jueves, 9 de febrero de 2017

Mi crítica de "Campi. El Unipersonal" (Teatro)




































Hola, recién puedo ver por Teatrix el estreno de hoy, el unipersonal de Campi, y la verdad es que recibí una grata sorpresa. Yo no conocía a Campi por sus imitaciones de Tato Bores o de Gasalla por la simple razón que estaban en el programa de Tinelli, y eso es algo que tengo autoprohibido para conservar mi salud mental. Así que no conocía a Campi, pero debo reconocer que es un humorista serio, que estudia las características de los personajes que va a encarnar, que tiene una mirada profunda y sagaz hacia aquellos comportamientos humanos que son tan propios del ser argentino. Y que sabe interactuar con su público sin ofender ni sobresaltar. Así se comunica con varios de sus espectadores llamándolos por su nombre y haciéndoles partícipes de sus bromas.
Dice Pinti que el humorista debe aprender a reírse ante todo de sí mismo, para poder decirle al otro "sos un boludo y lo sé porque yo soy tan boludo como vos". Que el hombre inteligente se ríe primero de todo de la desgracia personal para aprender luego a reírse de la ajena. Y dice ese gran escritor y experto en literatura universal que fue Bernardo Ezequiel Koremblit en su libro "El humor: una estética del desencanto", que el humor no nos hará felices, pero nos compensa de no serlo. Y que el humorista debe ser ante todo un "humanista", aprender la naturaleza del ser humano, sus penas y miserias, y compartirlas, antes de reírse de esa pobre criatura que es el hombre. Y dice en el prólogo de su libro: "Creo que esto es lo único que sé y lo único que vale de lo que pueda saber: que el hombre es una criatura limitada, por muy denso que sea su intelectualismo, por muy vasta que sea su cultura, por muy restallante que sea su inteligencia. Una criatura muy limitada, muy limitada, pobre criatura querida. Pero hay un único hombre que dentro de su restricta y demarcada y enjaulada limitación es capaz de saltar hacia lo prodigioso ilimitado en una pirueta de volatinero, en una cabriola de funámbulo que supera su congénita limitación: ese único hombre es el humorista".
Y Campilongo, "Campi" para su público lo sabe, y ha creado media decena de personajes que pueden dar fé cabal de lo que estoy diciendo. No se dedica a las imitaciones en este espectáculo (si bien cada personaje es una imitación de otros tantos con sus mismas características) sino a la creación y produce efecto reidero sobre su público con un libreto y una dirección que le son propias. Así desfilan "El Turco", un "tasista", ya que maneja un "tasi", que tiene mucho de canchero argentino; "Pucheta" (tal vez el personaje menos logrado), un rollinga fumeta que vive drogado; Jorge, el más entrañable y por eso más largo de los cuadros, un ignorante de clase media que cree saberlo todo sobre todo y que dice constantemente que hay que "adactarse" y que establece un rápido nexo con el espectador recordando cosas del pasado; Nacho, un enano (soberbia la presentación del personaje) de clase alta que vive en un barrio cerrado y que en su vida ha visto a un pobre, hasta que se enfrenta a uno; "Doña Beba", una vieja mala y mal hablada, que no llega a consolidarse del todo debido a la brevedad de su presentación, aunque logra buen rapport con el público; y por último, "el negro Mario", un muchacho de la clase baja desdentado y simple, obsesionado por el sexo. Se nota que Campi quiere a sus personajes, porque en todos ellos hay una capa de humanidad que los ennoblece y que los hace queribles. Es muy notable el manejo de títeres que aportan su cuota de frescura entre cambio y cambio de personajes, y termina con un gallinero en pleno entonando la música de nuestro himno.
Pero vamos por partes. El "Turco" ese ese tipo de taxista agrandado con todo lo argentino, que invita al público a decir cuál es el pájaro nacional y donde todos arriesgan, eligiendo al hornero, que es todo un ingeniero de la UBA, con un poco de adobe te levanta tres ranchos... Se llena la boca diciendo que tenemos la avenida más larga, el río más ancho, la montaña más alta de América, que inventamos la birome, el colectivo y el dulce de leche, que tenemos los cuatro climas (frío, calor... y los otros dos los sabía pero ahora no me los acuerdo) y otras costumbres más. Que la bicisenda no sirve para nada y que le dificulta el tránsito a los automovilistas y que habría que hacer una "piqueterosenda" para que no estorben con sus manifestaciones la libre circulación (lo cual tiene toda la razón del mundo). Y se anima a plantearle a la gente cuánto tarda un viaje desde Parque Patricios hasta el teatro, que él lo hizo en tres horas debido a marchas, concentraciones y arreglo de la calle Entre Ríos.
Después pasamos al menos efectivo de los personajes, "Pucheta", un drogón que vive del robo y las mil y una maniobras para conseguir droga, de una manera muy eficaz en su forma de expresarse, de hablar y de moverse, que nos recuerdan mucho a estos desagradables personajes que desgraciadamente vemos todos los días.
Viene Jorge, casado con Marta, un pelado y panzón con la campera del Mundial 78 que a pesar de todo es un optimista (un "boludo alegre" diría yo) que trata de buscarle el lado bueno a las desgracias y recuerda formas de vida pasadas, como los entretenimientos de las vacaciones en el mar, como ir a juntar almejas y cornalitos con el mediomundo al muelle. Habla sobre los cambios en los micros actuales, que tienen asientos-cama, baño, televisión y servicio de café y jugos, que antes un viaje a Mar del Plata duraba 30 días y ahora se hace en cinco horas. Nos refresca la memoria de cuando estaba Entel y había que hacer cuatro cuadras de cola al llegar a Mardel para avisar a la Capital que habían llegado bien, y que el teléfono le comía las fichas que el otro iba poniendo a la velocidad del rayo. Habla de su experiencia con los médicos (saqué turno en Pami en 1983 para que me atendieran recién ahora, tardan pero tienen buena voluntad, y me hice todos los "anális"). Es un hombre inculto, que comete mil errores al hablar (no tantos como Fidel, mi Jefe de Mantenimiento de la casa) y resulta cómico por un código en común que compartimos los cultores del lenguaje. Habla de sus dos hijos, el Tito y el Beto (el Tito es inteligente pero el Beto es más pelotudo), personajes que aparecerán en boca de otras de las criaturas de Campi.
Sigue con Nacho, un deforme golfista de la clase alta, con su mala dicción tan representativa de este estrato social y que vive en un barrio cerrado, tan cerrado que se les perdió la llave y no pudieron salir. Ahí conoce a un pobre, el que le cae simpático ya que en su vida había visto uno. "Hay que tener cuidado con los pobres, se mete uno y es como se te puede meter la humedad". Y realiza un divertido contrapunto con el público preguntándole de dónde vienen y la mayoría contesta "de La Matanza". "Estamos rodeados", acota él, "¿es una ciudad o una amenaza? Hay que tener coraje..." Todo en un tono muy jocoso y respetuoso.
Doña Beba es una vieja puteadora, a la que sus dos nietos sorprenden, Tito y Beto (Beto es el más pelotudo), ya que junta Tito yerba para venderla en su casa y gana bien, tiene la casa llena de yerba... y Beto se avivó y ahora vende azúcar impalpable y también le va muy bien... Es un personaje corto en su desarrollo pero muy aplaudido por el público (la gente adora las malas palabras y las festeja).
Y termina con "el negro Mario", un desclasado, un marginal de buenos sentimientos que sólo piensa en "ponerla", tener una novia de la tele para no tener que pagar más...
Cierra el espectáculo Campi, sin disfraz, dirigiendo la obertura del himno en un gallinero. Es un espectáculo que me sorprendió por el buen gusto, el espanto por normas consabidas y la chabacanería habitual de tantos espectáculos de teatro de riesgosa entrada...
Recuerden que pueden verlo haciendo click en "Ver obra".
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 8 de febrero de 2017

