada mortal. Pero Cyrano no sólo es poeta y diestro con la espada, también es un tímido por causa del feo aspecto que le da su enorme nariz, un enamorado eterno de su prima Roxanne, es valiente, satírico, irónico y es , sobre todo un Quijote. Sí, porque si bien acá no hay molinos de viento, deberá pelear con lo que siente por su prima y su piedad lo lleva a desplazar ese amor dándole letra a quien ella ama.
Porque Roxanne lo cita al principio de la obra para confesarle su amor por Christian, a él se le derrumban sus sueños dorados de amor, pero transformará ese amor en constituirse como el alma de ese chato mental pero buenmozo de Christian. Le presta sus palabras elocuentes y retóricas al principio en cartas que el supuesto enamorado le manda a su amada, y luego será su voz, cuando, debajo del balcón de Roxanne, se haga pasar por Christian para alegrarle la noche a su pretendida acariciándole el oído con las palabras más bellas. Cyrano lucha contra lo injusto, es así como manda a su casa al actor Montfleury, por hacer abuso de su calidad de intérprete, y luego se batirá con 100 soldados que intentan asesinar a un tipo que le cae bien, matando a 9 de ellos y dispersando a los demás. Cyrano es precisamente un hombre de bien, que no delatará su pasión por su prima ni aún en las situaciones más favorables para él. Puesto a ayudar al soldado normando (único entre todo un regimiento de gascones) se convertirá en su sombra, en su pluma y en su voz, hasta lograr que éste se case con Roxanne. Pero la guerra es inminente, y un siniestro  Conde de Guiche, también enamorado de la mujer, mande a Christian y a Cyrano al frente, contra las tropas españolas. Allí, en medio del fuego, la muerte se apodera de Christian, y su esposa, que acudió al frente para estar con él recibe la última de las cartas fraguadas por su primo y lo ve morir en sus brazos. De allí en más se instalará en una asociación religiosa, a donde va a visitarla su primo todos los sábados, siguiendo con su amor platónico. Pero Cyrano se ha vuelto escritor de sátiras que ofenden a más de un conocido y por eso un grueso tablón caerá desde una ventana provocándole la muerte. No sin antes visitar a su prima, ya herido y reconocer que él fue el autor de todo el enamoramiento con Christian, sin decirlo directamente, Roxanne puede intuirlo. Se da cuenta que estuvo toda su vida abrazando una quimera, y que su verdadero amor estuvo siempre ahí, al alcance de su mano. Entre delirios y desenfundando su espada, Cyrano muere en sus brazos igual que lo hizo su marido y ella queda envuelta en lágrimas. Se puede decir que murió con su último beso de amor en su boca.
Todo pareciera indicar que estamos frente a un dramón, pero en realidad se trata de una comedia, por el ingenio de las situaciones, las respuestas ingeniosas y siempre afiladas de Cyrano y la puesta de enredos que se genera. Siempre que alguien tiene que suplantar a otra persona y ser su doble impone comedia ya sea en el teatro, el cine o la literatura. Las humoradas perviven en el tiempo, y si bien estamos ante una obra de los tiempos revolucionarios de Francia, sus bromas suenan tan bien como si se hubiesen escrito hoy en día. Cyrano parece estar obsesionado por su apéndice nasal, que es descomunal, y en ello basa no sólo su vergüenza ante las mujeres sino que también sus mejores réplicas ante las cargadas. Cyrano es un gigante, un hombre de letras y un hombre de luz, porque lo tiene todo (menos belleza, según él, lo cierto es que la nariz no le sienta tan horrible): habilidad, astucia, verborragia, compasión, amor en demasía, nobleza. Él, que terminará sus días asesinado como un perro.
