miércoles, 2 de enero de 2019

Mi crítica de "Buscando a Dory" (Cine-Dibujos Animados)

La pérdida de memoria a corto plazo, como todo el mundo sabe o intuye, es un problema grave, que puede ser un anticipo de lo que va a derivar en Alzheimer. Yo estoy pasando por una etapa muy sensible respecto a eso pues mi mamá está entrando en un Alzheimer galopante que le trae muchos inconvenientes con sus recuerdos recientes y muchos de los pasados. Como es bien sabido, lo que mejor se conserva es la memoria de la infancia, de los primeros años de vida. Por lo tanto no estaba dispuesto a aguantarme una película que tomara como tema de burla la pérdida de memoria a corto plazo. Afortunadamente esto no sucede, y si bien en los primeros cinco minutos el tema da para la reflexión jocunda, avanzado el metraje se convierte en un verdadero problema para esa Dory entrañable que se olvida de todo menos de actualizar sus sentimientos (como suele ocurrirle a los pacientes con Alzheimer). Para quien no haya visto la excelente "Buscando a Nemo", les comento que Dory es una pez que no puede retener nada en su memoria, dada más a la parodia en la primera entrega que en esta. Acá asistimos a su primera infancia, donde ya demostraba este problema y era muy querida y cuidada por sus padres, Jenny (con la voz de Diane Keaton) y Charlie (vos de Eugene Levy). Pero quieren los hados de Disney-Pixar que Dory se aleje de sus progenitores para no volver a verlos, literalmente, se pierda sin saber volver a casa. Este es el argumento central de este hermoso film de 2016 dirigido e ideado por Andrew Stanton (y guionado) y todas las peripecias que sucedan en el camino a Dory serán el relleno de la película.
Es de destacar -como siempre- la alta calidad en los dibujos y la animación de la Disney-Pixar, y baste decir que los títulos finales tienen una duración de diez (¡10!) minutos para describir la cantidad de gente que trabajó en esta epopeya y figura en los créditos finales. Es un verdadero ejército de dibujantes, técnicos en computación y animadores los que acompañan cada estreno de esta compañía ensamblada. Si bien en esta oportunidad no tenemos casi canciones (sólo dos, y adicionales), la música como en todo Disney, es protagonista. La voz de la Dory adulta está doblada por Ellen De Genaries. Después de un breve paso por la infancia de Dory la encontramos en su edad adulta (o cuando menos, adolescente, ya que es complicado definir cuándo es la adultez de un pez), reencontrándose con sus viejos amigos Nemo y su padre Marlin, con quienes emprenderá el viaje de regreso al hogar. Son muchas las travesías por las que pasa esta querible pez Dory, sumado a su falta de memoria y su problema para recordar los eventos recientes, lo que la enredan en miles de problemas, todos ellos con un viso dramático pero resueltos con solvencia y risas para grandes y chicos. Lo que tiene la película, como en todos los últimos Disney, es una complicidad con el público adulto que hace apta su visión acompañando a los más pequeños, que se divertirán al mismo tiempo pero con otras cosas o situaciones. Hay para todos los gustos, como en el bien planificado Universo Disney.
Así Dory oye la voz de Sigourney Weaber, que la atrae hacia ella, con la lejana esperanza de poder encontrar a sus padres, y la ingresa en un Instituto para la Vida Marina, en donde enseguida es etiquetada y confinada a una pecera. Son instituciones benéficas que tratan de recuperar a los animales marinos y después de su cura, devolverlos al mar. Igualmente tiene un espacio para la exhibición de especies de todos los tamaños y colores para entretenimiento y conocimiento de los niños. Allí Dory se hace amiga enseguida del pulpo Hank, que será su aliado en el reencuentro con sus padres. El pulpo la ayuda a salir de la pecera, pidiéndole sólo que le regale la etiqueta una vez concluída la misión a efectos de poder salir del lugar. Después de muchas peripecias graciosas y de suspenso con el pulpo al costado, Dory se verá llevada (o caerá por sus propios medios) en el estanque de la ballena bizca Destiny (un tiburón ballena de buenos sentimientos que no puede con su vista, llevándose por delante cuanto obstáculo haya). Es compañero de estanque, un cachalote llamado Bailey que ha perdido su eco sistema de orientación, por lo que le resulta muy complicado poder predecir y ubicar objetos a la distancia.
Mientras tanto Nemo y su padre han dado con la ayuda de dos elefantes marinos fuera del instituto que los encomiendan a un pato desplumado (Becky) para que los transporte en un balde hasta dentro de la residencia para animales a fin de ubicar a su amiga Dory. Esta, lo único que sabe es que sus padres están en la zona del zoológico llamada "Mar abierto". Tal vez confunda esto con el verdadero mar abierto en donde se encontraban sus padres. Y se hace conducir hasta allí por la extremada pericia de sus nuevos amigos, que la guían según el (no)estropeado radar/sonar de Bailey. Llegada al "Mar Abierto" reconoce las viejas caparazones de caracoles que formaban el caminito de su infancia y se emociona pues allí encontrará a sus padres. Pero aquí le informan que han sido llevados al lugar llamado "Cuarentena", dentro del Instituto. Ahora, nuevamente debe emprender la marcha hacia un lugar distinto, siempre ayudada por sus amigos que conocen sus limitaciones para el recuerdo. Por fortuna se encuentra con Nemo y con  Marlin quienes se unen a la aventura. Pareciera que en las películas de dibujos animados siempre la acción se tiene que tirar para adelante a fuerza de peripecias o de giros en el camino, este es el secreto para tener concentrada la atención de los niños.
Una vez llegados a "Cuarentena", son transportados  en un camión que se dirige a Cleveland, pero gracias al eco sonido del cachalote pueden disponer la trayectoria del camión y ser interrumpido por una amorosa familia de nutrias, que, abrazándose cortan la ruta. El camión pasa a ser comandado por el pulpo y Dory viaja en un frasco desde donde dirige el trayecto. Finalmente, y detenido por la policía, el camión con todos los peces cae al agua del mar abierto y Dory se reencuentra con sus padres quienes la esperan amorosamente y sus amigos Nemo y Marlin. Sus padres reciben una gran emoción al volver a ver a su pequeñita ya crecida y ahora viven todos donde reina la paz y la concordia.
Una notable película que me hizo amigar un poco con el temido Alzheimer, ya que Nemo, en las situaciones apuradas decía: "¿Cómo pensaría en esta situación Dory? ¿Cuál sería se lógica?" Y utilizando las reflexiones más alocadas lograban salir con fortuna del entuerto, es decir que el Alzheimer nos regala otro tipo de pensamiento, no menos útil, que puede ayudarnos a reflexionar y a pasar los males... Mientras tanto sigo luchándola yo aquí con mi viejita que se acerca inexorablemente al final de la razón. ¿Qué me esperará de acá en adelante? Sólo la enfermedad lo sabe. Y vean la película porque es muy estimulante y está muy bien llevada.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

