jueves, 8 de febrero de 2018

Mi crítica de "Asesinato en el Expreso de Oriente" (Cine)

Hola, con una temperatura de casi 40° de sensación térmica me dispongo a hacer la crítica de esta película que vi ayer. Las adaptaciones de la obra de Ágatha Christie son siempre un lujo. La reina del misterio no escribía nunca sobre gente pobre sino sobre lo más alto de la sociedad, razón por la cual sus escenarios eran siempre lujosos y deslumbrantes, como este que nos ocupa ahora: a bordo del mismísimo Expreso de Oriente. Si bien ya se había filmado una versión anterior a esta, en 1974, a mi gusto la mejor y definitiva, dirigida por Sidney Lumet (la actual lleva la firma y la actuación protagónica de Kenneth Brannagh), con Albert Finney en una labor consagratoria como el detective belga Hércules Poirot (la minuciosidad de su interpretación, con una sutil ironía roza la perfección, aventajando mucho a la de Brannagh). La veta cómica que trasuntaba la versión anterior ha dejado paso a la solemnidad del actor shakespearano, incluso la música de antaño era mucho más zumbona que la más cargada y melancólica de la actual.
Pero vayamos a la película que nos compete. Todo comienza en Jerusalem, en el Muro de los Lamentos, donde un cura, un rabino y un imán son acusados de haber robado un importante joyero de una de las iglesias. Pero Poirot está allí para dar su veredicto, y en el mismo Muro, sentencia que el responsable es el Jefe de Policía. El cual resulta ser el verdadero ladrón, por supuesto. Acto seguido y por iniciativa de su amigo Bouc, el Gerente del Expreso de Oriente, logrará embarcarse en tan lujoso tren. Todo allí es pompa y boato: las bebidas, la comida, las mesas, los camarotes, la platería, los comensales... Pero de quienes tenemos que hablar es de los 13 pasajeros que viajan a bordo del coche en donde viaja Poirot. Uno de ellos debe morir, como es usual en estos who'd unit, como los designara Hitchcock, una historia donde el único suspenso consiste en saber quién lo hizo, y por eso desdeñaba tanto el maestro inglés  a las obras de su compatriota Christie (que por lo demás a mí me fascinan, tanto como las de HItchcock). El que resulta asesinado es un tipo hosco, huraño, desagradable, que tenía varias amenazas en su haber y se dedicaba a la compraventa de arte, el Sr. Ratchett (brillante actuación de Johnny Depp). Este pide a Poirot que le cuide las espaldas porque se sabe en peligro, pero Poirot, al intuir que no era un sujeto honesto, rechaza ese ofrecimiento, que por otra parte venía con una cantidad interesante de dinero adosada. Bueno, la cosa es que lo matan a Ratchett, de doce puñaladas, con su camarote cerrado por dentro y dejando una decena de pistas para desorientar. Quien haya visto la versión anterior, o leído el libro o visto la serie para la TV que hizo David Suchet ya sabrá quien es el (o los) asesino. Pero por bien de quienes permanezcan en la incultura, no lo voy a revelar acá.
Hay, sí, un gran trabajo de dirección. Todos los actores están perfectamente marcados, las cámaras cumplen un papel fundamental en la historia y se ha puesto la narración al servicio de los personajes. La cámara recorre ese tren de arriba abajo y se desplaza en sentido vertical en alguna escena desde el exterior nevado. Igualmente toma la acción en picado absoluto (desde arriba) cuando se descubre el cadáver, para que no podamos verlo ni ensuciarnos con sangre ajena ni efectos macabros. Siempre está atenta en remarcar la personalidad de cada uno de los 12 sospechosos con su movimiento o encuadre. En un momento en que se plantea la falsa identidad de un estudioso alemán que resulta ser un detective disfrazado, la cámara lo toma desde los vidrios trifáscicos, como remarcando la doble personalidad del personaje. Falla un poco al enfocar al tren desde afuera enclavado en esa nieve indiscreta que lo vino a detener a mitad  de camino, porque vemos la falsedad del tren y su representación en una maqueta, cuando por momentos parece también hecho por computación tridimensional. En una de las escenas finales toma a los 12 sospechosos sentados a una larga mesa, semejando a los 12 apóstoles y su simbología en el cuadro de DaVinci "La última cena", muy de acuerdo a la trama del relato.
