viernes, 20 de enero de 2017

Mi crítica de "El Violinista en el Tejado" (Teatro musical)


Gracias a Teatrix podemos recobrar esta obra presentada hace varios años, sacada de los archivos de Alejandro Romay y con las actuaciones superlativas de Pepe Soriano y Rita Cortese en los papeles principales. Es una obra de colección, tomada sólo con dos cámaras pero que hacen lo suficiente para mostrarnos cada detalle de esta consagrada obra. La historia de esta pieza es ya legendaria y antigua, sólo diremos que en Broadway la estrenó el genial Zero Mostel y que pertenece  al autor Joseph Stein y aquí está dirigida por Claudio Hochman y adaptada en libro y canciones por el propio Romay. Sí, es un musical, pero habla de cosas fundamentales para el judaísmo como el tema de la tradición y los rituales, algo que una religión con más de 5.000 años no ha perdido y resiste a todos los tiempos. Pero ¿hasta dónde es conveniente dejarse arrastrar por la tradición? ¿cuáles son los ideales que no hay que entregar? ¿hay que doblegarse ante el enemigo o adaptarse? Estos son algunos de los interrogantes que plantea esta pieza y que hacen tambalear los cimientos de la tradición mosaica.
El violinista en el tejado aparece constantemente en escena y es un loco, un funambulista, pero también es una ilusión, una esperanza, un norte a seguir. El pueblo judío que nos ocupa es Anatevka, instalado en plena Rusia zarista, y en el que conviven pacíficamente un puñado de judíos junto con una convivencia no tan pacífica con el alguacil ruso y sus soldados. Tevie y su esposa Golde (Soriano y Cortese respectivamente) son judíos de ley, que respetan la misma ley judaica y sus preceptos. Pero el mundo está muy convulsionado y los pondrá a prueba constantemente. La pareja no se ha casado justamente por amor, innovación que traen los jóvenes de hoy en día y que los harán replantearse cosas. Ellos están unidos porque así lo decidieron sus padres, en todo caso el amor llegó después, junto con la comprensión, el compañerismo, la convivencia... Pero ese matrimonio ha tenido cinco hijas, en edad casadera, y estas sueñan con casarse por amor, algo que para Tevie será muy difícil de aceptar y comprender. La primera, Sheitel, está destinada al carnicero viudo y rico del pueblo, un gran partido (el siempre efectivo Juan Manuel Tenuta), pero ella se ha comprometido en secreto con Motel, un compañero de juegos de infancia y amigo de toda la vida, sastre pobre y que no tiene donde caerse muerto. La amistad se ha ido convirtiendo en amor y hace inseparables a estos dos, a tal punto que Sheitel llora sobre la mano del padre para que no la obligue al matrimonio con el carnicero ya que no lo ama, y ahí nomás le pide su mano Motel. Tevie, al ver la desesperación de su hija y sus ojos que  brillan cuando lo ve a su prometido, termina cediendo. Primer paso en falso que tuvo que dar.
Hay también un maestro con ideas revolucionarias (socialistas) que Tevie ha traído para sus hijas (Juan Gil Navarro), llamado Perchik. Pero sucede que Perchik se enamora de otra de las hijas, Ioder, y le habla de esta nueva idea de casarse por amor. Pero los disturbios sociales reclaman a Perchik en el corazón de Rusia y debe partir, no sin antes prometerle a Ioder eterno amor y que la mandará a buscar para casarse. El maestro revolucionario termina preso en Siberia, y allí parte su enamorada para casarse con él, previo consentimiento a regañadientes de su padre. Recordemos que la tradición judaica es paternalista, ha creado un dios masculino, alejado de toda idea de la femineidad en lo religioso (si bien la descendencia hebraica es transmitida de madre a hijo), así que es la palabra del padre lo que cuenta, aquí las mujeres no tienen voz ni voto (por lo menos en la época que transcurre esta fábula).
Su tercera hija, Jave, traba relación con un soldado zarista, Fredka y después de un rechazo visceral por parte de ella, él le sugiere que no todos los rusos son iguales, que él no está de acuerdo con las ideas imperantes, y se comprometen en silencio. Cuando dan a conocer su intención de casarse ahí sí que Tevie no puede aguantar más y la echa de su casa y declara a su hija muerta para él y su esposa. Jave debe "pasar a la clandestinidad" con Fredka. Es que Tevie ya se ha acostumbrado a muchas cosas, pero no piensa ceder en su tradición ni un paso más. De golpe llega el tiro de gracia: el alguacil le avisa que tienen 48 hs. para marcharse todos del pueblo por orden del Zar. Esto destruye por completo a Tevie y a Golde, pero se rearman y emprenden el exilio a casa de un pariente. Es así como unos se van a Norteamérica, otros a Jerusalén y ellos deben irse a la casa de un hermano que vive fuera del país. Con su carro de lechero ambulante y sus enseres, parte junto a su esposa y las dos hijas que le restan a tierras desconocidas. No sin antes despedirse de sus hijas casadas y decirle "que Dios te bendiga" a Jave, en un último acercamiento. De Sheitel y Motel ha nacido un hijo y han comprado una máquina de coser eléctrica, con lo que se supone que los pesares del sastre desaparecerán. No todo es desazón al final de la obra, aunque ellos también deban partir. Es la famosa diáspora, la que ha obligado al pueblo de Abraham a ser un pueblo nómade por tantos años hasta culminar formando el estado de Israel, que aún hoy les trae tantos dolores de cabeza.
Pero la obra, pese al final triste, no es bajoneante, está llena de bailes judíos alegres y tiene al principio ese exitazo de "Si yo fuera rico", pieza que se agrega indiscutidamente en todas las selecciones de musicales del mundo. Le puedo criticar los chistes, que para mí no tienen ninguna gracia (y me parece que para Pepe tampoco, la rema, hace lo que puede ante tan pobre traducción) y otra cosa que me molestó es ese lugar común de pintar a todos los judíos con barbita de chivo, indistintamente como si todos fueran cortados por la misma tijera (bueno... no sé si por la misma, pero algo de eso hay, ¿no?). Fuera de eso, la obra funciona aceitadamente, ágil y con mano firme en la dirección de Hochman. Esta fue una producción de Romay para el teatro "El Nacional".
¿Y qué podemos decir de Pepe Soriano que ya no lo haya dicho? Es un actor completamente camaleónico, que puede instalarse en la piel de cualquier personaje, de cualquier nacionalidad o acento con igual oficio. Pero no sólo es oficio lo que inspira a Pepe, es magia, es conocer cada resorte del alma humana, cada hilo de su profesión con amor y plena convicción. En esta obra está magistral y hasta se da el lujo de cantar y hacer algunos pasitos de baile. Lo mismo digo de Rita Cortese, otra experimentada actriz que sabe acompañar con igual soltura y ternura a Soriano. Una gran recuperación para la pantalla de Teatrix y un lujo de obra. Altamente recomendable para todos los públicos.
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