Mi crítica de "Tres Anuncios para un Crimen" (Cine)

Parafraseando la película de David Cronenberg, esta se trata de "Una historia de violencia". No importa que sea latente o explícita, no interesa si sea cuando Mildred le perfora la uña y el dedo al dentista con el torno, ni cuando ella misma arroja bombas molotov sobre la comisaría; no importa si cuando es amenazada por un extraño que dice haber violado y matado a su hija, o cuando ella hace colocar los tres enormes letreros: es violencia igual. Y Mildred no se detiene ante nada, habiendo ya siete meses en que su hija fue violada, quemada y muerta en un descampado y ella debe luchar ante la molicie que define a ese grupo de policías que parecen chiflados (pero malos) en su anárquico accionar. La actuación de Francis MacDormand como esa Mildred, madre de Ángela Hayes, la jovencita de 16 años que debió soportar abusos y por fin la muerte, es absolutamente apabullante y no da respiro: es el rostro y el cuerpo de una mujer amargada, profundamente dolida que no esbozará una sola sonrisa durante todo el metraje del film y que decide hacer justicia por mano propia ante la indiferencia policial. Actuación que le valió un Oscar a la MacDormand.
En la punta opuesta se encuentra el comisario Willoughly (Woody Harrelson), un hombre que parece sincero, pero inoperante, que tuvo ante si el caso y no ha sabido dar con un solo sospechoso en siete meses. Ante él van perpetrados los tres grandes carteles en los anuncios que hay en las rutas: "¿Qué hay, Jefe Willoughly?", "Violada mientras moría" y "¿Todavía no hay arrestos?", que Mildred hace colocar pagando lo que no tiene a la compañía de publicidad del pueblo de Ebbing, Missouri, donde ella vive y ocurrió todo. Pero la violencia no acaba allí, ella es víctima en todas sus formas, es ex esposa de un ex policía que la golpeaba brutalmente y que la dejó por una chica de 19 años. Mildred misma trata con violencia a sus hijos, Robbie y Ángela la misma noche de su deceso, en que tienen una discusión ya que la niña se la pasa tirada en su cuarto fumando marihuana la mayor parte del dia, y le pide plata para ir hasta una fiesta, a lo que la madre se la niega y le dice que se vaya caminando. La chica contesta que sí, y que ojalá la violen. La madre se lo confirma: "sí, ojalá te violen y te maten". Nunca se cansará de arrepentirse de esas palabras que cual oráculo edípico marcó su destino. El ex marido la visita a menudo, y se suscita otra escena de golpiza que es interrumpida por un cuchillo de cocina que Robbie le coloca en el cuello al padre. Todo es así de violento en la convivencia de Mildred (quien tiene un acento sureño que le valió, en parte, el Oscar).
Pero el Comisario Willoughly tiene otro as bajo la manga (involuntario): tiene cáncer de pancreas y le queda poco tiempo de vida. Cuando se lo comunica a Mildred ella no mueve un solo músculo de la cara (que ya tiene atenazados) en signo de compasión. Y cuando la arresta y le escupe sangre en la cara, él se disculpa gravemente, antes de ser internado. Es acicateado por esta mujer fuerte y dolida quien le reclama la solución del crimen, haber tomado muestras de sangre de todos los hombres del pueblo o haber tenido una conducta conciliatoria hacia la resolución del asesinato.
Hay un muchacho, Wilby, el cadete de la agencia de publicidad, quien le hace colocar los carteles, un poco atolondrado pero buen muchacho, que está entre ceja y ceja de Doxon, otro policía (Sam Rockwell), medio estúpido pero muy violento que pone palos en la rueda para el esclarecimiento del caso. La policía es dejada acá como una manga de pelmazos torpes. Pero Willoughly, atenazado por sus dolores y por la propia incapacidad para resolver el asunto, decide poner fin a su vida aunque tiene una hermosa mujer y dos hijas chiquitas que lo acompañan bien. Deja cartas. Para su esposa. Para Mildred y para Dexon. A su mujer le pide perdón por la decisión de quitarse la vida y le agradece cada uno de sus momentos; a Mildred le pide disculpas por no haber podido esclarecer el crimen y le dice que fue él quien pagó los próximos tres meses de los carteles, lo que arranca la primera y única sonrisa que ella esbozará en todo el film. Y a Doxon le dice que hay que ser honesto, un buen policía si quiere llegar a algo. Pero el día que éste recibe la noticia de la muerte de su superior no tiene mejor reacción que cruzar la calle, hasta la agencia de publicidad y arrojar al empleado por la ventana, produciéndole múltiples contusiones. Enseguida llega el reemplazante del comisario, un negro de rígidas órdenes y buen sentido común que viene a poner orden en la comisaría y lo primero que pide es la renuncia de Doxon. Este, a la vez, vive con su madre a la que amenaza con volarle la cabeza en cualquier momento (una vieja alcohólica que le dice a su hijo todo lo que tiene que hacer).
Luego vendrá la quema de los carteles, a los que Mildred intenta apagar, infructuosamente, con su matafuegos. Ella, en represalia prepara bombas molotov contra la comisaría y las arroja la noche en que Dexon está dentro leyendo la carta que le dejó su jefe. Recibirá quemaduras por todo el cuerpo pero se salvará. El nuevo comisario interpela a Mildred y a un enano que la acompaña y que ha sido el que sofocó el fuego en Doxon, y para cubrirla, éste le dice que están saliendo juntos y que ella estaba con él en el momento del incendio. Pronto llegan los carteles de reemplazo que Mildred, su hijo y el enano deben colocar a pulmón. Es en una cena que mantiene con el hombre de baja estatura, cuando se le acerca el marido de Mildred y confiesa haber sido el autor de la quema de anuncios. Ella no responde con ira (sin embargo), sino que le dice a la novia veinteañera que lo cuide.
Salido del hospital, Doxon está en un bar donde, pegado a él hay un tipo que se jacta de haber violado reiteradas veces a una jovencita, Doxon sale y toma nota de la patente del auto del sujeto, y una vez adentro se produce una paliza con lo que puede rescatar restos de su ADN. La llama a Mildred y le informa que está tras la pista el sospechoso. Ella le queda agradecida y por una vez en mucho tiempo renace en ella la esperanza. Pero Doxon aporta todos los detalles ante el jefe de policía, quien, luego de chequearlos, confirma que el sujeto no estaba en el país en el momento del crimen. Doxon se lo comunica a Mildred y esta se desarma, pero él le dice que ha averiguado el lugar en dónde vive el sospechoso y si quiere ir a hacerle una visita. Al día siguiente parten juntos, ya olvidados los rencores, como buenos camaradas, Mildred y Doxon a matar al tipo. Durante el viaje dicen que no están decididos a matarlo, que lo pensarán mientras van llegando...
Un film fuerte en contenido y forma, desgarrador como la vida misma y que no resuelve nada, el crimen ha quedado impune (todavía) y no hay mucha esperanza de resolverlo. Pero Mildred se ha definido como lo que es, una mujer fuerte, luchadora, que no va a dejarse vence y de armas tomar. Tal vez el mejor trabajo de Francis Mac Dormand en mucho tiempo, y eso que ella nos tiene acostumbraos a ejemplares desempeños. Y otro poroto anotado para el director: Martin MacDonogh quien supo imponerle toda la dureza y la crudeza que el tema necesitaba, así como cierto recato en las escenas más espinosas y dolorosas, como la de la violación, que nunca se ve. Un gran ejemplo de lo que el cine "oscarizable" e independiente puede dar. La recomiendo fervorosamente.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 28 de diciembre de 2018