El personaje de Poirot debe ser un reto para cualquier actor por ser un individuo ya emblemático, que riza la ridiculez con la perspicacia, la extravagancia con sus brillantes "células grises" y sus deducciones. Hasta ahora lo he visto interpretado brillantemente por tres actores: el mencionado Finney; por Peter Ustinov y en la serie inglesa por David Suchet, serie que duró siete temporadas. Ahora lo veo por Kenneth Brannagh, de aspecto más normal, a no ser por su célebre mostacho. Es un compendio de sabiduría y de inteligencia sumado a un andar chaplinesco y un moñito inusual. La fecha imprecisa en la que vive este personaje debe estar entre 1920 o 1940 por los datos que la modernidad nos proporciona, y nunca revelada.
Entre los viajeros está una avejentada Sra. Hubbard (Michel Pfeiffer), tan histriónica como su papel lo requiere, una anciana princesa rusa a cargo de la siempre exacta Judi Dench, un profesor alemán de la mano de William Dafoe (en otro trabajo impecable) y una misionera española, Pilar Estravados, interpretada por Penélope Cruz (el nombre Pilar Estravados está interpolado acá de otra novela de Ágatha Christie: "Navidades Trágicas", ya que corresponde a una española, para suplantar el rol de misionera sueca de la novela original), lo cual debió constituirse en un papel decisivo para Penélope ya que tuvo que competir con el recuerdo de una perfecta Ingrid Bergman (en la versión del '74) con el cual ganó su tercer Oscar, acá como actriz de reparto (que fue casi su última actuación de su vida). Los elencos de las películas basadas en Ágatha Christie son también otro lujo, ya que cuenta casi siempre con interpretaciones perfectas y con elencos de excepción (basta recordar el nombre de algunas de las figuras convocadas para la versión antigua: los ya mencionados Finney y Bergman, más Laureen Bacall, Sean Connery, Vanessa Redgrave, Michael York, John Guielgud, Anthony Perkins, Jacqueline Bisset y Richard Widmarck, entre otros). Acá el elenco no es tan notable si bien todos están excelentes en sus papeles. Es como exclama Poirot cuando deduce la verdad, azorado por su descubrimiento: "Hasta ahora estaba el Bien y el Mal, ahora están ustedes". La escena final, cuando la cámara recorre todo el largo pasillo del Expreso, junto a la marcha de despedida de Poirot, denota toda la melancolía que puebla este relato. Debemos sumar que acá Poirot recuerda un amor de juventud que parece que es lo que lo ha dejado marcado como para no acercarse nunca más al amor, sólo su mundo pertenece a la inteligencia y a las deducciones criminales.
Hay también dos principales sospechosos; el sr. Márquez y el Dr. Arbutnoth,, el primero por tratarse de un sudamericano y el segundo por ser negro. Así que instalamos en la historia también el tema de los prejuicios sean poro raza o nacionalidad. Brannagh no quiso dejar de lado a la xenofobia. Bueno, en resumen, no es la mejor de las versiones de Ágatha Crhistie ni hace mucho honor a ella, pero es una película de intriga que se deja ver y que tiene un final inesperado, así que la recomiendo para los que no hayan visto la anterior adaptación, y para quienes la vieron y quieren ver un material nuevo en su enfoque, pues acá está este nuevo "Asesinato en el Expreso de Oriente". Bienvenido sea.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 5 de febrero de 2018