Mi crítica de "Toby Dammit" ("No apuestes tu cabeza al diablo") (Cine)

Continuando con los preparativos de mi ciclo sobre Fellini, me dirijo a analizar este nuevo mediometraje de 40 minutos, esta vez, basado libremente en un  cuento de Edgar Allan Poe, justamente "No apuestes tu cabeza al diablo", acá rebautizado con el nombre de su protagonista. El mediometraje forma parte de un trío que pretendió rendirle homenaje a Poe, se completa con "Metzengerstein", dirigida por Roger Vadim, con Jane Fonda en su esplendor y "William Willson", de Louis Malle, con Alain Delon y Bridgitte Bardot, también en su esplendor.
"Toby Dammit" es un ejercicio de hipnotismo, arrebatador, claustrofóbico, maravillosamente musicalizado por Nino Rota y estupendamente dirigido por Fellini, puede decirse que se encuentra entre lo mejor de su producción. El guión es del propio Fellini y de Bernardino Zapponi y la fotografía en color es del siempre eficaz Giuseppe Rotunno. La actuación protagónica es de un enloquecido Terence Stamp.
Uno de los films no realizados de Fellini fue "El Viaje de G. Mastorna" que lo acercaba al mundo de ultratumba. Lo más próximo es este magistral mediometraje. Lo importante en tanto que recreación del universo de Poe no es la historia sino la atmósfera, el personaje, el extrañamiento delirante de las imágenes, la creación de un mundo hierático y angustioso como el de las pesadillas. Muchos maestros de la literatura fantástica crean sus ficciones desde un punto de vista infernal de la realidad: su método de extrañamiento es la visión del doble infernal de las cosas. Fellini lo intuye y si bien aparece en otras películas ("Satyricón"; "Roma"). El Maestro italiano sabe además que el expresionismo es la manera de ser del terror. El carácter demoníaco de "Toby" no es gótico sino expresionista y reside en todos y cada uno de sus elementos. Expresionista es su guión, la iluminación, la interpretación de Terence Stamp, los movimientos de cámara y su banda sonora.
El punto de vista es el de un muerto que habla desde su muerte, como hiciera Billy Wilder en "Sunset Bulevard". La voz en off de Dammit enviada desde su cielo de nubes de fuego, desde la nada, narra la aventura de su muerte. Pero, ¿qué nos cuenta? sino una representación de su muerte para los ojos de un diablo-niña que lo mira y para el que actúa como lo que es: un actor. Su aventura es infernal y su espectadora una diablesa: el relato una evocación fantasmal, nocturna, que progresa a golpe de flash, de foco, de luz artificial, hacia el encuentro final de la cabeza cortada como la pelota redundante.
"Aquel viaje iba a pesar mucho en mi vida" dice la voz de Dammit desde el cielo, desde el avión, cuando cuenta su llegada a Roma a través de un cielo inflamado. Un muerto habla sobre el viaje que le costó la vida y despliega para nosotros su delirio, una vez más. Dammit aterriza en la telaraña de señales blancas del aeropuerto, ardiente de rojo el crepúsculo y camina como una cámara subjetiva sin cuerpo. La gente se asoma asombrada, aterrada o indiferente a la cámara, al vacío que es Dammit que no aparece todavía en imagen pero que crea la imagen con la mirada. No lo vemos a él, vemos lo que él ve y cómo lo ve. Luego, las llamas del crepúsculo dejan paso a un fondo floral y Dammit es arrebatado de su refugio en las sombras y en la oscuridad del fuera de campo. Se protege con los brazos, sonríe y hace muecas de dolor ante los flashes de los fotógrafos. No quiere ser iluminado, odia la luz, es un príncipe de las tinieblas, un vampiro. Desde lo alto de una escalera mecánica como desde un escenario hace ademanes expresionistas, un vuelo de murciélago, una reverencia cortesana gratuita y se muestra como meros gestos de actor, aunque luego sabemos que se lo hace a la diablesa. "Dijo que me dejaría en paz", se queja, pero no, lo persigue con su pelota silenciosa, inquietante globo blanco que toma la forma de la cabeza de Dammit.
Dammit trae desde las tinieblas la desesperación de los condenados y la exhibe y la trabaja como actor en cada uno de los planos del film. "Es todo un personaje", comentan los productores que lo han hecho ir a Roma a rodar "el primer western católico". Es un gran personaje, un personaje literario marcado por la negra melancolía de Poe. Tiene algo de Cristo, como si Cristo hubiera cedido a las tentaciones y pasara por el infierno su dolor. Eso, es más o menos lo que va a interpretar en la película y de la que hablan en el coche que lo lleva del aeropuerto a la ciudad. Este viaje en el auto, tiene aire de coche de muerto gracias a la cortinita de la ventanilla de atrás, está preñado de motivos fellinianos que reaparecerán en el episodio de la entrada a la ciudad de "Roma": un camión de carne con el toldo revoloteando como un telón, la radiante fábrica de lámparas, la prostituta, el accidente. Tan infernal es este recorrido en "Roma" como aquí, salvo que en este caso el punto de vista es el de Dammit y en "Roma" es el de Fellini que dirige la puesta en escena y el rodaje "desde dentro". En la misma secuencia tiene lugar la escena de la quiromancia por parte de la gitana. Dammit cierra el puño dolorosamente. Sabe lo que ella ha visto, porque ya lo ha vivido una y otra vez.