Mi crítica de "El Hilo Fantasma" (Cine)

El diseñador de modas suele apropiarse del cuerpo de la mujer, hacerlo suyo, a través de sus modelos, que vestirán esas mujeres, del tomar medidas por doquier, del marcar con alfileres y tiza, y por sobre todas las cosas se adueñan de la cabeza de la fémina a través de sus gustos y su concepción de lo que les gustaría ponerse. Algo por el estilo le pasa a Reynolds Woodcook (Daniel Day-Lewis, en lo que sería su último trabajo para el cine, antes de abandonarlo), un  modisto profesional de renombre, con quien se visten las princesas prontas a casarse y las damas de sociedad. Él es un adicto al trabajo y, por lo que se ve a primera vista, un hombre encantador. Pero no todo es tan así... Trabaja codo a codo con su hermana Cyril (Lesley Manville) y recuerdan mucho a su difunta madre, con enfermizo cariño. Entre los dos han creado una cofradía casi simbiótica e incestuosa en dónde es muy difícil que entre otra mujer. Es además un neurótico obsesivo, que trabaja todo el tiempo y vive para lucir sus modelos y cualquier cosa lo saca de su centro. Pero parece un hombre abierto cuando conoce a Alma (Vicky Krieps) una mesera de un restaurante a la que seduce e invita a cenar. Todo va bien, sólo que después de la cena la invita a su casa de campo a pasar la noche, y lo que ella se ilusiona va a ser una velada de sexo desenfrenado se le agría al instante.
Sí, porque recién llegados a la casa él le pide un favor: a saber, que se pruebe uno de sus vestidos y le deje terminarlo en su propio cuerpo. Nada más desalentador para la joven y bella Alma, que soñaba con la seducción del macho alfa. El pincha alfileres por aquí y por allá y le alaba el buen cuerpo que tiene: las proporciones exactas y además poco busto (de lo que ella se acompleja) pero a él le parece perfecto. Y cuando arriba Cyril la cosa se descompone aún más, ya no hay esperanzas de sexo esa noche ni lo habrá en todas las siguientes. Reynolds dicta números de talle como un poseso y su hermana escribe y Alma pone cara de desilusionada. Lo que parecía una cena romántica deja ver a las claras que ella se ha estado enamorando de un obsesivo e histérico. La relación recién comienza, pero él la invita a vivir a la casa con él, pero sólo por una comunión de trabajo, la convierte en su manequin especial. Todos los vestidos pasan a trabajarse en su cuerpo y, si él hace encomio del cuerpo femenino es sólo por una cuestión de trabajo. Duermen en cuartos separados, tan sólo a metros de distancia y se levantan a las 4 de la mañana para trabajar.
Ella mientras, monologa ante el médico familiar y toda la película resulta ser un flashback de ese monólogo a posteriori, en el que ella dice que nunca amó a nadie como a Reynolds y que le dio todo cuanto él le pedía, y era un hombre difícil de complacer. Porque ella le dice que lo ama, y él, como si pasara un tren, ni responde ni le dice que él también. Sólo están juntos para complementarse como creador y criatura (hay algo de "Pigmalion" en todo ésto). Desayunan juntos, con hermana incluída, y Alma unta las tostadas con manteca y hace ruido al comerlas, lo que trastorna completamente al desquiciado de Reynolds, ahí nos damos cuenta de la verdadera envergadura de su débil mentalidad (que él dice sin embargo que es muy fuerte). Cyril le aconseja que desayune después que él o que lo haga en su cuarto. Ya no le va gustando nada la convivencia a Alma, aunque hará todo cuanto sea por complacerlo ya que es su verdadero amor.
