sábado, 19 de febrero de 2022

Mi crítica de "Me duele una mujer" (Teatro)

 Vimos esta obra del prolífico y talentoso Manuel González Gil, acá en su doble función de autor y director. Si bien conoció épocas de más oficio ("Los Mosqueteros", "El Diario de Adán y Eva"), la pieza se deja ver con una sonrisa casi permanente en la cara, no llega nunca a la carcajada, la obra es más reflexiva que humorística, dejando siempre los gags para las intervenciones de Carlos Portaluppi quien sabe sacar provecho de su juego de capocómico. Los otros protagónicos están encarnados en Nicolás Cabré (Miguel Sánchez) y Mercedes Funes (Paula). Miguel es un profesor de filosofía, quien, como inventara el genio de Hitchcock, se ve defendido por su profesión: la filosofía va a estar siempre instalada en su discurso y hasta en sus mecanismos de defensa. Es muy fácil oírlo hablar con toda naturalidad de los presocráticos, del mito de la caverna de Platón, de Borges y El Aleph, de la locura de Niestzche, utilizar el "yo creo", la cicuta de Sócrates y los empiristas, cosas que para los que manyamos algo del tema sabemos que son los palotes de la filosofía. Y sucede que a este hombre que vive prisionero de una melancolía patológica (ayudado por la cara y ojos de perro apaleado de Cabré), Paula lo ha abandonado recientemente. Y es así que Miguel ve a Paula encarnada en cada mujer con la que se cruza, desde una boletera de cine hasta una trabajadora sexual (admirable labor de Mercedes Funes, quien se pone en la piel de cada papel con una mirada diferente, además de la cínica psicóloga-irreconocible- y de una modelo italiana). Y digo especialmente esto porque, si bien es ya conocido que los actores podemos vivir miles de vidas, Mercedes las vive todas en un solo espectáculo.

Miguel está siempre en compañía de su "otro yo", o si se quiere, de su inconsciente (Portaluppi), quien no siempre le dice lo que quiere escuchar, pero que lo lleva por el mejor camino. Algo parecido ocurre con la apática psicóloga, más interesada en sus aranceles que en llevar a buen puerto la sesión, siempre enmarcada por el sempiterno cuadro de Freud. Hasta las mismas sesiones Sánchez se presenta acompañado por su "mejor amigo". Y es en las mismas donde encuentra esa pared infranqueable en la persona de la licenciada. Pero cuando Miguel se deja invadir por la melancolía o el romanticismo por el amor perdido -algo de lo que sabían mucho los "románticos" de la literatura o de la música- es cuando nos encontramos con la poesía más afinada. Y cuando más nos alejamos del humor, que era el propósito de esta obra.
La belleza y el magnetismo de la Funes son cualidades indispensables para el éxito de la pieza, para poder compartir las mil y una sensaciones que produce en ese Miguel atormentado por la pérdida, además de demostrar que es una actriz todoterreno. A mí, Cabré nunca me gustó para la comedia, y por suerte acá le tocaron las partes más serias de la obra. Lo que valoro es haberse aprendido esas largas parrafadas filosóficas o metafísicas que larga sin vacilar. Y lo más gracioso de todo, el que salva la plata, es Portaluppi, un maestro en el arte de hacer reír.
En fin, una obra que se postula como comedia, pero a la que le faltan muchas materias. Sí podría pasar como una comedia romántica. Pero se deja ver y es llevadera. Para mí, un 6.
Y gracias por seguir leyéndome y espero sus devoluciones.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 2 de febrero de 2022

Mi crítica de "Hoy como ayer. Susana Rinaldi"

https://www.teatrix.com/ver/hoy-como-ayer


 Lo que hace grande a la Tana es su forma de interpretar, de hacer que cada canción sea única, distinta de las demás, una joyita para atesorar; su perfecta dicción, su modo de valorar cada palabra, de darle su plurisignificación. Sumado a uno de los oficios menos transitados de Rinaldi: el de actriz, le dan la jerarquía para colmar de matices este espectáculo.  Además cuenta con la dirección musical y arreglos del Maestro Juan Carlos Cuacci. También la acompaña en guitarra, de una orquesta formada por piano, contrabajo, bandoneón, batería, saxo y flautas. El show es el mismo que presentara 23 años antes en el ya desaparecido teatro Odeón, donde ahora se luce una playa de estacionamiento...