En la entrega de los premios Loba, la gala es tan diabólica como el resto, en gran parte por la música de Rota, por la voz en off que se acerca y se aleja del presentador y por el juego de la cámara, que aplasta o ensalza a Dammit, jugando con él como un títere. Las ráfagas de luz que rompen la oscuridad y lo revelan, los flashes, siguen dándole un cierto aire de Cristo en la Pasión, sobre todo cuando su doble de acción se empeña en sacarse una foto con él y le pone un sombrero mexicano: entonces tenemos la fugaz impresión de hallarnos ante un Cristo de las injurias. Hay bellas mujeres, pero la única que consigue sacarlo de su ensimismamiento es una desconocida, la muerte, que recita un monólogo con ecos siniestros que revelan su doble sentido: "No temas, yo cuidaré de tí siempre... yo soy la que esperabas y estoy contigo para siempre" Cuando se va, lo deja destruido en su asiento, muerto, visto en picado.
La carrera nocturna de Dammit con un Ferrari por su mundo de oscuridad en el que sólo los faros del coche revelan fragmentos de la realidad fantasmal, será puesto luego por Fellini en "Roma" de los motociclistas. Auténtica road-movie terrorífica, este episodio pone de manifiesto el hecho de que nos hallamos en su mundo interior, subterráneo, sin luz y sin salida, a pesar de que transcurre al aire libre. El espacio acotado por los faros es tan breve que acentúa el espíritu claustrofóbico de todo el film. Los pocos personajes que Dammit encuentra son muñecos o están petrificados, pero de una manera perversa.
Dammit llega al final de su camino y de su vida ficticia ante un puente roto. El tonel al que pega una patada y echa a rodar hacia las tinieblas le anuncia el abismo. Entonces sabe -recuerda- que ahí se acaba su trayecto. Ve a la niña diabla y decide ir a su encuentro de una vez, desplegando un recital de gestos de desesperación irónica, bien aprendido en anteriores ocasiones de ese eterno retorno. Se lanza al vacío y ya no vemos nada, sólo oímos un aullido siniestro. Pero no lo es: es el sonido del cable que ha cortado su cabeza y vibra en primer plano, goteando sangre. Este sonido, entre chirrido mecánico y ladrido, es lo más siniestro de toda la película. Luego la pelota blanca cae desde las alturas en silencio, ralentizada, rebota un par de veces y va a instalarse junto a la cabeza de Dammit. La niña sonríe, se arrodilla junto al despojo y se apodera de él como el último acto de un ritual. Un largo fundido a negro restituye a Dammit a las tinieblas de las que ha surgido. El último plano muestra el amanecer sobre el puente cortado, bordeado de siniestras farolas como un paisaje surrealista.

El hecho de que Fellini haga una película sobre la figura de Cristo en términos de western es un sarcasmo y una burla poco disimulada hacia las palabras de Pasolini, quizá para responder a este al hacer decir a Orson Welles en "La Ricotta". "¿Fellini? Es uno que danza, danza", quitándole importancia. El "Toby..." de Fellini asume con plena modernidad ese papel de Cristo, pero como metáfora y no como personaje, sin mezclar cristianismo y semiología barthesiana, pureza de Dreyer, Ford, Piero della Francesca y Pasolini, mencionados por el padre Spagna, que pretende la puesta al día oportunista del cristianismo por medio del maquillaje ideológico, pero que Fellini desenmascara oponiéndole otras imágenes, urbanas, estas sí auténticamente modernas, que nada tienen que ver con el discurso católico, emblema de los tiempos de hoy, a los viejos como la imagen de la virgen que desfila por el espejo surgido irónicamente del pasado, anacrónico, o como la estatua transportada por los helicópteros al comienzo de "La Dolce Vita". Toby Dammit no responde al 
discurso sociologista del cura, se limita a exigir que le entreguen la Ferrari que le han prometido. Su cruz secreta.
Quien la pueda ver, figura como "Historias Extraordinarias" o como "Historias Prohibidas" o en el italiano original "Tre passi nel delirio" y es de 1968. De más está decir que se la re-recomiendo.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 4 de febrero de 2017

Mi crítica de "Sully: Hazaña en el Hudson" (Cine)