jueves, 19 de enero de 2017

Mi crítica de "Hitchcock/Truffaut" (Cine)

Acabo de ver la singular película "Hitchcock/Truffaut", imprescindible para todos quienes amamos y veneramos al séptimo arte, y que arrasara con la cosecha de premios en varios festivales internacionales (todavía no estrenada comercialmente en Argentina). Todo parte de la idea que tuvo el cineasta francés Francois Truffaut de realizar un libro de entrevistas a Hitchcock, y se reunieron en Hollywoood con una intérprete, durante una semana para repasar toda la vasta filmografía de Alfred Hitchcock, el maestro del suspense. Nadie puede negar la gran influencia que ha ejercido el gordo Hitch sobre todos los cineastas que vinieron después, se lo considera un verdadero maestro del cine de autor. Pero no todo fue así siempre... Hasta que Truffaut no tuviera la idea de hacer el libro (que terminó en 1962 y presentó en 1966) se consideraba a Hitchcock un cineasta menor, hecho sólo para el divertimento y ocasionarnos un par de sobresaltos. Cuando le preguntaban sobre sus influencias a Truffaut él siempre lo mencionaba a Hitchcock, lo cual era tomado un poco en broma. Pero el francés estaba convencido de la buena madera del inglés para confeccionar sus films. Y es por eso que decidió reivindicarlo ante el mundo. En la película que nos ocupa hay declaraciones actuales de otros talentosos como Martin Scorsese, Wes Anderson, Richard Linklater, Peter Bogdanovich, Olivier Asayas, André Desplechin, Kiyoshi Kurosawa y Paul Shcrader hablando de lo indispensable que ha sido para sus carreras la figura del gran Maestro Inglés. El libro de Truffaut "El cine según Hitchcock" es una publicación de culto y muy protegida por cada cinéfilo, es un libro en el que entendemos al cine como arte pero más que ello como ecuación matemática, imaginación y sobre todo trabajo.
Hitchcock y Truffaut (más la mujer que ejerce de intérprete) están siempre sentados a una mesa redonda, con sus habanos en la boca, charlando muy animosamente, y hasta se pueden oír sus voces registradas en un magnetófono de la época. Allí el gordo sádico con las mujeres que le apasionaban e impotente (se cuenta que sólo tuvo una relación sexual con su esposa Alma Reville y de la que nació su hija Patricia), de lo cuál por supuesto no se habla en la película, desentraña el mecanismo de cada uno de sus films, deteniéndose por varios instantes en analizar "Vértigo" y "Psicosis". Se cuenta que aunque en muy pocas películas aparezca su esposa como responsable de alguno de los rubros, él siempre consultaba todo con ella antes de ponerlo en práctica, era su norte y su punto de referencia.
Hitchcock recorrió todos los aspectos del cine. Empezó como cartelista de films mudos y trabajando en la producción, hasta que le dijeron: "¿no se animaría a dirigir un film?", "nunca lo había pensado", contestó él. Y así fue que se lanzó a su primera película (muda), corría el año 1923 y debutó con "The Lodger" ("El Inquilino") donde ya estaba presente el sello Hitchcock: para hacer ver los pasos del inquilino de arriba ideo un piso de cristal para que pudieran trasparentarse. Lo cierto es que Hitch no volvería a hacer una película igual a otra, siempre cambiaba su punto de vista, ya fuera por las máquinas que utilizaba, por la construcción del espacio, el diseño escenográfico, la posición de las filmadoras al rodar o los giros inesperados de guión. Del cine mudo pasó al sonoro, aún en blanco y negro (todavía en su período inglés), donde obtuvo grandes éxitos como "Los 39 escalones", "La Dama desaparece", "El hombre de la isla de Mann", "Sabotaje" o "Corresponsal extranjero". Del sonoro pasó a Hollywood, bajo el manto de David Selznick, uno de los más grandes productores de todas las épocas (en la época en que la estrella era el productor, antes que el director o los actores), que hizo entre otras cosas "Lo que el Viento se llevó", y acá había tentado a Hitchcock para dirigir "Titanic", proyecto que nunca se llevó a cabo por el costo y las dificultades de rodaje (esto no lo cuenta en la película) y en cambio le ofreció igualmente una obra de alto presupuesto: "Rebecca", que fue la entrada de Hitch a Norteamérica. Después vendrían otros grandes éxitos en blanco y negro como "Mi pasado me condena", "Extraños en un tren", "Saboteadores" o "El Hombre equivocado". Luego aparecería el color y en sus obras más refinadas encontramos "La Llamada fatal", "La Ventana indiscreta", "El hombre que sabía demasiado", "Cortina rasgada", "Los Pájaros", "Intriga Internacional" o "Marnie", por citar sólo algunas, descontando esa obra maestra que figura entre las 10 mejores del cine que fue "Vértigo". Cada uno de estos hitos permanecen indelebles en la memoria de cada cinéfilo.
Hichcock hablaba de un cine universal, él pretendía que reaccionaran igual ante una emoción o frente a una cuota de suspenso igual en Japón que en la India, y al parecer creemos que lo logró. Luego viene su diferenciación entre lo que es sorpresa y suspenso. La sorpresa es algo imprevisto, nos explica, mientras que el suspenso no necesita ser algo siniestro por excelencia. En la película "Vida Fácil" ("Easy Virtue") la chica le dice a su enamorado que le dará el sí luego de pensarlo, esa misma tarde. Lo que filma Hitch es la cara de la telefonista, intrigada en la declaración amorosa de la pareja, que pasa de serio desconcierto a una cara eufórica de alegría. Con un solo plano Hitchcock sabe resolver una situación de tensión. Para otras películas necesitará muchos más, como el caso del asesinato en la ducha de "Psicosis" en que debió montar más de 70 planos para tres minutos de horror. La lección en el libro es mucho más jugosa: supongamos que usted y yo estamos sentados a la mesa de un café y de pronto estalla una bomba y todo vuela por los aires, eso es sorpresa, susto. Pero si estamos ante la misma mesa y una cámara advierte que hay una bomba debajo de la mesa y que va a estallar dentro de 5 minutos y nosotros seguimos charlando como si nada. Plano a la bomba, quedan 4 minutos. Seguimos conversando. Ahora faltan 3. No la advertimos y continuamos en lo nuestro. Ahora 2... Ahí se produce la tensión y la sensación de suspenso.
En fin, que de esta conversación mutilada que abarca los 80 minutos de la película más aclaraciones en off en la voz de Bob Balaban más los comentarios de los directores, concluimos que "Hitchcock/Truffaut" es una película dedicada al aprendizaje, a un viaje de iniciación por los mundos de ambos directores (también se ven algunas escenas del cine de Truffaut). La recomiendo fervorosamente. La pueden bajar del U Torrent o del Emule (que son los servidores con que me manejo yo, pero estarán en muchos más) y disfrutarla cómodamente en su televisor. No la dejen pasar, me lo van a agradecer.
Y gracias por leerme otra vez nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 18 de enero de 2017

