miércoles, 13 de marzo de 2019

Mi crítica de "L'Atelier" (Cine)

Laurent Cantent ("Recursos Humanos", "El Empleo del Tiempo") es un realizador de fuste y controvertido, más inquieto en el ámbito de plantear interrogantes que en el de aliviar con respuestas, y en "L'Atelier" realiza un trabajo soberbio. Digamos para empezar que un atelier no siempre se refiere a un taller de pintura, sino que puede hacer alusión, como en el del caso que nos convoca, a un taller literario. Pareciera desde el comienzo de la película (sin música de títulos, muy hablada) que se trata de examinar el proceso creativo que conlleva el acto de la escritura. Bien, indaga sobres esto y lo hace a fondo, con toda la lucidez de que Cantet es capaz (co-autor también del guión), pero en definitiva lo que se pregunta el director es qué lleva a un hombre a matar. Y se da sus respuestas y sus preguntas también.
El atelier en cuestión es un taller literario que trabaja con adolescentes y jóvenes conflictivos en su misión por acercarlos a la cultura y movilizarlos hacia una actividad socialmente aceptada (lo que se denomina "sublimación"), y está conducido por una exitosa escritora de novelas policiales, Olivia Dejazet (Marina Foïs) y se centra sobre todo en la relación de esta con su alumno de lujo, Antoine (Matthieu Lucci). El conjunto de aspirantes a escritores es heterogéneo está Ettiene (Florian Beaujean) el más comprometido con la escritura; Benjamin (Julien Souve), un chico díscolo que fue enviado allí por obligación, su opción era ser albañil; Malika (Warda Rammach), una descendiente de musulmanes, Boubur (Mamadou Doumbia), un negro presuntamente argelino, Lola, una jovencita romántica (Melissa Guilbert, sí, como la "Laura" de la Familia Ingalls) y un joven árabe Fadi (Issam Talbi). Primero surge la idea de escribir una novela policial y poco a poco se van armando las piezas, utilizando el sistema del "brainstorming" o "tormenta de ideas", muy usado en grupos de trabajo como así en corporaciones o empresas. Aparece el muerto, y se le van sumando y restando características, luego el lugar, al que sitúan en los viejos astilleros en los que en otros tiempos trabajaron más de 10.000 personas y que hoy son de uso exclusivo, el tiempo, si es en el pasado o en el presente, el móvil y por último el asesino. Todo esto se lleva a cabo tirando y desechando ideas en las que todos colaboran. Para solidificar más la investigación Olivia acompaña a sus alumnos a visitar los astilleros y hacer una visita guiada, en donde terminan a bordo de un yate de lujo, de los que se construyen hoy día y que les proporciona la idea de que el asesino pueda ser un nuevo millonario.
Mientras tanto la vida de Antoine continúa sin mayores contratiempos: le gusta nadar en el mar y hacer clavados desde los acantilados, concurrir a fiestas, estar solo en su habitación escuchando música o bien investigando sobre los temas propuestos para el libro, o hasta leer uno de los libros de su profesora. Y es allí donde aparece el primer conflicto. Que él le recrimina a ella que utiliza frases muy elaboradas para describir sus crímenes, pero que le quitan verosimilitud al hecho, que se nota que por su cabeza no pasó nunca la idea de matar a otro ser humano. Esto hace enojar a Olivia y le dice que no está allí para ser criticada, que por favor se retire de su clase. Luego aparecerán las explicaciones académicas: que en el arte se puede escribir sobre un tema con el que no se está de acuerdo y se lo hace para poder criticarlo, o que no es preciso identificarse con el personaje que se está escribiendo.
Aparecerán peleas de Antoine con Fadi sobre sus coetáneos y su accionar en el famoso "Bataclán", que habría que ver qué les pasó por la cabeza a la hora de matar, pero que hasta en ellos es justificable -no el hecho en sí- pero sí su modo de pensar la realidad, que sentían tanta bronca que pensaban que matando algunas decenas de personas esa ira se disiparía. Boubur también es motivo de ataques de parte de Antoine por su condición de negro y una posible comprensión del crimen. Lo cierto es que el que escribe las páginas más lúcidas y más cruentas es Antoine, que poco a poco se va consustanciando con la idea del asesinato y su justificación. El hecho más concreto es que una noche sale con su primo y unos amigos, todos de ideología de la ultra derecha, casi neo nazis, y salen armados y se pintarrajean las caras y se filman apuntando a cámara (¿a la profesora?) y diciendo que la van a matar. Luego suben esos videos al facebook de uno de ellos, el cual llega a manos y ojos de Olivia quien se horroriza de ver esas armas apuntando directamente a la cámara. Por eso es que le pedirá a Antoine su autorización para entrevistarlo para darle consistencia a personajes del nuevo libro que está escribiendo. Luego de repensarlo, Antoine accede y se siente estafado por su profesora que lo entrevistó para sacarle confesiones acerca de aquella noche de pistolas.
Cantet es un director que le presta mucha atención al lenguaje corporal y al de las miradas, y así como notamos mirada de soberbia en el rostro de Olivia vamos viendo cada vez más las de odio en la cara de Antoine. Finalmente el libro va cobrando dimensión y todos están abocados a la tarea de escribir -por separado, luego unirán sus trabajos- y si bien no aspira a ser un "best-seller" sí un ejemplo de cómo se puede fabricar una novela con varias firmas. Pero lo que es más importante es el desarrollo de la idea del asesinato en la mente de Antoine y de llevarlo a cabo en la realidad. El final con su profesora será muy demostrativo de esto y no conviene revelarlo acá porque le imprime buena carga de suspenso y de inquietud al relato. Sólo digamos que Antoine se excusa de seguir con la escritura del libro para enrolarse en las filas del ejército (un ámbito donde matar está auspiciado y bien visto), estamos en el contexto de la guerra en Siria.
Los diálogos de construcción del libro son todo un ejemplo del proceso de creatividad y del trabajo en grupo, ambas chicas le reprochan a Antoine la crueldad ejercida en sus textos, diciéndole que se pasó de la delgada línea roja del buen gusto y él responde que sólo trató de dar verosimilitud a su relato. Hay muchas disensiones políticas y religiosas debido a las distintas etnias que se presentan en el taller literario, algunas llevadas casi hasta el enfrentamiento con las manos.
Estamos en un curso de verano y todos se reúnen en un lugar cómodo al aire libre, en donde pueden trabajar bajo sombrillas o bien al sol, pero el clima de trabajo en principio es bastante productivo, a no ser por las pequeñas rencillas o corto circuitos que se van produciendo entre los integrantes. La película, ya lo dije antes, como todas las de Cantet deja más interrogantes que certezas, si bien se le da un cierre redondo a la historia, y puede servir de disparadora de muchas discusiones a la hora de comentarla. Es un film altamente recomendable que sin embargo produce una visión placentera y un verdadero goce para el intelecto. Véanla, por favor.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



lunes, 11 de marzo de 2019

Mi crítica de "Terapia Amorosa" (Teatro)