Se han encontrado ambos: inspirado e inspiradora, y pasa a trabajar con él y su legión de veinte costureras que cuentan hasta los últimos detalles. Cuando la mecenas Barbara Rose se casa por segunda vez (es ella quien sostiene la Casa de modas económicamente) le encarga su vestido de fiesta y los invita a que concurran a ella. A regañadientes Reynolds va, junto a Alma, y mientras la anfitriona se desparrama en una mesa, presa de una borrachera Alma se enfurece y le dice a su novio que no es digna de llevar un vestido suyo. Entonces Reynolds no tiene mejor idea que ir hasta el dormitorio en donde vegeta la gorda y le pide a la madre que le devuelva el traje. Al oponerse ésta, entra Alma a la habitación y procede al quitado. Se van con el vestido al hombro por la calle, y allí es cuando él la besa, dándose cuenta de que siente una atracción por su discípula.
Alma decide prepararle una sorpresa a él, y mientras sale a dar su paseo vespertino y todas las empleadas se van a sus casas, ella piensa en quedarse a solas con él y regalarle una cena preparada por ella. Lo consulta con Cyril, quien le dice que no intente doblegar su rutina ya que lo sacará de quicio, pero Alma igual la manda a su casa y le prepara la cena. Cuando él vuelve de caminar se pregunta dónde están todos y qué ha sido de su hermana. Alma le dice que le preparó una sorpresa, y eso sólo será la mecha que encenderá la pólvora. Él acepta a regañadientes sus espárragos, pero en una tensa discusión le dice que se vuelva a la mierda de donde vino.
Ella no se va, pero decide envenenarlo con un hongo nocivo. El ritual de la comida, que sirve tanto para unir como para poner nervioso al divo, sirve también para la muerte. Ella muele el hongo y se lo incorpora a su té, que él bebe con fruición al día siguiente. Mientras echa un vistazo al vestido de la princesa, que tiene que estar listo para la mañana siguiente, se desploma sobre el maniquí y llega a duras penas a su pieza a vomitar. 
Sin embargo Alma lo atiende, lo cuida, y ante su negativa, no deja entrar al médico a visitarlo. Es un día de escalofríos y sudor, en que el paciente parece que va a morir. Pero Cyril no descuida el trabajo y hace que las costureras terminen el vestido para las 9 de la mañana siguiente aunque se queden sin dormir. Una vez repuesto, se acerca a Alma y le dice que la ama, que quiere casarse con ella. Ésta duda unos momentos y por fin le dice que ella también. Por fin se casan, con un modelo ideado por él para la novia y se van de vacaciones a Suiza, donde se encuentran con el médico de la familia a la que ella le prohibió la entrada. Una vez en el hotel, ella dice que quiere ir a bailar ya que es fin de año. Reynolds no quiere, como es lógico a un neurasténico de su tipo y Alma se va sola. Una vez vueltos a Inglaterra, él le dice a Cyril que ha cometido el error de su vida, que el matrimonio no sólo lo desconcentra sino que además lo está separando de ella. Alma lo escucha todo y decide envenenarlo de nuevo. Pero a pesar de cortar el hongo en grandes dimensiones vuelve a fallar. Encuentran una cierta armonía en la convivencia y en el cuidado y viven felices incluso teniendo un bebé, se ve que él ha salido de su ostracismo y ha decidido tener sexo con ella. Es la primera noticia que tenemos de ésto. Y así termina la extensa conversación (soliloquio) con ese médico afable que decidió prestar oído a las confesiones de una discípula de su maestro.
La película, estupendamente bien dirigida por Paul Thomas Andersson cuenta con una interpretación descomunal (como siempre) del nominado al Oscar por este trabajo Daniel Day-Lewis y asimismo por las dos mujeres que lo acompañan. El clima es sosegado, ideal para una tarde de lluvia, con melodías de piano lentas, entre los que se encuentran Brahms y Debbusy, dándole un tono entre tranquilo y cansino. El trabajo de fotografía también es admirable y todo conjuga para que el film sea altamente disfrutable. Para no dejar pasar. Y estuvo nominado al Oscar en el 2018.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

martes, 25 de diciembre de 2018

Mi crítica de "La Dama del Perrito" (Cine-1960)