Mi crítica de "Wunderkinstz, el Encuentro" (Teatro musical)


Dado a que Teatrix está estrenando una tras otra sin parar, a veces se le filtran bodrios mayúsculos, como este, pergeñado por un autor muy joven (podría decir, casi adolescente), que es responsable del libro, la música y las letras de las canciones que cantan los niñitos. Se le perdona por su juventud, pero la propuesta peca de cierta inocencia... todo está dicho en un tono muy dulce (casi empalagoso) y acaramelado, su trato con los chicos, cuando se sienta al piano y cuando cuelga los presuntos mensajes de paz de los infantes.
El responsable de esto se llama Ezekiel Elhim y es políglota, no sólo habla muy bien el castellano y el inglés sino también chapurrea en portugués, idish o griego sin que se le mueva un pelo. Pero ¿es esto una obra de teatro o un simple recital de chicos de varias nacionalidades? ¿Cuál es el conflicto? Ah, sí, que hay un árbol de la paz en cierto bosque, el álamo de las virtudes, cuyo frasco, que era el corazón se ha roto, y sólo lo pueden salvar los buenos deseos de los niños... ¡¡¡Ayyyyy... qué lindo...!!! Todos los chicos que se presentan a cantar son buenos y dejan su mensaje esperanzador, no importa qué cultura, raza o religión tengan, todos hermanados.
Pero pensemos un poco lo que descubrió Freud, que no son buenos los niños por naturaleza, sino que más bien tienden hacia el egoísmo y la maldad y que sólo la socialización y la cultura los pueden encauzar. Se ve que todos estos impúberes fueron bien socializados porque son a cada uno más bueno que el anterior. Y si pensamos que el mundo actual no está diseñado para que los niños tengan una buena sobrevida, si pensamos que más de la mitad de los niños son pobres, y que más de la mitad de los pobres son niños, no estamos en el mejor de los mundos. Pero claro, todo se resuelve llenando el teatro Gran Rex con un musical para chicos, al que casualmente no concurren chicos sino los padres babosos de éstos, como dijimos antes, de todas las culturas, razas y religiones. Todos hermanados... ¡¡¡Ay, qué lindo...!!! Pero bueno, son los buenos deseos de un joven (inexperto) y eso es lo valioso. Ezekiel comparte constantemente escenario con sus chicuelos y hasta es amenazado por tres matones que le dicen que el mundo no es tan bello, que se una a ellos... pero después nos damos cuenta de que tampoco eran tan malos.
Por el escenario desfilan canciones de varios países y sus pequeños intérpretes, los que sí son una revelación y se comportan con soltura y "cancherismo" a la hora de cantar y actuar. Comienza con un número musical conjunto: "Con luz de niño", en el cual intervienen todos los chicos y hay un coro y un cuerpo de baile integrado por... niños. Enseguida arremete un tanguero, Juan José Greco, con "Che, vos... tango mío", que no debe tener más de 7 años y se comporta como todo un "arrabalero".
Mención aparte es para el dúo de payasos... ¿por qué tienen que ser tan estúpidos y hablar con sonidos guturales? Son malísimos, pero el público, conforme con todo, los aplaude. (Vayan mis respetos para los payasos del "Cirque du Soleil" que son los únicos que me hacen reír en el mundo de los clowns.
Después seguimos por Estados Unidos, con "Un ángel llamado mamá" (My mom, my angel), por Izzy Shiff que canta mitad en su idioma mitad en castellano, como todos los que la seguirán. Aparece en escena el ángel de la mamá, que parece que está pujando en labores de parto para tratar de infundir emoción a su personaje (Veanlá sino).
Sigue un representante de África, Ifemayi Obi, con "Piel de ébano" (Ika o do'gba) muy al tono para la ocasión. ¡Tiemblen, padres y chicos! Llegó "Viva la pizza, Viva Italia" (Tarantella della mozzarella), por Carla Giblisco, donde lo peor que se puede esperar... se hace verdad. Un horror, vean. Encima con reparto de pizza por los payasos...
Sigue Israel, con "Mi plegaria de Shabbat", por la niña Ofir Elbaz, quien no puede mantener su kipá sobre la cabeza (me parece que esta es del Once). Continuamos por Brasil, con "Samba, mi nombre" (Vozes de rua), por la niña Manú Paisce, que por su acento me parece que es más argentina que brasileña. Seguimos con "El siviaki de Ícaro" por el griego de Paternal Konstantinos Chrysostámou (To ovptaki tov' Ikapov). Sigue el chinito Chenle Zhong, que mientras dejó atendiendo el supermercado por sus padres, canta "El romance del dragón".
Es el turno ahora para una bella representante de la comunidad azteca, Janneth Becerra, con "Encanto azteca". Y para terminar el recorrido por el mundo, finalizamos en Australia con Chloe Marlow y "Un sueño de eucalipto" (Sautry of the woods), que se anima a hacer unos pasos de tap lo cual es aplaudido por todo el mundo como a la niña "mona" prodigio (hace tres pasitos). Termina cantando Ezekiel frente a los matones "Me miran raro", pero lo disculpan enseguida.
El final es con todos los niños de probeta (quise decir de promesa) cantando "Un mundo sin fronteras" y "Con amor se puede". Yo digo, todo muy lindo ¿no?, pero mientras haya chicos que empuñan armas para matar a otros chicos como sucede en tantas guerras nuestras, o un Brian que dispare en la cabeza de otro Brian, el futuro no está asegurado por nadie. Sigamos cantando y pensando que todos los niños son buenos y angelicales. Y así nos va...
Lamento decirlo, pero el futuro, por el momento, no es de nadie...
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 16 de enero de 2017