Vuelvo a comentar cine, y en este caso la última de ese gran contador de historias que es el veterano Clint Eastwood, y ésta, su última película hasta ahora (es del 2016). Clint Eastwood pertenece a la generación de los que hacen un cine clásico, a pesar de que en esta haya muchas idas y vueltas de guión, retomando una y otra vez el tema a narrar, como si dijera: "ah, me olvidé de contarles tal cosa", y vuelva diez minutos atrás. La película toda es un largo flashback y casi no nos deja tiempo para respirar, tal es la velocidad con que se cuenta.
Acá el argumento es un hecho que sucedió en el 2009 (más exactamente, el 15 de enero, pleno invierno) y que en Estados Unidos es archi conocido, tal vez no tanto aquí. Es la tragedia (con final feliz) que le sucedió a un avión que salió de Nueva York y que al corto tiempo de vuelo, una bandada de pájaros le inutilizó las dos turbinas. Sin tiempo para volver al aeropuerto de LaGuardia, de donde había salido, ni de llegar al de Teterboro, que también estaba cerca, su diestro capitán, Sully Sullenberger, decide hacerlo amerizar en el río Hudson, salvando al pasaje completo. Tal vez por ser tan conocida la historia (allá) no haya suspenso en llegar a su final. Pero el sabio viejo Clint sabe tratarla de tal modo que el suspenso se cuele en todos sus poros y se viva con tensión la hora y media de duración.
Eastwood nos ha dado decenas de obras claves dentro de la infanto-adolescente cinematografía norteamericana, con una mirada adulta sobre sus temas. ¿Quién puede olvidar el embeleso que provocó "Los Puentes de Madison"? ¿O la desgarradora historia de la joven boxeadora en "Millon Dollar Baby"? Películas inolvidables como "Poder absoluto", "Los Imperdonables", "Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal", los cuatro veteranos audaces de "Jinetes del espacio", la terrible sordidez de "Río Místico", el enigma infinito de "El sustituto" o la desconfianza y la entrega en "Gran Torino", la presencia de Mandela y su equipo de rugby en "Invictus" por no recordar sino las últimas como "J. Edgar", el musical "Jersey Boys" o "Francotirador".
Acá el Capitán Sully Sullenberger es el grandioso Tom Hanks, que se acerca mucho a los premios con esta sabia interpretación. Está con el pelo y bigote blanco en canas, con su andar fatigado pero rápido en reacciones y una serie de visajes que hacen que su personaje adquiera esa tridimensionalidad que necesitaba. Está bien acompañado por Aaron Eckhart como Jeff, el copiloto y su esposa Lorrie es la siempre eficaz Laura Linney. La película empieza con un sueño de Sully: él está piloteando un avión que no puede controlar y va a volar de manera rasante por la ciudad y terminar estrellándose en un edificio (la memoria de las Torres Gemelas está muy fresca todavía). Se despierta angustiado y asustado, en medio de sudoraciones frías. Luego sabremos que es un sueño posterior al accidente. El film sigue con las audiencias que le hace la NTSB, corporación a la que no le conviene que el accidente haya salido indemne, y menos a la compañía de seguros. Fueron 155 almas que se salvaron de una muerte segura. Parece que aterrizar en el agua es muy difícil y casi imposible sin perder vidas humanas. Sully, frente a la decisión de volver al aeropuerto o amerizar, escoge esta última, con total pericia. Los de la compañía lo llevarán a una audiencia en donde se va a comprobar si él obró bien o no. Ese es el nudo argumental de la película y sobra el cuál esta gira.
Como complemento necesario tenemos el accidente y nos adentra Eastwood a inmiscuirnos en la vida de varios de los pasajeros, además de la del capitán, para hacernos cobrar empatía con el siniestro. Nos hace conocer a esas gentes que realizan un vuelo más en sus vidas y que se verán enfrentadas de cara a la muerte. Y lo cuenta desde todos los ángulos posibles, y no sólo una sino dos veces, repitiendo datos que ya conocemos pero que se resignifican con la repetición. Y al final, mientras pasan los títulos de la película podemos acceder a ver a los verdaderos pasajeros junto al auténtico  Sullenberger en agradecimiento y desatando todo un festival de emociones encontradas (las que no se habían perdido).
Los mandamás de la compañía aérea piensan someter a simulaciones de vuelo el caso de Sully, y ver si en realidad no tuvo la oportunidad de llegar a alguno de los dos aeropuertos o si sólo fue un capricho que puso en riesgo de muerte 155 vidas. Tampoco creen  que una de las turbinas haya sido completamente destruida sino sólo parcialmente, pero los resultados le dan la razón, así como los simuladores de vuelo. Sully es tomado por un héroe nacional y paseado por cuanto programa de televisión haya y adorado por todos los que lo reconozcan en la calle. Es el gran salvador, un tipo valiente que tuvo lo que hay que tener para tomar una decisión rápida y justa que no exponga a su pasaje.
La cámara de Clint Eastwood está siempre ubicada en el lugar correcto, y logra proezas, como la de mostrar ese amerizaje del avión con el consiguiente sacudón e inundación de la aeronave, la evacuación de los pasajeros y el posterior rescate por helicópteros, ferrys o barcos que pasasen por el lugar, con una temperatura del agua de dos grados y una de veinte bajo cero en el ambiente. La película, como nos tiene acostumbrados Eastwood con sus 87 años, es toda una muestra de elegancia narrativa y visual, sin ocultarnos ningún dato ni exponernos información que sobre. Por eso, a quien quiera ver este film, que tal vez se ha perdido, se lo recomiendo muy enfáticamente y con total seguridad que será de su gusto. Aunque ya no está en los cines se puede descargar por Internet.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 3 de febrero de 2017

Mi crítica de "Jekyll & Hyde" (Teatro musical)

