jueves, 26 de enero de 2017

Mi crítica de "Mujeres de Ceniza" (Teatro)


Hola. Pude ver en estreno exclusivo por Teatrix esta obra que ostenta dos autores a falta de uno, Sergio Marcos y Martín Guerra, que se nota que hicieron un brainsotrming o se rompieron bien la cabeza para ver de qué modo podían desempantanarla. La dirección es de Roberto Antier y le hace justicia a las mujeres con las que trabaja, todas de prestigio en una u otra época. Son ellas: Nora Cárpena (Clara), Mercedes Carreras (Estela), Adriana Salgueiro (Teresa) y Zulma Faiad (Isabel). El asunto es que una de ellas, Clara, ha quedado viuda hace un año exactamente de Ricardo, y en un arrojo desesperado escribe a sus tres amigas una carta ídem para reunirlas junto a ella en ese día. Una de éstas, Isabel, viaja desde Miami sólo para verla, viniendo directamente desde el aeropuerto a casa de Clara que es donde transcurre la acción. En el living, por supuesto. Lo cierto es que después del combo de "Brujas" se copió el modelo y pululan por nuestro ambiente comedias de mujeres reunidas para charlar, con una excusa mínima, y sacan a relucir viejas facturas y muchos trapitos al sol, echándose en cara con mayor o menor fineza todo lo que tengan para exponer. Nora Cárpena sabe de eso por haber sido socia fundadora de aquel club de fanáticos seguidores que perduró por diez años en nuestras carteleras, siempre amenazando con bajarse de cartel para volver al año siguiente (es ley del teatro que cuando tenés la vaca lechera atada no tenés que soltarla).
Y aquí transcurre algo semejante (es engorroso hacer la crítica sin contar el argumento ni develar detalles interesantes, pero trataremos). Al principio las tres amigas se saludan armoniosamente y con cariño, sin saber lo que se les iba a venir encima... cada una con sus manías o sus toc, muy bien marcados aquí. Clara es la que está saliendo del duelo, de a poco, aunque escribe esa carta en medio de una gran depresión, lo que las hace vaticinar a sus amigas un posible suicidio. Conserva en una urna las cenizas del finado con mucho celo (ésto es importante para el final de la trama) y no deja que nadie se siente en el sillón que correspondía a Ricardo. Estelita es un conjunto de tocs, mientras vive aferrada a su cartera todo el tiempo por miedo a que alguien se la robe, aún en la reunión de amigas, está también pendiente de las noticias de asesinatos, violaciones y robos que asedian la TV vernácula y el panorama nuestro de cada día, está exagerado, pero es un miedo que, al fin y al cabo, llevamos todos. Es la que está más estropeada, el tiempo ha hecho estragos con ella, gorda, envejecida, sin gracia para vestir, algo feucha, aún teme que los albañiles que trabajan en su casa, al verla en bata, intenten violarla... Teresa es todo lo contrario, alta, delgada, hermosa, joven, elegante, desprejuiciada, sin miedos a la hora de tener algún amante que no afecte su matrimonio, veloz, un torbellino de pasión y lujuria. Isabel tiene un cuerpo interesante a pesar de su edad (70 y pico), es pintora de cuadros, está casada con un marido que parece de 30 años menos... cuando toma el Viagra a la que no le vemos los ojos por tenerlos constantemente tapados por anteojos oscuros. Todas ellas parecen casadas felizmente, aunque alguna (Clara) no haya tenido nunca un orgasmo y Estelita haya tenido dos en toda su vida.
Lo que parece ser una tragedia es en realidad una comedia disparatada, sin pies ni cabeza, en donde todas las presuntas amigas de Clara han sido en su momento amantes de Ricardo; a Teresa la sedujo por su sentido del humor (algo que Clara no se explica), a Isabel por llevarla a conocer lugares del mundo y decirle que estaba enamorado de ella (algo que Clara tampoco se explica ya que con ella no salía ni a la esquina), y finalmente Estela, la más desvalida, por haberla sabido escuchar y darle sus tiempos para expresarse y para el amor (ahí nadie se lo explica). El descubrimiento de cada caso lleva su tiempo, aunque Clara lo tiene todo organizado, y las réplicas y acusaciones van de unas a otras, según sea el nivel de culpabilidad. Lo cierto es una única cosa: las tres se estuvieron acostando con el marido de su amiga, quebrando así su amistad. Clara parece no guardarle rencor a ninguna ya que no lo expresa ni con gritos ni con insultos, pero la venganza está soterrada y llegará al final. Sí, estamos también ante un thriller... Todos pensamos que las va a envenenar, ya que les sirve bebida displicentemente, o que las va a cuchillar, pues blande su cuchillo sin problemas... pero no, la venganza se sirve fría y ya está preparada de forma mucho más sutil.
La conversación dura la primera media hora entre cosas intrascendentes como amores, infidelidades, celos, sexo, fobias, amistad, etc. Lo que parece que nos va a conducir hacia un callejón sin salida de pronto toma el tinte de la primera acusación, a Teresa, con cartas probatorias de sus encuentros sexuales con Ricardo. No importa que ella lo niegue, Clara lo tiene bien comprobado. Hay un tiempo para que le lluevan los insultos de las otras y toda una serie de explicaciones por parte de ella. Amaga con irse, pero Isabel, la más virulenta, la apremia a que se quede. Luego vendrá la acusación a Isabel, ruegos, súplicas, perdones, y llanto incluido, finalmente a la "mosquita muerta" de Eselita y allí explotará todo.
¿Es buena o mala la obra? Camina por caminos transitados y parece inverosímil por su contenido de que las tres amigas se hayan encamado con el mismo sujeto. Pero más allá de eso resulta efectivamente cómica y hasta dramática por momentos (estos últimos muy  empalagosos, preferimos los primeros), pero están bien calculados los tiempos de risa y los de seriedad. Lo cual no quiere decir que la obra sea buena o mala per se. Se hace larga y endeble el argumento cuando empiezan a repetirse las situaciones, lo que nos estaría enfrentando con una pieza débil. En la exhibición hubo voces encontradas, hay quien la halló muy buena y quien no tanto (es mi caso). El resultado está a un solo click y los lectores podrán opinar. Agradezco las devoluciones.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