El espectáculo se abre con una memorable versión de "El viejo varieté" en donde la astuta Susana sabe jugar y balancear el peso justo de cada palabra. Después de acudir a unos versos de la autora, despliega la magia caribeña de "Para los demás" y arremete luego con la entrañable y sentida "Serenata para la tierra de uno". Ya a esta altura podemos hablar del lenguaje universal de María Elena Walsh, porque allí donde se oiga su poesía, resuena de una manera muy particular y personal en cada oyente, admirándola siempre. Con aires de zamba y convirtiendo sus manos en ágiles pañuelos, la Rinaldi va a recorrer junto a la guitarra "Si se muere la zamba", hermosa y pequeña pieza de María Elena. La cantante se transforma en actriz para encarnar a una viejecita pueblerina y centenaria que dice sus refranes mientras se encarga de barrer el escenario, para desgranar luego, con aires de milonga y con la escoba a manera de guitarra, las profundas verdades martinfierrescas de "Sapo Fierro". Todo un deleite para el oído y el ojo (y el buen gusto).
Con la alegría infantil de que nos narren un cuento, Susana se calza anteojos y papel en mano nos va a contar, con todo su histrionismo y su buen decir, "El árbol de los sombreros", para rematarlo después con la alegre y pegadiza "El brujito de Bulubú", tan reconocida como aplaudida por el público adulto. Tal vez la canción menos popular de María Elena viene después: "Sin señal de adiós". Y será lo más festejado de todo el espectáculo la pícara "Contáselo a Magoya", otra interpretación sublime.
Después el tono cambia, se torna tanguero y dramático para encarar la soberbia "El 45", una actuación que hace brotar las lágrimas. El talante ahora se vuelve ácido para ejecutar la que tal vez sea su versión definitiva, de "Los ejecutivos". Cada vez que la canta, revela Susana, se la dedica de todo corazón al dueño de aquella playa de estacionamiento... Es un pedido de la cantante, casi un ruego, que cada persona que quiera tenderle su mano se acerque al escenario. Y así vemos un interminable desfile de gente emocionada hasta las lágrimas mientras ella canta la impagable "Dame la mano y vamos ya".
Enseguida viene un interludio sólamente musical a cargo de la orquesta, mientras la anfitriona realiza un cambio de vestuario: "El 45/Postal de guerra/Oración a la Justicia". Va a volver Susana con su versión de "Como la cigarra". Y después de leer un texto doliente sobre la situación del país llega "Juglar de España". Otro momento de reflexión, ahora acerca de la Justicia, que nos vendría muy bien para estos tiempos judiciales y la intérprete desgrana la impresionante "Oración a la Justicia". Ya sobre el final, el espectáculo culmina como empezó, con la segunda parte de "El viejo varieté", aquella de "rebajen luz de escena/ aquí hay alma en pena..." Todo tiene su final, incluso un show tan maravilloso como este.
Lo que nos hace sentir que María Elena y María Herminia siguen tan vigentes y vivas como nunca. Y Susana, vivísima. Un trío que supo llevar a cabo un programa tan emblemático de nuestra TV como lo fue "La cigarra", en la primavera alfonsinista. 
Para ver y rever más de una vez. Acá se los dejo para que lo disfruten.
Espero vuestras devoluciones y gracias por seguir leyéndome.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 17 de diciembre de 2021