Vi esta hermosa película del director ruso Iosif Kheifits, basada en el célebre cuento de Anton Chéjov que ha dado nombre a tantas antologías y quedé admirado por la sencillez y sobriedad con que trata el tema. Debo recordar que ya lo había visto reflejado en el cine, de una manera más graciosa, en el film de Nikita Mijalkov de 1987 "Ojos Negros", que unía tres cuentos del célebre dramaturgo ruso. Y quiero detenerme en el perrito. Por la película de Mijalkov me enteré que "perrito" en ruso se dice "sabatchka", y ese fue el nombre que precisamente elegí para mi primera y única mascota, una perrita siberiana que enseguida adquirió ese título. Por eso escuchar la palabra en el film de 1960 trae a mi cabeza infinidad de recuerdos de ese animalito tan querido y que tengo enterrado en el fondo de mi casa.
Pero vamos al film en sí. Como en toda la dramaturgia de Chéjov, parece no ocurrir nada importante en el texto, y por el subtexto pasan miles de cosas. En esta historia sucede algo similar. Es una historia de amor simple y bella, que se desarrolla en los tiempos de Chéjov, es decir en pleno siglo XIX, cuando se usaban vestidos largos (las mujeres) y levita y galera aún en verano (los hombres, claro está) y los niños y niñas besaban en la mano reverencialmente a su madre antes de irse a dormir. Por eso que esta historia de amor supone todo un escándalo... Veamos.
En Yalta, un lugar veraniego de Rusia se encuentra descansando Dimitri Dimitriovich Guírov (Alexei Batalov),  hombre casado y con tres hijos, quien sin embargo veranea con un grupo de colegas y amigos. Allí conoce a una extraña dama joven (22 años), hermosa (la actriz Lya Sábina), rubia, de increíbles ojos claros, que pasea sola por la costa paseando a su perrito pomerania blanco (¿cómo no enamorarse de ella en la vida real, si realmente es hermosa?). Enseguida surge el contacto, muy circunspecto, como era habitual en la época, pero ella se demuestra como una mujer casada que está esperando el viaje de su marido. Comienzan a frecuentarse e ir tomando confianza hasta que, pasada una semana de conocerse, él no puede más y la besa. Ella apura el tranco y se dirigen a su hotel, donde se acuestan... (¿Cómo, en aquellos tiempos? Sí, o creen que los chicos nacían de un repollo...). Pasado el acto en cuestión ella llora y se arrepiente porque cree que él no la va a respetar más y pensará que es una mujer fácil y mala. Mientras él come sandía, la famosa sandía que aparecía en la película de Mijalkov y en el cuento de Chéjov. Él se demuestra enamorado, a lo que ella responde con igual condición. Le dice que está casada con un funcionario, un hombre inferior, un lacayo, y que siempre soñó con otra vida. Dimitri vive en Moscú, ella en San Petrsburgo. El nombre de ella es Ana Serguéirovna y promete recordarlo toda la vida. Luego de una carta de su esposo, decide volver a su lugar de origen y se separan con la intención de no volver a verse nunca más y quedar sólo como un buen recuerdo.
Pero el diablo metió la cola, y aunque Dimitri vuelva con su esposa y sus hijos, no deja de pensar en ella. Hasta cree reconocer al perrito en la calle, por lo que se baja del ómnibus y lo sigue, hasta dar con un truhán que quiere vender al perro para comprar café y él reconoce que se equivocó de can. Un amigo le confiesa que no ama a su mujer y que ella se casó con él sólo por su dinero, y le pregunta si él no tiene secretos. "Todos tenemos una vida privada", le responde Dimitri haciendo mutis por el foro. Las actuaciones están un poco sobreactuadas, como si estos actores no conocieran que existió Stanislavski y todo su método. Pero bueno, la película está bien en normas generales y no vamos a hacerle asco por tan poca cosa (la chica sigue siendo la "más hermosa"). Entonces Dimitri decide viajar al pueblo en San Petrsburgo donde vive ella junto a su marido. Como conoce el nombre del quía enseguida le ubican la casa. Allí se queda largas horas, entre la nieve, esperando que Ana salga, pero sólo sale Rolf (el perrito) a pasear. A la noche ve salir a la pareja de esposos para la ópera y allí se encamina él. La ubica enseguida con los prismáticos, y en el intervalo decide acercarse. Ella, loca de amor, sale con él detrás, del teatro y van hacia las sombras sonde puedan besarse y le pide que desaparezca de su vida, que ya nunca volverá a ser feliz y le jura que irá a verlo en Moscú en el verano.
Se vuelven a separar. Llega el estío y mientras la nieve se derrite ella anuncia su llegada. Él va a verla al hotel en que se hospeda y dichosos vuelven a besarse y a encamarse, diciéndose por qué no se conocieron antes para no tener que vivir cada uno con la persona equivocada. Dimitri le reconoce que tuvo muchas aventuras durante su vida de casado pero que nunca se había enamorado, hasta ahora. Llega la hora de la separación, y al igual que al final de "Tío Vanya" discurren con frases como "ya algo se nos va a ocurrir" "ya haremos algo", etc. Cuando él baja a la calle, Ana todavía lo mira por la ventana y, entre lágrimas, le hace con la cabeza un gesto afirmativo. Fin.
Qué se puede agregar al mundo de Chéjov si ya ha corrido tanta tinta. Sólo que es muy complejo, que detrás de lo aparente se esconde todo lo que no se dice ni se hace (los encuentros íntimos, en la película, están magníficamente sugeridos por un cigarrillo encendido y nada más), que es un creador de universos riquísimos e intrincados, que, como dijera Woody Allen en una de sus obras: "Esas obras rusas donde no pasa nada... por la misma plata podemos ver un musical". Y agradecerle al autor ruso toda su compleja maquinaria de sentimientos y sensaciones puestos a la orden de los actores que interpretan sus obras: se dice que el que puede hacer un buen Chéjov en el teatro, puede hacer cualquier cosa.
Y agradecerle también al director Iosif Kheifits por habernos regalado un momento de placer tan elegante y exquisito, así como sobrio y remarcado por una banda de sonido más que interesante, que recuerda a los grandes compositores rusos, sobre todo a Rachmaninov. Una película regalo para ver en el día de Navidad, como hoy y que disfruté con toda el alma, recordando a mi Sabatchka querida y metiéndome de lleno en el mundo de Chéjov. Si pueden conseguirla, se las recomiendo, es un gran exponente del cine contemporáneo más antiguo.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

domingo, 23 de diciembre de 2018

Mi crítica de "Mamma Mia! Vamos Otra Vez" (Cine)