martes, 24 de enero de 2017

Mi crítica de "Inseparables" (Cine)

Es muy difícil tomar o no partido por una película como esta, tan planificada para que no tenga golpes bajos que termina incurriendo en varios de ellos, como la mayoría de las "ejemplificadoras" historias de la vida real. Acá estamos ante una remake de una floja película, que la mejora en mucho debido a la excelencia de sus actuaciones y de un guión caprichoso. Acá estamos frente a dos gigantes de nuestra escena y nuestra pantalla: Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna, que pueden hacer creíble y querible cualquier historia. Como dije, ésta está basada en otra película de origen francés que tenía más o menos la misma estructura (no recuerdo haberla visto, pero algunas escenas me sonaban conocidas...) sólo que en esa la relación se daba entre un tetrapléjico y un negro. Acá es entre otro tetrapléjico y un representante de la clase baja, un lúmpen. Martínez y De la Serna habían trabajado juntos en teatro el año anterior haciendo "Amadeus", la gran obra de Peter Shaffer, con una excelente combinación. La química ya estaba preparada, y aquí vuelve a repetirse.
Felipe (Martínez) es un tetrapléjico cincuentón y millonario, capaz de pagar miles de dólares por una pintura de arte abstracto que no dice nada, y parece que es capaz de comprarlo todo... menos su salud. Tito (De la Serna) es un excluído, que vive en un monoblock de Lugano con una tía a la que llama madre, una novia con un hijo y un primo. Quiere la casualidad que esté trabajando de ayudante de jardinero en casa de Felipe y venga a reclamar su paga porque se va debido a malos tratos del jardinero. Es un muchacho sin cultura, impulsivo, violento, desbocado, desubicado y sobre todo, sin compasión. Esto es lo que más le atrae a Felipe (sin contar que en ese hombre grande pueda haber alguna atracción homoerótica por ese joven musculoso y de buena pinta), necesita un ayudante que no se compadezca de él, y por eso lo contrata como su asistente personal, sin importarle que haya estado preso ni que fume porros. Tito acepta a regañadientes, pero la paga es interesante y se mete en esa relación de dos en la que al principio él ejercerá el rol de torturador. El maltrato es evidente y el desprecio por su "protegido". Por suerte hay dos asistentes de Felipe, Ivonne, una mujer grande que se ocupa de todos sus asuntos personales (la siempre eficaz Alejandra Fletchner) y otra más joven, Verónica (Carla Peterson) quien atiende el dictado de las cartas a una mujer desconocida por parte de Felipe y que se convierte inmediatamente en objeto de deseo de Tito. Hasta acá veníamos bien, pero ya se nos hace sentir lástima por la pobre situación que tiene que soportar Felipe.
El cuadrapléjico (como por demás es costumbre de los cuadrapléjicos) sólo puede mover del cuello para arriba. Para abajo está muerto. Y por eso es que no siente el agua hirviendo del té derramándose en su pierna ni los golpes a los que lo somete Tito. Él remite su parálisis a un accidente ecuestre que tuvo un año después de que muriese su mujer, con quien vivió una gran historia de amor por 14 años, cuando era recién recibido en ciencias sociales. Pero no todo es malo en Tito. Tiene algo de justiciero. Empezará a velar por la salud de su paciente. Cuando a la hija de Felipe la abandone su novio diciéndole "putita" él irá a enfrentarlo y le obligará a que se disculpe y le regale chocolates todos los martes durante un año diciéndole cuánto la quiere. Animará la aburrida velada de cumpleaños de Felipe con un cuarteto de cámara poniendo una versión de la porquería esa de "El bombón asesino" y haciendo bailar a todos e incluso la orquesta lo seguirá. Y, finalmente, la reparación más grande, empezará a pintar sus propios cuadros, inspirados en la "basura" contemporánea que Felipe le ha hecho ver y en un acto de justicia, el mismo Felipe venderá su cuadro a un comprador avieso por 11.000 dólares, dinero que irá a engrosar el bolsillo de Tito.
Y ejercerá el mayor acto de justicia cuando haga que Felipe hable por teléfono con su interlocutora desconocida epistolar y finalmente intercambien fotos y en el final lleguen a conocerse, cerrando con un moñito de final feliz la historia. Por supuesto que para llegar a dónde llegó debe pasar por muchas pruebas. Debe ser echado del departamento por su madre (tía) ya que hacía dos años que no sabía nada de él. Deberá cortar lazos con su novia y su hijo y sobre todo, cobijar a su primo en la casa de Felipe cuando llegue el momento. La película se basa en el sentimentalismo, como todas las dirigidas por Marcos Carnevale ("Elsa y Fred", "Anita") pero en todas ellas era salvada por las brillantes actuaciones (allá China Zorrilla, acá el cuarteto central) y rescata del olvido a una bellísima Flavia Palmiero que vuelve a aparecer en el cine, acá de la mano de un papel minúsculo pero trascendente, el de Sofía, la enigmática corresponsal. Decíamos, que si bien no hace derramar lágrimas (ni de compasión ni de emoción, las valiosas), está jugando siempre sobre la cornisa de lo sensiblero, y si bien provoca la risa en muchas de sus escenas, debemos admitir que es una risa fácil, el recurso de "El bombón asesino", las puteadas a un espectador circunspecto del Teatro Colón, etc. La película no se autodesmerece y la adaptación del original lo mejora, pero como decía, es una película "border".
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 23 de enero de 2017