Bueno, después de un receso de dos meses por las carteleras porteñas, debido a la ola de calor, volví, ayer que estaba lindo para ir al teatro. E inauguré el año con un espectáculo de excepción: el musical "Jekyll & Hyde", con libro y letras de Leslie Bricusse y música de Frank Wildhorn (o Francisco Cuernosalvaje). El musical, a la vez está inspirado en la famosa novela de Robert Louis Stevenson de 1886. Stevenson escribió dos novelas famosas, ésta y "La isla del tesoro", las dos en franca competencia hacia su adaptación cinematográfica. La última de las transposiciones para la pantalla de "Jekyll & Hyde" es de 1996 ("El secreto de Mary Reilly") y pertenece al talentoso inglés Stephen Frears y está protagonizada por Julia Roberts y John Malkovich y cuenta la relación de la mucama de Jekyll con éste y sus transformaciones, si no la vieron véanla porque es una verdadera joyita.
Pero volvamos al musical. Se ve que el jueves es mal día para ir al teatro (y sobre todo a las obras caras, esta cuesta 800 $ la platea, pero yo la conseguí por Tickets a 530 $, jajaja) ya que sólo estaba lleno en un quinto del teatro, y siendo generoso. Es una lástima para tanto esfuerzo y tanta producción... La buena noticia es que Juan Rodó me dio una sorpresa: mejoró. Ya no tiene la voz tan grave y tan monocorde, ahora se ha convertido en un tenor y posee muchos matices, sino no podría haber elegido un personaje tan complejo, que tiene que desdoblarse en dos y variar la tesitura de su canto según el personaje. La otra buena noticia es que está Raúl Lavié, otro experto en musicales ("El Hombre de la Mancha", "Zorba", "Víctor/Victoria") y que no perdió nada de su voz, está mejor que nunca aún con sus más de 80 años cumplidos. Otra buena, está Eluney Zalazar en el rol de Emma Danvers, la virginal novia de Jekyll, que tiene una voz increíble y un talento total para enfrentar ese personaje puro y casto. La contracara de ese papel lo cumple la prostituta Lucy Harris, encarnado por Melania Lenoir, quien no pudo trabajar ayer y fue reemplazada triunfalmente por ¿Karina? ¿Cecilia? (el nombre se me escapa ya que no figura en el programa de mano) Muerza, y compone con total devoción el personaje más querido y aplaudido de la obra. Sí, se ganó una ovación del público más que justificada, ya que su reemplazo fue de lujo, con un papel totalmente querible. Decíamos, Rodó es el Dr. Henry Jekyll y el malvado Mr. Edward Hyde, y Lavié es su abogado, el Dr. John Uttersson. La escena en la que cantan los cuatro juntos, cada cual con su letra (aunque no se les entienda un pomo) y con la misma música es increíble y un total hallazgo vocal/auditivo. Después está ese himno, que ya forma parte de todas las antologías de musicales que es "Es el momento", entonada por Jekyll antes de convertirse.
La historia debe ser conocida (aún a grandes rasgos por todos). Henry Jekyll ha descubierto la posibilidad de separar el bien del mal dentro de una persona y pide experimentar en un manicomio con los enfermos mentales, pero le es negada su solicitud y todos se burlan de su propuesta. Entonces decide ser su propio conejillo de Indias e inyectarse el suero. De pronto, tras un ataque convulsivo, se ve transformado en Mr Hyde, el mal encarnado en una sola persona, una basura de tipo, vea. Suelto por las calles de Londres empieza a cometer sus brutales crímenes, y sus principales víctimas son aquellos que le rechazaron la posibilidad de experimentar en locos. Se emparenta con Lucy, la prostituta que se ha hecho amiga de Jekyll y la denigra de tal forma que ella no puede menos que horrorizarse cada vez que está con él (la golpea sádicamente, la viola, hasta que termina matándola). Sí, el pecado (representado en Lucy) debe ser destruido para que la virtud prevalezca (en Emma), así como deberá morir Jekyll para matar a Hyde, tal es la fusión que se ha hecho del bien y del mal.
Pero tomémonos a nosotros mismos como experimento. Nadie puede decir de sí que es una persona enteramente buena ni totalmente mala. Todos tenemos nuestras bajezas, nuestras zonas oscuras, así como las más luminosas. No hay personas que puedan considerarse santas o demonios. El bien y el mal conviven dentro de todos nosotros. Ahora bien. Ese mal, ¿no puede ser entendido como "lo inconsciente", más concretamente el Inconsciente dentro del aparato psíquico, ya que esta es una instancia que reacciona a las pulsiones, a lo libidinal, a lo más primitivo o animal que hay en cada ser humano?. Stevenson lo hacía salir mediante un jeringazo, Freud descubrió otro método menos violento y más efectivo: la palabra, el poner en palabras todo lo que remita al inconsciente. Y sabemos que la vía regia para visualizar lo inconsciente se da a través de los sueños, los actos fallidos, los lapsus linguae, los chistes, es decir todo lo condicionado al mundo verbal. Pero hay algo más. Stevenson publicó su novela en 1886 y los primeros trabajos de Freud sobre la histeria y las neurosis corresponden a 1892/93, es decir que Stevenson, sin saberlo, se adelantó a Freud en el descubrimiento de "la otra cara", lo cual no sé si será oportunamente agradecido.
El trabajo de los actores es magnífico. Juan Rodó se adueña de esos dos personajes con total naturalidad (aunque vemos que hay mucho trabajo detrás de eso) y llega al colmo del paroxismo cuando debe discutir consigo mismo, dando vuelta la cara para un lado y el contrario, con el pelo recogido en Jekyll y con su pelo ensortijado y largo en Hyde y cantar a la vez. Cuando se adueña de él Hyde es la maldad misma, y todo su cuerpo canta con él, se encorva, se contrae, es espasmódico, tiene voz cadavérica, etc.
La transposición escenográfica de Brodway a acá varió mucho. Acá casi no hay escenografía, sólo unas torres de metal que se van moviendo en el transcurso de la obra, que por suerte no remedan a las escaleras de "Drácula" como se podía suponer, sino que sirven para enmarcar el cuadro, para darle una contención a la acción. Aparecen sí otros elementos, un sillón, el gabinete del Dr. con su conjunto de probetas y retortas humeantes, la cama de Lucy, la escalinata del altar donde se casará Jekyll con Emma, etc.
Debo hablar ahora de la belleza de la melodía y la poesía de sus letras. Son todas canciones inspiradas, no hay desperdicio en ninguna, aunque seguramente el espectador saldrá tarareando más unas que otras. La música es casi constante, si bien hay momentos sólo hablados, pero son los menos. La obra dura dos horas y media y es el tiempo exacto para transmitir tanta belleza, hasta se hace una estética de los asesinatos, que dejan de ser brutales para convertirse en necesarios y coreográficos. En definitiva, un espectáculo para aprovechar con los cinco sentidos, y si hay alguna mujer leyendo ésto, hasta con su sexto sentido. Y para no dejar pasar ya que estará en cartel sólo por 15 semanas (cuatro meses a partir de enero). Mi recomendación: un lujo, excelente.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El conde de Teberito (un crítico independiente -y un cítrico también-).