Mi crítica de "La Tentación del Dr. Antonio", de "Bocaccio 70" (Cine-1962)

Sigo con mi revisión de films del gran Federico Fellini para el curso que espero poder llevar a cabo este año. Esta vez le toca a un mediometraje de 50 minutos, que pertenece al film en conjunto "Bocaccio 70" (los otros episodios serán dirigidos por Mario Monicelli ("Renzo e Luziana" -eliminado en el corte final del film), Lucchino Visconti ("El Trabajo") y Vittorio De Sica ("La rifa")), el film es de 1962 y sólo volvería a intentar otro mediometraje en el '68, "Tobby Dammit" en "Historias Prohibidas", un tributo a Edgar Allan Poe.
Acá Fellini se asoma por primera vez a trabajar con color y le sale muy bien, son especialmente bellos los planos nocturnos en el delirio del Dr. Antonio con Anita. Los intérpretes son Peppino De Filippo y Anita Ekberg, como el castrador censor Dr. Antonio y la chica del anuncio de leche. Su próximo film sería aún en blanco y negro ("8 y 1/2") y recién arribará definitivamente al color en "Giulietta de los Espíritus". Hay dos aspectos del uso del color que alcanzarán más madurez en "Giulietta..." pero que ya están presentes: la utilización expresionista y decorativa del color y el simbolismo de ciertos colores -sobre todo el blanco y el rojo- La apertura del film es un juego polícromo: dos monjas con blancas tocas se separan del centro del encuadre como la cortina de un telón de teatro, dejando ver un grupo de niñas vestidas de amarillo y blanco (el color papal). Por la derecha entran en cuadro una serie de curas vestidos con sotanas de rojo cerezo y desde la izquierda llueven pétalos encarnados. Estas indumentarias reaparecerán en todo su esplendor en el desfile de modelos eclesiásticos en "Roma".
El presente film es una sátira de la moral fascista residual en la época contemporánea, dirigida hacia una de las manifestaciones más hipócritas: la censura. La pone en boca de una criatura ambigua, al mismo tiempo demonio y Cupido que tiene el cuerpo de una niña traviesa. Recuerda la diablita pelirroja de "Tobby Dammit". Personaje juguetón, se introduce en el escenario de su propio relato y llega a tropezarse físicamente con Antonio Mazzuolo. Los ataque de la censura están representados en este signore, que hace la vida imposible a los enamorados que se apretujan en los coches del parque nocturno y se comporta frente al amor como un loco. Sufre la irrisión y la indignación generales, a las que opone los ideales antiguos, pero de una antigüedad fascista, que discrimina en la Roma imperial lo decente y lo indecente, lo virtuoso y lo bajo. En la música resuenan acordes militares o eclesiásticos comentando la acción o su sentido.
La vocecita nos presenta a Mazzuolo mediante un par de fotografías. "En esta se lo ve mejor" dice de una en que se lo ve besando un anillo eclesiástico, porque Mazzuolo es un beato. O las fotos para el documental cinematográfico. Se trata de una película en blanco y negro con la banda de sonido de las voces acelerada, aunque la música de piano que la acompaña se oye a velocidad normal. Cuando va a increpar a una mujer escotada a quien abofetea anuncia la diablita: "y es allí donde comienza nuestra historia".
Los primeros pasos de la historia es la colocación del cartelón de Anita Ekberg incitando al consumo de la leche italiana. Mazzuolo se escandaliza de tal forma que cae en el delirio. Mientras está con los boyscouts repartiendo ridículos premios su discurso es interrumpido por el ruido de unas grúas rojas que entran en campo como monstruos espaciales, como harán las cámaras y las grúas de rodaje en films posteriores. Parecen dedicarse a alguna obra en construcción pero son las que ayudan a la colocación del cartel, señalando la cara oculta del arte como trabajo, otra de las ideas constantes en el cine de Fellini.
Comienza el montaje del anuncio, se trata de la creación por el montaje de una gigantesca imagen de mujer, como lo hace el cine en su operación de fabricar un cuerpo inexistente, objeto de fantasía y deseo, a través de objetos parciales. Fellini utiliza una plataforma metálica como ya vimos en "El jeque blanco" y sobre todo en "8 y 1/2" y la va llenando con los distintos elementos que configuran una imagen y un sonido. Descompone estos elementos para jugar con ellos como con un rompecabezas y mostrar su verdadera esencia lúdica y placentera, como las fotografías de "El Jeque Blanco". Un micro de músicos negros se detiene e interpreta música de films anteriores de Fellini. A esta altura ya participan del jolgorio los scouts y los seminaristas. La música publicitaria comienza a sonar cuando se coloca el último fragmento que contiene la cara y el pecho de Anita. Más tarde serán los "bersaglieri" quienes toquen en su trompeta el leiv motiv de la banda sonora. Mazzuolo trata de tapar el escote como lo hizo antes con la señora del documental, pero no consigue nada. La censura, le dice el jefe de la cuadrilla, perjudica la belleza.