Segunda vez que visito al teatro del Picadero en estos dos meses, esta vez para asistir a la ejecución de "Terapia Amorosa", la obra de Daniel Glattauer con versión y dirección de Daniel Veronese, un experto conductor de comedias desaforadas y de peleas y conflictos teatrales. Por supuesto que la obra está bien aceitada y todo funciona a las mil maravillas, si bien no colmó mi expectativa en cuanto a comedia, puede ser porque ya tengo mucha comedia vista y le conozco todos los hilos, o bien porque esta no le da el pinet para hacerme reír a carcajadas. Y eso que se trata de "una de psicólogos", casi mi profesión y con la cual podría haberme divertido a mis anchas. No alcanza con que el terapeuta (Fernán Mirás) sea un conflictuado, que esté pasando por una situación bastante fulera y que la pareja que lo visita lo saque de sus casillas. No alcanza con que el matrimonio conformado por Juana (Violeta Urtizberea) y Valentín (Benjamín Vicuña) sea más una pareja de gallos de riña que una verdadera pareja de "pares". No alcanza con que los tres protagonistas sean excelentes comediantes y estén a la altura de las circunstancias. El libreto no alcanza a colmarme, y si bien, la veo con una sonrisa permanente en la boca no despierta mis carcajadas muy a menudo. Tal vez me esté poniendo muy exigente y quisquilloso con los años, pero ya no estoy para reírme porque un matrimonio se lleve como perro y gato. Falta algo más...
El director dice de su obra: "...Desde el comienzo, ambos se mostrarán tanto indomables pendencieros, como eximios manipuladores, y no sólo entre ellos, sino también con el terapeuta, quien intentará salvar los restos del naufragio, rescatar las luces,, no las sombras. Así la pareja en discordia, deberá avanzar por un campo minado, atravesar el laberinto en que se encuentran perdidos. Y aprender a escucharse, a entender que quizá no son perfectos, aprender también a pedir disculpas. A entender, en definitiva, el espinoso lenguaje de la guerra y del amor..." Sí, porque Juana y Valentín acuden a una terapia de pareja para desencontrarse más que para unirse, para perderse en lugar de buscarse, para servir de contrincantes en lugar de volver a ser la hermosa parejita enamorada que supieron ser en un comienzo. Porque todo se trata de remontarse al comienzo, cuando estaban enamorados, cuando eran capaces de seducirse y conquistarse con sólo mirarse, hablarse, besarse... Tal vez esa vuelta al comienzo será lo que los salve. Y como ese ejercicio que les hace hacer el terapeuta, llamado "el puño de Hamburgo", consiste en que el hombre sea capaz de hacer abrir el puño cerrado de su mujer, que simboliza a su corazón, y lo que en sesión no consigue Valentín ni aún mojándose el dedo en las encías para darle asco a Juana y que ella abra el puño, lo consiga al final, plantándole un gran beso en la boca como aquel primer beso bajo las aguas del mar. Claro, ella responderá con un beso igual de fuerte y de importante, que será en definitiva lo que salve su matrimonio.
Porque Juana y Valentín llegan a la consulta con todos los deseos de preservar el vínculo, no quieren ni hablar de separarse, porque saben que hay algo que los une. Y no son precisamente los dos hijos en común. Es el ansia por ponerlo todo en tela de discusión, es el movimiento y el calor que les origina una buena pelea, pero al final será el regreso al primer amor lo que los salve. Claro, para llegar a eso hay que pasar por mucho griterío, mucha histeria y mucha discrepancia, mucho estar al borde del abismo todo el tiempo. Todos los ejercicios que les propone el terapeuta a la pareja Dumont son inútiles, todos terminan en lo mismo, descubrir que el uno es para el otro su más acérrimo contrincante. Pero lo que los una finalmente, será tener un frente de batalla en común: un enemigo más grande que ellos se les pone enfrente y ese es el terapeuta con su propio fracaso matrimonial. Y como bien sabemos, cuando hay una fuerza más poderosa contra la que luchar los enemigos terminan volviéndose aliados. Pero los que hemos visto y disfrutado de "Toc Toc" y de "Bajo Terapia", sabemos que en el consultorio del psicólogo no todo lo que vemos es lo real, y empezamos a sospechar de todo. Y no fallamos. Hay un falso final, una gran vuelta de tuerca que pone todo en su lugar.
Y es a través de retazos que nos vamos enterando de la situación del terapeuta con su propia pareja, a la que está tratando, infructuosamente, de salvar. Primero atado como por el cordón umbilical a ese teléfono celular al que no para de responder whatsapps, siempre en pie de guerra, lo que hace desatender el caso de la pareja Dumont. Luego es la constante perturbación que sufre y que le lleva en más de una ocasión a gritarle a sus pacientes. Finalmente es el verlo desarmarse ante la llamada fatal de su mujer quien le dice que lo deja... Y vendrán las indiscreciones, cuando se vaya al baño a vomitar Juana y Valentín le escucharán el mensaje de voz que le ha dejado su mujer en donde expone las razones por las cuales lo deja: porque no hay conflicto, siempre la entendió, siempre supo poner paños fríos a la relación, le faltó valoro para una buena pelea. Y como en eso son expertos los Dumont, se las tomarán con él, ora burlándose, ora queriéndolo ayudar, gritándole, sacudiéndolo, hasta zamarreándolo de su pullover para incitarlo a la pelea con su mujer, que no se deje vencer, que no sea un "pechofrío", que le ponga pelotas al asunto y le dé el calor a su mujer, que ella tanto necesita, de una buena discusión. No basta que el perro labrador se llame Sigmund para dar a entender que tiene una pareja perfecta, ni a que su mujer sea mucho menor que él, una verdadera "pendejita", ni a que sus dos hijos gemelos parezcan ser fecundados "in vitro", le falta la llama vital que es que toda familia pase por su etapa de crisis, lo cual vemos al final que es verdad, que todos los consejos que dio a la pareja de pacientes se le vuelven en contra.
Porque al final nos vamos renovados, después de que ha lidiado con una pareja que entra en los anales de la psicología de todos los tiempos, como pareja guerrera si las hay, un trabajo que le costó su buena transpiración y toda su energía de terapista para ponerlos en órbita, para lograr que se escuchen, que puedan aprender del otro y aprehender del otro sus mejores circunstancias. Son muy arduas las discusiones, casi interminables que se plantean entre Juana y Valentín. Entre Valentín y Juana. Porque nunca se sabe quién es el que empieza ni el que la termina. Sólo hay ruido, en el mejor sentido de la teoría de la comunicación, como las interferencias en un mensaje que no permite ser decodificado. Y le piden al terapeuta un cierre, una conclusión que les permita irse en paz aún sin haber resuelto ningún conflicto -antes que se presente el frente de batalla común-. La respuesta que éste les da no es para nada halagüeña, los desconcierta mucho más, pero luego, el segundo final los pondrá activos a luchar por lo que creen que están allí.
Una comedia que si bien no me hizo desternillar de risa me resultó divertida y me dejó con preguntas, se puede ver muy bien antes de que baje de cartel, ya para fin de mes. Los tres son grandes comediantes y no hay ninguno que sobrepase al otro, los tres tienen sus momentos de lucimiento y los saben aprovechar. Otro éxito para Daniel Veronese en su calidad de versionista y director, que sale muy bien parado del ruedo que significa dirigir una comedia que no otorga ni un momento de respiro.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