lunes, 30 de enero de 2017

Mi crítica de "Cyrano de Bergerac" (Teatro-Broadway)


Gracias nuevamente a Teatrix pude ver esta joyita venida de Broadway, con un elenco encabezado por Kevin Kline (Cyrano), Jennifer Garner (Roxane) y Daniel Sunjuta (Barón Christian de Neuvillette), subtitulada al castellano y en el inglés original. La dirección de la brillante puesta es de David Leveaux y data del 2016. Todos conocemos, al menos a grandes rasgos la historia que nos cuenta Edmund de Rostand, su autor. Cyrano es tan buen espadachín como lo es como poeta. De sus labios fluyen versos inspirados como su respiración y sabrá componer una balada mientras se bate a duelo de espadas  con un vizconde para culminar su último verso con la estocada mortal. Pero Cyrano no sólo es poeta y diestro con la espada, también es un tímido por causa del feo aspecto que le da su enorme nariz, un enamorado eterno de su prima Roxanne, es valiente, satírico, irónico y es , sobre todo un Quijote. Sí, porque si bien acá no hay molinos de viento, deberá pelear con lo que siente por su prima y su piedad lo lleva a desplazar ese amor dándole letra a quien ella ama.
Porque Roxanne lo cita al principio de la obra para confesarle su amor por Christian, a él se le derrumban sus sueños dorados de amor, pero transformará ese amor en constituirse como el alma de ese chato mental pero buenmozo de Christian. Le presta sus palabras elocuentes y retóricas al principio en cartas que el supuesto enamorado le manda a su amada, y luego será su voz, cuando, debajo del balcón de Roxanne, se haga pasar por Christian para alegrarle la noche a su pretendida acariciándole el oído con las palabras más bellas. Cyrano lucha contra lo injusto, es así como manda a su casa al actor Montfleury, por hacer abuso de su calidad de intérprete, y luego se batirá con 100 soldados que intentan asesinar a un tipo que le cae bien, matando a 9 de ellos y dispersando a los demás. Cyrano es precisamente un hombre de bien, que no delatará su pasión por su prima ni aún en las situaciones más favorables para él. Puesto a ayudar al soldado normando (único entre todo un regimiento de gascones) se convertirá en su sombra, en su pluma y en su voz, hasta lograr que éste se case con Roxanne. Pero la guerra es inminente, y un siniestro  Conde de Guiche, también enamorado de la mujer, mande a Christian y a Cyrano al frente, contra las tropas españolas. Allí, en medio del fuego, la muerte se apodera de Christian, y su esposa, que acudió al frente para estar con él recibe la última de las cartas fraguadas por su primo y lo ve morir en sus brazos. De allí en más se instalará en una asociación religiosa, a donde va a visitarla su primo todos los sábados, siguiendo con su amor platónico. Pero Cyrano se ha vuelto escritor de sátiras que ofenden a más de un conocido y por eso un grueso tablón caerá desde una ventana provocándole la muerte. No sin antes visitar a su prima, ya herido y reconocer que él fue el autor de todo el enamoramiento con Christian, sin decirlo directamente, Roxanne puede intuirlo. Se da cuenta que estuvo toda su vida abrazando una quimera, y que su verdadero amor estuvo siempre ahí, al alcance de su mano. Entre delirios y desenfundando su espada, Cyrano muere en sus brazos igual que lo hizo su marido y ella queda envuelta en lágrimas. Se puede decir que murió con su último beso de amor en su boca.
Todo pareciera indicar que estamos frente a un dramón, pero en realidad se trata de una comedia, por el ingenio de las situaciones, las respuestas ingeniosas y siempre afiladas de Cyrano y la puesta de enredos que se genera. Siempre que alguien tiene que suplantar a otra persona y ser su doble impone comedia ya sea en el teatro, el cine o la literatura. Las humoradas perviven en el tiempo, y si bien estamos ante una obra de los tiempos revolucionarios de Francia, sus bromas suenan tan bien como si se hubiesen escrito hoy en día. Cyrano parece estar obsesionado por su apéndice nasal, que es descomunal, y en ello basa no sólo su vergüenza ante las mujeres sino que también sus mejores réplicas ante las cargadas. Cyrano es un gigante, un hombre de letras y un hombre de luz, porque lo tiene todo (menos belleza, según él, lo cierto es que la nariz no le sienta tan horrible): habilidad, astucia, verborragia, compasión, amor en demasía, nobleza. Él, que terminará sus días asesinado como un perro.
Cyrano es el talentosísimo Kevin Kline y tiene que enfrentarse, no sólo a situaciones risueñas, sino a un texto plagado de escollos, que harían naufragar al más experimentado pero él es un actor de raza y puede ser cómico, sensible o dramático según lo pida el texto. Jennifer Garner en su Roxanne aporta no sólo belleza sino también un repertorio de tonalidades exquisitas para su personaje, con el llanto a flor de ojos y una delicadeza extrema. Daniel Sunjuta, por su parte, no es un gran galán, pero defiende su papel a fuerza de espada. Hablando de espada, se nota que Kline ha tomado cursos de esgrima para batirse a duelo con el vizconde, ya que es todo un derroche de agilidad y precisión en dicha escena, quedando como uno de los grandes espadachines que pobló la pantalla (o las tablas). Es encomiable el trabajo de Kline cuando recita sus versos más inspirados en la escena del balcón y a la vez deja caer las lágrimas.
Es por tanto una obra, que si bien dura sus dos horas y veinte, no aburre ni cansa en ningún momento, más bien todo lo contrario, nos hace pasar momentos de pura felicidad. Altamente recomendable para todo público. Y recuerden que están a un click de poder disfrutarla.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 28 de enero de 2017