De la tentación del cine para Fellini a la tentación en pantalla grande y a todo color de la época del crecimiento, engrandecimiento e internalización del cine italiano y de la sociedad de consumo que amenazan el mundo tradicional de Mazzuolo. No estamos ante una reflexión sobre la publicidad, -como haría más tarde- sino sobre la imagen cinematográfica. En el cine de Fellini las referencias históricas siempre se expresan en término de imágenes, por lo que la crítica tradicional no las ve y le reprocha injustamente su subjetivismo arbitrario.
Al levantar el anuncio es como si se levantara el telón. El cartel queda frente a las ventanas de Mazzuolo como la pantalla de un autocine, del cine como proyección de los deseos y su reverso, el temor generado por la propia represión.
El calvario de Mazzuolo está narrado sin contemplaciones. Visita espacios eclesiásticos fríos y funcionales, no de la iglesia barroca donde está el desnudo de los ángeles y la exuberancia de las madonnas, sino la escuálida iglesia fascista burocrática, blanca, estéril.
La escena con el censor que se toca continuamente la nariz y las orejas y se tira gases mientras diserta sobre las distintas clases de "instituciones", la visita del arzobispo y la inspección de los secretarios que acuden al descampado en un Mercedes, dan la pista hasta qué punto Mazzuolo ha perdido la cabeza, ni los suyos le hacen caso. Fellini muestra con gran economía y mucha gracia, que el escándalo está en el censor y no en el anuncio.
La tentación comienza por indicios: la visión de Mazzuolo en el espejo del baño del brazo enguantado sosteniendo un vaso de leche o los cambios que ve en el cartel. Pero el peligro no está aquí, en que el protagonista, como le pasa a Wanda de "El Jeque...", atraviese el espejo y se meta en el mundo de fantasía, por el contrario, es la imagen obscena de la gigante que invade el espacio "real" la que se instala en Roma y más tarde cobra vida y sale de su cuadro en medio de un irónico fragor gótico de tormenta, relámpagos, rayos y truenos. La gigante se anuncia con un sonido turbador: el repentino silbido de redes de su traje de noche y sus velos. Es una Venus y una niña, como la "Sylvia" de "La Dolce Vita", maternal y al mismo tiempo inocente, juguetona. Trata a Mazzuolo como un bebé y él, sofocado por el perfume de sus senos, pierde ante ellos su diminuto paraguas.
Su voz dulce y acatarrada tiene resonancias huecas cuando es una gigante. Cuando se vuelve una mujer normal la voz también desciende de volumen. Él, loco de amor, se propone seducirla, guardarla para sí en una relación fraternal. Ella amenaza con desnudarse.  Del streep-tease final de "La Dolce Vita" se pasa al delirio, se maquilla con su polvera-relicario. Cuando cae el vestido y los velos se pone frenético y nos impide ver la maravilla a nosotros, -no miren, salgan del cine- tapando el ojo de la cámara con su saco y sus pantalones, con lo que irónicamente resulta ser él quien queda en paños menores.
Finalmente, Anita se desnuda, y Mazzuolo, con armadura, le clava una lanza en su pecho (del cartel), que muere y cierra sus ojos sin soltar el vaso de leche. Mazzuolo ve venir, entre lúgubres campanadas, un cortejo de familiares y amigos con un ataúd gigante. Al día siguiente, con una polea, cuyo chirrido animalesco expresa la locura de Mazzuolo, lo bajan del cartel. Esta escena es semejante a la bajada del tío de Tita del árbol en "Amarcord". Luego lo encierran en la ambulancia en donde ríe la niña-diablo, triunfante, sacando la lengua, pero no de manera impúdica de otros personajes de Fellini sino con gesto infantil.
En resumen, que asistimos al mediometraje más inspirado de toda la película, una fiesta de color, música y humor. Otra vez lo hizo, Fellini.
Y gracias por leerme hasta acá, nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 14 de enero de 2017

Mi crítica de "Incidente en Vichy" (Teatro-Broadway)