Cyrano es el talentosísimo Kevin Kline y tiene que enfrentarse, no sólo a situaciones risueñas, sino a un texto plagado de escollos, que harían naufragar al más experimentado pero él es un actor de raza y puede ser cómico, sensible o dramático según lo pida el texto. Jennifer Garner en su Roxanne aporta no sólo belleza sino también un repertorio de tonalidades exquisitas para su personaje, con el llanto a flor de ojos y una delicadeza extrema. Daniel Sunjuta, por su parte, no es un gran galán, pero defiende su papel a fuerza de espada. Hablando de espada, se nota que Kline ha tomado cursos de esgrima para batirse a duelo con el vizconde, ya que es todo un derroche de agilidad y precisión en dicha escena, quedando como uno de los grandes espadachines que pobló la pantalla (o las tablas). Es encomiable el trabajo de Kline cuando recita sus versos más inspirados en la escena del balcón y a la vez deja caer las lágrimas.
Es por tanto una obra, que si bien dura sus dos horas y veinte, no aburre ni cansa en ningún momento, más bien todo lo contrario, nos hace pasar momentos de pura felicidad. Altamente recomendable para todo público. Y recuerden que están a un click de poder disfrutarla.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 28 de enero de 2017

Mi crítica de "La La Land" (Cine)

Acabo de ver "La La Land" en DVD y celebro que una película tan simple en cuanto a argumento pero tan cara a todos los que amamos la comedia musical, haya ganado tantos Globos de Oro y esté tan cerca del Oscar. Pero tengo una mala noticia. No va a ganar. No puede ganar porque no tiene peso importante su desarrollo, porque la Academia no está acostumbrada a darle el premio a los musicales (recuerdo como una excepción cuando lo ganó "Chicago"), aunque sí pueden ganarlo los actores o los rubros musicales o técnicos. La película es deslumbrante en cuanto a belleza pictórica y en lo referente a bailes y canciones o melodías, lo más importante es que ni Emma Stone ni Ryan Gosling sabían cantar ni bailar antes del film, y lo aprendieron con tal motivo. Ni siquiera Gosling sabía tocar el piano, y acá todas sus escenas están filmadas sin trucos, él es quien toca y lo hace brillantemente bien. De todas formas voy a expresar mi opinión personal: mi comedia musical favorita es "Todos dicen Te Quiero", de Woody Allen (1996), que filmó con actores que eran eso, actores, ni cantantes ni bailarines, y hicieron lo que pudieron, cantando a media voz o a voz en cuello y en eso residía el valor de la película. Además la magia que desprendía aquella, con sus vuelos enamorados de Goldie Hawn y Woody junto al Sena le impregnaban de un encanto del que esta carece. Ya voy a hacer una crítica especial sobre aquella película como "la película que más feliz me hizo en mi vida". Quede escrito.
"La La Land" tiene escenas memorables y tiene homenajes permanentes a los grandes clásicos de ese género en toda la historia del cine, desde Vincente Minelli a Stanley Donen, por la alegría o melancolía que expresan sus números musicales. Hay una escena (la última) que es un descarado homenaje a "Un Americano en París", aunque también se rinde culto a las cintas con Fred Astaire y Ginger Rogers. Cuentan los actores que durante el rodaje se inspiraron en "Los Paraguas de Cherburgo" y "Las Señoritas de Rochefort", ambas de Jacques Demy, de la década del 60. Aunque se ven homenajes a todos los musicales que hayan pasado alguna vez por las pantallas.
Digo que el argumento no es muy sólido ya que se extraña particularmente el término "comedia", acá donde no hay ni un chiste, y además la estructura básica es chica conoce chico-chica no se enamora del chico-chico se enamora de la chica- se enamoran-conviven-se pelean-se reconcilian-se separan-termina cada cual por su lado. Sí, ya se los anuncio, el final es triste porque ella se casa con otro y él se queda recordándola. No le podemos pedir un tema muy elaborado a una "comedia musical", pero a ver, muchachos, a esforzar un poco más esa pluma... La dirección es de Damien Chazelle, quien ya había sorprendido con "Whiplash" en el 2015 y cubre un vasto terreno, desde el entrenamiento actoral y su dirección, el manejo de secuencias musicales y/o cantadas, el manejo de coreografías de baile, el uso de grandes plano-secuencia (es decir todo en una sola toma, sin cortes de montaje) para las escenas de los bailes, la armonización de una paleta de colores que incluye vestuario, escenografía, etc. y muchas cosas más. Ojo, no estoy diciendo que la película no valga la pena, al contrario, es muy disfrutable y se agradece que el cine se haya acordado de homenajear a un género tan vapuleado y menospreciado como el musical.