Mi crítica de "La La Land" (Cine)

Acabo de ver "La La Land" en DVD y celebro que una película tan simple en cuanto a argumento pero tan cara a todos los que amamos la comedia musical, haya ganado tantos Globos de Oro y esté tan cerca del Oscar. Pero tengo una mala noticia. No va a ganar. No puede ganar porque no tiene peso importante su desarrollo, porque la Academia no está acostumbrada a darle el premio a los musicales (recuerdo como una excepción cuando lo ganó "Chicago"), aunque sí pueden ganarlo los actores o los rubros musicales o técnicos. La película es deslumbrante en cuanto a belleza pictórica y en lo referente a bailes y canciones o melodías, lo más importante es que ni Emma Stone ni Ryan Gosling sabían cantar ni bailar antes del film, y lo aprendieron con tal motivo. Ni siquiera Gosling sabía tocar el piano, y acá todas sus escenas están filmadas sin trucos, él es quien toca y lo hace brillantemente bien. De todas formas voy a expresar mi opinión personal: mi comedia musical favorita es "Todos dicen Te Quiero", de Woody Allen (1996), que filmó con actores que eran eso, actores, ni cantantes ni bailarines, y hicieron lo que pudieron, cantando a media voz o a voz en cuello y en eso residía el valor de la película. Además la magia que desprendía aquella, con sus vuelos enamorados de Goldie Hawn y Woody junto al Sena le impregnaban de un encanto del que esta carece. Ya voy a hacer una crítica especial sobre aquella película como "la película que más feliz me hizo en mi vida". Quede escrito.
"La La Land" tiene escenas memorables y tiene homenajes permanentes a los grandes clásicos de ese género en toda la historia del cine, desde Vincente Minelli a Stanley Donen, por la alegría o melancolía que expresan sus números musicales. Hay una escena (la última) que es un descarado homenaje a "Un Americano en París", aunque también se rinde culto a las cintas con Fred Astaire y Ginger Rogers. Cuentan los actores que durante el rodaje se inspiraron en "Los Paraguas de Cherburgo" y "Las Señoritas de Rochefort", ambas de Jacques Demy, de la década del 60. Aunque se ven homenajes a todos los musicales que hayan pasado alguna vez por las pantallas.
Digo que el argumento no es muy sólido ya que se extraña particularmente el término "comedia", acá donde no hay ni un chiste, y además la estructura básica es chica conoce chico-chica no se enamora del chico-chico se enamora de la chica- se enamoran-conviven-se pelean-se reconcilian-se separan-termina cada cual por su lado. Sí, ya se los anuncio, el final es triste porque ella se casa con otro y él se queda recordándola. No le podemos pedir un tema muy elaborado a una "comedia musical", pero a ver, muchachos, a esforzar un poco más esa pluma... La dirección es de Damien Chazelle, quien ya había sorprendido con "Whiplash" en el 2015 y cubre un vasto terreno, desde el entrenamiento actoral y su dirección, el manejo de secuencias musicales y/o cantadas, el manejo de coreografías de baile, el uso de grandes plano-secuencia (es decir todo en una sola toma, sin cortes de montaje) para las escenas de los bailes, la armonización de una paleta de colores que incluye vestuario, escenografía, etc. y muchas cosas más. Ojo, no estoy diciendo que la película no valga la pena, al contrario, es muy disfrutable y se agradece que el cine se haya acordado de homenajear a un género tan vapuleado y menospreciado como el musical.
"La La Land" trata sobre la relación de Mía y Sebastian y de la evolución de sus propias carreras. Ella es actriz que se presenta a miles de castings de los que siempre sale rechazada y no le gusta el jazz. Él ama el jazz y es su pasión (además de ser un pianista formidable), y trata de vivificarlo ya que se piensa que el verdadero jazz está muerto o por lo menos, moribundo. Ella trabaja en la cafetería de la Warner, en donde ve rodajes y sueña con estar dentro de ellos algún día. Él toca en un restaurante del que es echado al comienzo del film y termina tocando en orquestas infames, y sueña con abrir algún día su propio reducto en donde revivir al buen jazz. Termina haciendo música electrónica para un compañero de secundaria que lo invita a tocar en su banda y comienza a despegarse de Mía, ya que debe hacer extensas giras por todo el país, con la excusa de tener un trabajo estable. No le importa ya no hacer lo que ama, sino sólo que lo que él hace lo ame la gente. Mía escribe una obra de teatro, la que interpreta (y se supone dirige), pero no va a verla nadie, y los pocos que entraron de casualidad salen sin entender lo que vieron. Es por eso que ella renuncia a todo y vuelve a vivir a casa de sus padres, en otro estado. Pero un día una llamada de una importante directora llega a la casa en que vivía con su novio. Éste corre a avisarle que se presente al día siguiente para un casting y ella, entre quejas, se apersona. La toman para una película a rodarse en París, cuyo guión todavía no está escrito y saldrá de la experiencia con los actores. Nuevamente la distancia los separa. Cinco años más tarde ella se ha casado con otro hombre y tiene una hija. Pero una noche deciden entrar a un local llamado Seb's donde su antiguo novio recrea a los grandes del jazz (que por fin le terminó por gustar, a ella). Ahí lo ve y se convulsiona, recrea toda su vida y lo que hubiera sido de haberse casado con él. Bailes. Canciones. Ella se va del local y le dedica una sonrisa amarga. Fin. Esto es todo lo que hay respecto a argumento. Como ven, no hay mucho. Súmenle lindas canciones y bailes inspirados y tendrán "La La Land". Desde aquí le deseo la mejor de las suertes. Ah. y Emma Stone está cada día más linda.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 27 de enero de 2017