sábado, 9 de marzo de 2019

Mi crítica de "Moscú" (Teatro)


El universo de Chejov es tan amplio, tan abarcativo, tan inconmensurable que hasta puede darse el lujo de algunas adaptaciones, como por ejemplo lo fueron en cine "Vanya en la Calle 42", de Louis Malle o "Agosto", de Anthony Hopkins (ambas excelentes). Acá nos encontramos con el mundo de "Tres hermanas", que también fue suficientemente adaptada para cine y ahora lo es para el teatro bajo la pluma de Mario Diament y con dirección de Daniel Marcove. Y toma el guante Teatrix de ser el primer estreno que nos regala para el mes de marzo. Y nada mejor que empezar marzo con un buen Chejov. "Yo escribo, -decía un personaje de "Celebrity", de Woody Allen-, ¿conocés a Chejov? bueno, como él..." Porque la escritura de Diament respeta muy bien esos ambientes chejovianos tan característicos y amables, en donde parece no pasar nada pero pasa un mundo de sensaciones y sentimientos. Y las tres hermanas del caso son Alejandra Darín (Olga), su hija en la vida real, Antonia Bengoechea (Irina) y la bella y talentosa Maia Francia (Maya), cada cual con sus complejos, su personalidad, sus gustos, sus manías, pero todas ellas unidas por el amor fraternal.  Ellas viven en un pueblito de provincias donde no ocurre nada, y el horizonte está puesto en Moscú, como paradigama de todos los sueños y utopías. Y es justamente de eso que habla la obra, de la utopía, que como toda esperanza se encuentra diez pasos más allá de donde nosotros estamos. Y ellas sueñan con irse a vivir a Moscú para estar en una ciudad cosmopolita por donde pasa el mundo. Por lo menos ese es el sueño más potente de Irina, la menor, la que todavía no resolvió su vida. Y como en todas las obras que sueñan con lo utópico sabemos que ese sueño nunca se concretará.
Olga, la mayor, es maestra y vive dedicada al colegio, no por eso ahorrarse risas y lágrimas para compartir con sus hermanas; Maya, la del medio, está casada con Fiodor, un hombre quieto que no le reserva mayores sorpresas e Irina, la más joven, todavía sueña con el amor, con vivir su vida de mujer independiente, de mundo, sin casarse ni tener hijos y conociendo todas las maravillas de la gran ciudad: leyendo los libros de los grandes autores, visitando museos, yendo a la ópera, a conciertos, al Bolshoi... Por eso es que casi toda la escenografía está compuesta por valijas, valijas con ropa, con objetos, con agua. Valijas que auguran un viaje, un cambio de rumbo, un nuevo horizonte.
Tienen otro hermano, Andrei, quien no aparece en escena, que se pone de novio y luego se casa con Natacha Ivanova, una chica rústica, ordinaria, sin el menor sentido del gusto ni de la elegancia, lo opuesto a las tres hermanas que visten de blanco inmaculado todas ellas como símbolo de su pureza de espíritu. Pero pronto, después de casarse, el hermano reincidirá en el vicio del juego, y , siendo él quien lleva las cuentas de la casa se atrasa ocho meses en pagar los impuestos y están en riesgo de perderlo todo. Aunque ese pueblo esté maldito, como sentencia Irina, en definitiva es la casa donde viven desde que vinieron de Moscú, donde vivían con sus padres, un difunto padre militar que bebía (mucho) y maltrataba a la madre, también muerta. Andrei y su esposa pasarán a vivir a la actual casa de las hermanas y piensan en desalojar a Irina de su cuarto porque no encuentran demasiado lugar para ellos. Y Natacha quiere despedir a Anfisa, la vieja criada que les ha servido durante años, y a lo que se oponen férreamente las hermanas. Por fuera hay una revolución contra el zar, que probablemente planea destituirlo (¿será la de 1917?) y corromper el mundo de comodidades en que viven las acomodadas hijas del general.
Siempre se está a la espera de algo, como en la memorable "Esperando a Godot" o en nuestro más humilde "El Acompañamiento", de Gorostiza. ¿Pero qué es lo que se espera? ¿El cambio? ¿La felicidad? ¿La muerte, tal vez? Eso pueden esperarlo las otras dos hermanas, que ya han realizado sus vidas, pero no Irina, que todavía tiene la vida por delante y el futuro delante de sus ojos. Por eso cuando la tientan de casarse con Tusenbaj, el más feo de los hombres, pero con una buena posición económica, ella lo duda, pero la convencen de que la llevará a vivir a Moscú y ella acepta. A un casamiento sin amor ni pasión, que por otra parte él venía programando desde hace tiempo: tardó cinco años en decidirse a declarársele. Mientras tanto Maya tiene un romance a escondidas con el Barón Beryini, lo que le ilumina el alma y la hace refrescarse un poco del imbécil de su marido. Es por eso que se desespera y quiere morir por él, metiendo la cabeza en la valija con agua. "Lo amo, lo amo", grita a voz en cuello. Sólo que ambos están casados y para esa época eso supone un amor prohibido. "Las cosas sólo se aprecian cuando no se tienen", sentencia Olga. Y eso es cierto si vemos el transcurrir de la obra. Son tres hermanas con un pasar promisorio que podrían haberlo tenido todo de haberlo querido o de haber sabido elegir mejor, y se encuentran en cierto punto sin nada. Sólo se tienen a ellas. El amor que se profesan y que es incondicional. Y nada más.
Lo que impera en esa casa es el aburrimiento, el tedio, el ocio, viven una vida burguesa que no las conduce a nada. "¿Cómo puede vivir una chica que desayuna a las doce en la cama -postula Irina- sólo para pasarse otras dos horas vistiéndose". Otro elemento que sobresale en la escenografía es un gran péndulo, como síntesis y metáfora del tiempo que pasa dentro de ese gran vacío. Esa nada. Ese no saber qué hacer, que Olga lo rellena repasando sus cuadernos de clases e Irina con sus colores de óleos pintando una valija. El ocio está también representado en otra frase: "Es esta ciudad que nos devoró el corazón como una gangrena". Por eso es que aún tienen esperanzas de salir de allí. Luego a Olga le ofrecen el puesto de directora de escuela, Maya tiene a su amante y sólo queda el futuro para Irina, futuro que también se verá truncado de la forma más terrible. No hay salida para estos pobres cuerpos con alma que pugnan por una vida diferente y mejor, menos patética.
Y la más cruel de las frases queda signada para Irina: "lo peor de los sueños es despertar y ver que todo sigue igual". Porque Irina todavía está en la edad de soñar, de planificarse una vida, aunque todo quede truncado de la nada como el despertar brusco y violento.
El mundo de Chejov es así, sutil, convulso, violento, enamoradizo, amante y profundamente esperanzador. Es por eso que lo seguimos viviendo y compartiendo a través de esas obras inmortales. Y bienvenida sea esta versión de "Tres hermanas" y su revisión de la historia. Aunque ahora hablen de "vos" sigue siendo igual de efectiva. Y qué decir de las actrices. Que Alejandra Darín es talentosa no es ninguna verdad revelada, pero acá confirma una vez más su valía. Que su hija Antonia tiene un gran futuro es otra verdad de Perogrullo. Y que Maia Francia es muy hermosa y admirable está también de más. Resta decir que la dirección de Marcove es sutil y repara en el mínimo detalle (como eso de que anden todo el tiempo descalzas o con medias), que utiliza el menor de los gestos de cada una de las tres para enmarcar un mundo expresivo está también proclamado. Es una obra bella y conmovedora que llamo a ver en un momento de paz y calma para el espectador apurado. Y gracias nuevamente a Teatrix.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 8 de marzo de 2019