Mi crítica de "Buried Child" ("Chico Enterrado") (Teatro-Broadway)


Por Teatrix y su estreno de obras de Broadway pude ver esta producción del 2016, de la autoría del prestigioso Sam Shepard y dirección de Scott Eliot. La protagoniza un grande de la pantalla, Ed Harris (que para mí no es tan grande, ya que no le vi hacer papeles relevantes). La obra, dividida en tres actos no arranca verdadero interés hasta entrado el tercer acto.
Lo primero que salta  a la vista es que el espectador de teatro norteamericano es un verdadero imbécil. No sé, se ríen de estupideces o sino en los momentos más dramáticos siempre se escuchan desde las primeras filas sonoras carcajadas. Habría que hacer una tesis sobre el sentido del humor del norteamericano promedio ya que daría para mucho, algo que excede los límites de esta simple crítica. Otra cosa es la seriedad con que los autores abordan sus obras. No hay ni un soplo de humor en la mayoría de las obras norteamericanas, que, admirablemente, cuando llegan a nuestras tierras, y con nuestros adaptadores, se convierten en piezas de relojería de la comicidad. De más está hablar de nuestras obras vernáculas, todas tienen al menos chispazos de comedia, hasta los dramas más acabados, sin hablar de nuestras múltiples comedias y comedias dramáticas que suelen atestar la Avenida Corrientes. A la familia disfuncional de esta obra le daría mucha envidia una propuesta como, por ejemplo, "La Omisión de la Familia Coleman", de gran éxito en más de una veintena de países de las etnias más diversas.
Pero vayamos a "Chico enterrado" del eximio Sam Shepard. La escena más contundente sería esa en que se ve a una chica joven de pie con una pierna ortopédica en la mano, a un viejo paralítico tirado en el suelo, una mujer con un cura tomados de la mano y con un gran ramo de rosas amarillas, y un muchacho de mediana edad sin su prótesis quejándose en el sillón, envuelto en una manta. Pero para llegar a eso hay que atravesar largas capas de sopor. Es decididamente una obra aburrida. En este tipo de obras se suele definir como "un estadounidense auténtico" a aquel que juega al baseball, que gana medallas deportivas y ostenta chaquetas del mismo tenor. Por lo tanto en la cabeza de Dodge (Ed Harris) el viejo enfermo, fumador, bebedor y paralítico se luce permanentemente una gorra de baseball, que pasará, como legado significativo a la cabeza de su nieto cuando este muera. Uno de los hijos de la pareja que conforman Dodge y  Halie, Ansel, prematuramente muerto, es recordado por su destreza para el básquet y su rifle siempre colgado del hombro para matar enemigos en la guerra, de tal modo que se le está preparando una escultura de bronce con una pelota en una mano y una escopeta en la otra. Es por estas dos funciones por donde pasa el sentido patriótico norteamericano y no hay conversación que no incluya el baseball, hasta en sus momentos más íntimos o simples. De estos elementos podemos sacar una configuración de lo que es el espíritu del pueblo norteamericano y lo superficiales que pueden llegar a ser.
Pero bueno, a grandes rasgos, "Chico enterrado" es una obra que se basa en haber guardado un secreto terrible por muchos años, hasta que llega el nieto (¿?) de Dodge y su novia Shelly y el abuelo vomita todo el pasado. No lo vamos a revelar aquí, por supuesto. Lo que es cierto es que Dodge está muy enfermo, que vive postrado en un sillón con su botellita, sus cigarrillos, su televisor y su cantidad de frascos de pastillas. Su esposa, Halie, se mofa de él y desaparece por un día en la iglesia (es una acendrada chupacirios) y aparece muy contenta de la mano del cura del lugar, con quien parece muy "compinche". Los otros hijos de la pareja son Tilden y Bradley. Tilden es quien más comparte escenas, y es un muchacho al que le faltan varios jugadores para llenar la cancha, no se explica como puede haber sido el padre de Vince, a quien, cuando este vuelve después de años de no verlos, no reconoce. Tampoco lo reconocen su abuelo ni su abuela, llega prácticamente de la nada junto a su novia para patear el hormiguero de un drama que estaba latente. El otro hijo de Dodge es Bradley, quien siempre que su padre está dormido aprovecha para cortarle el pelo a ras. Y tiene una pierna ortopédica ya que se la aserró con la motosierra. Shelly es una chica flaquita, linda sin pretensiones, que llegada a ese mundo de hombres parece venir a remover cimientos, y logra metérselos a todos en el bolsillo, menos a Bradley, quien la humilla.
Lo que sucede a lo largo de la obra es muy poco interesante, y sólo cobra vida en los últimos 30 minutos de la pieza y que no voy a revelar. Así que el que quiera verla, sólo tiene que apretar el "Ver obra" de mi blog y enterarse los entretelones de esta familia como la suya (¡!) y entrar en la modorra eterna. Podemos pasar sin ella y su patrioterismo inútil.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

domingo, 22 de enero de 2017

Mi crítica de "El Discurso del Rey" (Cine-2010)