Mi crítica de "La Madre que los Parió" (Teatro)


Y sí, me toca criticar este engendro de obra, que nos propuso Teatrix para comenzar el mes de febrero. Digamos en primer lugar que la autoría corresponde a  Juan Paya, quien nos había dado una buena sorpresa temporadas atrás con "Chicos Católicos", y que la dirección corre por cuenta de Héctor Díaz, a quien yo consideraba un tipo correcto, buen actor y hasta sensible. Pero todos los méritos de ambos quedaron opacados con esta especie de estudiantina (sí, porque parece una obra preparada a las apuradas para el día del estudiante por un retazo de ídem, aunque debo confesar que nuestras presentaciones eran mucho mejor que esto y por mucho más elegantes). Ya el título me resultaba incómodo, pero confiaba que el contenido fuese mejor, ya que se proclamaba como "un canto a la amistad".
Ya el comienzo es dificultoso, pues empiezan todos cantando la canción principal de la obra que dice todo el tiempo: "La madre que los parió... la madre que los parió..." como única e ingeniosa letra. Después nos encontramos con un narrador, en casa del cual se desarrolla la acción, Dennis, con aspecto de gay o de "new age", muy afectado y sensible. Y pasa a presentar a sus amigos, (son "el Grupo de los 6"): Mike ("Wachowsky", llamado así por el personaje de "Monster Inc.", el "gordo"); David (el "perrito alzado"); Bruce (el de la "papa en la boca"), Brian (el "villero") y Ricky (el jugador de Racing con muletas por una herida en la pierna). La anécdota es mínima. La noche anterior se celebró una fiesta en esa casa, de la que participaron todos, más chicas invitadas, y alguien rompió el "cáliz sagrado", copa en la que se sirvieron el primer fernet los 6 cuando hace 8 años se conocieron en Córdoba, y en dónde se servían siempre dicha bebida. El argumento será la pesquisa "legal" de quién fue el autor de tal rotura. Saber quién fue poco agrega a la obra y en verdad no me importa un pito. Mi estado de ánimo al ver la obra fue de una total apatía combinada con el desagrado y de mirar el "timming" a ver cuándo terminaba. Es tan vulgar, tan chabacana, con esa música de cumbia insertada a cada momento que da náuseas. Las palabrotas están a la orden del día y no comprendo por qué el público ríe frenéticamente y aplaude cuando se dicen las más gruesas. Es un ambiente de cancha de fútbol que ni me atrevo a definir como "prostibulario". El "villero" es ese personaje desagradable que es quien más groserías dice y a quién le salen más fácil. Pero nadie se queda corto. Durante la "pesquisa" todos se travisten usando pelucas con las cuales adoptan los personajes de chicas de la fiesta, que no se quedan atrás con las groserías.
No sé, será que soy un desubicado, que ahora los cánones de la amistad pasan por fiestas desenfrenadas y guarangas como esta, que a eso se le llama ser amigos hoy. No puedo menos que recordar mis reuniones de amigos del secundario... nos reuníamos a disfrutar de un momento, de una charla, nuestros temas iban desde el cine de autor hasta la filosofía, pasando por la música clásica y "Chespirito", por Woody Allen y Les Luthiers, todo sin desechar el mejor sentido del humor y las más divertidas ocurrencias. Nunca se nos hubiera ocurrido putear de la forma en que se hace en esta obra (aunque lo hacíamos, por qué no) Y hacíamos un verdadero culto a la amistad, al buen humor, a la inteligencia y a la cultura. Y me parece que no éramos jóvenes de "otra época". Aún cuando nos reunimos hoy (aunque la vida nos haya ido desperdigando por varios lares dispares) reina el ambiente distendido, de la cultura, la simpatía y la diversión. Es por eso que no entiendo los motivos que llevan a los amigos de esta obra a estar juntos, ya que todos son tan disímiles. Hasta a uno se le ocurre ir a acostarse con la madre del dueño de casa. Claro, la única forma de aceptar este despropósito es la forma de la comedia, pero una comedia que no hace honor a tantos títulos brillantes que pueblan la cartelera porteña y hacen reír con buenos méritos.
La comedia en sí es un género por demás difícil, ya es sabido que es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar, y debe tener una pericia especial tanto el dramaturgo como los actores que están arriba del escenario como quien los dirige. Y si esa pericia no aparece, si se vuelve en simple material bastardo, si se apela al mal gusto de la gente (que la hay, el público de ésta demuestra que todavía existe ese auditorio que se ríe con lo más bajo), se está deformando el género y el esfuerzo de tantos buenos artistas por ofrecer un producto digno. Shakespeare intentó comedia y tuvo mala suerte, así como Bergman, por lo general suele ser lo más aburrido de la producción de ambos. Es que hay gente que nació con el don y gente que no. La gente que no, debería apelar, en palabras de Bergman a "el silencio de Dios".
En resumen, no vale la pena hablar más de este producto olvidable y ni dignarse a mirarlo, aunque yo acá lo ponga a disposición del que lo quiera. Como canta Serrat "Cada loco con su tema, sobre gustos no hay disputas". Los dejo librados a su buena suerte. Después no digan que no les avisé...
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