Teatrix. La guerra. El horror. La vergüenza de ser judío. El miedo. La paranoia. Los trenes. Los hornos. El coraje. La solidaridad. La incomprensión. La extrañeza. Lo nuevo. El exterminio. Todo esto y mucho más aparece en esta obra de Arthur Miller producida en Broadway en 1998 y dirigida sabiamente por Michael Wilson. Gracias a Teatrix tenemos la fortuna de poder asistir a ella en su versión completa de una hora y media. Está hablada en inglés y subtitulada, con lo que no perdemos la cadencia del idioma para la cual fue escrita. La carrera de Arthur Miller como dramaturgo ha sido muy extensa y plagada de obras señeras ("Todos eran mis hijos", "Panorama desde el puente", "La muerte de un viajante", "Cristales rotos", "El descenso del Monte Morgan", "El Precio", etc), éstas entre las más difundidas. De alguna u otra manera siempre tocó el tema del judaísmo, el cuál, como representante de esa religión, lo movilizaba mucho, acá preocupado por los albores del nazismo y los primeros reportes de judíos y de gitanos a los campos de concentración con sus hornos crematorios. Es un teatro de texto, para escuchar atentamente y no dejar pasar frase ya que todas son imprescindibles y jugosas; es un teatro que no se ha escrito para la diversión ni dispersión del espectador, sino para un profundo compromiso con la temática que trata y el momento social que se vivía en Francia -como en tantos otros países- en aquel momento. No quiero decir con esto que sea un teatro aburrido ni solemne, sino una verdadera joya de la dramaturgia y la interpretación para los que amamos el teatro.
Sin música incidental, nos situamos en una descascarada comisaría de la ciudad de Vichy (Francia) en donde han sido reclutadas sin convocatoria alrededor de diez personas. Digo sin convocatoria porque han sido detenidos en la calle, por su aspecto o para "medir su nariz", como proclama uno de los personajes. Hay de todo: un influyente industrial, un pintor surrealista, un psiquiatra, un actor, un joven de 14 años, un reparador de trenes socialista, un judío ortodoxo, un príncipe austríaco, un gitano, un mozo y alguno más. Como los  "diez indiecitos" de Ágatha Christie irán desapareciendo uno a uno tras la siniestra puerta que da a la oficina del "profesor". El título en cuestión corresponde a un profesor en antropología racial nazi que es quien lleva a cabo los interrogatorios y que pertenece a la terrible SS. Al principio impera el desconcierto entre los "candidatos". No saben en dónde están ni para qué los han llevado ahí. Poco a poco, al ver a los oficiales (algunos de ellos franceses) reparan en que han caído en una comisaría. Y poco a poco, también, descartando datos como saber si los han llevado para ver si sus papeles están en regla, van infiriendo que hay un común denominador entre todos ellos: todos  son judíos, con excepción de dos (el industrial y el príncipe). A ellos dos se les otorga el pasaporte para salir en libertad. Se rumorea entre los presentes, que han escuchado que llevan trenes cargados de judíos hacia lugares de trabajo. Otro aporta algo nuevo: se han instalado hornos crematorios para la desaparición de los mismos. El terror empieza a imperar entre los que esperan su sentencia de muerte. Y está la más cruel de las verdades, los harán bajarse los pantalones para comprobar si están circuncidados, prueba irrefutable de su judaísmo. Nadie quiere entrar a ese cuarto del que ya no se vuelve. Hay quienes plantean salir por la puerta desbaratando al guardia, aunque saben que eso es imposible. Y hay quienes otorgan su última voluntad a los presuntos liberados (el príncipe Kessler es ario, y primo del Barón Kessler, austríaco y miembro de la SS), el príncipe ha emigrado a Francia tras ver  asesinar a uno de sus músicos por el sólo hecho de ser judío. Hay un guardia francés arrepentido que se enfrenta con el psiquiatra (quien parece comandar la "resistencia"), éste le increpa que por qué no se suicida antes que obedecer órdenes criminales, y el otro le pregunta qué cambiaría eso, si no sería inmediatamente reemplazado por otro y le inquiere al psiquiatra si él acaso no saldría contento si le dan el permiso de liberación aunque a todos los demás los envíen a morir, a lo que este responde que sí. Es un texto que habla sobre las culpas y las responsabilidades frente al horror de la muerte y la tortura. Es un texto del cual no se sale ya que nos presenta la degradación del ser humano ante los más horrendos crímenes. Es un texto el cuál me gustaría tener en mano para leer y releer, tal la riqueza de su provocación. Es un texto que nos hace asomar al abismo de la manera más sutil y desgarradora. En ese momento, el hecho de ser judío pasa a convertirse en objeto de temor y en pasaporte seguro para los campos.
En el último momento asistimos a un gesto de solidaridad tan grande que nos hace volver a tomar confianza en el ser humano, y mientras toda la policía corre tras el hombre que se ha escapado, vemos de fondo, correr a esos trenes, símbolo del destino para la muerte. Las actuaciones son todas sublimes, destacándose, por su preponderancia y compromiso, la del psiquiatra, la del pintor y la del Príncipe Kessler, sin empañar para nada todas las demás soberbias interpretaciones. La dirección aporta brío, compromiso y emoción a tan sublime texto. Es bueno, que, una vez más se nos recuerden los horrores del nazismo dentro de una obra de teatro, para no dejar cauterizar a esa herida que todavía sigue abierta, y que nos hace temer actualmente por el destino del mundo ya que en Europa están ganando elecciones democráticas grupos neonazis en varios de sus países. Algo preocupante porque quiere decir que la historia no les ha enseñado nada o porque es tan fuerte ese antisemitismo que no perdona a un pueblo perseguido.
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

jueves, 12 de enero de 2017

Mi crítica de "Taquicardia" (Teatro musical)