"La La Land" trata sobre la relación de Mía y Sebastian y de la evolución de sus propias carreras. Ella es actriz que se presenta a miles de castings de los que siempre sale rechazada y no le gusta el jazz. Él ama el jazz y es su pasión (además de ser un pianista formidable), y trata de vivificarlo ya que se piensa que el verdadero jazz está muerto o por lo menos, moribundo. Ella trabaja en la cafetería de la Warner, en donde ve rodajes y sueña con estar dentro de ellos algún día. Él toca en un restaurante del que es echado al comienzo del film y termina tocando en orquestas infames, y sueña con abrir algún día su propio reducto en donde revivir al buen jazz. Termina haciendo música electrónica para un compañero de secundaria que lo invita a tocar en su banda y comienza a despegarse de Mía, ya que debe hacer extensas giras por todo el país, con la excusa de tener un trabajo estable. No le importa ya no hacer lo que ama, sino sólo que lo que él hace lo ame la gente. Mía escribe una obra de teatro, la que interpreta (y se supone dirige), pero no va a verla nadie, y los pocos que entraron de casualidad salen sin entender lo que vieron. Es por eso que ella renuncia a todo y vuelve a vivir a casa de sus padres, en otro estado. Pero un día una llamada de una importante directora llega a la casa en que vivía con su novio. Éste corre a avisarle que se presente al día siguiente para un casting y ella, entre quejas, se apersona. La toman para una película a rodarse en París, cuyo guión todavía no está escrito y saldrá de la experiencia con los actores. Nuevamente la distancia los separa. Cinco años más tarde ella se ha casado con otro hombre y tiene una hija. Pero una noche deciden entrar a un local llamado Seb's donde su antiguo novio recrea a los grandes del jazz (que por fin le terminó por gustar, a ella). Ahí lo ve y se convulsiona, recrea toda su vida y lo que hubiera sido de haberse casado con él. Bailes. Canciones. Ella se va del local y le dedica una sonrisa amarga. Fin. Esto es todo lo que hay respecto a argumento. Como ven, no hay mucho. Súmenle lindas canciones y bailes inspirados y tendrán "La La Land". Desde aquí le deseo la mejor de las suertes. Ah. y Emma Stone está cada día más linda.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 27 de enero de 2017

Mi crítica de "El Clan" (Cine)

Francella es un monstruo. Es un monstruo de la actuación. Y es un monstruo el personaje de Arquímedes Puccio que le toca interpretar. Por fin veo una película fuerte, contundente, con garra, bien narrada, bien actuada, bien dirigida, que rompe con tanta medianía que hay por ahí. No es cierto lo que dijeron que esta era la peor película de Pablo Trapero, que con el correr de los años su cine había ido desmejorando. Es cierto que tuvo un debut estelar con esa maravilla chiquita de "Mundo Grúa", pero esta película por su virulencia y violencia está a la altura de "Leonera" o "Carancho", que son dos muy buenos exponentes de ese talento llamado Pablo Trapero.