Mi crítica de "Re Loca ¡Y me Encanta!" (Cine)

Oscar Wilde dijo cierta vez que quisiera escribir una obra donde el protagonista dijera siempre la verdad... pero que no pasaría con vida del primer acto... Algo parecido sucede en esta secuela de secuela: "Re Loca ¡Y me Encanta!", dirigida con muy buena mano por Martino Zaidelis, con guión propio. La lectura que conviene hacer de este film es si descubrir el verdadero yo, la real esencia de nuestras almas no nos convierte en un ser agresivo y repudiable que se llevaría mal con todo el mundo. ¿Cuáles son los límites del "sí mismo"? ¿No nos pareceremos al personaje de "Un día de Furia, aquella vieja película con Michael Douglass? ¿Será posible conciliar el deseo propio con los buenos modos, la delicadeza y la sutileza? Esta es la premisa de donde parte "Re Loca", la película del 2018 con Natalia Oreiro. Pienso que sin ella la película hubiese perdido efectividad y no hubiera llegado a los altos momentos en que se trepa. Vamos por el lado del humor, aunque sea absurdo, ligeramente grosero y con aires de slapstick, pero la Oreiro es tan buena comediante que nos hace olvidar de todas las flaquezas que pudiese tener la película.
Lo cierto es que a Pilar (Natalia Oreiro) todo le sale mal. La primera noche no puede dormir porque su esposo Javier (Fernán Mirás, cada vez más autoparódico) ronca como un oso con sinusitis y ella debe abandonar el lecho conyugal por el sillón del comedor. Llegada la mañana va a bañarse pero de la ducha sólo sale agua fría y debe soportar el chapuzón, es que su marido se olvidó de pagar el gas. Está al borde de cumplir los 40 y eso se lo señalan todos cuantos la ven y la pone de muy mal humor. Cuando va a sacar su auto para ir a trabajar nota que le dejaron otro auto atravesado, es el del vecino fiestero que se la pasa bailando, emborrachándose y metiendo ruido en la jarana vecinal. Cuando llega a la agencia publicitaria nota que su garage está ocupado y peor, cuando sube se desayuna que el auto que ocupa su lugar es de una youtuber quinceañera, Maia (Malena Sánchez) de gran popularidad en las redes que vive para filmar todo lo que hace. Entre otras cosas, participar de la publicidad de "la vaca de vacas", gran éxito que tuviera Pilar y su socio hace diez años y que ahora le piden recrear. La adolescente es pedante, autosuficiente y metida y da su opinión allí donde nadie se la pidió, pasando por encima de la cabeza del equipo que es Pilar. Para colmo su amigo Pablo (Diego Torres) va a casarse con Sofi (Gimena Accardi) otra insoportable que no tolera a Pilar y se lo dice en la cara. Sumado a esto el hijo de su marido se pasa el día con unos raperos y la destrata y la llama vieja, amén de mandarle una foto al celular de su culo peludo, lo que pone de gran fastidio a Pilar. Se encuentra con su amiga Valeria (Pilar Gamboa) y esta no hace más que hablarle de su novio y sus peleas, además de estar siempre pendiente del maldito celular. Y su psiquiatra (Diego Peretti), mientras ella le cuenta un sueño erótico que le da mucha vergüenza, ha aprovechado para ir al baño y dejar vacante su sillón de psicoanalista, para retomar luego y preguntarle si está tomando todos los medicamentos que le dio. Se suma a esto la constante agresión callejera de tantos automovilistas desubicados y piropos subidos de tono. Cuando vuelve a su casa está el gasista en la puerta de su departamento pidiéndole una firma, para decirle que no le abrieron y que ya es hora de terminar su trabajo... Todo está por explotar como una olla a presión. Es lógico que Pilar no aguante más. Y el hilo se corta por lo más delgado: la grúa le ha llevado su coche, ante la mirada del cuidacoches. A ella le da un ataque del corazón en plena calle y recurre a su amigo Pablo para calmar la ansiedad.