"Taquicardia" (que es lo que tengo yo, entre otros males) se llama el espectáculo 2016 de la prolífica Valeria Ambrosio, aquí como autora y directora, y se lo puede ver por Teatrix desde este mes. Está protagonizado por la multifacética Flor Benítez, una estupenda cantante y actriz. Y digo multifacética porque acá demuestra tanto su talento para el canto lírico como para abordar las canciones de corte más popular tanto en italiano, francés o castellano. Aunque la obra no es hablada (sólo cantada) podemos ver en ella un gran potencial como actriz dada su expresividad, su cantidad de matices y su calidad para el abordaje de distintos materiales.
Lo que no queda muy en claro es esta definición de "Kbaret post Kpitalista". Tenemos bien por cierto que todo empieza con la destrucción masiva del planeta por sucesivas bombas atómicas y un berenjenal de cosas post caos en la escena. Pero ¿por qué "post capitalista"? ¿Fue el capitalismo entendido como sistema/gobierno/organización el que tiró las bombas? ¿Son esos objetos ahora inútiles -en otro tiempo útiles- manifestaciones del capitalismo salvaje? Tal como ese celular que suena con la obertura de "La Traviata" y acumula mensajes apocalípticos. ¿Serán los humildes platos? ¿O acaso el zapato de taco que se obstina en no salir de abajo del piano? No quiero pensar que un piano deshecho pueda tomarse como símbolo del capitalismo. Bueno, son preguntas que para mí quedan sin respuesta.
Lo que sabemos es que la Tierra explotó y sólo queda una sobreviviente -esto no se deduce sino que lo explica el resumen-, Flor, quien entre otras preocupaciones de su vida en soledad de aquí en adelante se manifiestan cantando canciones de amor como loca. Se escucha el llanto de un bebé y la vemos a ella incrustada adentro de la caja del piano, aparentemente con vida. Enseguida saldrá de allí y -con un músico en escena- se desata con una ópera barroca en clave (en clave de ópera) que puede confundirla con las óperas mozartianas y sus "recitativos" (la parte hablada de la ópera, acompañada por el clave). Mientras canta con muy buena formación lírico-clásico se las ingenia para sacar el zapato de debajo del piano y completar el par que le falta. Luego revisa su bolso y es el momento en que le suena el celular y expande la bellísima obertura de "La Traviata" verdiana con los mensajes del más allá. Hay en todos sus movimientos (hasta el momento) un velado homenaje a las corridas chaplinescas y al cine mudo todo, quiero creer que de forma voluntaria de la directora. Enseguida se larga con un "musical" en inglés, género por donde oscila el trabajo de la cantante. Luego asistimos a unas proyecciones electroacústicas sobre la escena que ella acompaña con su canto. Sin transiciones se pone a cantar una canción en italiano mientras llora abundantemente (las intenciones hay que adivinarlas ya que son poco claras). Hay que destacar el trabajo coreográfico que realizó Juan José Marco, que acentúan su sensualidad y su trabajo múltiple con los objetos en escena.
En ese momento irrumpe el músico a ordenar fragmentos dispersos de lo que antes fueran objetos, e irrumpe con su reloj, que no sólamente le marcará el paso del tiempo sino que será lo que desatará su "taquicardia" (presumimos). Enseguida Flor arremete con una bellísima versión de "No me quite pas" que se transmutará en canción en inglés mientras se dedica a acomodar objetos adentro del piano para luego cerrar su tapa, a modo de resguardo o de ataúd. Parece que queda cansada de hacer todo esto porque se queda dormida... Cuando despierta va depositando ramos de flores en todos los lugares de destrucción que se encienden cuando ella las besa, mientras canta una balada en italiano. Entonces, quien se había quedado en corpiño y bombachudo, encuentra ropa y se viste con ella, incluídos unos borcegos muy militares que también se coloca (¿la milicia no está asociada al capitalismo que queremos combatir?). Ahora le canta una canción a las "amadas" cucarachas, que según dicen serán los inmundos bichos que sobrevivirán una catástrofe nuclear. Bueno, ella les canta, muy enamorada de ellas...
Luego vuelve a quedarse dormida para despertarse enseguida, eufórica por sus movimientos y actitud, con "La Mañana" de la suite de "Peer Gynt" de Grieg. Cantará enseguida una versión de "Maledetta primavera" (en italiano) con todo el rimmel corrido de tanto hacerse amargura por nada, ¿vio?
Para el final encimará las versiones de "A perfect day", con "Lacrime d'aprile", un aria de ópera, para terminar cantando "Un beso y una flor" de Nino Bravo. Todo se resuelve de esa manera y los aplausos son muchos. Pero ¿y la progresión dramática de la obra? ¿y el "mensaje"? ¿Cuál es el sentido de amontonar canciones muy bonitas además, lógicamente, del lucimiento de la cantante? El que repase el derrotero de acciones y melodías que fui describiendo lo puede tomar como un simple rejunte o como un "homenaje" a Italia, Estados Unidos y Francia en una obra que nos quiere imponer el anti-capitalismo por enema. No se entiende. Perdoname Valeria, pueden haber sido muy encomiables tus intenciones y la cantante la verdad que es un lujo pero no se entiende...
Finalmente, el que quedó con taquicardia después de ver este ensayo, fui yo. Que Flor Benítez, además de sus talentos, es muy hermosa, con esos ojazos celestes pintados de manera hiperrealista y su delgado y esbelto cuerpo de amazona perdida en un planeta desierto, es innnegable, y ¿quién puede descartar el imán de atracción que ella nos ofrece? Pero de ahí a llamar a esto "obra" hay un trecho muy grande. Será que me agarraron en un día mal dormido y mal comido y eso me pone muy nervioso, pero ¡¡¡qué alguien me lo explique por favor...!!!
Me quedo con el rostro y la figura de Flor y su bellísima voz.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 11 de enero de 2017

Mi crítica de "Drácula" (Teatro musical)