Está recién llegada la democracia, Alfonsín, junto con Sábato y otros (con ellos comienza la película) firman el "Nunca Más" formando la Comisión para la Desaparición de Personas. Arquímedes Puccio mira todo displicentemente desde su casa. Es un tipo tranquilo, bonachón, que lava la vereda en saquito pijama y pantalones cortos, que saluda amablemente a sus vecinos. Es un farsante, un hipócrita, un bicho de la peor calaña. Creo que huelga explicar los crímenes que cometía, que todo el mundo debe estar enterado, pero bueno, la película viene a contárnoslo y es bueno refrescar el caso. En complicidad con su hijo Alex (muy buen trabajo también de Peter Lanzani, que lo muestra como un actor sólido, convencido), secuestraba compañeros de él en el equipo de Los Pumas para pedir rescate, y la mayoría de las veces, una vez cobrada la suma, terminaba matándolos. Claro que no sólo a rugbiers se dedicaba, todo conocido a quien le pudiera sacar dinero era bienvenido entre las paredes de su casa, donde convivían con su familia, los alimentaba la comida de su esposa y luego los torturaba. Es un buen recurso el uso de la festiva música del rock de los 60 para montarla con los secuestros y/o muerte de sus víctimas. Así como ese montaje entre la relación sexual de Alex con su novia (violenta, sin piedad, por adelante y por atrás) con el secuestro a uno de los amigos de su hijo y posterior asesinato. La película no tiene golpes bajos, la crudeza es amortiguada por las escenas familiares y los gritos de sus víctimas por la radio a todo volumen que pasa el mismo rock de sus montajes. Es una familia muy normal. Cristiana, rezan antes de comer, su esposa es maestra, una señora de su casa, de clase media, y "ajena" a todo lo que pasa ahí abajo. Sus dos hijas una pinturita de chicas, una sigue los pasos de su madre como maestra o profesora y la otra, inocente, va al secundario. Su hijo Alex es un chico sano que ama el deporte y tiene un negocio de ropa deportiva y "todo para el surf", que conoce a una linda chica, Mónica, se enamora de ella y planean casarse para salirse de todo ese horror. (Es inconcebible que Mónica no esté enterada de nada, si pasa mucho tiempo en casa de su novio). El otro hijo, "Maguila", vuelve después de un tiempo a casa de sus padres y se une al raid delictivo.
La cámara de Trapero hace una verdadera corposcopía con el rostro de los actores, marca cada arruga, cada imperfección, cara poro de la piel de ese Francella que se ejercitó en no parpadear durante todo el film, para dar un toque más siniestro a su personaje. Con el pelo canoso, sin los característicos bigotes y sus límpidos y siempre lubricados ojos azules, dan una fisonomía totalmente nueva de lo que teníamos de Francella. Es un actor que no le teme a mimetizarse para lograr una actuación lucida y lúcida. Peter Lanzani también se compromete, desde lo fisico (logra transformarse en un rugbier) y todo su cuerpo habla a la hora de luchar contra su mundo interior. Es particularmente lograda la escena en que Arquímedes se enfrenta a Alex y trata de ahorcarlo por haberlo abandonado en sus proyectos, la comunicación que se da entre los dos intérpretes es asombrosa.
El cine de Trapero ha ido creciendo en intensidad. Despegó con la pacífica "Mundo Grúa" para meterse en el transfondo podrido de "El Bonaerense",  saltó luego a dar un vistazo de las sórdidas relaciones familiares "alla italiana" en "Familia rodante". Transitó por la angustia y el encierro de "Leonera" y los bajos mundos de "Carancho" para meterse de lleno en las villas de "Elefante blanco". Es así como lo encontramos aquí con todo su talento y precisión para contar en este "El clan", que cuenta con producción propia y de los hermanos Almodóvar. La película está contada a intervalos, se intercalan secuencias del rescate final de la víctima por la policía, empieza por ese 23 de agosto de 1985 en donde son atrapados y así, a los saltos va contando una historia que empezó a fines de la dictadura y se extiende hasta ya afianzada la democracia.
Cuenta la relación de Puccio con Aníbal Gordon, quien cayó primero y a quien iba a visitar a la cárcel, "todo por culpa de ese Kelly, que presentó pruebas", pero todos son momentos de calma y de tormenta, le dice Gordon, ahora me toca estar adentro por un tiempo, luego estaré afuera... Pero a Arquímedes no le fue tan bien ya que pasó su vida en la cárcel hasta que murió a los 84 años, en donde se recibió de abogado. Se muestra, en una escena muy impresionante y muy bien filmada, el intento de suicidio de Alex cuando le toca ir a declarar, y se expone que intentó suicidarse varias veces en la cárcel hasta que murió, por fin en el 2008 a los 49 años. Se cuenta el derrotero de toda la familia (se salva el hijo menor que en un viaje deportivo, decide no volver a su casa nunca más). En esencia, estamos ante lo mejor del cine nacional que haya visto por muchos años (es increíble como no fue aceptada para el Oscar) y es altamente recomendable para espíritus atemperados ya que no todo el mundo podrá soportarla (aunque no se muestran escenas cruentas).