martes, 30 de enero de 2018

Mi crítica de "Present Laughter" ("Risa Presente"- Teatro- Broadway)


Noel Coward sigue siendo el prototipo de comediante que puede combinar una bata con el moño del smocking: así de refinadas son sus comedias y a pesar del tiempo que llevan escritas siguen surtiendo el mismo efecto reidero en el público. Esta que nos convoca hoy ha sido presentada recientemente por Teatrix y  es una gran actuación de Kevin Kline al frente de un elenco igualmente solvente. No hay nadie que desentone en esta decena de actores, todos cumplen con el cometido máximo de todo actor: hacer reír, provocar la carcajada. Como decía el gran Nietzsche: "¡Y que sea falsa para nosotros toda verdad en la que no haya habido al menos una carcajada!" Esta obra, Coward la escribió en 1939, antes de que estallara la Guerra y la estrenó recién en 1942, a pedido de Churchil para cumplir con su labor en la contienda: hacer reír a los soldados. Y la escribió como una especie de autobiografía y hasta se animó a representarla él mismo en el momento de su estreno. Muchos otros actores la hicieron suya con gran éxito, entre ellos los grandes Albert Finney, Peter O'Toole, Simon Callow e Ian McKellen. Ahora se luce Kevin Kline en el papel de Garry Essendine, ese actor exitoso que parece que todo en su vida es actuación, todo es impostura, tonos de voz, algún parlamento de una obra aprendida, sentimientos vacíos y el nulo compromiso con cualquier carga afectiva. Es una obra con metatexto: porque estamos hablando de un actor que sobreactúa en el escenario, y para hacerlo más visible, el actor que lo interpreta, lo sobreactúa en la obra, mérito en este caso de Kline y de la mano magistral de Moritz von Stuelpnagel, que forzó su mano conductora allá por Broadway. Y movió los hilos para que todo este mundo de marionetas respondiese al milímetro en el plan urdido por el autor y por él para llevar a cabo tan costoso emprendimiento. Debo decir que no vi muchas obras de Noel Coward, tan sólo ésta y la que presentara Inés Estévez hace tres o cuatro temporadas en nuestros escenarios ("Otra forma de vida") la cual me aburrió mucho y me pareció francamente intolerable. Por eso estaba mal predispuesto para ver ésta, pero debo decir que me reí con ganas y me satisfizo por completo.
La trama gira en torno de un actor (Garry Essendine), petulante, artificioso, grandilocuente, aparatoso y muy seductor e insoportable a la vez, que está por dejar un éxito de cartel para emprender una gira por África con la módica cantidad de seis obras. Pasará de todo en esos días previos, lo que lo llevará a un autoexamen de conciencia y a empezar a dejar caer caretas y poner la verdad sobre el tapete. La obra comienza con una veinteañera, Daphne Stillington (Tedra Millan), quien sale a la mañana en pijama de la pieza de huéspedes, después de haber pasado la noche con Garry quien le juró amor eterno como quien recita el padrenuestro. Ella está perdidamente enamorada de él, pero este la manda de vuelta a su casa. Para controlarlo y censurarlo está su cohorte de secretaria, Mónica (Kristie Nielsen), su mucama alemana que parece haber sido la sirvienta de Hitler, Srta Erikson (Ellen Harvey, genial), su mayordomo Fred (Matt Bittner) y su ex esposa Liz (Kate Burton). Todos ellos allí para marcarle su actuación y vanidad en la vida tanto como sobre el escenario. Pero se rumorea que Joanna (Cobrie Sinuldess), esposa del productor de Garry, Henry (Peter Francis James), lo engaña con su director, Morris (Reg Rogers) y es su ex esposa quien tratará de sacarle de mentira verdad a Morris y que confiese todo. Todos detestan a Joanna porque la consideran una seductora trepadora que no se detendrá por nada por acumular poder. Lo que nadie sabe es que una noche que fingirá haber perdido las llaves de su casa, se presentará en la mansión de Garry para seducirlo a él, aprovechando que su esposo está de viaje, diciéndole que él es su único amor de verdad y que se casó con Henry para poder llegar a él. Por supuesto pasarán la noche juntos y Garry le jurará amor eterno y le dirá que es la mujer de su vida, cuando momentos antes se detestaban y no podían soportarse el uno al otro. Es ya tradicional cómo falsean los actores (hago mea culpa, los hombres en general) sus sentimientos con tal de acostarse con una chica linda (somos capaces del mayor de los piropos o elogios por recibir los favores en la cama de una mujer... somos una basura, en fin...) (Como si las mujeres no lo hicieran también... ya parezco los Pimpinela a esta altura).
Pero sigamos con la historia, todo se complica cuando llega Mónica a su trabajo, la Srta Erikson y el bueno de Fred... y la ex esposa de Garry quien no puede creer que Joanna haya dormido con él, sabiendo que es la mujer de su amigo y que en verdad le tenía bronca. Hay más, un joven autor de nombre Maule, interpretado por un indio, Bavesh Patel, que es uno de los grandes hallazgos de la obra. Con una carga de locura inusitada y gran fanatismo por Garry, viene a ponerlo en su lugar ofreciéndole su obra para que él la interprete, cosa que éste rechaza por ser una obra deficiente. Pero Maule le dice que el escribe para el teatro del futuro, que Garry está acostumbrado a hacer obras mediocres pero comerciales, que le han llenado de fama y de dinero pero que no sabe apreciar los valores de un buen texto. Garry también se defiende, diciéndole que empiece de abajo, que escriba veinte obras y que cuando la número veintiuno sea representada todas las noches en un teatro venga a convocarlo. Esto lleva al paroxismo de la locura y la admiración a Maule que no se amedrenta por tocarle el timbre cuantas veces crea necesario y hasta de sacar pasaje para acompañarlo en su gira por África. No es el único que lo hace. También Daphne, que se ha presentado de nuevo en casa de Garry, ahora como la aspirante a actriz, sobrina de la benefactora  sra. Saltburn para captar su atención, ha decidido acompañarlo a África y ofrecerle amor incondicional. Garry, con sus casi 47 años desperdicia la oportunidad de aceptarla y prefiere la soledad a una compañía que no necesita. También Joanna se ha ofrecido a acompañarlo en su viaje y finalmente, Liz, su ex esposa. La última hora de comedia es un desquicio de timbres que suenan, personajes que se acumulan en la sala de Garry, confusiones, arrebatos, confesiones varias y caídas del pedestal de varios santos. Uno no puede dejar de reírse con ganas con ese juego de puertas del más franco vaudeville francés y corridas y desencuentros y escondidas varias. Tiene muy buen ritmo esta producción y si bien todos los trabajos son excelentes, descuella por sobre todos la labor de un Kevin Kline cada día más sabio y más entendido de su profesión (desde su labor en "La decisión de Sophie" -1982- hasta la fecha, nunca ha defraudado, y es uno de los grandes del cine y del teatro norteamericanos). El final no provocará menores carcajadas, siempre abriendo una puerta para algo distinto en la vida de Garry. Repetimos, es una obra a la que no le pasó el tiempo, y que si bien se debe haber aggiornado un poco, se puede ver con beneplácito durante los 138 minutos que dura la exhibición. Les recuerdo para los que quieran verla, que cliqueando en el "Ver Obra" pueden acceder a la obra completa.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