Mi crítica de "Eva y Victoria" (Teatro)

https://www.teatrix.com/ver/eva-y-victoria


 Teatrix tuvo la buena idea de editar esta gran obra, de Mónica Ottino, obra que a pesar de tener largos 20 años de estrenada, sigue representándose con éxito, esta vez, con la participación de María Valenzuela (Victoria) y Sabrina Carballo (Eva), y con la dirección de Manuel González Gil.  Esta obra, revisitada con frecuencia, marcó un hito importante dentro del teatro argentino ya que inventó un género, aquel de contraponer los discursos de dos figuras históricas en el mismo escenario, que diera lugar a tantas pachoodonelliadas, e incluso aquel intento de Beto Casella de compartir cinco personajes en "Encuentro de genios". Por cierto que la reunión imaginaria entre Eva Perón y Victoria Ocampo es un argumento jugoso y da lugar a filosos dardos e ingeniosos diálogos, ya que éste es el sostén dramático de la pieza. La disputa entre ambas personalidades, tan marcadas y enfrentadas nos hace ver que la dichosa grieta no es fruto de nuestra actualidad política, si bien el peronismo siempre hizo resquebrajar el terreno, es tan antigua desde que surgió el país (si nos retrotraemos, desde que Caín mató a Abel hay grieta).Pero el surgimiento del peronismo hizo enquistar a la perfección a una mitad de la Argentina contra la otra. La presencia de Eva Duarte supo avivar los odios entre clases, y eso es lo que la obra quiere transmitir y fue muy bien capturado por Ottino.

La acción transcurre en dos escenarios, el primero en la mansión de Victoria, cuando Eva acude a ella para pedirle la colaboración en propulsar el voto femenino y el segundo en que la Ocampo visita a Evita poco antes de que ésta muera. Entre ambos encuentros transcurren años, y siempre es el mundo de la mujer el que se ve reflejado. El poder femenino para expresarse en las urnas, la independencia, la fidelidad, los amantes, la capacidad de crearse mundos, la imposibilidad de ambas de engendrar hijos, la riqueza y la pobreza, el poder, el odio y el resentimiento, son algunos de los temas por los que transita la obra. La pieza es tan amplia como para no postular ganadores ni perdedores, sino un franco y tenso debate entre el mundo de la cultura y las letras de la una y la ignorancia pero la astucia política de la otra. La agudeza de los diálogos es tal que propone un ping pong reflexivo entre ambas mujeres, si bien no se arriba a la convergencia sino en un encono sostenido.
El tono de odio constante y de cara de chupar limón que le imprime Valenzuela a su personaje, en un solo registro, lo apartan de la sabiduría escénica de China Zorrilla, quien lo estrenó (junto a Soledad Silveyra). Carballo se encuentra incómoda en la primera mitad, unida a una peluca que desentona con sus facciones dejando ver a todas luces la marca del implante que la borra de expresión. En la segunda parte, ya enferma, encuentra mejor su tono. La marcación de Valenzuela de arreglarse constantemente el cabello llega a ser exasperante. Belén Romano, que interpreta ambas mucamas, juega al límite la parodia. González Gil, hábil en el tránsito de las comedias se ve acá limitado en un texto que no deja mucho espacio para el humor. De todas formas la puesta es correcta y se desenvuelve con soltura y profesionalismo y deja apreciar un texto siempre agudo y sagaz.
Se deja ver muy bien y nos acerca a un recorte de nuestra historia que vale la pena tener siempre presente.
Acá se las dejo para que puedan disfrutarla.
Y gracias por continuar leyéndome.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

domingo, 5 de diciembre de 2021

Mi crítica de "Toc Toc" (Teatro)

 El jueves fuimos a ver la nueva puesta de "Toc Toc", todavía bajo la brillante dirección de la siempre eficaz Lía Jelín. Debo decir que esta segunda visión (sumada la versión cinematográfica española). me pareció mucho más aceptable y menos plomiza, tal vez anticipando el material con el que me iba a encontrar. El elenco brilla sin fisuras y presenta interpretaciones excelentes como la de Diego Pérez (Camilo), Gabriela Grinbalt (María Auxiliadora), pasando por Ernesto Claudio (Alfredo). Digámoslo una vez más: el elenco no desentona y da más de lo que promete. También está la bella Malena Figó (Lilí), Natacha Córdoba (Blanca) Diego Freigedo (Otto) y Gabriela Licht (la secretaria).