Bueno, gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

jueves, 26 de enero de 2017

Mi crítica de "Mujeres de Ceniza" (Teatro)


Hola. Pude ver en estreno exclusivo por Teatrix esta obra que ostenta dos autores a falta de uno, Sergio Marcos y Martín Guerra, que se nota que hicieron un brainsotrming o se rompieron bien la cabeza para ver de qué modo podían desempantanarla. La dirección es de Roberto Antier y le hace justicia a las mujeres con las que trabaja, todas de prestigio en una u otra época. Son ellas: Nora Cárpena (Clara), Mercedes Carreras (Estela), Adriana Salgueiro (Teresa) y Zulma Faiad (Isabel). El asunto es que una de ellas, Clara, ha quedado viuda hace un año exactamente de Ricardo, y en un arrojo desesperado escribe a sus tres amigas una carta ídem para reunirlas junto a ella en ese día. Una de éstas, Isabel, viaja desde Miami sólo para verla, viniendo directamente desde el aeropuerto a casa de Clara que es donde transcurre la acción. En el living, por supuesto. Lo cierto es que después del combo de "Brujas" se copió el modelo y pululan por nuestro ambiente comedias de mujeres reunidas para charlar, con una excusa mínima, y sacan a relucir viejas facturas y muchos trapitos al sol, echándose en cara con mayor o menor fineza todo lo que tengan para exponer. Nora Cárpena sabe de eso por haber sido socia fundadora de aquel club de fanáticos seguidores que perduró por diez años en nuestras carteleras, siempre amenazando con bajarse de cartel para volver al año siguiente (es ley del teatro que cuando tenés la vaca lechera atada no tenés que soltarla).
Y aquí transcurre algo semejante (es engorroso hacer la crítica sin contar el argumento ni develar detalles interesantes, pero trataremos). Al principio las tres amigas se saludan armoniosamente y con cariño, sin saber lo que se les iba a venir encima... cada una con sus manías o sus toc, muy bien marcados aquí. Clara es la que está saliendo del duelo, de a poco, aunque escribe esa carta en medio de una gran depresión, lo que las hace vaticinar a sus amigas un posible suicidio. Conserva en una urna las cenizas del finado con mucho celo (ésto es importante para el final de la trama) y no deja que nadie se siente en el sillón que correspondía a Ricardo. Estelita es un conjunto de tocs, mientras vive aferrada a su cartera todo el tiempo por miedo a que alguien se la robe, aún en la reunión de amigas, está también pendiente de las noticias de asesinatos, violaciones y robos que asedian la TV vernácula y el panorama nuestro de cada día, está exagerado, pero es un miedo que, al fin y al cabo, llevamos todos. Es la que está más estropeada, el tiempo ha hecho estragos con ella, gorda, envejecida, sin gracia para vestir, algo feucha, aún teme que los albañiles que trabajan en su casa, al verla en bata, intenten violarla... Teresa es todo lo contrario, alta, delgada, hermosa, joven, elegante, desprejuiciada, sin miedos a la hora de tener algún amante que no afecte su matrimonio, veloz, un torbellino de pasión y lujuria. Isabel tiene un cuerpo interesante a pesar de su edad (70 y pico), es pintora de cuadros, está casada con un marido que parece de 30 años menos... cuando toma el Viagra a la que no le vemos los ojos por tenerlos constantemente tapados por anteojos oscuros. Todas ellas parecen casadas felizmente, aunque alguna (Clara) no haya tenido nunca un orgasmo y Estelita haya tenido dos en toda su vida.
Lo que parece ser una tragedia es en realidad una comedia disparatada, sin pies ni cabeza, en donde todas las presuntas amigas de Clara han sido en su momento amantes de Ricardo; a Teresa la sedujo por su sentido del humor (algo que Clara no se explica), a Isabel por llevarla a conocer lugares del mundo y decirle que estaba enamorado de ella (algo que Clara tampoco se explica ya que con ella no salía ni a la esquina), y finalmente Estela, la más desvalida, por haberla sabido escuchar y darle sus tiempos para expresarse y para el amor (ahí nadie se lo explica). El descubrimiento de cada caso lleva su tiempo, aunque Clara lo tiene todo organizado, y las réplicas y acusaciones van de unas a otras, según sea el nivel de culpabilidad. Lo cierto es una única cosa: las tres se estuvieron acostando con el marido de su amiga, quebrando así su amistad. Clara parece no guardarle rencor a ninguna ya que no lo expresa ni con gritos ni con insultos, pero la venganza está soterrada y llegará al final. Sí, estamos también ante un thriller... Todos pensamos que las va a envenenar, ya que les sirve bebida displicentemente, o que las va a cuchillar, pues blande su cuchillo sin problemas... pero no, la venganza se sirve fría y ya está preparada de forma mucho más sutil.