domingo, 28 de enero de 2018

Mi critica de "La Rueda Maravillosa" (Cine-Woody Allen)

Mi crítica de la última de Woody Allen no se aleja ni del asombro ni del lugar común. Explico. Woody  parece afianzado desde hace un montón de años en un territorio al que prefiere: el drama por sobre la comedia. Pero resulta que él era excepcional para transitar por aquellos guiones disparatados, de rápida contestación, altamente efectivos y muy cómicos, en donde se notaba que estaba su veta artística, que se movía como pez en el agua y que no le costaba ningún esfuerzo. Pero siempre consideró, como género, a la tragedia como superior a la comedia. Por eso en estos últimos años no hizo ningún esfuerzo y se limitó a plantear, no sin cierta imaginación, dramas familiares con los que parece que eleva la vara. Y mi grado de acercamiento al lugar común es porque ya no produce asombro en su público, ya no resulta nuevo ni remozado el material que nos presenta. Por eso es que "La Rueda Maravillosa", si bien presenta una vuelta de tuerca más sobre las relaciones afectivas puede tener mucha semejanza a su última "Blue Jasmin" o a la memorable "Crímenes y Pecados". Si bien ya se corrió un poco de su tan transitado crimen perfecto y nunca descubierto, los entramados de romances y engaños que nos presenta, tampoco son nuevos.
La acción transcurre en un parque de diversiones del Coney Island, igual que 40 años atrás situaba el comienzo de la maravillosa "Annie Hall" (1977), como su propia biografía de un niño que había nacido y criado bajo la montaña rusa del Coney Island, lo que determinaba su carácter como un poco nervioso. Ahora todo es diferente, si bien hay un chico, el hijo de Ginny (la maravillosa Kate Winslet), Ritchie, que es piromaníaco, le gusta provocar incendios, única nota que bien mirada puede ser el efecto cómico de la película. El matrimonio formado por Ginny y Humpty Javelin (Jim Belushi) vive en esa feria de diversiones del Coney Island, y mientras él es el propietario de la calesita, ella padece sirviendo mesas en un restaurante instalado allí mismo. Los caracteres de ambos no son nuevos para los seguidores de Woody: él es un tipo desagradable y violento (por ratos tierno) que no desentona mucho con el marido de Cecilia en "La Rosa Púrpura de El Cairo"; ella es una neurótica consumidora de aspirinas y psicofármacos a quien le duele la cabeza constantemente y está de mal humor, y como si fuera poco tiene su botellita de whisky siempre a mano. Ellos fueron la segunda elección romántica para ambos, mientras ella engañaba a su primer marido quien la amaba de verdad y decidió alejarse y dejarla con un hijo, Humpty es viudo de su primera esposa la que le dejó una hija, Carolina (Juno Temple), que aparece después de cinco años de no hablarse con su padre cuando empieza la trama. Sucede que viene huyendo de los gángsters que mataron a su marido, Frank Adano, y que como ella contó cosas jugosas a la policía, ahora vienen por ella. Y no tiene mejor idea que unirse a la familia de su padre.
El comienzo de la película marca un quiebre con toda la producción anterior de Woody Allen, nos sitúa en un lugar de playas, a pleno sol (ya sabemos que él odia filmar con sol, apareciendo en sus films sólo días nublados de otoño o invierno) y en pleno verano. Allí conocemos al cuarto personaje de la historia y principal motivo de discordia entre las dos mujeres: Mickey Rulin (Justin Timberlake), un "salvavidas" (atención a esta palabra porque la ejercerá en más de una función) de playa con aspiraciones a dramaturgo, quien decide narrar todo lo que vemos, incluyéndose como personaje de esta "telenovela". Tiene un romance con Ginny (que ha cumplido los 40, cuando él no la alcanza ni remotamente), a quien le promete rescatarla de su marido violento, del que Ginny aprendiera todo lo que "no" es el amor, llevarla a conocer tierras exóticas y darle una vida de ensueño. Estamos a mediados de la década de los 50 pero los romances extramatrimoniales ya venían bien aceitados para entonces. Con Mickey Ginny conoce efectivamente todo lo que es el amor y se hace ilusiones de una vida mejor.
Pero aparece Carolina en su vida, y mientras aprende el oficio de camarera junto a ella, se dedica a tomar clases en la escuela nocturna para profesora de inglés con el dinero que su padre ahorra para ella. Y se mete en la vida de Mickey, a quién deslumbra con su juventud y belleza. Tiene 26 años contra los 40 de Ginny. Un apartado merece expresar la tristeza de ver tan desgastada a Kate Winslet, quien supo ser una belleza de otrora. Todos la recordarán como la "chica de Titánic", pero también fue bella en otras películas como "Criaturas Celestiales", "Sensatez y Sentimientos", "Jude", "Humo Sagrado" y "Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos", por nombrar sólo unas pocas. Acá está muy avejentada (no sabemos si es por el papel o porque verdaderamente está así), recordemos que este fue el primer nombre que se barajó para "Match Point", reemplazándola Scarlett Johansson, porque para ese momento había sido mamá. Pero volvamos a nuestra película. Aparece Carolina y le mueve el piso al tunante de Mickey quien se demuestra enamorado de ella. Acá podemos hacer una comparación con "Disparos sobre Broadway", ya que él reconoce que a él le tocó vivir en un mundo de letras mientras que ella vivió la vida con intensidad al estar casada con un mafioso que le hizo dar la vuelta al mundo y frecuentar los lugares más caros, plena de emociones y de sensaciones, como el autor y el gángster/autor de esa película también de Woody de 1994.
Finalmente plantará a Ginny logrando que esta se descontrole y hasta piense en el suicidio. Pero llega el momento en que los gángsters vienen a por Carolina, y ella se encuentra en una encrucijada donde decidirá por su propio revanchismo y sus celos, llevando todo al peor de los resultados. "Somos los constructores de las decisiones que tomamos en nuestra vida", decía el profesor Levy en el final de "Crímenes y Pecados" (1989). Así será el final amargo de esta amarga película de un hombre que en otros momentos de su vida nos hacía partir a carcajadas con una frase salida de su propia inteligencia.
Un capítulo aparte debemos dedicar a los decorados de Santo Loquasto (viejo seguidor de Woody), de quien dice Ginny al principio de la película que anteriormente su casa fue un circo, al que debió remodelar. Esto define bien lo que hubiese sido la película en otro momento. Porque con el entramado amoroso y los engaños y contrastes, bien hubiese dado para un circo de tres pistas. La magnífica dirección de fotografía de Vittorio Storaro, aquel mítico iluminador de Bertolucci y de tantos grandes de la cinematografía italiana, hace un verdadero disfrute de cada escena, tanto las soleadas y saturadas de playa como las interiores, siendo destacada aquella del interior del auto en una tarde lluviosa, ya que da el toque justo de esa resolana húmeda que impregna el ambiente. Es otra de las innovaciones de Woody, un hombre que no se cansa de probar cosas nuevas, a sus jóvenes 82 años, siempre listo para la acción. Por lo tanto, el film no me decepcionó, pero tampoco me provocó gran entusiasmo. Tal vez con el paso de los días lo revalorice.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 27 de enero de 2018