Les tengo una muy buena noticia: si la original "Mamma Mia!" era un bodrio, esta segunda parte/precuela es notablemente superior. Bien dicen los productores de cine que si querés salvar un desastre la llames a Lily James, acá dio resultado, es prodigioso lo que puede hacer esta chica. Si vieran lo bella, lo buena intérprete y lo buena cantante que es, no dudarían en darle todos los créditos de haber salvado a esta película. Es que hay mucho metraje rodado con ella como protagonista y se ha convertido en la estrella del film. Otra cosa a favor de la obra es que todos han entendido de una vez por todas que se trata de una farsa, y ahora todos juegan a la autoparodia y no sólo Julie Walters, que era la única que salvaba la plata en la entrega anterior.
Como pasa en todo musical, debemos suspender la credibilidad por dos horas y aceptar que todos se pongan a cantar y bailar en medio de una escena, con total naturalidad (si vamos al caso, con la ópera pasa otro tanto, o con el ballet, que nos cuenta una historia y expone sentimientos mediante pasos de danza, o con un concierto, que es capaz de representarnos un poema sinfónico sólo con sonidos). Las canciones de ABBA son aquí nuevamente las protagonistas y lo hacen con ese ritmo y esa melodía pegadizas que suelen tener las canciones del popular grupo sueco. Y además las letras no están trastocadas, y se adaptan perfectamente a la historia que se está contando.
La narración juega con dos niveles de tiempo simultáneamente y alejados el uno del otro. Empieza con Sophie (Amanda Seyfried) enviando invitaciones y preparando la gran inauguración del hotel Bella Donna, en su islita griega que la vio nacer, en homenaje a su difunta madre Donna Sheridan (Meryl Streep en el otro film, aquí en un cuasi cameo). En otra instancia de tiempo anterior, asistimos a la salida del colegio de Donna (joven, acá la hermosa Lily James) y de cómo buscó su lugar en el mundo hasta llegar a la isla perteneciente a Grecia. Y de cómo engendró a Sophie, en brazos de tres desconocidos con quien la vida le llevó a tener sexo casi en el mismo momento: Harry (Colin Firth adulto), el sueco Bill (Stellan Skargard) y finalmente Sam (Pierce Brosnan), con quien se casó y sigue viviendo en la isla. Por supuesto que Sophie invita a sus tres posibles padres para la inauguración y sólo cuenta con la presencia de Sam, ya que los demás se excusan por no poder ir. Llegarán también las infatigables amigas y compinches en lo musical de su madre: Tanya (Christine Baranski) y Rosie (Julie Walters), quienes enseguida quedan prendadas del señor Fernando Cienfuegos (Andy García), un mexicano que es el brazo derecho de Sophie.
Y Sophie se pelea con su marido Sky, quien se encuentra en New York estudiando hotelería y le han tentado para que se quede a perfeccionarse. Juntos cantan una hermosa y sentida "Uno de nosotros", decidiendo su ruptura. La historia también nos retrotrae al paso de Donna por París, donde conoce a Harry y quien la conquista cantando y bailando una versión de "Waterloo" en un restaurante que no tiene nada que envidiarle a "Hello, Dolly". Con quien por supuesto se acostará... Luego de perder su barco, es socorrida por Bill, un sueco que la lleva en su embarcación hasta la islita griega, con quien por supuesto, se acostará... Y ya en la isla es seducida por Sam, quien la ayuda a instalarse en la destartalada casa... con quien por cierto se acostará... Así las cosas y abandonada por los tres (quienes sin embargo tratan de volver por ella), se descubrirá embarazada de Sophie. Entretanto se contratará como cantante de las canciones de ABBA en el mesón que hay en el centro del pueblo (especialmente bella es su versión que hace de "Andante, andante"), reclutada por el hijo cantante de la dueña del local, quien es también propietaria de la casucha a que ha ido a parar y se la cede por el buen trato que hizo de ella.
Es importante también para la dinámica de la película las escenas de canto y baile grupales (con mucho coro), lo que faltaba en su antecesora, y es acá manejado con buen relieve por el nuevo director Ol Parker. Por supuesto que antes de la inauguración del hotel se levanta una tempestad que lo destruye todo, pero, ayudada por los lugareños, Sophie y Sam logran reconstruir su hostería en menos de una jornada. Los dos padres restantes llegan, y no vienen solos, Bill se ha encontrado con un viejo amigo, a quien salvó su matrimonio, e invita a toda la cofradía de pescadores y sus esposas que les acompañan. Pero también ha vuelto Sky, el marido huidizo, y trae consigo a la abuela de Sophie (Cher) quien vuelve dispuesta a reparar sus años de lejanía. Y, en plena fiesta, esta abuela reconoce en el Sr. Cienfuegos a su antiguo amor, a quien le dedica la canción "Fernando", y... ¡se ha formado una pareja!
También Rosie (Julie Walters) se reencuentra con el hombre que siempre quiso tener y su amiga se lo acaparó, Bill y no sólo cantan a dúo sino que se quedan juntos. Y en una de las escenas más nostálgicas del film, Sophie, quien ya ha tenido a su hija, va a bautizarla a la capilla que está en la cima de la montaña, y allí se reencuentra con el espíritu de su madre, Donna (ya lo dijimos, Meryl Streep) con quien canta una emotiva "Mi amor, mi vida". Se enlaza con Lily James teniendo a Sophie y bautizándola, quien se une al canto.
Todo cierra perfecto en esta película encantadora, tan reconfortantes son las dos horas que hemos pasado junto a esta fauna de viejos amigos, que dan ganas de repetir. Los actores no desentonan (salvo Pierce Brosnan cuando canta) y se muestran encantadores y sumados al juego de encontrarse a cantar canciones de ABBA; todos trabajan bien y ahora se dan cuenta que están interpretando una farsa. Y queda en nuestros oídos la bella melodía de las canciones y los hermosos paisajes de la costa griega. Por una vez la película ha vencido al musical en el teatro. Véanla, no los va a defraudar. Escucho opiniones.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 21 de diciembre de 2018

Mi crítica de "Bossi Big Bang Show" (Teatro)