La conversación dura la primera media hora entre cosas intrascendentes como amores, infidelidades, celos, sexo, fobias, amistad, etc. Lo que parece que nos va a conducir hacia un callejón sin salida de pronto toma el tinte de la primera acusación, a Teresa, con cartas probatorias de sus encuentros sexuales con Ricardo. No importa que ella lo niegue, Clara lo tiene bien comprobado. Hay un tiempo para que le lluevan los insultos de las otras y toda una serie de explicaciones por parte de ella. Amaga con irse, pero Isabel, la más virulenta, la apremia a que se quede. Luego vendrá la acusación a Isabel, ruegos, súplicas, perdones, y llanto incluido, finalmente a la "mosquita muerta" de Eselita y allí explotará todo.
¿Es buena o mala la obra? Camina por caminos transitados y parece inverosímil por su contenido de que las tres amigas se hayan encamado con el mismo sujeto. Pero más allá de eso resulta efectivamente cómica y hasta dramática por momentos (estos últimos muy  empalagosos, preferimos los primeros), pero están bien calculados los tiempos de risa y los de seriedad. Lo cual no quiere decir que la obra sea buena o mala per se. Se hace larga y endeble el argumento cuando empiezan a repetirse las situaciones, lo que nos estaría enfrentando con una pieza débil. En la exhibición hubo voces encontradas, hay quien la halló muy buena y quien no tanto (es mi caso). El resultado está a un solo click y los lectores podrán opinar. Agradezco las devoluciones.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

martes, 24 de enero de 2017

Mi crítica de "Inseparables" (Cine)

Es muy difícil tomar o no partido por una película como esta, tan planificada para que no tenga golpes bajos que termina incurriendo en varios de ellos, como la mayoría de las "ejemplificadoras" historias de la vida real. Acá estamos ante una remake de una floja película, que la mejora en mucho debido a la excelencia de sus actuaciones y de un guión caprichoso. Acá estamos frente a dos gigantes de nuestra escena y nuestra pantalla: Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna, que pueden hacer creíble y querible cualquier historia. Como dije, ésta está basada en otra película de origen francés que tenía más o menos la misma estructura (no recuerdo haberla visto, pero algunas escenas me sonaban conocidas...) sólo que en esa la relación se daba entre un tetrapléjico y un negro. Acá es entre otro tetrapléjico y un representante de la clase baja, un lúmpen. Martínez y De la Serna habían trabajado juntos en teatro el año anterior haciendo "Amadeus", la gran obra de Peter Shaffer, con una excelente combinación. La química ya estaba preparada, y aquí vuelve a repetirse.
Felipe (Martínez) es un tetrapléjico cincuentón y millonario, capaz de pagar miles de dólares por una pintura de arte abstracto que no dice nada, y parece que es capaz de comprarlo todo... menos su salud. Tito (De la Serna) es un excluído, que vive en un monoblock de Lugano con una tía a la que llama madre, una novia con un hijo y un primo. Quiere la casualidad que esté trabajando de ayudante de jardinero en casa de Felipe y venga a reclamar su paga porque se va debido a malos tratos del jardinero. Es un muchacho sin cultura, impulsivo, violento, desbocado, desubicado y sobre todo, sin compasión. Esto es lo que más le atrae a Felipe (sin contar que en ese hombre grande pueda haber alguna atracción homoerótica por ese joven musculoso y de buena pinta), necesita un ayudante que no se compadezca de él, y por eso lo contrata como su asistente personal, sin importarle que haya estado preso ni que fume porros. Tito acepta a regañadientes, pero la paga es interesante y se mete en esa relación de dos en la que al principio él ejercerá el rol de torturador. El maltrato es evidente y el desprecio por su "protegido". Por suerte hay dos asistentes de Felipe, Ivonne, una mujer grande que se ocupa de todos sus asuntos personales (la siempre eficaz Alejandra Fletchner) y otra más joven, Verónica (Carla Peterson) quien atiende el dictado de las cartas a una mujer desconocida por parte de Felipe y que se convierte inmediatamente en objeto de deseo de Tito. Hasta acá veníamos bien, pero ya se nos hace sentir lástima por la pobre situación que tiene que soportar Felipe.