Mi crítica de "Abalou Bangú 2-La Fiesta" (Teatro-Brasileño)


No sé, francamente cómo hay quien soporte esta obra. Y Teatrix tuvo la bondad de presentarnos, bajo la producción brasileña "Cennarium" esta berretada. Digamos en principio que parece ser la segunda parte de un éxito anterior, ya que esta se llama "Abalou Bangú 2-La Fiesta", lo que nos hace sospechar tremendamente que hubo una "Abalou Bangú" primordial, que llenó de plata a los bolsillos de su productor y exigió una segunda parte que, como sabemos, nunca fueron buenas (con la excepción de "El Padrino 2"). Esta obra pertenece en texto y dirección a Flávio Marinho y está grabada en el Teatro dos Quatro, en Río de Janeiro en el 2011. Parece que el público de Río es mucho más participativo, pues festeja cada embiste de este desastre con sonoras carcajadas y el saludo final con amplios aplausos y hasta chiflidos de placer. Ya me parecía a mí que el público de Brasil está muy alejado con el teatro de verdad.
Esta es una comedia delirante, todo el tiempo gritada a los límites aceptables para el oído humano y muy sobreactuada, lo que convierte el producto en "una" de Sofovich o de Enrique Carreras. Se me dirá que "Esperando la Carroza" también está gritada y sobreactuada, pero es que allí nos encontramos en el teatro del grotesco, y esto de grotesco no tiene nada salvo sus características exteriores. La trama presenta a una pareja que cumple sus 40 años de casados, María Elvira (Cristina Pereira, insufrible) y Mauricio Octavio (Paulo Goubart, insoportable) y que ante la ausencia de sus cuarenta invitados por un brote de gripe, deben festejarlo sólo con la pareja de vecinos gay, Carlos y Silvio (Renato Rabelo y Luciano Borges), tan afectados como ellos, aunque en un tono un poco más decente. Y esa es la síntesis de la obra. Porque medular, no hay nada más. No hay nada que nos permita hacernos preguntas, salvo ¿cómo se soporta una pareja así durante 40 años? Respuesta: Porque son iguales. Hay sí una moralina sobre el final de la obra sobre el amor conyugal, y qué sería el uno sin el otro y que si muriera uno el otro debería morirse inmediatamente. Y frente al matrimonio compuesto por los dos hombres se reflexiona que cada uno elige su propia familia y la arma según sus posibilidades y sus circunstancias, y que los gays pueden ser tan buenos esposos y padres (están planeando en alquilar un vientre para combinar sus espermas y tener un hijo propio) como cualquier pareja heterosexual. Ah, qué alivio saber todo esto. Realmente, después de los amores homosexuales de Sócrates y Platón, no se había descubierto en el mundo una verdad tan reveladora como esta.
Pero ¿por qué tiene que ser todo gritado y actuado como si estuvieran haciéndolo para millones en un estadio de fútbol? No le encuentro explicación posible, salvo que el autor y director estaba un poco fumado con esos porros que fuman los gays y convidan a María Elvira, que los hace pasar de rosca y reírse de todo con la naturalidad de quien se ríe de un chiste bien contado, sólo que exacerbada por los efectos de la marihuana a gran escala. Y el público también debe haber consumido lo mismo, porque reírse de este despropósito habla muy mal de la cabeza de los brasileños. Es cierto que hay un montón de chistes para el consumo interno y de actualidad, como decir que están gobernados por una guerrillera, refiriéndose a Dilma, o aquel chiste de las copas que venían con la revista "Caras". Los demás chistes son indescifrables para mí, que no estoy empapado de las minucias brasileñas. Sólo nos enteramos que  Bangú es un barrio, al parecer de baja categoría, de donde proceden estos personajes ahora instalados en Copacabana en un piso de lujo del que son muy caras las expensas. Carlos se lo hace notar a cada rato a Mauricio Octavio, a la sazón, administrador del edificio.
Sabemos también que Copacabana se ha convertido en un lugar inseguro, de acuerdo al robo que sufre María Elvira al principio de la obra y que el pillaje y el raterío son moneda corriente en ese punto de nuestros vecinos latinoamericanos. El matrimonio formado por María Elvira y Mauricio Octavio tiene un hijo, Felipe, casado con una tal Monique ("es nombre de travesti", declara abiertamente María Elvira), quien lo lleva de las narices y que por una gripe de ella, él no concurrirá a la fiesta de aniversario de sus padres. Felipe es un pollerudo sin más ni más, y así lo hacen ver sus padres cada vez que mencionan a su "querida" nuera. Así, la lista de cuarenta invitados se completa con todos los "muertos vivos" parientes de la rama de María Elvira, sin dejar decidir a su marido a quien quiera invitar. Él se decanta por Judith, una prima de su esposa que según dice es hermosa, porque fue tercer finalista "Miss Bangú 1968", aunque su esposa se refiera a ella como "prostituta". Es también de remarcar que María Elvira estuvo ese mismo año entre las quince finalistas del "Miss Bangú" y que cuando se le preguntó qué esperaba del mundo ella contestó "la paz mundial"... Así de superficiales son los pensamientos de María Elvira (que en su momento supieron conquistar a Mauricio), y así de superficial es la obra toda. Levanta un poco de vuelo cuando nos ponemos a examinar la conducta de la pareja de hombres, de los cuales uno es enfermero "diplomado" y el otro actor (no pasó de extra de teleteatros y  ha sido convocado para algún comercial). Es muy efectivo, sí, el paso de baile que entablan ellos dos en un momento y que arranca aplausos de la platea, sin haber agregado nada a la textura dramática de la obra.
Las actuaciones (lo repetimos) están al borde de lo exasperante. Cristina Pereira, con su kilos de más y su voz de cotorra ronda lo patético (no el personaje, sino la actriz) y Paulo Goubart no se conforma con gritar a la par sino que además pone caras de extraviado mental que hacen juego con lo deslucido de su papel. Los que salvan bastante la plata son los muchachos, que salvo, algún indicio de posesión demoníaca que los lleva al paroxismo, juegan casi decentemente su rol de homosexuales asumidos con su batir de palmas, sus genuflexiones y sus piquitos exabrúpticos, creando dos personajes entrañables dentro de tanto desborde. Lo demás es aire.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

jueves, 25 de enero de 2018

Mi crítica de "Popcorn" (Teatro-Brasileño)