Aclaremos que el Toc del título hace referencia al Transtorno Obsesivo Compulsivo, y lo que parece una reunión de locos... efectivamente lo es. La cita: un consultorio de un afamado psiquiatra, el Dr. Cooper, quien nunca llegará, y los invitados, seis pacientes que padecen distintos tocs. Pero, son todos enfermos graves psíquicamente, pero esto no impide que se instale la comedia y que podamos reírnos con ganas de sus comportamientos. Uno padece el síndrome de Tourette, algo ligado a la coprolalia, lo que lo lleva a decir procacidades cada minuto (Alfredo), Camilo, taxista de profesión, tiene la manía de pasarse haciendo cálculos matemáticos complejísimos, mientras que Blanca, quien trabaja en un laboratorio lleva en sí la obsesión por la limpieza escrupulosa y a saber el contagio de cuanta enfermedad se le mencione. Este personaje ha sido bien explotado con el tema COVID, se presenta con barbijo y alcohol en gel y desinfecta toda superficie que toca, amén de abrir las ventanas para airear el ambiente. Lilí no puede obviar de repetir cada frase que dice dos veces, mientras María Auxiliadora, envuelta en el desenfreno místico tiene que cerciorarse infinitas veces sobre todo: desde si cerró la llave de gas o del agua como verificar si tiene sus llaves en la cartera. Otto, obsesionado por el orden y la simetría, no puede en cambio, pisar rayas. Sumados todos estos comportamientos, el cóctel es explosivo, y fue agudamente trazado por Laurent Baffie, el autor galo. Es especialmente efectiva la traducción y la adaptación al ámbito porteño.
La acción se estira un poco, sobre todo cuando deciden jugar a un juego de mesa, y más aún, cuando, ante la ausencia del galeno, quien se ha retrasado en su vuelo, deciden hacer terapia de grupo. Claro, este paso es necesario para comprobar que, ante situaciones extremas, cada uno pudo vencer su toc aunque más no sea por segundos. La terapia resultó exitosa, y todos se van conformes, incluso formándose una pareja o zanjando profundos enconos. Claro que para el final está reservada una gran sorpresa -tranquilos, que no la voy a revelar- que vendrá a dar vuelta todo. Sorpresa que para los que vimos "Bajo terapia" o "Terapia amorosa", no es tal.
Pero un gran regocijo y ganas de divertirse recorrió la sala chica del Multiteatro Comafi durante la función, en estos 11 años de representaciones de esta obra que bate récords, tal vez de forma un poco desmerecida...
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá, espero sus devoluciones.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 13 de octubre de 2021

Mi crítica de "Fátima Superstar" (Teatro-Musical)

https://www.teatrix.com/ver/fatima-superstar


 Ayer tuve la dicha y la sorpresa de ver por Teatrix este, mi primer espectáculo de la gran Fátima Flores. Me pareció brillante y genial, no sólo por el nivel de las imitaciones -que son geniales y rayanas en la perfección- sino por el desarrollo de la idea en general. Por supuesto que no está sola, sino secundada por un amplio cuerpo de bailarines y, sobre todo, por el talentosísimo Fernando San Martín y el menos afortunado Julián Labruna. Pero la gran estrella es aquí Fátima. Y sale airosa. Ha sido elegida la mejor imitadora hispanohablante y lo tiene bien merecido. Este es un show del 2018 llevado a cabo en el Teatro Öpera.