El cuadrapléjico (como por demás es costumbre de los cuadrapléjicos) sólo puede mover del cuello para arriba. Para abajo está muerto. Y por eso es que no siente el agua hirviendo del té derramándose en su pierna ni los golpes a los que lo somete Tito. Él remite su parálisis a un accidente ecuestre que tuvo un año después de que muriese su mujer, con quien vivió una gran historia de amor por 14 años, cuando era recién recibido en ciencias sociales. Pero no todo es malo en Tito. Tiene algo de justiciero. Empezará a velar por la salud de su paciente. Cuando a la hija de Felipe la abandone su novio diciéndole "putita" él irá a enfrentarlo y le obligará a que se disculpe y le regale chocolates todos los martes durante un año diciéndole cuánto la quiere. Animará la aburrida velada de cumpleaños de Felipe con un cuarteto de cámara poniendo una versión de la porquería esa de "El bombón asesino" y haciendo bailar a todos e incluso la orquesta lo seguirá. Y, finalmente, la reparación más grande, empezará a pintar sus propios cuadros, inspirados en la "basura" contemporánea que Felipe le ha hecho ver y en un acto de justicia, el mismo Felipe venderá su cuadro a un comprador avieso por 11.000 dólares, dinero que irá a engrosar el bolsillo de Tito.
Y ejercerá el mayor acto de justicia cuando haga que Felipe hable por teléfono con su interlocutora desconocida epistolar y finalmente intercambien fotos y en el final lleguen a conocerse, cerrando con un moñito de final feliz la historia. Por supuesto que para llegar a dónde llegó debe pasar por muchas pruebas. Debe ser echado del departamento por su madre (tía) ya que hacía dos años que no sabía nada de él. Deberá cortar lazos con su novia y su hijo y sobre todo, cobijar a su primo en la casa de Felipe cuando llegue el momento. La película se basa en el sentimentalismo, como todas las dirigidas por Marcos Carnevale ("Elsa y Fred", "Anita") pero en todas ellas era salvada por las brillantes actuaciones (allá China Zorrilla, acá el cuarteto central) y rescata del olvido a una bellísima Flavia Palmiero que vuelve a aparecer en el cine, acá de la mano de un papel minúsculo pero trascendente, el de Sofía, la enigmática corresponsal. Decíamos, que si bien no hace derramar lágrimas (ni de compasión ni de emoción, las valiosas), está jugando siempre sobre la cornisa de lo sensiblero, y si bien provoca la risa en muchas de sus escenas, debemos admitir que es una risa fácil, el recurso de "El bombón asesino", las puteadas a un espectador circunspecto del Teatro Colón, etc. La película no se autodesmerece y la adaptación del original lo mejora, pero como decía, es una película "border".
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 23 de enero de 2017

Mi crítica de "Buried Child" ("Chico Enterrado") (Teatro-Broadway)


Por Teatrix y su estreno de obras de Broadway pude ver esta producción del 2016, de la autoría del prestigioso Sam Shepard y dirección de Scott Eliot. La protagoniza un grande de la pantalla, Ed Harris (que para mí no es tan grande, ya que no le vi hacer papeles relevantes). La obra, dividida en tres actos no arranca verdadero interés hasta entrado el tercer acto.