Pero cuando vuelve a la noche a su casa, caminando por el puente de la Mujer (justo en el Día de la Mujer se me ocurre ver esta película que trata de todos los horrores que padece una mujer por ser tal), ve a un hombre que arroja su saco al agua y parece querer tirarse él también. Fernando Salaberry (Hugo Arana). Pilar intenta "salvarlo", pero él le dice que no piensa tirarse, que está haciendo un ritual de sanación y le pregunta que qué la pasa a ella. Ésta le cuenta todas sus cuitas y él le dice que la va a ayudar. Y la ayuda haciéndole preparar dos brebajes uno consistente en leche, hojas de una rosa roja recién quemada y una gota de su sangre, mientras que el otro consiste en vino tinto, gotas de su orina y hojas quemadas de una rosa blanca. Debe tomar y vomitar enseguida este último y beberse el primero sin dejar nada. De paso le regala una medalla que oficia de talismán. Pilar realiza el ritual y, a la mañana siguiente es otra persona, mucho más vital, más enérgica y agresiva.
Empieza por no bañarse y lavarse sólo la cara, hablando con un lenguaje procaz e insultando al roncador y "´pedorro" de su marido y olvidándose de la dieta y de esos kilitos de más... Llega a la oficina y se enfrenta a su jefe con un tono amenazante y soez, en el cual le dice que prefiere renunciar antes de ser destratada de esa forma y pasada por alto por una quinceañera que va a suicidarse cuando deje de tener los seguidores que ahora tiene en el You Tube. No sin antes verificar que su estacionamiento está ocupado por el auto de ésta y romperle la ventanilla con su matafuegos y chocárselo, lo que provoca la histeria de la jovencita. Vuelve a su casa, en donde encuentra otra vez al gasista esperando y le dice que pase igual aunque se haya terminado su horario de trabajo, para encontrar al hijo de su marido en su cuarto filmando una película porno casera con su novia. Javier está embobado mirando la play que se compró y no se entera de nada. Ella echa al hijo con malos modos y le estropea una de sus pinturas (Javier es pintor) echándole baldes de pintura encima y acuchillándole la tela. Lo echa de la casa y le tira la play por la ventana, ante los ojos azorados de Javier y su hijo y amigos. El gasista por fin ha terminado su trabajo y lo despide con un dejo de ironía, para luego pasar a tirar todos sus antidepresivos. Cree haber descubierto a la verdadera Pilar que llevaba en sí misma. Se lo encuentra a Pablo y la novia de este la encara diciéndole que no la quieren ver más y ella le echa una perorata digna de Groucho Marx en versión arrabalera. Se encuentra con su amiga Valeria y le dice que ha renunciado a su trabajo, mientras la otra no deja de mirar su celular, hasta que por fin Pilar se lo sumerge en una jarra de jugo, mientras se va. Tiene peleas con un taxista al que le choca el auto y le da un fuerte cabezazo que lo deja fuera de combate. Se encuentra con su psiquiatra y le recrimina que ya le pagó el valor de una casa en honorarios y le hace tomar la pastillita que este le da, a la fuerza, para luego llegar a su casa y prepararse un porro de marihuana. Se encuentra con Pablo, quien tiene dudas de casarse o no, reflexionando sobre todo lo que ella le dijo, entonces lo besa fuertemente en la boca y como él no reacciona le dice que en realidad se merece a la mujer con quien se va a casar.
Pero todos estos desbordes la superan como persona, ya que ha perdido buenas amistades, un trabajo, un marido y la paz. Quiere volver a ser la que era antes, ¿Podrá? Encuentra en la medalla que le regaló Salaberry la dirección del teatro donde este trabaja y va a verlo para pedirle consejos...
Todo está narrado de manera muy graciosa, con la ductilidad que tiene Natalia Oreiro para la comedia, en donde sale ganadora. Y nos deja bien resuelta la película, viendo que todo puede volver a su cauce cuando la verdadera pasión y los verdaderos sentimientos están en uno y debe ser capaz de controlarlos y manejarlos: La película tuvo mucho éxito, más que su versión española, y nos deja pensando hasta dónde son convenientes los alcances de la veracidad y la revancha. Un muy disfrutable film del cual recomiendo su visión, ya que todos los rubros artísticos como técnicos son impecables.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



jueves, 7 de marzo de 2019

Mi crítica de "Mi Amiga del Parque" (Cine-2015)