Ayer pude ver por segunda vez la excelente y oscarizada (tuvo el Oscar a la Mejor Película 2010 y a Colin Firth como Mejor Actor) película del joven Tom Hooper "El Discurso del Rey". Tom Hooper es un joven de tan sólo 44 años que ya filmó esta en el 2010, la adaptación del musical "Los Miserables" (discutida) en el 2012 y "La Chica Danesa" (también discutida, incluso en este blog), en el 2015. Como vemos, no ha perdido el tiempo con chiquitajes. Yo pienso que toda buena película es una película de suspenso (aunque lo contrario no sea cierto), ya que un film debe despertar ese grado de interés en el "qué pasará" como para que nos tenga en vilo hasta el final. Además, como analizaba Hitchcock en la magistral "Hitchcock/Truffaut" (también analizada en este blog recientemente), el suspenso no debe asociarse siempre con cosas siniestras, sino que bastaba el plano fijo de una simple telefonista para despertar el suspense.
Acá lo que trata el suspenso es si un rey tartamudo podrá o no leer por radio su discurso de entrada en la guerra del 39 sin balbucear. De eso y sólo de eso trata la película. Aunque esté tamizada de algunas intrigas palaciegas, como la supuesta vida disoluta del Príncipe de Gales y su incapacidad para asumir el reinado, no hay mucho más que eso. El rey empieza como príncipe, es el Duque de York, de Inglaterra, estamos en 1925 y es el hermano menor del nombrado Príncipe de Gales. Está casado con Elizabeth (Helena Bonham-Carter), su fiel esposa y debe leer un breve discurso por radio y con su tartamudez provocará la burla y la mofa de la plebeyada general. Consulta miles de especialistas para solucionar su problema pero ninguno consigue dar en la tecla con el asunto. Hasta que, siguiendo unas indicaciones llega a un número de la Haley Street y desemboca en un gran cuarto descascarado, humedecido y con un sólo sillón como mobiliario. Es el humilde departamento de Lionel Logue, un especialista en el estudio de la fonética. El personaje está genialmente abordado por otro premio Oscar, Geoffrey Rush ("Shine"-1996), que se merecía algún premio por su excelsa pronunciación y su buen uso de la voz.
Al principio son rispideces las que manejan al Duque en su relación con alguien que prefiere llamarlo "Bertie" (ya que su nombre es Albert) y que a él lo llamen Lionel, derribando las barreras entre reyes y plebeyos, para acrecentar su confianza entre ellos. Albert puede mantener una conversación de corrido (con alguna dificultad), pero su gran traba consiste en leer un texto. Lionel, que trabajó con los soldados en la guerra en Australia y llegó a vencer sus neurosis de guerra y sus trabas en el habla, tiene más de psicoanalista que de fonoaudiólogo y se interne a bucear en el incosciente de Bertie y en sus recuerdos de niño. Por supuesto que él se resiste a todo esto. A esta altura estamos en 1934 y Albert tiene dos preciosas niñas y dos preciosos perros. En esta primera entrevista, Lionel le hace leer un texto mientras con unos auriculares escucha música a todo volumen, sin poder oír su propia voz y lo graba en un disco. El Duque se siente ultrajado por este experimento y decide irse para no volver más. Pero pasado un tiempo, en su casa, decide escuchar la grabación, que el Dr. le ha regalado y descubre que ha leído el texto perfectamente. Ergo, que cuando su cerebro está ocupado en otra cosa, su trauma desaparece.
Albert vuelve a la consulta con la cola entre las piernas, dispuesto a ponerse en manos indiscutidamente de tal eminencia. A partir de ahí son muchos los ejercicios que le hace hacer (algunos rayanos en el ridículo, que un Duque no puede permitirse). A un tiempo su padre, el Rey George V de Inglaterra muere y en un "acting" de llantos por su heredero, el Príncipe de Gales, descubrimos que él no llora por la muerte de su padre sino porque piensa casarse con una mujer dos veces divorciada, Wallis Simpson, y la corona no admite ese tipo de relaciones. Asume como Rey y lo mantiene un tiempo en secreto, pero las fiestas y las recepciones son cada vez más asiduas y su hermano le reprocha la vida disoluta que lleva. Entonces decide renunciar a la Corona. El Duque de York sufre de la misma impotencia que sufría el Cardenal de la genial "Habemus Papam", de Nanni Moretti, una imposibilidad de afrontar tan elevado cargo y de sentirse muy inferior (agravado por su tartamudez). Pero los ejercicios con el Dr. Logue avanzan viento en popa, y pronto se verá curado de su mal.
Llega el momento de asumir el trono en la Catedral de Westminster y pide permiso a las autoridades eclesiásticas para ubicar en el palco principal a su médico, quién lo ayudará con la jura. Todo sale bien. El 12 de diciembre de 1936 asume el nuevo George VI de Inglaterra. Pero deberá afrontar una prueba más. Está por estallar la guerra con Alemania (por ahí anda Churchill dando consejos, perfectamente encarnado por ese otro grande que es Timothy Spall) y toda Inglaterra se pone a la defensiva. Finalmente la contienda se declara, y llega el momento de "El discurso del Rey", el que tiene que pronunciar por radio para todo su país dando inicio a las acciones bélicas e insuflando confianza a sus soldados. Debe evitar la burla y el escarnio popular. Es un momento trascendente.
Y ahí es cuando se concentra la mayor dosis de suspenso de la película. El nuevo rey. El micrófono temible. La audiencia. La guerra. La vergüenza. La prueba de fuego. Bien asesorado por el siempre correcto Dr. Logue (de quién después nos enteraríamos que no era Dr. sino un aficionado que se interesó por las neurosis de guerra) se acerca al micrófono y comienza a hablar...
Una película que si bien recorre una sola cuerda temática, lo hace con calidez, con emoción y verdadera sinceridad. Tomando en cuenta cada pequeño detalle y cada plano (los planos detalle son muy importantes en el film), cada cadencia en el habla, cada trabazón en la lengua, la perfecta dicción de su profesor, quien se postula para papeles teatrales clásicos, son tenidos en cuenta por la maestría de un director que sabía muy bien lo que se proponía y a cada instante.
Las actuaciones del triángulo protagónico, tanto Colin Firth en ese Rey que debe vencer su trauma infantil, aquejado por las dudas y la propia insatisfacción, su esposa que con amor y paciencia sabe acompañarlo y ese falso médico que romperá códigos y tradiciones con tal de curar a su paciente, se lucen en un grado superlativo, haciendo de "El Discurso del Rey" una película que bata tiempos y fronteras. Altamente recomendable para todo público.
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 20 de enero de 2017