Ahora Teatrix nos acerca esta comedia dramática salida de la pluma brasileña del autor Jo Bilac y dirigida por él mismo junto a Sandro Pomponent en el teatro Nair Bello, de San Pablo, en el 2014. El elenco de actores y actrices son cinco, pero no sé a qué personajes pertenecen pues no figuran en el programa y son francamente desconocidos para mí. Ellos son: Alessandra Colasanti, Mabel Cezar, Maria Maya, Ricardo Santos y Viniciús Ameiro.
Las preguntas que surgen de esta obra podrían ser: ¿Quién es el verdadero autor de una obra, el que la escribe o quien se apropia de ella, haciéndola suya al reescribirla?, ¿Hasta dónde llega la autoría cuando nos ponemos en manos de otra persona? y, más profundamente, ¿Cuál es el origen de una ficción? ¿Sirven los materiales "caseros" para inspirarse o hay que darle una vuelta de tuerca para enriquecerlos? A todo esto nos lleva "Popcorn" una obra que tiene bastante de comedia pero que al ser recibida muy fríamente por el público del teatro (faltan risas, entusiasmo, aplausos) nos contagia a nosotros, virtuales espectadores, esa apatía por lo que está pasando, hasta el punto de volverla "pesada". Debo reconocer que el público brasileño es muy mal público de teatro ya que no acompaña a sus actores con la devolución correspondiente (sólo se escuchan risas cuando el personaje que hace de la actriz, dice que se va a fumar un porro y saca de su cartera un kilo de "hierba" para prepararlo).
Hasta entrados los primeros cuarenta minutos no sabemos bien de qué va la obra. Si ya sabemos que hay una actriz que ha recibido un premio y que escucha palabras pronunciadas por otra actriz en iguales circunstancias, sabemos  que Marcia, hija adoptiva de Octavio y hermana de Marcos y cuñada de Roni, ha escrito un libro de éxito y que serán visitados por la actriz. Estos son básicamente los cinco personajes de la obra, hay otro que permanece en tinieblas, Media, que a la postre nos enteramos que es ex esposa de Marcos y que convive bajo el mismo techo con Marcia y su padre. Marcia ha sido adoptada de niña por Octavio y Leila, quienes no podían tener hijos, al tiempo Leila quedó embarazada de Marcos y a un tiempo más se tomó las de villadiego sin dar explicaciones ni a su marido ni a sus hijos. Sabemos también que Leila era actriz y que fue quien pronunció las emotivas palabras que a Saubara O'donnor (la actriz de telenovelas) le parece escuchar cuando recibe su premio.
El tema es el siguiente, Marcia escribió un libro llamado justamente "Popcorn" que cuenta la historia de su familia con algunos retoques (el padre pasó a convertirse de Octavio en Olivia y su hermano Marcos pasó a llamarse Borges, tal vez porque también escribe) y este libro ha sido comprado para llevarlo al cine con la actuación estelar de Saubara, quien hace suya la historia y se da el lujo de reescribir el libreto cambiándolo casi todo, el personaje central pasará a llamarse Alessandra y será quien reemplace al de Marta, protagónico del libro. Marcia, al ver destrozada su obra tiene un ataque de furia y retira a Saubara la potestad para encarar el proyecto. Pero la venta y contratación de los actores ya está hecha, así que es un caso perdido la rebeldía de Marcia.
Realmente Saubara no tiene ningún derecho a meterse con lo que Marcia estima una obra de arte y ella lo califica de simple "manual de autoayuda", tan disparatados son los retoques que piensa hacer, como la escena con la que se presenta en la casa de la familia. Ella llega llorando, completamente trastornada, diciendo que se había comprado un auto nuevo y toda la naturaleza empezó a apoderarse de ella mientras conducía, esa naturaleza se fue transformando hasta convertirse en toda Latinoamérica, luego los conflictos de Israel y Unión Soviética, hasta convertirse en el planeta mismo, el sistema solar y por fin la Vía Láctea, hasta que se detuvo porque había atropellado a un hombre y estaba rodeada por gente que la llamaba "asesina, asesina". Pareciera que se hubiese fumado un porro más grande que el ya enorme que se fumó en presencia de Octavio no bien comenzada la obra. Presa del llanto y la angustia... Pero no, es una actuación que ella ideó y que decidió incorporar al guión de la película sobre el libro de Marcia. Todos la aplauden muy conmovidos  menos la autora, que ve desvanecerse su poder de autoría en el aire.
Debemos decir que en la familia de Marcia todos escriben: ella ha dado como por casualidad con el éxito de este best-seller que era su primer intento con la literatura, su hermano es el escritor "serio" de la casa, con una infinidad de libros publicados y que ahora escribe uno que trata de la "energía oscura", y Octavio es columnista de un diario, ocupación que no le ha dado tiempo para leer el libro de su hija. Un libro es como un hijo, vaya si lo sabemos los que escribimos, y cada cual le pone y le saca lo que quiere, le da la forma, maneja los personajes y los materiales a su gusto, pinta conceptos, ideas e intuiciones (al decir de Kant), y que esta potestad de paternidad nos sea arrebatada por un mero interés comercial nos afecta profundamente. Más todavía si quien se apropia de nuestras ideas es una simple aprendiz, cuyo único mérito es ser actriz de teleteatros, que no conoce el oficio de guionista, nunca se ha asomado a un escenario ni a las cámaras del cine. Sin contar que en el libro de Marcia se hace mucha referencia a la palabra "origen" pero no en el sentido de la concepción sino en el de "original" (que sin embargo tienen una raíz en común y significados, si los rastreamos, más bien parecidos).
Otra confusión que se da es cuando Octavio le confiesa a Saubara que está casado desde hace 17 años con Hércules... sólo que Hércules es un perro que está llegando al final de su vida, ha perdido los dientes y deja toda la sala destrozada. Confusión que queda sin aclarar.
En principio, los personajes están bien delineados y bien adjudicados: Saubara, la actriz voluptuosa y exuberante, alta, corpulenta y muy maquillada, contrastando con el de la más pequeña Marcia, una mujer bien formada y bella pero sin atributos especiales, más bien una mujer común, de carácter tímido y reservado que no obstante sabe pelear como una leona cuando le tocan su "cría". Marcos está correcto, salvo que no sabe moverse en escena y hace movimientos muy poco armónicos (eso que tienen una asesora de coreografía, tema que en Brasil se le presta mucha más atención que acá) y la que sobresale es esa Roni, mujer joven, delgada, de ropas sensuales y minifalda corta y botitas, que dejan ver sus hermosas y largas piernas. Maleducada, deslenguada, atrevida, metida e inconveniente quien provoca la mayoría de los desmanes que se suceden en la relación Marcia-Saubara. Octavio no está del todo bien escogido, podría haber sido un poco mayor para acentuar la diferencia de edad con su hija, quien por momentos creíamos la esposa. Marcia tiene un ex esposo, Sergio, que no aparece en escena.
La obra nos deja a medias, si bien nos hace reflexionar, pero su material para la risa es insuficiente, o está maltratado por el público, como ya analizamos antes, pero se deja ver... si no caen en el sopor total antes de que expire su hora cuarenta. Y recuerden que pulsando el "Ver Obra" pueden acceder a ella.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

domingo, 21 de enero de 2018

Mi crítica de "Voley" (Cine-2014)