Vi "Mi Amiga del Parque" después de un día signado por la fiebre, y la verdad es que este excelente film me hizo subir la fiebre de nuevo. No llega a las alturas paroxísticas de "El Inquilino", de Polanski, pero instala un sentido de paranoia que no tiene nada que envidiarle a esa película. El tema puede ser el resultado de los vínculos ocasionales ("uno no sabe con quién se mete"), el instinto maternal y las relaciones invasivas. Sí, porque todo comienza con la madre primeriza Liz (excelente Julieta Zylberberg) y su hijo Nicanor de apenas meses (un gran actor en ciernes: Andrés Milicich), quien es recomendada por su pediatra que frecuente el parque para que su bebé establezca vínculos con otros chicos de su edad. Y aunque estamos en pleno invierno, allí van Liz y NIca a enfrentarse con el mundo desconocido. Y el primer contacto que hacen lo realiza con Rosa (Ana Katz, también directora de la película, que se reserva el papel de villana) y su (aparente) hija Clarissa, coetánea con Nicanor. En unas hamacas, inocente juego que simboliza el hamacarse en la vida de Rosa, para pasar luego al sube y baja, otro símbolo del devenir Rosáceo. Enseguida se hacen amigas y lo primero que pregunta Rosa es si Liz tiene marido. Ella le contesta que sí pero que está en Chile filmando un documental sobre un volcán. Gustavo (Daniel Hendler, marido de Katz en la vida real) es el marido de Liz y se contacta con ella vía skype. Liz acaba de contratar una niñera/empleada, Yasmina (Mirella Pascual) que la ayudará con su hijo. Tiene mucho prurito en darle la mamadera ella pues no tuvo leche para amamantarlo y eso quedó como un déficit, así que quiere estar presente cada vez que su hijo tome la bendita mamadera. Justo acababa de ver nuevamente por Teatrix "Somos Childfree" (Casados sin hijos) y comparto verdaderamente la posición del personaje de Augusto (Gabriel Goity) ante el suplicio que significa tener bebés: significa no dormir nunca más en la vida, cambiar cantidades de pañales y no tener un hijo, sino un "chabón", eso que tenés ahí se va a convertir en un tipo... Algo por el estilo es lo que le pasa a Liz, madre "cuasi-soltera" que se tiene que arreglar sola para bañarlo, cambiarlo, darle de comer, llevarlo al parque y... pasarse toda la noche haciéndole upa.
Pero volvamos a la extraña amiga. Ya de entrada percibimos algo funesto en ese vínculo: cuando le pregunta si tiene auto, porque les puede hacer un gran favor a ella y a su hermana, llevándola a conocer a Saladillo a un novio que encontró por chat. Como cuando la invita a la pizzería y acepta la plata que le deja Liz pero se van sin pagar, y no le devuelve el dinero. Como cuando decide intercambiar el impecable saco que ostenta Liz por su campera gastada, con la promesa de devolverlos en una semana. Como cuando le dice que su hermana Renata tiene ciertos "problemas"... Todo eso hacen parar las antenas de Liz y depararnos a nosotros el peor de los finales. Rosa en invasiva, se invita a casa de Liz y hace pis con la puerta abierta, se mete a charlar con el marido de ella por la computadora o insiste para que hable por teléfono con su cuñado Lucho acerca de prestarle una sillita para la nena para el viaje a Saladillo.
Hablando con otras madres de la plaza, se entera Liz que tanto Rosa como Renata robaron el auto a uno de los padres para hacer un viaje a Mar del Plata, y que cuando este las denunció a la policía, a los dos días se lo devolvieron con disculpas. Renata logra meterse en la casa de Liz con la excusa de ayudarla con la limpieza Y ésta extrae un arma de la cartera de Renata (Maricel Álvarez), que resulta ser de juguete, pero con gran parecido con las verdaderas. Cuando Renata insiste para volver otro día a continuar con la limpieza, Liz le dice que no la precisa, que ya tiene quien la ayude, y ella le propina una contestación que es un verdadero desplante. Liz empieza a temer por su vida y la de su hijo, aparte de un robo del auto o de su casa, ya que ambas hermanas han invadido todo (en un momento alguien le pregunta a Rosa por su prima). Así nos enteramos que Rosa no es verdaderamente la madre de Clarissa, sino Renata, quien no tiene el más mínimo instinto ni amor maternal, eso queda implícito en la pelea que tienen a la bajada del taxi, al hecho de que a la niña la tenga siempre Rosa y al resultado de que Renata se quede a vivir en Saladillo junto a su amor pasajero dejando a su hija en manos de su hermana. Por supuesto que Rosa en ningún momento había desmentido su maternidad, es más, lo aseguraba como algo implícito y patológico. Cuando Liz vaya a echarle en cara varias cosas, lo primero que le enrostra Rosa es su falta de instinto de madre, a lo que ella contesta qué sabe ella que ni siquiera es madre. Eso pone una distancia fatal entre ambas, barrera que romperá finalmente Liz al ir a buscar a Rosa a la fábrica en donde trabaja para llorar acerca de lo que le dijo de su instinto materno.
Lo que hay que decir para completar la biografía de Liz es que trabaja en una editorial y además escribe, tiene una novela completada para la que un familiar le consigue una propuesta de un editor. Cuando sucede esa reunión es cuando se produce la mayor tensión del film. Liz ha dejado a su bebé con Rosa en el jardincito donde transcurre la reunión y en un momento estos desaparecen, otorgándole a Liz el mayor momento de desesperación de su vida...
La dirección de Ana Katz ha sido impecable, dando el tono exacto de paranoia a toda la película, y tiene la costumbre de filmar a los personajes caminando de espaldas (tal vez heredada de los hermanos Dardenne), para establecer un abismo emocional con ellos, muy efectivo. Las actuaciones son de primer nivel, tanto Julieta Zylberberg, siempre impecable y muy distinta a sus trabajos anteriores, acá convertida en una madraza amorosa y emotiva, como la propia Ana Katz, que, como dije al comienzo se dejó el papel más desagradable para ella. Todo en su concepción ayuda a vestir al personaje, desde sus mínimos gestos hasta la ropa que lleva puesta hablan de esta mujer con doble vida y nada confiable destinada al fracaso. Son los dos papeles protagónicos, pero también está muy bien Maricel Álvarez como esa Renata impulsiva, fea y desgreñada que se cree con ínfulas de mujer superada. Una película para disfrutar y estremecerse y (por qué no), pensar, del principio al fin.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



martes, 5 de marzo de 2019

Mi crítica de "El Amor menos Pensado" (Cine)