Mi crítica de "El Violinista en el Tejado" (Teatro musical)


Gracias a Teatrix podemos recobrar esta obra presentada hace varios años, sacada de los archivos de Alejandro Romay y con las actuaciones superlativas de Pepe Soriano y Rita Cortese en los papeles principales. Es una obra de colección, tomada sólo con dos cámaras pero que hacen lo suficiente para mostrarnos cada detalle de esta consagrada obra. La historia de esta pieza es ya legendaria y antigua, sólo diremos que en Broadway la estrenó el genial Zero Mostel y que pertenece  al autor Joseph Stein y aquí está dirigida por Claudio Hochman y adaptada en libro y canciones por el propio Romay. Sí, es un musical, pero habla de cosas fundamentales para el judaísmo como el tema de la tradición y los rituales, algo que una religión con más de 5.000 años no ha perdido y resiste a todos los tiempos. Pero ¿hasta dónde es conveniente dejarse arrastrar por la tradición? ¿cuáles son los ideales que no hay que entregar? ¿hay que doblegarse ante el enemigo o adaptarse? Estos son algunos de los interrogantes que plantea esta pieza y que hacen tambalear los cimientos de la tradición mosaica.
El violinista en el tejado aparece constantemente en escena y es un loco, un funambulista, pero también es una ilusión, una esperanza, un norte a seguir. El pueblo judío que nos ocupa es Anatevka, instalado en plena Rusia zarista, y en el que conviven pacíficamente un puñado de judíos junto con una convivencia no tan pacífica con el alguacil ruso y sus soldados. Tevie y su esposa Golde (Soriano y Cortese respectivamente) son judíos de ley, que respetan la misma ley judaica y sus preceptos. Pero el mundo está muy convulsionado y los pondrá a prueba constantemente. La pareja no se ha casado justamente por amor, innovación que traen los jóvenes de hoy en día y que los harán replantearse cosas. Ellos están unidos porque así lo decidieron sus padres, en todo caso el amor llegó después, junto con la comprensión, el compañerismo, la convivencia... Pero ese matrimonio ha tenido cinco hijas, en edad casadera, y estas sueñan con casarse por amor, algo que para Tevie será muy difícil de aceptar y comprender. La primera, Sheitel, está destinada al carnicero viudo y rico del pueblo, un gran partido (el siempre efectivo Juan Manuel Tenuta), pero ella se ha comprometido en secreto con Motel, un compañero de juegos de infancia y amigo de toda la vida, sastre pobre y que no tiene donde caerse muerto. La amistad se ha ido convirtiendo en amor y hace inseparables a estos dos, a tal punto que Sheitel llora sobre la mano del padre para que no la obligue al matrimonio con el carnicero ya que no lo ama, y ahí nomás le pide su mano Motel. Tevie, al ver la desesperación de su hija y sus ojos que  brillan cuando lo ve a su prometido, termina cediendo. Primer paso en falso que tuvo que dar.
Hay también un maestro con ideas revolucionarias (socialistas) que Tevie ha traído para sus hijas (Juan Gil Navarro), llamado Perchik. Pero sucede que Perchik se enamora de otra de las hijas, Ioder, y le habla de esta nueva idea de casarse por amor. Pero los disturbios sociales reclaman a Perchik en el corazón de Rusia y debe partir, no sin antes prometerle a Ioder eterno amor y que la mandará a buscar para casarse. El maestro revolucionario termina preso en Siberia, y allí parte su enamorada para casarse con él, previo consentimiento a regañadientes de su padre. Recordemos que la tradición judaica es paternalista, ha creado un dios masculino, alejado de toda idea de la femineidad en lo religioso (si bien la descendencia hebraica es transmitida de madre a hijo), así que es la palabra del padre lo que cuenta, aquí las mujeres no tienen voz ni voto (por lo menos en la época que transcurre esta fábula).