Teatrix tuvo la excelente idea de estrenar para estas fiestas el "Bossi Big Bang Show" y demuestra que Martín Bossi es un actor y cantante (e imitador) completísimo y bien aceitado a la hora de manejar un show a la altura de los espectáculos internacionales. Siempre tuve un resquemor para ir al teatro a ver imitadores, lo consideraba un género menor, pero viendo lo que es capaz este muchacho, me saco el sombrero. Hay tres partes bien diferenciadas en este espectáculo dirigido por Emilio Tamer, pero cuyo centro indiscutido es Bossi: la primera serie de imitaciones de cantantes extranjeros, todos en inglés; una segunda parte con un ácido monólogo; y la tercera y final donde "reviven" a Alberto Olmedo y Javier Portales en su clásica charla del sofá y como el Manosanta. Todas las secciones del espectáculo están coronadas por el éxito y hasta una furtiva lágrima se deja escapar en el momento del homenaje a los capocómicos.
En el primer segmento, el más rico musicalmente y en cuanto a imitaciones, secundado por una gran orquesta y un coro de tres chicas, imita en breves fragmentos de canciones y sin solución de continuidad a Ray Charles (tocando el piano y con anteojos negros); Louis Armstrong, con trompeta incluída cantando "What´s the wonderfull world"; a Frank Sinatra con su típico sombrero en "New York, New York"; a Joe Cocker; Rod Stewart, con peluca y saco y corbata colorinche incluídos; a Elton John, ya en pleno éxtasis imitatorio; a Axel Rosel, con guitarrista de rock incorporado; John Lennon, con guitarrista femenina invitada; para deslumbrar con su impecable imitación de Michael Jackson en un baile en que parece de goma su musculatura, sacando los pasos y los movimientos exactos del bailarín y cantante y por último impacta con su versión de un Freddie Mercury en calzoncillos y chaqueta cantando micrófono en mano.
Instantes más tarde llega el actor/músico invitado Manuel Wirtz en una pobre actuación, destinada a alargar el show mientras Martín se cambia y se repone. Luego vendrá el momento del monólogo. Desgrana temas de actualidad como son el uso de los celulares y la tecnología que separan a las personas en lugar de unirlas, con una melancólica mirada al pasado donde "todo era mejor", no se tenía tan fácil acceso a las drogas utilizando todo el léxico "narco" para referirse a cosas de la vida cotidiana por ese entonces y revalorizar el papel del campito que les permitía jugar de chicos. No deja en pie los ritmos modernos como el rageeton o la cumbia, aduciendo que antes, la cumbia era un baile familiar y que cuando surgió la cumbia villera lo arruinó todo. Considera al grupo "Agapornis" como los "terroristas" de esta expresión, tomando viejos temas y aggiornándolos para destruirlos, y canta una versión muy irónica de "El día que me quieras" en versión "Agapornis". Critica el lenguaje de los chicos jóvenes (que lo han perdido) prendidos como están a sus celulares, Iphone, Tablets y demás porquerías y tiembla al saber que los chicos de hoy serán los profesionales del mañana y realiza una brillante composición de un médico de esta generación ante la dura tarea de tener que informar un deceso.
Finalmente revaloriza los bailes de los "lentos", e invita a subir al escenario a una pareja menor de 25 años para que aprendan cómo fueron concebidos. Hace parar a todas las parejas mayores de 40 años y la orquesta toca un lento para que bailen y "chapen" como en los viejos y queridos tiempos y concluyan con un beso. Por supuesto que todo el teatro accede, le sigue el juego y se forma un espectáculo muy emotivo al ver tantas parejas bailando apretados y besándose. Él se reconoce con sus 40 años como la última generación en bailar un lento...
Después viene un momento en el que se va a dormir, dando poro concluído el show e insta a mirar la tele. No se salva "Crónica", ni los pastores brasileños ni el mismo Santiago del Moro, y recuerda que antes podía dormir tranquilo porque existían los capocómicos...
Y ahí entra la emotiva celebración de Alberto Olmedo (Bossi) y Javier Portales (idéntico, en presencia y tono de voz, de la mano de Jorge "Carna" Crivelli). Están en su living del sillón que hicieron famoso, y el que los recuerda en la estatua de la Avenida Corrientes, esperando para ser recibidos y juzgados en el cielo. La verdad que su imitación de Olmedo lo designa como un actor completo y desgrana muy buenos chistes, no todos ellos lo que se dice finos, pero en el tono que usaba Olmedo para comunicar. Critican a los jugadores de la selección que no se saben el himno, entre otras ocurrencias certeras. Y reconsideran que en el cielo no esté todo prohibido, y que se les permita jugar. Y recuerdan cómo eran los juegos entre ellos. Y de ahí surge el "Manosanta".
En un rápido interín, Bossi se cambia de nuevo y aparece vestido como el truhán inventado por Olmedo. Hay buenos chistes entre ellos y aparece una sorpresa: la "Bebota". Sí, la misma Adriana Brodsky en persona se suma al juego y reinventa su personaje. Todo es ilusión, magia, juego, arrobamiento, placer. Pero pronto se termina y vuelven a su sillón. Cuando un ángel interviene y les dice que les toca su turno, ellos deciden bajar el escenario e irse a caminar por Corrientes, entre lágrimas y con el "Nessun Dorma" de fondo. Todo el teatro, conmovido hasta las lágrimas, los aplaude de pie. Digamos que estaban entre el púbico Roberto Petinatto y la "Tota" Santillán.
Un espectáculo mágico, con todos los lujos y esplendor, que es capaz de asombrar, divertir y emocionar. Y ahora está a disposición de todo el que lea estas líneas con sólo pulsar el "Ver Obra" que preanuncia este comentario. Disfrútenlo, así como lo disfruté yo.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

Mi crítica de "Mi Obra Maestra" (Cine)