Mi crítica de "El Clan" (Cine)

Francella es un monstruo. Es un monstruo de la actuación. Y es un monstruo el personaje de Arquímedes Puccio que le toca interpretar. Por fin veo una película fuerte, contundente, con garra, bien narrada, bien actuada, bien dirigida, que rompe con tanta medianía que hay por ahí. No es cierto lo que dijeron que esta era la peor película de Pablo Trapero, que con el correr de los años su cine había ido desmejorando. Es cierto que tuvo un debut estelar con esa maravilla chiquita de "Mundo Grúa", pero esta película por su virulencia y violencia está a la altura de "Leonera" o "Carancho", que son dos muy buenos exponentes de ese talento llamado Pablo Trapero.
Está recién llegada la democracia, Alfonsín, junto con Sábato y otros (con ellos comienza la película) firman el "Nunca Más" formando la Comisión para la Desaparición de Personas. Arquímedes Puccio mira todo displicentemente desde su casa. Es un tipo tranquilo, bonachón, que lava la vereda en saquito pijama y pantalones cortos, que saluda amablemente a sus vecinos. Es un farsante, un hipócrita, un bicho de la peor calaña. Creo que huelga explicar los crímenes que cometía, que todo el mundo debe estar enterado, pero bueno, la película viene a contárnoslo y es bueno refrescar el caso. En complicidad con su hijo Alex (muy buen trabajo también de Peter Lanzani, que lo muestra como un actor sólido, convencido), secuestraba compañeros de él en el equipo de Los Pumas para pedir rescate, y la mayoría de las veces, una vez cobrada la suma, terminaba matándolos. Claro que no sólo a rugbiers se dedicaba, todo conocido a quien le pudiera sacar dinero era bienvenido entre las paredes de su casa, donde convivían con su familia, los alimentaba la comida de su esposa y luego los torturaba. Es un buen recurso el uso de la festiva música del rock de los 60 para montarla con los secuestros y/o muerte de sus víctimas. Así como ese montaje entre la relación sexual de Alex con su novia (violenta, sin piedad, por adelante y por atrás) con el secuestro a uno de los amigos de su hijo y posterior asesinato. La película no tiene golpes bajos, la crudeza es amortiguada por las escenas familiares y los gritos de sus víctimas por la radio a todo volumen que pasa el mismo rock de sus montajes. Es una familia muy normal. Cristiana, rezan antes de comer, su esposa es maestra, una señora de su casa, de clase media, y "ajena" a todo lo que pasa ahí abajo. Sus dos hijas una pinturita de chicas, una sigue los pasos de su madre como maestra o profesora y la otra, inocente, va al secundario. Su hijo Alex es un chico sano que ama el deporte y tiene un negocio de ropa deportiva y "todo para el surf", que conoce a una linda chica, Mónica, se enamora de ella y planean casarse para salirse de todo ese horror. (Es inconcebible que Mónica no esté enterada de nada, si pasa mucho tiempo en casa de su novio). El otro hijo, "Maguila", vuelve después de un tiempo a casa de sus padres y se une al raid delictivo.
La cámara de Trapero hace una verdadera corposcopía con el rostro de los actores, marca cada arruga, cada imperfección, cara poro de la piel de ese Francella que se ejercitó en no parpadear durante todo el film, para dar un toque más siniestro a su personaje. Con el pelo canoso, sin los característicos bigotes y sus límpidos y siempre lubricados ojos azules, dan una fisonomía totalmente nueva de lo que teníamos de Francella. Es un actor que no le teme a mimetizarse para lograr una actuación lucida y lúcida. Peter Lanzani también se compromete, desde lo fisico (logra transformarse en un rugbier) y todo su cuerpo habla a la hora de luchar contra su mundo interior. Es particularmente lograda la escena en que Arquímedes se enfrenta a Alex y trata de ahorcarlo por haberlo abandonado en sus proyectos, la comunicación que se da entre los dos intérpretes es asombrosa.
El cine de Trapero ha ido creciendo en intensidad. Despegó con la pacífica "Mundo Grúa" para meterse en el transfondo podrido de "El Bonaerense",  saltó luego a dar un vistazo de las sórdidas relaciones familiares "alla italiana" en "Familia rodante". Transitó por la angustia y el encierro de "Leonera" y los bajos mundos de "Carancho" para meterse de lleno en las villas de "Elefante blanco". Es así como lo encontramos aquí con todo su talento y precisión para contar en este "El clan", que cuenta con producción propia y de los hermanos Almodóvar. La película está contada a intervalos, se intercalan secuencias del rescate final de la víctima por la policía, empieza por ese 23 de agosto de 1985 en donde son atrapados y así, a los saltos va contando una historia que empezó a fines de la dictadura y se extiende hasta ya afianzada la democracia.
Cuenta la relación de Puccio con Aníbal Gordon, quien cayó primero y a quien iba a visitar a la cárcel, "todo por culpa de ese Kelly, que presentó pruebas", pero todos son momentos de calma y de tormenta, le dice Gordon, ahora me toca estar adentro por un tiempo, luego estaré afuera... Pero a Arquímedes no le fue tan bien ya que pasó su vida en la cárcel hasta que murió a los 84 años, en donde se recibió de abogado. Se muestra, en una escena muy impresionante y muy bien filmada, el intento de suicidio de Alex cuando le toca ir a declarar, y se expone que intentó suicidarse varias veces en la cárcel hasta que murió, por fin en el 2008 a los 49 años. Se cuenta el derrotero de toda la familia (se salva el hijo menor que en un viaje deportivo, decide no volver a su casa nunca más). En esencia, estamos ante lo mejor del cine nacional que haya visto por muchos años (es increíble como no fue aceptada para el Oscar) y es altamente recomendable para espíritus atemperados ya que no todo el mundo podrá soportarla (aunque no se muestran escenas cruentas).
Bueno, gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).