Y empieza con todo: imitando a la siempre querida y recordada Raffaella Carrá, muerta este año. Y lo hace de la mano de tres de sus éxitos: "0303456". "Hay que venir al sur" y "Fiesta". Y lo hace en ese castellano italianizado que la caracterizó y desafinando como una burra al cantar. En cada una de sus imitaciones se esconde una crítica mordaz al aludido. Interviene a renglón seguido un Julián Labruna con su personaje de Rómulo Berreti (una farsa de Roberto Galán), alguien que merecía mejor libreto, ya que va a oficiar de nexo entre uno y otro personaje. Fátima arremete a continuación con una perfecta y altisonante Susana Giménez que invita a dos espectadores para sumarse con un juego, mientras les hace comentarios muy propios de la diva en cuestión. Claro, canta y baila (mal) como Susana. Y llega uno de los momentos de lujo de la noche. Y es cuando Susana invita a cantar a Cacho Castaña, interpretado por Fernando San Martín. Como acá no hay afán de parodia ni de chiste, estamos ante una imitación perfecta, de tal modo que nos queda la duda de haber visto al propio Cacho, ayudado por una prodigiosa caracterización (¡¡¡aprendan, imitadores!!!).  Lo mismo ocurre en el caso de Sandro y de Joaquín Galán. Y acá lo hace cantando como Castaña "Septiembre del 88". Interviene también Valeria Lynch, de la mano de Flores cantando a voz en cuello "Me das cada día más" y "Baila conmigo". Acá el estudio de sus inflexiones y movimientos es asombroso.
LLega el turno de la gran diva de la TV: Mirtha. Y Fátima vuelve a echar mano a su amplia gama de recursos con un personaje difícil y menos transitado. Y lo compone a la perfección y con humor (agarrate Alejandro Althabe). Acá el invitado es Sandro quien interpreta "Por ese palpitar" y "Dame fuego" (con mucho talento escénico).
Aparecen después dos ídolos internacionales, en inglés: Michael Jackson ("Thriller") y Madonna ("La isla bonita"), tal vez la sección menos riesgosa de un show de alto voltaje.
Y de ahora en más Fátima, a cara descubierta se lanza a completar, ella sola, todos las personalidades del año de la revisa Gente, en rápidas y riesgosas pinceladas, pasando de un personaje a otro sin solución de continuidad. Con la sagacidad de un retratista y la orfebridad de una eximia humorista,  con velocidad pasan sobre la escena Moria y Nacha, Mariana Nannis y Charlotte Caniggia, Catherine Fulop y Gabriela Sabttini, Marixa Balli, Carmen Barbieri, Barbi Vélez, Vicky Xipolitaquis, Silvia Súller, Soledad Silveyra, Gabriela Michetti, Lilita Carrió (las dos más aplaudidas), Graciela Alfano, María Eugenia Ritó, Ileana Calabró, Maru Botana y Marge Simpson. Para imitar a la, por entonces Gobernadora de la Pcia. de Bs.As. María Eugenia Vidal, se calza peluca morocha. Y falta el gran y esperado (y reclamado por el público) final con la Dra., la abogada exitosa... Maléfica para los íntimos... Cristina Fernández, tan odiada como amada, más lo primero que lo segundo, según el pulso del teatro, quien cae bajo el fino bisturí de la actriz.
Y con el final a lo Pimpinela, con los agudos gritos de una Lucía Galán de ficción ("Yo qué soy", "Olvídame y pega la vuelta", "La Familia"), parece coronarse el show. Pero Fátima es generosa. Faltan aún Lía Crucet y Gilda, con una conclusión digna de los mejores espectáculos: "No me arrepiento de este amor". Humor blanco para toda la familia y todo el talento de una verdadera genia.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá y espero las devoluciones.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Mi crítica de "Díganlo con Mímica" (Teatro)

 Fui a ver hace dos semanas esta exitosa comedia de Nelson Valente y debo reconocer que me dejó con gusto a poco. El elenco está bien, todos hacen su esfuerzo por brillar y todos gritan mucho, si bien el que se luce es David Masjanik, el único que construye un personaje dentro del total. Vuelvo a decirlo: la obra se sostiene gracias a las actuaciones. Lo más original de todo resulta ser la canción compuesta para el saludo final por Rubén Rada (y cantada por él), sobre la base de "Muriendo de plena", uno de sus mayores y mejores éxitos. Veamos por qué falla, el material no es lo suficientemente gracioso, los chistes no son efectivos más allá de la sonrisa leve o la risa de compromiso. El público celebra, sin embargo, porque "una vez que uno sale al teatro..." o por el precio de la entrada, vaya a saber uno. Los que sí la encontraron cómica son los de AADET, que la eligieron como ganadora del "Contar 7" aquel concurso para autores nóbeles argentinos... Pero, ¿qué tiene de nóbel Valente? Eso queda en el misterio, de todas formas no se puede comparar con valores como "Bajo Terapia" o "Todas las Rayuelas", ganadoras con más fortuna de las primeras ediciones.