Extraño deporte el voley. Pareciera ser que es uno cuyas reglas son de lo más fáciles, se trata de poner la misma cantidad de gente de un lado y otro de la red y golpear la pelota con las manos para que el contrario la devuelva. No tiene nada de misterioso. Pare haciendo un paralelismo entre este juego y las relaciones sociales y enamoramiento entre personas el entrecruzamiento se complica más. Al máximo si tenemos en un microcosmos seis personas, dos varones y cuatro chicas, que se disputan entre sí, y que no jugarán tres contra tres, sino que parece ser todos contra todos. O todos gustando de todos.
Me interesaba conocer la obra del gran Martín Piroyansky (nacido en 1986) y sólo sabía que esta era su tercer película como director y guionista. Las anteriores, un corto, "No me ama" (2010) y otro largometraje "Abril en New York" (2012), la que nos ocupa aquí es del 2014. Y se nota que Piroyansky ha visto mucho NCA (Nueva Comedia Americana, pero también Nuevo Cine Argentino), porque conoce las reglas de uno y otro para explotarlas al máximo. Y si hasta ahora había sido un excelente comediante, como director da dos pasos adelante, manejando como pocos el género al que es más propicio: la comedia. Y digo que conoce la fórmula de la Nueva Comedia Americana porque recurre acá a un lenguaje poco académico, escenas escatológicas (sólo tres, por suerte) y los tópicos de la estudiantina estadounidense como fumarse un porro o aspirar cocaína y tener relaciones sexuales todos con todos, mostrando poco pero sugiriendo mucho más.
Aquí, Piroyansky se guarda el papel de antihéroe que lo caracterizó en tantas películas y logra su objetivo, que es acostarse con la mayor cantidad de chicas posibles. Él es Nico, propietario (en realidad lo son sus abuelos) de una casita en pleno Tigre, rodeados por el agua y lejos del mundanal ruido a donde van a festejar año nuevo y a pasar unas vacaciones en la que todo está permitido cinco amigos más. Su pareja (no se sabe bien si son todavía o ya no), Pilar (Ines Efrón), su amigo Nacho (el Chino Darín), la novia de éste, Manuela (Violeta Urtizberea), otra amiga, Cata (Vera Spinetta), y una colada, amiga de la primaria de Manuela y el centro de todas las miradas, la bella Belén (Justina Bustos). Este es el seleccionado. Y entre estos se darán todas las combinaciones posibles del amor heterosexual (aunque hay también un beso lésbico). La convivencia en esos días de vacaciones parece natural, pero no lo es tan así. Manuela hace un cartel con todas las normas de convivencia y combinaciones de camas, y aquí empieza a demostrarse su obsesión por el orden y la limpieza. Ella con su novio se apoderan del único cuarto con cama matrimonial y adjudican los otros dos cuartos a los otros cuatro, pero de forma rotativa ya que hay un colchón en el suelo por el que todos deberán pasar para repartirse desdichas. Pronto empiezan a circular los dos únicos porros que llevaron y realmente hacen estragos. También la cocaína está a la orden del día, aspirada pro Belén y Nico. Y para completar el cuadro, Pilar, Cata y Nacho comen unos hongos alucinógenos que los pondrán fuera de circulación para la noche de Año Nuevo. Alguien le dice a Manuela que ella es tan ordenada y limpia que es insoportable, y esto la vuelve más vulnerable y se pone a llorar mientras repasa los platos a la noche.
Manuela y Nacho no están pasando por el mejor de sus momentos, y este no duda en engañarla con Belén, que era la presa favorita para Nico. Y Nico se enrollará con Manuela, pero tendrá sexo a la vez con Cata (como un simple acto, propuesto por ella) y con su ex novia Pilar, la que cree que él está enamorado de ella y esta considera su relación como simplemente sexual. Nico lo explica todo durante la primara noche: un hombre puede tener sexo todos los días y dejar embarazadas a 365 mujeres en un año, y una mujer sólo puede tener un embarazo por año, o sea que de entrada hombres y mujeres somos diferentes. Es por eso que el hombre (más cercano a un animal prehistórico que a un ser racional) busca tener sexo con muchas mujeres más que estas con hombres. Esta teoría le será rebatida por las mujeres del grupo quienes consideran una excusa para su machismo. Nico tratará de enganchar a Belén, pero ella le rehuye y termina metiéndose con Nacho, hasta que son descubiertos por Manuela, quien a su vez estaba haciendo lo mismo con Nico. Es graciosísima la escena de las recriminaciones, en ralenti y al son del "Nessun Dorma" de "Turandot", cuando todos se dirigen a la parte de abajo de la casa para ver por qué se mueve el caño del baño y sorprenden a Nico y Manuela en plena cópula, siendo Nico golpeado de un trompazo por Nacho, su mejor amigo, al que él le está usando la mujer...
El partido de voley es importante en la película porque allí quedan demostradas las posibles relaciones de sexo o de pareja entre estos seis amigos. Manuela disculpará a su novio y finalmente se irá con él, dejando enamorado por completo a Nico, quien tiene que conformarse con la compañía de Pilar, su eterna novia quien decide quedarse para ayudarlo con la limpieza, y, tal vez empezar a encarar su relación desde un lugar distinto.
Pero todo esto no sería más que un círculo de parejas si obviarámos un complemento exclusivo: el humor. Hay acá un uso inteligente del humor que levanta carcajadas a su paso y unas excelentes actuaciones de todos los integrantes, que saben condimentar con su pizca de gracia cada escena que transitan. Salvo, como dijimos, cuando se recurre a la escatología, como el sonido de una brava defecación de Nacho o una pedorreta de Nico, que no me resultan graciosas sino vulgares. Ahí es cuando se empequeñece la trama intelectual de la película, cuando se vuelve vulgar. Pero el resto es valioso y Piroyansky lo sabe, y sabe que él es capaz de muchos matices cómicos y que sus compañero están a la altura de él, aunque se reserve las mejores escenas para su explotación personal.
La dirección de fotografía es otro de los puntales altos de este film, y corresponden a Julián Ledesma, quien, como buen aprendiz de Gordon Willis (el fotógrafo de los primeros films de Woody Allen y de la trilogía de "El Padrino") sabe utilizar muy bien las postales de oscuridad, en donde los personajes quedan ocultos y sólo se los oye, o esa luz tan especial que el Tigre puede imprimir en la cinta de celuloide con sus maravillosas tomas a pleno sol. Todo el elenco se mueve con soltura utilizando un vocabulario que es común de los adolescentes o jóvenes de treinta y pico, bastante explícito en su forma de expresarse. Pero la película tiene sus méritos y eso la hacen sobresalir dentro de una filmografía local que -salvo honrosas excepciones- no se dedica a la comedia. Queremos más Piroyansky.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).