Lo primero que salta  a la vista es que el espectador de teatro norteamericano es un verdadero imbécil. No sé, se ríen de estupideces o sino en los momentos más dramáticos siempre se escuchan desde las primeras filas sonoras carcajadas. Habría que hacer una tesis sobre el sentido del humor del norteamericano promedio ya que daría para mucho, algo que excede los límites de esta simple crítica. Otra cosa es la seriedad con que los autores abordan sus obras. No hay ni un soplo de humor en la mayoría de las obras norteamericanas, que, admirablemente, cuando llegan a nuestras tierras, y con nuestros adaptadores, se convierten en piezas de relojería de la comicidad. De más está hablar de nuestras obras vernáculas, todas tienen al menos chispazos de comedia, hasta los dramas más acabados, sin hablar de nuestras múltiples comedias y comedias dramáticas que suelen atestar la Avenida Corrientes. A la familia disfuncional de esta obra le daría mucha envidia una propuesta como, por ejemplo, "La Omisión de la Familia Coleman", de gran éxito en más de una veintena de países de las etnias más diversas.
Pero vayamos a "Chico enterrado" del eximio Sam Shepard. La escena más contundente sería esa en que se ve a una chica joven de pie con una pierna ortopédica en la mano, a un viejo paralítico tirado en el suelo, una mujer con un cura tomados de la mano y con un gran ramo de rosas amarillas, y un muchacho de mediana edad sin su prótesis quejándose en el sillón, envuelto en una manta. Pero para llegar a eso hay que atravesar largas capas de sopor. Es decididamente una obra aburrida. En este tipo de obras se suele definir como "un estadounidense auténtico" a aquel que juega al baseball, que gana medallas deportivas y ostenta chaquetas del mismo tenor. Por lo tanto en la cabeza de Dodge (Ed Harris) el viejo enfermo, fumador, bebedor y paralítico se luce permanentemente una gorra de baseball, que pasará, como legado significativo a la cabeza de su nieto cuando este muera. Uno de los hijos de la pareja que conforman Dodge y  Halie, Ansel, prematuramente muerto, es recordado por su destreza para el básquet y su rifle siempre colgado del hombro para matar enemigos en la guerra, de tal modo que se le está preparando una escultura de bronce con una pelota en una mano y una escopeta en la otra. Es por estas dos funciones por donde pasa el sentido patriótico norteamericano y no hay conversación que no incluya el baseball, hasta en sus momentos más íntimos o simples. De estos elementos podemos sacar una configuración de lo que es el espíritu del pueblo norteamericano y lo superficiales que pueden llegar a ser.
Pero bueno, a grandes rasgos, "Chico enterrado" es una obra que se basa en haber guardado un secreto terrible por muchos años, hasta que llega el nieto (¿?) de Dodge y su novia Shelly y el abuelo vomita todo el pasado. No lo vamos a revelar aquí, por supuesto. Lo que es cierto es que Dodge está muy enfermo, que vive postrado en un sillón con su botellita, sus cigarrillos, su televisor y su cantidad de frascos de pastillas. Su esposa, Halie, se mofa de él y desaparece por un día en la iglesia (es una acendrada chupacirios) y aparece muy contenta de la mano del cura del lugar, con quien parece muy "compinche". Los otros hijos de la pareja son Tilden y Bradley. Tilden es quien más comparte escenas, y es un muchacho al que le faltan varios jugadores para llenar la cancha, no se explica como puede haber sido el padre de Vince, a quien, cuando este vuelve después de años de no verlos, no reconoce. Tampoco lo reconocen su abuelo ni su abuela, llega prácticamente de la nada junto a su novia para patear el hormiguero de un drama que estaba latente. El otro hijo de Dodge es Bradley, quien siempre que su padre está dormido aprovecha para cortarle el pelo a ras. Y tiene una pierna ortopédica ya que se la aserró con la motosierra. Shelly es una chica flaquita, linda sin pretensiones, que llegada a ese mundo de hombres parece venir a remover cimientos, y logra metérselos a todos en el bolsillo, menos a Bradley, quien la humilla.
Lo que sucede a lo largo de la obra es muy poco interesante, y sólo cobra vida en los últimos 30 minutos de la pieza y que no voy a revelar. Así que el que quiera verla, sólo tiene que apretar el "Ver obra" de mi blog y enterarse los entretelones de esta familia como la suya (¡!) y entrar en la modorra eterna. Podemos pasar sin ella y su patrioterismo inútil.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).