La obra no hace reír además porque aborda un tema muy bajo vuelo: discusiones de pareja, ya sean hétero u homosexuales. Y eso aburre. ¿Para qué ir a buscarlas afuera si uno las puede vivir en su casa?
Pero vamos a la obra. El matrimonio compuesto por la Peti y el Pela, o Pauli y Sebastián, mejor dicho (Andrea Politti y Carlos Belloso), reciben cada sábado a dos parejas amigas para jugar a Dígalo con mímica, juego en el que se dejan la vida. Ellas están formadas por Moni y David (Ileana Calabró y David Masjanik) y Luciano y Rodrigo (Gabriel Beck y Diego Gentile), estos últimos invictos ganadores de los encuentros del juego, lo cual saca de sus casillas a todos los demás.  Por supuesto que Pauli critica a todos sus amigos antes de que lleguen como buena hipócrita y chusma de barrio que bien podría haber sido interpretada por Niní Marshall, mientras su marido se esfuerza por arreglar la guirnalda de luces. Ella prepara comida de más ya que Moni y David son "unos muertos de hambre" que no tienen nada para comer en su casa y van a saciar su apetito allí. Por fin llegan: la intempestiva Moni, furiosa, al teléfono y el depresivo David, el personaje más rico dramáticamente y mejor jugado, es un personaje tridimensional, con su angustia siempre alerta y con su cóctel de Alplax. Enseguida llega la pareja faltante: los gays Luciano y Rodrigo, una dupla joven y de fuertes vínculos (según parece). Claro, porque nada es lo que parece en esta comedia del grotesco, en esta comedia de máscaras que se caen, todo parece frágil detrás de los potentes lazos que pretenden demostrar.
Por fin después de una larga introducción -el conflicto, motor de lo teatral, parece no llegar nunca- comienza el juego que los convoca, y es acá donde aparecen los gags más reideros de la obra, por ejemplo cuando David debe representar "Titanic" para que la abstrusa Moni lo adivine, contando toda la película en sólo un minuto. Por supuesto no lo logra. Los ganadores vuelven a ser Luciano y Rodrigo, los que parecen tener un código tácito, amparándose en que "practican toda la semana". Ësto inflama la sangre de los demás llegando desde el insulto a la agresión física. Y es allí cuando asoman los ajustes de cuentas.
La llama que enciende la mecha es la pasiva -casi catatónica- actitud de David ante la visita a sus suegros el domingo, lo que hace estallar la relación de la Peti y el Pela, quién tampoco soporta a su familia política, sólo que en este caso es recíproco. Todo será puesto en su lugar por la intervención de Luciano, el que afirma que en su pareja reina la paz, que todas las decisiones son consesuadas y que se rigen por el principio de la libertad... Todas esas afirmaciones calmas y sabias quedarán sepultadas bajo la catarata de reproches que tiene Rodrigo para con él, definiéndose como un sometido al que nunca se le preguntó nada. La velada concluye en el más desbaratado caos, con varias vueltas de tuerca: las parejas se reconcilian después de la tormenta, en donde por medio de un brindis Sebastián les jura fidelidad eterna, para, acto seguido los eche a todos blandiendo una botella y una silla en cada mano. Finalmentee el Pela y la Peti se quedan solos, juntos, brindando por su amor. El gag que bien podría haber llegado al final queda sin resolución. Pero ya nadie ni nada volverá a ser igual después de esa reunión. Las fachadas han caído.
Nelson Valente se demuestra como mejor director de actores que libretista y trabajó con un elenco sin fisuras en donde la acción está cronometrada al segundo (ese reloj que marca el minuto justo para el juego) y donde nada se dejó librado a la improvisación ni al titubeo. Lástima, podría haber sido mejor con más puntería en los diálogos.
Y gracias por leerme hasta acá y espero sus devoluciones.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 18 de septiembre de 2021

Mi Crítica de "El Método Moldavsky" (Teatro)

 Hace una semana fuimos con mi amiga Ana a la avant-premier de este nuevo show de Roberto Moldavsky. Debo decir que yo nunca había visto un espectáculo suyo y que la impresión fue como la que viví dos veces anteriormente: cuando vi por primera vez en vivo a Les Luthiers y a Geretto, que estaba frente a la perfección del humor. Digámoslo sin más, que me hizo llorar de tanto reírme. El tipo es astuto y sabe fijarse en los pequeños detalles de las cosas cotidianas, es un fino cristomatizador de la realidad y sabe encontrarle la viñeta cómica a cada drama. Como hábil transitador del más acabado humor judío sabe cómo hacer reír con la desgracia, con el fracaso, con la tragedia, ponerse en el lugar de la víctima, del pobre fracasado, del débil, el perdedor.