Su tercera hija, Jave, traba relación con un soldado zarista, Fredka y después de un rechazo visceral por parte de ella, él le sugiere que no todos los rusos son iguales, que él no está de acuerdo con las ideas imperantes, y se comprometen en silencio. Cuando dan a conocer su intención de casarse ahí sí que Tevie no puede aguantar más y la echa de su casa y declara a su hija muerta para él y su esposa. Jave debe "pasar a la clandestinidad" con Fredka. Es que Tevie ya se ha acostumbrado a muchas cosas, pero no piensa ceder en su tradición ni un paso más. De golpe llega el tiro de gracia: el alguacil le avisa que tienen 48 hs. para marcharse todos del pueblo por orden del Zar. Esto destruye por completo a Tevie y a Golde, pero se rearman y emprenden el exilio a casa de un pariente. Es así como unos se van a Norteamérica, otros a Jerusalén y ellos deben irse a la casa de un hermano que vive fuera del país. Con su carro de lechero ambulante y sus enseres, parte junto a su esposa y las dos hijas que le restan a tierras desconocidas. No sin antes despedirse de sus hijas casadas y decirle "que Dios te bendiga" a Jave, en un último acercamiento. De Sheitel y Motel ha nacido un hijo y han comprado una máquina de coser eléctrica, con lo que se supone que los pesares del sastre desaparecerán. No todo es desazón al final de la obra, aunque ellos también deban partir. Es la famosa diáspora, la que ha obligado al pueblo de Abraham a ser un pueblo nómade por tantos años hasta culminar formando el estado de Israel, que aún hoy les trae tantos dolores de cabeza.
Pero la obra, pese al final triste, no es bajoneante, está llena de bailes judíos alegres y tiene al principio ese exitazo de "Si yo fuera rico", pieza que se agrega indiscutidamente en todas las selecciones de musicales del mundo. Le puedo criticar los chistes, que para mí no tienen ninguna gracia (y me parece que para Pepe tampoco, la rema, hace lo que puede ante tan pobre traducción) y otra cosa que me molestó es ese lugar común de pintar a todos los judíos con barbita de chivo, indistintamente como si todos fueran cortados por la misma tijera (bueno... no sé si por la misma, pero algo de eso hay, ¿no?). Fuera de eso, la obra funciona aceitadamente, ágil y con mano firme en la dirección de Hochman. Esta fue una producción de Romay para el teatro "El Nacional".
¿Y qué podemos decir de Pepe Soriano que ya no lo haya dicho? Es un actor completamente camaleónico, que puede instalarse en la piel de cualquier personaje, de cualquier nacionalidad o acento con igual oficio. Pero no sólo es oficio lo que inspira a Pepe, es magia, es conocer cada resorte del alma humana, cada hilo de su profesión con amor y plena convicción. En esta obra está magistral y hasta se da el lujo de cantar y hacer algunos pasitos de baile. Lo mismo digo de Rita Cortese, otra experimentada actriz que sabe acompañar con igual soltura y ternura a Soriano. Una gran recuperación para la pantalla de Teatrix y un lujo de obra. Altamente recomendable para todos los públicos.
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

jueves, 19 de enero de 2017

Mi crítica de "Hitchcock/Truffaut" (Cine)