La ruptura de la pareja debe ser uno de los temas más transitados en el cine y uno de los más dolorosos para la vida de cualquier ser humano civilizado. Es lo que les pasa a Ana (Mercedes Morán) y Marcos (Ricardo Darín), después de estar casados 25 años y haber criado a un hijo, Luciano, que comienza la película yéndose a estudiar a España, lo que provoca el primer cimbronazo existencial para los padres, el "síndrome del nido vacío" y todo lo que eso conlleva. Pero él se ha establecido bien en el Viejo Continente, compartiendo habitación con una chica vietanmita de quien pronto se enamorará. Marcos es profesor de literatura latinoamericana en la universidad y Ana en psicóloga que trabaja supervisando entrevistas de amas de casa aburridas, por ejemplo. Marcos es el subversivo de la familia, un escritor revolucionario siempre unido a la causa del pueblo y a los movimientos sociales, pero en realidad -como se lo echa en cara Celia, su última pareja (Andrea Pietra)-, es un amante del status quo, un tipo ordenado y obsesivo que anula cualquier posibilidad de cambio. Aunque se muestre feliz de la vida que su hijo, en peregrinaje por VIetnam se instale en casa de una familia marxista, comunista y maoista. Ana es más relajada, pero su vida hace un click cuando piense para qué acumulan tantas cosas: sillas, muebles, sillones, máscaras tribales, tazas... Que sería un pensamiento más acorde en Marcos, primer entusiasta de juntar cosas.
La pareja de ellos dos parece funcionar a las mil maravillas, no discuten, se comprenden, se llevan bien, y cuando él le pregunta a su mujer qué siente por él, ella le contesta que se siente contenida, amada, protegida, respetada y él otro tanto. Pero parece que todo eso no alcanza, por lo menos es la conclusión a la que llegan después de haber asistido al cumpleaños número 55 de Edi (Luis Rubio), casado con Lili (Claudia Fontán), pareja íntima de ellos dos, que se declaran mutuamente su amor y que ostentan comprensión, cariño, mantener la armonía universal y ejercitar un buen sexo en todos los momentos. Pero claro, Edi tiene una amante joven, Antonella, desde hace 9 años, con la que sólo "es sexo", y que no debe cruzarse con su querida mujer. Pero quiere las delicias de Instagram que una foto en donde se ve a los dos amantes sonriendo felices en Cariló, llegue a ojos vista de Lili y todo se vaya a la basura. Ella le declara la guerra a él y éste, destrozado sólo piense en volver con su mujer, aunque luego opte por armar una nueva vida con su novia. "Se los ve felices", en la foto, dice Marcos, "la felicidad es la peor pornografía".
Y así como así, de la nada, Ana y Marcos deciden separarse porque "no están enamorados". Cada uno se va por su lado y comienza a tener nuevas relaciones, Marcos saldrá con Bárbara (Andrea Politti), una ortodoncista prestigiosa y depravada que, en la barra de un restaurante le dice que "ya está empapada" cuando él le dice una chanchada al oído, para luego desmayarse en el baño; está Milagros (Mariú Fernández) una guitarrista rockera callejera que insiste en convivir con él, aunque éste no quiere y finalmente Celia, quién instala su biblioteca en casa de Marcos y se separan por pavadas. En el caso de Ana, saldrá con Fabián (Gabriel Corrado), un ex compañero de la secundaria que siempre supo que terminaría con ella, aunque la cosa no pase de ahí; Anselmo (Juan Minujín), un perfumista tan sofisticado como exhibicionista y drogón, a quien nada la une, salvo tener sexo constantemente y finalmente Eloy (Jean-Pierre Noher), un tipo obsesivo y amante de la quietud, con quien convive y que será el que más le duró, un hombre pacífico y comprensivo que será el primero en darse cuenta que ella extraña a su marido.
Está también Cora (Claudia Lapacó), la madre de Ana, quien a los 82 años se ha vuelto a enamorar y piensa casarse con Ioshi (Chico Novarro) y anda por ahí Rafael (Norman Brisky), el padre viudo de Marcos quien le dará una gran lección de vida en apenas un relato que nada tiene de marxista. Como ven, el elenco es basto y generoso en nombres de personalidades, y entre los productores de la película encontramos al mismo Darín y al "Chino" Darín. Se ve que se han preocupado de rodearse bien...
Pero no todo es maravilloso en la vida de solteros de Ana y Marcos, hay mucho de desamparo, de soledades no compartidas. Tal vez el peor momento sea el de vender la casa conyugal, y deshacerla, conviviendo con recuerdos y un arpón que simboliza a "Moby Dick" (con cuyo prólogo se inicia la película y Marcos dice estar plenamente identificado con él y ser el que marcó el rumbo de su actual separación), que se niega a despegarse de la pared que lo retiene, tal vez como ese cable a tierra que los une todavía a un departamento que hicieron con todo su amor y que se niega a ser vendido. El baile ocupa un lugar preponderante en la vida de Ana, ha empezado a tomar clases de bachata, merengue y todo cuyo ritmo sea latinoamericano, tal como lo expresa Marcos, de unión con nuestros hermanos del cono sur. También la salvará el baile de un momento de depresión en casa de su madre, cuando Ioshi ponga más fuerte la radio y se entregue a la danza y con él las dos mujeres.
Las relaciones con el hijo son vía skype, y son buenas (Marcos se entera de todo lo de Ana por medio de él, antes que ésta se lo cuente), hasta que Luciano decida dejar de estudiar para irse de mochilero a recorrer mundo, lo cual destruye a Ana quien siente que les debe una deuda de gratitud por haberlo mantenido durante 24 años y así les paga... Marcos es más comprensivo y adora que su hijo se vaya por ahí a conocer culturas comunistas. Es lo que desata la ira entre ambos ex esposos y lo mismo que los une en un abrazo. Todos son muy abiertos a la hora de aceptar la pareja del ex cónyuge, pero no pueden dejar una mordacidad natural en los comentarios.
El final vendrá a poner las cosas en su lugar y se mostrará como muy esperanzador y les regalará un nuevo comienzo.
Todos los actores están muy bien, no obstante estar atados a un guión de hierro, que no permite las salidas brillantes y cancheras tanto de Darín como de Morán, a las que nos tienen tan acostumbrados en sus films. Si bien la película se deja ver con una sonrisa en los labios y es amable y beatífica, no explota la carcajada tan a menudo establecida en las actuaciones de estas dos estrellas. El director Juan Vera realizó un trabajo pulcro y honesto, no obstante excederse un poco en el metraje (la película dura dos horas diez minutos), lo cual conspira en favor de la atención que podamos sostener. Pero más allá de este reparo, es una película estupenda que habla sobre los vínculos que sostenemos a diario con nuestros allegados (esposas, amantes, madres, padres, amigos) y permite bucear a fondo en estas relaciones. Óptima para ver y discutir al término de su visión.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



viernes, 1 de marzo de 2019

Mi crítica de "El Ángel" (Cine)