También aprovecha su rol de vendedor de ropa del Once y lo deja ver desde los primeros momentos; cuando después de reprocharnos que todos los que estamos ahí fuimos gratis por el club La Nación y que va a tener que hacer la unción sin cobrar un solo peso, empiece a observar la ropa del público. Sí, porque desde un monitor instalado entre bambalinas y a telón cerrado va a hacer foco sobre cada espectador para opinar sobre su ropa: si es de segunda marca, si lo engañó el vendedor, si es muy audaz para ponerse esos tonos y sobre todo, si usa "animals prints". Por supuesto todo dicho desde el respeto, el mejor sentido del humor y la complicidad de sus espectadores.
Está, felizmente, acompañado por la Valentín Gómez, una orquesta de exquisito gusto musical y que suena muy bien, cuyos integrantes son todos judíos, menos uno, de apellido Ramírez, a quién insiste que se haga un pequeño recortecito para ser admitido en la comunidad.  El humor de Moldavsky se apoya, en este show, sobre tres pilares funcionales: los políticos, la pandemia y las pequeñas cosas. Sobre la política, no deja a nadie en pie, ya que arrasa tanto con el oficialismo como con la oposición. Recuerda cuando Alberto dijo "vamos a encerrarnos por dos semanas, hasta que pase el virus" y cae en las repetidas veces en que tuvo que salir a dar explicaciones, desde el vacunatorio vip hasta el cumpleaños de Fabiola. Tampoco se salvan Cristina, Kicilof o Máximo. El peronismo es el partido más golpeado en el decir del humorista, quien habla de exportar la idea peronista a otras naciones y hasta llegue a postularse como presidente peronista de Israel, para lo cual prepara una insólita danza iddish.
Afirma: "Miren como financió la deuda Guzmán, tan bien que ya los paisanos están buscando en los registros de apellidos: éste tiene que ser judío... no como hizo Kicilof que es de los nuestros y pagó todo al contado y con intereses... ¡un judío no paga nunca al contado!". También cae bajo sus dardos la oposición. "Larreta se excita cambiando de mano las avenidas del centro. Miren lo que hizo con Córdoba: un carril para la bicisenda, otro para los colectivos, otro para taxistas, otro para los que no estén seguros de querer ir por Córdoba... ¡ya no podés doblar a la izquierda sin llevarte puestos dos Rapi y dos Pídalo ya!"
Pero la cosa no termina allí. Sigue con las conductas durante la cuarentena... "¿Se acuerdan que había tres formas de salir? Una era salir al súper -hace como si balanceara una bolsa y no bien lo paran muestra la bolsa-, otra era sacar el perro. Había gente que lo sacaba veintidós veces al día. Se lo prestaban en los consorcios... le daban diurético para que no parara de mear. Y la otra era cuidar a un viejito... yo le ofrecí a mi tía Frida y me sacó cagando: Hace treinta años que no te acordás de mí, desgraciado..." "Los hombres llegaban, se desnudaban en la puerta, le prendían fuego a la ropa mientras le pedían a la esposa que lo manguereara con lisoform y lavandina..."
Y llegamos al final del show después de 70 minutos de ocurrencias y carcajadas, atravesando jugosos diálogos en complicidad con su hijo Eial, quien figura como co-guionista del espectáculo, donde sin duda alguna lo más sabroso son los monólogos. Y terminamos todos cantando "Dale alegría a mi corazón" del asqueroso de Fito Páez. Aunque es otra historia.
Gracias por haberme seguido hasta acá y espero sus devoluciones.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).