Ayer pude ver por Teatrix (que no para de estrenar, nos está malacostumbrando), la sensacional "Drácula" de Pepe Cibrián Campoy-Ángel Mahler. Yo la había visto dos veces en el Luna Park en el momento de su estreno, allá por el '91 (la segunda vez, no la entendí) y puedo ver la diferencia con esta puesta en el 2011 en el Teatro Astral. La primera y más notable es la referente al espacio. Allá donde el Luna Park era amplio y generoso acá resulta mezquino y acotado. Faltan las grandes escalinatas por donde descendían los pequeños vampiritos y en donde se hacía el mar del océano y se resolvían escenas muy impactantes. También el lugar para que se deslizaran las escaleras se extraña, pero no es más que eso. La nueva concepción escénica es muy buena y está muy ingeniosamente resuelta. No recuerdo si se agregaron o se quitaron canciones, pero el esquema original se mantiene fiel a lo editado en aquel CD. memorable del '91. Todas las letras y la musicalización son notables y hacen honor a la dupla Cibrián-Mahler y la verdad es que no tiene nada que envidiarle a "El Fantasma de la Ópera" o "Los Miserables, por mencionar dos exponentes máximos del género. Es un muy buen ejemplo de que, el teatro musical, en la Argentina "aquí también podemos hacerlo". Sólo algunas partes aparecen deslucidas, que son aquellas que podrían haber sido habladas y no cantadas, que no tienen rima y la música hace grandes esfuerzos por acompañarles. 
Vamos a los cantantes. Como Drácula está el multiterreno Juan Rodó (porque aparece en todas las obras de la dupla) y la verdad es que si bien posee un gran caudal de voz y un buen volumen, es muy limitado en su espectro, ya que tiene la misma tonalidad para todo y para todos los roles que interpreta. Es por demás inexpresivo en su canto. Esperamos que con el tiempo madurara... pero no lo hizo. Y si de inexpresión se trata, acá está acompañado por la sobrina de Pepe, Candela Cibrián, en Mina Murray, que ni es muy linda (a pesar de ser rubia, tiene una cara desproporcionada y la nariz no la ayuda...), sí tiene un buen manejo de los agudos y los graves. Como cantante es buena, aunque la parte actoral no colabora mucho. (Yo la había visto con Cecilia Milone como Mina y Paola Krum en Lucy, lo cual son palabras mayores). En el rol de Lucy está la bellísima, gran cantante y gran intérprete Luna Pérez Lening y salvamos la plata. Le toca el papel más difícil (o será que ella, con sus virtudes hace que parezca el más rico) y lo salva con prestancia. Aplausos para Luna. Jonathan Harker, el novio de Mina, está cantado por Leonel Fransezze y lo hace aceptablemente bien. En Nani se destaca Adriana Rolla (Nani siempre fue un papel muy difícil y muy querido por el público) y ella sabe bordarlo de manera admirable. Por último, Van Helsing es Germán Barceló, que hace lo que puede con su juventud para un papel que necesitaba alguien de más edad. Pero se defiende.
Pasemos ahora a la parte estrictamente musical. Son muy bellas y pegadizas las melodías de Mahler y no carecen de cierta poesía las inspiradas letras de Campoy. Si bien en lo que más se destacan ambos en en los ensambles vocales ("Obertura"; "Los Gitanos"; "La Plaza de Whitby"; "La Canción de los Locos") con sus magníficas coreografías y su aceitado mecanismo de concordancias en el baile, las arias (sí, podemos llamarlas así) solistas también son muy bellas y están muy bien interpretadas ("Siento enloquecer"; "Tu esclava seré"; "Saber por fin quién soy"; "Mi dulce Mina"; "Tus sueños dónde han ido"; "Madre tan sólo esta vez") y los dúos son especialmente inspirados ("Soñar hasta enloquecer"; "Dúo Mina-Drácula"; "Tú y yo, quién nos puede separar"). La verdad es que las más de dos horas y media de música y letra es un verdadero empacho melódico. Todas las partituras centrales o medulares del relato son muy hermosas, sólidas y valiosas, algo que no volverá a repetirse muy seguido en la trayectoria de la dupla.
Pepito Cibrián no sólo es un maestro en dirección general, libro y letras, sino también como puestista de luces, es maravilloso el clima que crea con la luminotecnia. Esa luminosidad en "stacatto" durante las escenas de las mordeduras del vampiro, de la posesión de Lucy o de la apertura del ataúd son francamente inigualables. Casi todo el espectáculo está dado con una luz blanca, lo que va muy acorde con el tono de piel del vampiro. Se agradece la luz cálida en "Los Gitanos" o "La Plaza de Whitby".
La historia está narrada muy ágilmente y es bien conocida por todos. La partida de Jonathan Harker, novio de Mina, agente inmobiliario, hacia Transilvania, para venderle unas tierras en Inglaterra al Conde Drácula. Éste es un hombre-lobo (ésto no aparece en la generalidad de las historias de "Drácula") y vampiro, que compra el terreno de una vieja abadía en Whitby. Mientras Drácula viaja hacia Inglaterra Jonathan permanece sin memoria perdido en los Cárpatos. Una vez llegado, vampiriza a Lucy, amiga de Mina próxima a casarse y cree encontrar en Mina a su antiguo amor redivivo. Trata de seducirla y explicarle que es la reencarnación de su antigua esposa, pero Mina se niega a aceptarlo. La ola de vampiros acecha a Whitby y llaman a un viejo profesor y "vampirólogo", Van Helsing, quien se dispone a matar al monstruo. Drácula secuestra a Mina y trata de vampirizarla, pero su amor por ella le hace ver la verdad, de que no es ella la que alguna vez amó y la deja libre. En eso llega Jonathan y vuelve a Mina. Van Helsing y el pueblo entero mata a Drácula con una estaca de madera en el corazón.
Para ese entonces se había estrenado la versión cinematográfica de Francis Ford Coppola "Brams Stocker's Drácula", con Gary Oldman, Winona Ryder y Anthony Hopkins que produjo un sacudón en el Drácula contado hasta entonces en la pantalla, dándole una visión totalmente extraordinaria y con una narración a la vez clásica y moderna que reinventaba el Drácula hasta el momento conocido.
La puesta de Pepe Cibrián, con esas escalinatas por las que suben y bajan los personajes y que se mueven por todo el espacio escénico, uniéndose a modo de puertas, le imprimieron una vitalidad hasta entonces desconocida al teatro musical. Son muy buenos también los efectos especiales, como la aparición de Drácula en el espejo, la estaca clavada a Lucy o la conversión en vampiro del cadáver de Drácula a último momento "rompiendo el molde" nos deja entrever que estamos ante un musical rejuvenecido y renovado.
Pese a los errores aquí consignados mi puntaje para "Drácula" es un 10 y ampliamente recomendable para todo público. Y no se olviden que oprimiendo el "Ver obra" en mi blog pueden ver el musical completo.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (primo del Conde Drácula, un crítico independiente).