"El Ángel" es cine argentino, y del mejor. "El Ángel" el la combinación exacta entre cine comercial y cine artístico y lo que esta mezcla puede ofrecer. "El Ángel" es la película que nos representó para los Oscars de Hollywood, aunque, lamentablemente no fuera seleccionada. "El Ángel" es Carlitos, un casi adolescente Carlos Eduardo Robledo Puch, también conocido como "Ángel Negro", el "Ángel de la Muerte" o "El Ángel Exterminador", un joven que transita con su cabellera rubia rulienta y su desparpajo erótico jugando entre la vida y la muerte. El retrato que ha dado Luis Ortega al personaje de Carlitos es muy acertada, basta ver las fotos de Robledo Puch en esa fase de su vida para comprobar la exactitud de la composición. Y está muy bien puesto el título de la película ya que Carlitos se maneja casi sin conciencia del mal, es un ángel que camina entre nubes sin tener, al parecer, la convicción de lo que está bien y lo que está mal. Su inocencia, su pureza, son absolutas, aunque sea un monstruo. Del mismo modo pasea su homosexualidad, de la que no se hace cargo, puede tener una novia, Marisol (Malena Villa), gemela con su hermana, que sirve como pantalla de sus verdaderos deseos sexuales. El chico es arrinconado por la madre de su amigo Ramón (el "Chino" Darín), Ana María (Mercedes Morán) para que "pruebe con ella", a lo que él le contesta lo más campante: "a mí me gusta tu marido". Y es que hay una energía erótica que fluye entre todos estos personajes aunque sin concretarse nunca, que crea el caldo de cultivo para poner a 100° la película. No hay escenas de desnudez, pero al ver pasear con slips al pequeño Carlitos es como si lo viésemos desnudo, y así observa él a su amigo Ramón cuando "Federica", el marchand de arte le hace una fellatio en su casa, que Ramón se la deja hacer con tal de venderle unos cuadros de su padre de mucho valor.
La estética es de los años 70, y para más datos a Robledo Puch le dieron a los 20 años prisión perpetua, en 1972, por diez homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, diecisiete robos, cómplice de una violación y de una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos. Poca cosa, ¿no? En la actualidad tiene 67 años y es el preso con condena más antiguo de la Argentina. Hay mucha música de los años 70 en la película, sobre todo rock argentino, pero también hay un homenaje para el padre del director: Palito Ortega, cuando Ramón canta en la televisión (porque quiere ser "famoso") la célebre "Corazón contento", con la voz de Ramón Ortega (no digamos "insalvable" música ya que Jairo la revitalizó e hizo una maravilla de canción manteniendo la letra y cambiando la orquestación, vale la pena escucharla).
Pasan cosas terribles en la película, pero por suerte hay un filtro estético que nos permite verlas sin bajar la mirada. desde José (Daniel Fanego), el padre de Ramón que se inyecta droga en la pierna, hasta los múltiples asesinatos cometidos por Carlitos, que lleva siempre dos pistolas en riestra, pasando por el robo a la armería, a la joyería o a la casa del "viejo". Todo comandado por José. Hasta que deciden hacerse independientes con Ramón. Claro, Carlitos gana mucho más dinero que su padre, y se lo echa en cara, pero éste es un trabajador honrado y se avergüenza de su hijo y ya no se pregunta de dónde sale toda la plata. Su madre, Aurora (humilde Cecilia Roth), es otra víctima de su hijo, a quien este no le tiembla el pulso al apuntarla a la cabeza con su pistola, aduciendo que es de juguete.
Con Ramón cometen grandes robos y grandes matanzas, se nota que Carlitos tiene el gatillo fácil y rápido, pero cuando los apresan sin documentos manejando un coche robado y Carlitos le dice al comisario que va a ir a casa de Ramón a buscar los documentos y lo abandona en la comisaría, éste último decide aliarse luego con Miguel (Peter Lanzani), otro preso que conoce ahí, para continuar sus fechorías, entre ellas la del robo al camión de transporte de leche, pergeñado por los tres, que acaba con la muerte del conductor de vehículo. Cuando le piden a Carlitos que se deshaga del auto quemándolo, éste va hasta un descampado cercado por una villa miseria y lo choca contra un árbol para prenderlo fuego poco después. Lo que no entiendo es por qué Ortega se regodeó tanto en esa escena, sin recurrir a la elipsis, y detalló plano por plano el rociamiento de nafta en el auto y su posterior quemazón.
Durante un viaje en auto, Carlitos y Ramón chocan de frente con otro auto, por ir manejando Ramón mientras el otro le practicaba juegos eróticos, con resultas de la muerte de Ramón. Ahora Carlitos pasará a delinquir en tándem con Miguel, pero después de robar una joyería y abrir su caja fuerte, que, según Carlitos estaba vacía, Miguel intenta disparar sobre él porque no le cree. Finalmente Carlos lo mata y le desfigura la cara con un soplete para que no sea reconocido. Esto no es ficción, es la pura verdad y está en el prontuario de Robledo Puch. Por supuesto que éste se va con el botín. 
Logran apresarlo y lo mantienen bajo un régimen de alta seguridad, pero en un descuido de uno de los guardias, puede escapar, trepándose por los techos del penal. Se refugia en la casa abandonada del ya finado Ramón y desde allí llama a su madre. Ésta lo atiende y le pregunta dónde está y le dice que no puede seguir escapándose toda la vida. Aurora está hablando con Carlitos por teléfono. Vemos el primer plano de ella, pero cuando la cámara se aleja y vemos el plano general nos damos cuenta que alrededor de ella hay una cincuentena de policías, desde oficiales hasta simples cabos. Preparan el nuevo arresto y van a buscarlo a casa de Ramón...
Una película cruda y dinámica que no da un momento de respiro. Bien podría ser un policial o "una de robos", pero se trata de más que eso: es una historia de vida contada desde la marginalidad. Lo importante es que la película no baja línea, en ningún momento nos plantea que lo que hace Carlitos está mal, nos deja a nosotros juzgarla por voluntad propia. Y Carlitos está interpretado por un ya grande de la actuación, Lorenzo Ferro, de tan sólo 20 años cuando filmó la película, hijo de otro gran actor como es Rafael Ferro, con todo un enorme futuro por delante ya que la composición es exacta y minucioso su trabajo. Este chico tiene un gran talento, pero por desgracia va a ser muy difícil que logre sacarse el mote de "el ángel", ya que hizo propio el papel. Todos los demás actores dan muestra de su profesionalismo y se lucen en pequeños papeles, salvo el "Chino" Darín y Peter Lanzani en donde reposa todo el peso de la acción, de muy buen desempeño ambos.
Y qué podemos decir del director. Yo confieso no haber visto sus películas anteriores, pero después de ver esta me voy a animar, tal vez por prejuicio de saber de quien viene... Gran labor de Luis Ortega, un cineasta tan talentoso como audaz. Una película que, si bien no es apta para todo público, admite que la vean desde los adolescentes hasta gente de cualquier edad que puedan disfrutarla.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).