Es ciertamente despareja esta película, primera en solitario de Gastón Duprat, aquí con su colega director y guionista Mariano Cohn sólo en el rol de productor. Han logrado juntos obras memorables, desde "El Artista", pasando por "El Hombre de enfrente" y "El Ciudadano Ilustre", todas ellas dedicadas a inmiscuirse en el mundo de la creación artística. No digo despareja en cuanto a que falten ideas o materiales que desplegar, sino en la falta de un cierre que en las otras daba vuelta todo el sentido de la película y que en esta no sale de la medianía, no sorprende.
Estamos como siempre, metidos en la cocina del arte, acá a través de un pintor, Renzo Nervi (Brandoni) que supo tener su época de esplendor y que ahora ha caído en el olvido. Y su amigo y marchand, Arturo Silva (Francella), quien desde la primera escena se reconoce como un asesino (¿de quién? ¿en qué circunstancias? ¿ha llevado a cabo su "obra maestra"?).
Desde el comienzo una guía de arte nos dice en inglés que nos detengamos a observar la pintura, que le dediquemos tiempo, que a una obra artística no debemos "entenderla", sólo nos emociona o no. Para dar luego paso a la introducción de la azarosa vida de Renzo Nervi. Tal vez este consejo nos sirva para la película en sí, no debemos tratar de pedirle respuestas, sino ver tan sólo si nos conmueve el mensaje o no.
Y la verdad es que le falta convicción para conmover, más allá de ese pintor bohemio y anarquista que se rebela ante el poder establecido (y no sólo de pensamiento, como ejemplo la obra que hace para el empresario Larsen, que cuando la descubren en pleno acto de inauguración de la empresa, contiene su nombre junto con una pintada obscena) y no transa con los mercaderes de los precios y las demandas. Un hombre que así como es de rebelde es poseedor de una infinita ternura ante su galerista y su familia de mascotas. El personaje de Francella, si bien ocupa más metraje en la obra está más torpemente trazado, un poco desdibujado, con trazo grueso, haciendo metáfora con el tema del dibujo y la pintura.
Cuando Nervi es desalojado de la casa que alquila, se instala en la vereda con su pobre mobiliario y sus perros y gatos. Decide irse un rato a comer, y luego de un almuerzo opíparo y de degustar una caña italiana, llama al mozo para decirle que no va a pagar la cuenta, a cambio de todo lo que la sociedad le debe a él y el favor que ha hecho de prestigiarle el local con su presencia. El maitre acepta su explicación y lo deja ir. Pero mientras cruza la calle un camión lo atropella y va a parar a un hospital en coma.
Cuando despierta, en la habitación de un sanatorio pagado por su amigo y marchand, ha perdido la memoria amén de unos cuantos huesos rotos. Le agradece a Arturo con lágrimas de emoción y poco a poco va recuperando el sentido y la memoria. Es visitado por su ex-novia veinteañera (él está por cumplir 80), que le reprocha al oído su pobre desempeño sexual y que ahora está acompañada por quien le corresponde. Pero él no se amilana. En una de sus crisis le dice a Arturo que ya no quiere vivir más y a pasos de que le estén por dar de alta intenta suicidarse. Allí es cuando le dice a su amigo que ya sabe lo que tiene que hacer con él. Y cuando Arturo le pide al enfermero algún remedio que pueda matar sin dejar rastro.
Es importante aclarar que Renzo ha conocido a Alex, un aspirante a alumno español al que él le dio una gran lección, que haga cosas para ayudar a los demás en lugar de querer pintar, que para eso hay que ser egoísta y egocéntrico. Este Alex reaparecerá en la clínica, ya activo en una ONG y agradeciéndole por el consejo. Y de ahí en más se convertirá en un inspector Gerard o Javert de los pasos de los dos amigos, y será un pilar indispensable en el desarrollo de la historia.
Conectemos nuevamente a una aparición de Nervi, hablando desde un video, ya muerto, y es ahí cuando su obra empieza a cotizar en valores siderales, obra que en vida había donado a Arturo en compensación por sus gastos de internación. Con Dedé (Andrea Frigerio), Arturo empieza a organizar exposiciones en los lugares más excelsos del mundo, y hasta un jeque árabe quiere comprar toda la producción de Nervi a un alto valor. Dedé se niega, pero Arturo le dice que ha encontrado casi una centena más de cuadros de su protegido. La venta se lleva a cabo.
Pero volvamos al comienzo, ya que nada es como parece ser o como Duprat quiere engañarnos (los hilos se le ven desde muy lejos). Francella se ha declarado un asesino. Pero, ¿mató él a Renzo? ¿Se suicidó? ¿Murió por causas naturales? Y llegado el caso, ¿cuál es la obra maestra del título? ¿El crimen? ¿La obra de Nervi? ¿Lo que falta por hacer? Hay muchas preguntas que se irán develando con el correr del metraje y que no debo anticipar acá. Y otras que francamente quedarán a cargo del público desentrañar.
Lo cierto es que con un pintor muerto los precios parecen llevarlo a la gloria que no le dio en vida, ¿es ese el misterio del arte? ¿Es que acaso necesita uno estar muerto para adquirir el reconocimiento que se le negó en vida? ¿La llave de la eternidad es la que funde el bronce? Son preguntas que una cabeza inquieta como la de Duprat, que siempre visualizó al arte como su motivo de trascendencia, desgrana con total franqueza e impiedad.
Hay más sorpresas en la película, no se termina allí, pero no conviene revelarlas, para aquel espectador distraído que todavía no se haya dado cuenta de qué va la cosa. Sólo agreguemos que hay cameos de un irreconocible Alejandro Paker y de un conocible Roberto Peloni, como el "payamédico". Y que las obras que pinta y expone Nervi son o han sido pergeñadas por Carlos Gorriarena.
Como dije al principio, es un film al que, sin embargo le falta algo, en comparación con sus predecesores, tal vez sea muy liso y esquemático, tal vez falte esa vuelta de tuerca que engrandecía, por ejemplo, a "El Ciudadano Ilustre". De todos modos es de lo mejor que se estrenó nacional en el año y, a la sazón, un verdadero "tanque". Las actuaciones son entrañables, desde ese Brandoni lúcido y coherente, rebelde y contestatario, hasta un Francella que se nota buen amigo, afable y sin embargo con una gran ambición de dinero, más distanciado en su interpretación, pero correcto. Ya se puede bajar de Internet. Véanla.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).