Acabo de ver la singular película "Hitchcock/Truffaut", imprescindible para todos quienes amamos y veneramos al séptimo arte, y que arrasara con la cosecha de premios en varios festivales internacionales (todavía no estrenada comercialmente en Argentina). Todo parte de la idea que tuvo el cineasta francés Francois Truffaut de realizar un libro de entrevistas a Hitchcock, y se reunieron en Hollywoood con una intérprete, durante una semana para repasar toda la vasta filmografía de Alfred Hitchcock, el maestro del suspense. Nadie puede negar la gran influencia que ha ejercido el gordo Hitch sobre todos los cineastas que vinieron después, se lo considera un verdadero maestro del cine de autor. Pero no todo fue así siempre... Hasta que Truffaut no tuviera la idea de hacer el libro (que terminó en 1962 y presentó en 1966) se consideraba a Hitchcock un cineasta menor, hecho sólo para el divertimento y ocasionarnos un par de sobresaltos. Cuando le preguntaban sobre sus influencias a Truffaut él siempre lo mencionaba a Hitchcock, lo cual era tomado un poco en broma. Pero el francés estaba convencido de la buena madera del inglés para confeccionar sus films. Y es por eso que decidió reivindicarlo ante el mundo. En la película que nos ocupa hay declaraciones actuales de otros talentosos como Martin Scorsese, Wes Anderson, Richard Linklater, Peter Bogdanovich, Olivier Asayas, André Desplechin, Kiyoshi Kurosawa y Paul Shcrader hablando de lo indispensable que ha sido para sus carreras la figura del gran Maestro Inglés. El libro de Truffaut "El cine según Hitchcock" es una publicación de culto y muy protegida por cada cinéfilo, es un libro en el que entendemos al cine como arte pero más que ello como ecuación matemática, imaginación y sobre todo trabajo.
Hitchcock y Truffaut (más la mujer que ejerce de intérprete) están siempre sentados a una mesa redonda, con sus habanos en la boca, charlando muy animosamente, y hasta se pueden oír sus voces registradas en un magnetófono de la época. Allí el gordo sádico con las mujeres que le apasionaban e impotente (se cuenta que sólo tuvo una relación sexual con su esposa Alma Reville y de la que nació su hija Patricia), de lo cuál por supuesto no se habla en la película, desentraña el mecanismo de cada uno de sus films, deteniéndose por varios instantes en analizar "Vértigo" y "Psicosis". Se cuenta que aunque en muy pocas películas aparezca su esposa como responsable de alguno de los rubros, él siempre consultaba todo con ella antes de ponerlo en práctica, era su norte y su punto de referencia.
Hitchcock recorrió todos los aspectos del cine. Empezó como cartelista de films mudos y trabajando en la producción, hasta que le dijeron: "¿no se animaría a dirigir un film?", "nunca lo había pensado", contestó él. Y así fue que se lanzó a su primera película (muda), corría el año 1923 y debutó con "The Lodger" ("El Inquilino") donde ya estaba presente el sello Hitchcock: para hacer ver los pasos del inquilino de arriba ideo un piso de cristal para que pudieran trasparentarse. Lo cierto es que Hitch no volvería a hacer una película igual a otra, siempre cambiaba su punto de vista, ya fuera por las máquinas que utilizaba, por la construcción del espacio, el diseño escenográfico, la posición de las filmadoras al rodar o los giros inesperados de guión. Del cine mudo pasó al sonoro, aún en blanco y negro (todavía en su período inglés), donde obtuvo grandes éxitos como "Los 39 escalones", "La Dama desaparece", "El hombre de la isla de Mann", "Sabotaje" o "Corresponsal extranjero". Del sonoro pasó a Hollywood, bajo el manto de David Selznick, uno de los más grandes productores de todas las épocas (en la época en que la estrella era el productor, antes que el director o los actores), que hizo entre otras cosas "Lo que el Viento se llevó", y acá había tentado a Hitchcock para dirigir "Titanic", proyecto que nunca se llevó a cabo por el costo y las dificultades de rodaje (esto no lo cuenta en la película) y en cambio le ofreció igualmente una obra de alto presupuesto: "Rebecca", que fue la entrada de Hitch a Norteamérica. Después vendrían otros grandes éxitos en blanco y negro como "Mi pasado me condena", "Extraños en un tren", "Saboteadores" o "El Hombre equivocado". Luego aparecería el color y en sus obras más refinadas encontramos "La Llamada fatal", "La Ventana indiscreta", "El hombre que sabía demasiado", "Cortina rasgada", "Los Pájaros", "Intriga Internacional" o "Marnie", por citar sólo algunas, descontando esa obra maestra que figura entre las 10 mejores del cine que fue "Vértigo". Cada uno de estos hitos permanecen indelebles en la memoria de cada cinéfilo.
Hichcock hablaba de un cine universal, él pretendía que reaccionaran igual ante una emoción o frente a una cuota de suspenso igual en Japón que en la India, y al parecer creemos que lo logró. Luego viene su diferenciación entre lo que es sorpresa y suspenso. La sorpresa es algo imprevisto, nos explica, mientras que el suspenso no necesita ser algo siniestro por excelencia. En la película "Vida Fácil" ("Easy Virtue") la chica le dice a su enamorado que le dará el sí luego de pensarlo, esa misma tarde. Lo que filma Hitch es la cara de la telefonista, intrigada en la declaración amorosa de la pareja, que pasa de serio desconcierto a una cara eufórica de alegría. Con un solo plano Hitchcock sabe resolver una situación de tensión. Para otras películas necesitará muchos más, como el caso del asesinato en la ducha de "Psicosis" en que debió montar más de 70 planos para tres minutos de horror. La lección en el libro es mucho más jugosa: supongamos que usted y yo estamos sentados a la mesa de un café y de pronto estalla una bomba y todo vuela por los aires, eso es sorpresa, susto. Pero si estamos ante la misma mesa y una cámara advierte que hay una bomba debajo de la mesa y que va a estallar dentro de 5 minutos y nosotros seguimos charlando como si nada. Plano a la bomba, quedan 4 minutos. Seguimos conversando. Ahora faltan 3. No la advertimos y continuamos en lo nuestro. Ahora 2... Ahí se produce la tensión y la sensación de suspenso.
En fin, que de esta conversación mutilada que abarca los 80 minutos de la película más aclaraciones en off en la voz de Bob Balaban más los comentarios de los directores, concluimos que "Hitchcock/Truffaut" es una película dedicada al aprendizaje, a un viaje de iniciación por los mundos de ambos directores (también se ven algunas escenas del cine de Truffaut). La recomiendo fervorosamente. La pueden bajar del U Torrent o del Emule (que son los servidores con que me manejo yo, pero estarán en muchos más) y disfrutarla cómodamente en su televisor. No la dejen pasar, me lo van a agradecer.
Y gracias por leerme otra vez nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 18 de enero de 2017

Mi crítica de "Wunderkinstz, el Encuentro" (Teatro musical)


Dado a que Teatrix está estrenando una tras otra sin parar, a veces se le filtran bodrios mayúsculos, como este, pergeñado por un autor muy joven (podría decir, casi adolescente), que es responsable del libro, la música y las letras de las canciones que cantan los niñitos. Se le perdona por su juventud, pero la propuesta peca de cierta inocencia... todo está dicho en un tono muy dulce (casi empalagoso) y acaramelado, su trato con los chicos, cuando se sienta al piano y cuando cuelga los presuntos mensajes de paz de los infantes.
El responsable de esto se llama Ezekiel Elhim y es políglota, no sólo habla muy bien el castellano y el inglés sino también chapurrea en portugués, idish o griego sin que se le mueva un pelo. Pero ¿es esto una obra de teatro o un simple recital de chicos de varias nacionalidades? ¿Cuál es el conflicto? Ah, sí, que hay un árbol de la paz en cierto bosque, el álamo de las virtudes, cuyo frasco, que era el corazón se ha roto, y sólo lo pueden salvar los buenos deseos de los niños... ¡¡¡Ayyyyy... qué lindo...!!! Todos los chicos que se presentan a cantar son buenos y dejan su mensaje esperanzador, no importa qué cultura, raza o religión tengan, todos hermanados.
Pero pensemos un poco lo que descubrió Freud, que no son buenos los niños por naturaleza, sino que más bien tienden hacia el egoísmo y la maldad y que sólo la socialización y la cultura los pueden encauzar. Se ve que todos estos impúberes fueron bien socializados porque son a cada uno más bueno que el anterior. Y si pensamos que el mundo actual no está diseñado para que los niños tengan una buena sobrevida, si pensamos que más de la mitad de los niños son pobres, y que más de la mitad de los pobres son niños, no estamos en el mejor de los mundos. Pero claro, todo se resuelve llenando el teatro Gran Rex con un musical para chicos, al que casualmente no concurren chicos sino los padres babosos de éstos, como dijimos antes, de todas las culturas, razas y religiones. Todos hermanados... ¡¡¡Ay, qué lindo...!!! Pero bueno, son los buenos deseos de un joven (inexperto) y eso es lo valioso. Ezekiel comparte constantemente escenario con sus chicuelos y hasta es amenazado por tres matones que le dicen que el mundo no es tan bello, que se una a ellos... pero después nos damos cuenta de que tampoco eran tan malos.
Por el escenario desfilan canciones de varios países y sus pequeños intérpretes, los que sí son una revelación y se comportan con soltura y "cancherismo" a la hora de cantar y actuar. Comienza con un número musical conjunto: "Con luz de niño", en el cual intervienen todos los chicos y hay un coro y un cuerpo de baile integrado por... niños. Enseguida arremete un tanguero, Juan José Greco, con "Che, vos... tango mío", que no debe tener más de 7 años y se comporta como todo un "arrabalero".
Mención aparte es para el dúo de payasos... ¿por qué tienen que ser tan estúpidos y hablar con sonidos guturales? Son malísimos, pero el público, conforme con todo, los aplaude. (Vayan mis respetos para los payasos del "Cirque du Soleil" que son los únicos que me hacen reír en el mundo de los clowns.
Después seguimos por Estados Unidos, con "Un ángel llamado mamá" (My mom, my angel), por Izzy Shiff que canta mitad en su idioma mitad en castellano, como todos los que la seguirán. Aparece en escena el ángel de la mamá, que parece que está pujando en labores de parto para tratar de infundir emoción a su personaje (Veanlá sino).
Sigue un representante de África, Ifemayi Obi, con "Piel de ébano" (Ika o do'gba) muy al tono para la ocasión. ¡Tiemblen, padres y chicos! Llegó "Viva la pizza, Viva Italia" (Tarantella della mozzarella), por Carla Giblisco, donde lo peor que se puede esperar... se hace verdad. Un horror, vean. Encima con reparto de pizza por los payasos...
Sigue Israel, con "Mi plegaria de Shabbat", por la niña Ofir Elbaz, quien no puede mantener su kipá sobre la cabeza (me parece que esta es del Once). Continuamos por Brasil, con "Samba, mi nombre" (Vozes de rua), por la niña Manú Paisce, que por su acento me parece que es más argentina que brasileña. Seguimos con "El siviaki de Ícaro" por el griego de Paternal Konstantinos Chrysostámou (To ovptaki tov' Ikapov). Sigue el chinito Chenle Zhong, que mientras dejó atendiendo el supermercado por sus padres, canta "El romance del dragón".
Es el turno ahora para una bella representante de la comunidad azteca, Janneth Becerra, con "Encanto azteca". Y para terminar el recorrido por el mundo, finalizamos en Australia con Chloe Marlow y "Un sueño de eucalipto" (Sautry of the woods), que se anima a hacer unos pasos de tap lo cual es aplaudido por todo el mundo como a la niña "mona" prodigio (hace tres pasitos). Termina cantando Ezekiel frente a los matones "Me miran raro", pero lo disculpan enseguida.
El final es con todos los niños de probeta (quise decir de promesa) cantando "Un mundo sin fronteras" y "Con amor se puede". Yo digo, todo muy lindo ¿no?, pero mientras haya chicos que empuñan armas para matar a otros chicos como sucede en tantas guerras nuestras, o un Brian que dispare en la cabeza de otro Brian, el futuro no está asegurado por nadie. Sigamos cantando y pensando que todos los niños son buenos y angelicales. Y así nos va...
Lamento decirlo, pero el futuro, por el momento, no es de nadie...
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).