jueves, 4 de abril de 2019

Hasta siempre Amigo Alberto

Acaba de morir Alberto Cortéz.
Lo siento en el alma y toda mi alma lo llora. Porque ha sido mi faro, mi guía, no sólo mi compositor preferido y amado sino un referente de lo que debo ser como persona, como ser humano. Desde chico pude apreciar las canciones de Cortéz y era un amigo más de la casa, a todos nos gustaba y comprábamos y festejábamos sus discos. Ya casi no sacaba discos a la venta, estaba casi retirado de su profesión de compositor, porque sentía que ya lo había dicho todo. Pero de vez en cuando alguna perlita salía, como ese último CD que sacó "Tener en cuenta", que trae temas ya emblemáticos como "Uno que sabe como es uno", ese entrañable "Frankestein", la hermosa "Lupita" o la tremenda "Perder un hijo". Decir que tuvo éxitos en su carrera es minimizarlo. Puedo contar una veintena de canciones que ya se han quedado en el alma popular. Entre ellas: "Cuando un amigo se va", "A partir de mañana", "Callejero", "Castillos en el aire", "Distancia", "Mi árbol y yo", "El abuelo", "En un rincón del alma", "Como el primer día", "A mis amigos" y tantos otros que nos acompañaron en nuestros jóvenes años y durante la adultez.
En mis espectáculos frecuenté a Alberto casi como una costumbre más: "Hay un niño en cada hombre", "El Vino", "A Daniel, un chico de la guerra", "Soy un ser humano", "La miel y las abejas", "Todos", "Soneto", "Dime qué tiras al agua", "Qué suerte he tenido de nacer" o aquella obra maestra cuya letra no le pertenece pero sí su música, pero que bien podría haber escrito él: "El amor desolado".
Tuve la suerte de conocer a Alberto a la salida de un recital, en Villa Gesell, en donde le había escrito una carta y sé que la leyó enseguida porque volvió uno de sus ayudantes al escenario a buscarle sus anteojos. Cuando lo vi en la puerta le dije, "yo soy Pablo, el de la carta", y me dio un abrazo. También mi primera novia, Mariana ("Qué cosas tiene la vida, Mariana/ qué cosas tiene la vida./ Cuánto más alto volamos, Mariana/ nos duele más la caída."), tuvo la fortuna de encontrarlo en la Feria del Libro, hace ya muchos años. Ella me había comprado el "Manual de las Zonceras Argentinas", de Arturo Jauretche y me lo hizo autografiar por él, quien me dedicó: "Para Pablo, con cariño, otra zoncera más, mi firma...", que aunque el libro no me gustó, sí lo conservo por el autógrafo. Lógicamente, a esa novia tampoco la conservo más...
Digo que hoy es un día muy triste para mí, porque con Alberto se fue una parte importante de mi vida, se fue mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y los primeros años de perder el pelo. Llueve, como pasa siempre que se va un grande, como si Dios llorara su partida. Y yo también la lloro.
Porque fue el primero que se animó a ponerle música a poemas de selectos escritores españoles, allá por 1967: desde Machado al Marqués de Santillana, desde Lope de Vega a Góngora. Luego lo haría con Borges, con Neruda, con Almafuerte, hasta popularizó la canción de su amigo y compañero Facundo Cabral "No soy de aquí ni soy de allá". Era un gran amante de los animales y tenía en España un programa radial que defendía todo tipo de vida animal, y hasta se animó a decirles a los españoles que las corridas de toros eran una salvajada. Con su esposa René (belga, ella) formó una pareja inseparable, que, aun cuando no tuvieron hijos hicieron del amor una piedra basal. Cada canción que escribía, decía Cortéz, tenía alguna frase dedicada exclusivamente a ella.
Por todo esto y mucho más es que hoy es un día de tristeza y de duelo para mí. Porque se ha muerto el "poeta" y un gran amigo de la vida y de los amigos, que él tanto consideraba. Hasta siempre Amigo Alberto. Te llevo en un rincón del alma.
"¿Qué vale más? Inquietud de mi existencia.
Cuando llegue el final y quede inerte.
Si el arte por fijar mi trascendencia,
o el eterno misterio de la muerte?.

Por todo, más allá de ideologías,
más allá de lo sabio y lo profano,
soy parte del espacio, soy la vida...
por el hecho de ser un Ser Humano".

Q.E.P.D. Alberto Cortéz



martes, 2 de abril de 2019

Mi crítica de "Roma" (Cine)

Ver "Roma", la obra oscarizada de Alfonso Cuarón supone una experiencia hipnótica. Durante las dos horas y cuarto que dura la película es imposible apartar la mirada de su cuadro. Debemos decir ante todo que la excelencia de la película reside en su aparente simpleza: no ocurre nada del otro mundo en el film, nada que no pueda ocurrir en una casa acomodada de clase media alta y la vida de sus dos empleadas de servicio, Cleo (la nominada Yalitza Aparicio) y Adela (Nancy García García), quienes hablan entre ellas en un dialecto mexicano no traducido. La vida de la familia transcurre entre un año y otro, nos ubicamos entre 1970 y 1971, al parecer, años de la infancia del director. Hay una constante en el film, son esos aviones que surcan el cielo todo el tiempo, tal vez como símbolo del irse a otra parte, en contraste con el quietismo que impera en la vida familiar. Tal vez el destino sea la Roma del título, un lugar lejano y nunca alcanzado.
La narración está centrada en la vida y sinsabores y alegrías de esas dos empleadas, que habitan la casa, lo ven todo sin poder comentar ni intervenir en nada y que, contrariamente a lo que se piensa, son bien consideradas por la familia y tratadas con respeto y cariño, casi como si fueran un familiar más (con la única excepción que no comen a la mesa familiar sino en la cocina, junto con el chofer). Cleo y Adela tienen sus novios, con quienes tienen vida íntima los días de salida, en un cuarto de hotel. Y quiere la diosa fortuna (o la mala fortuna) que Cleo quede embarazada de su novio, un cultor de las artes marciales, rescatado de la droga y el alcohol, y que al enterarse del embarazo, rechace a su novia violentamente y la amenace que no se acerque más a él. La señora Sofía (Marina de Tavira), la patrona, correrá con todo el problema, ayudada por su madre, la abuela, Sra Teresa (Verónica García) y le presentan una médica ginecóloga amiga que se preocupa por el caso y la atiende llegado el momento del parto con eficiencia y responsabilidad. Pero la niña de Cleo nace muerta, y ésta entra en una profunda depresión que sin embargo no obstaculiza que tenga que seguir prestando servicio a la casa.
Los niños de la familia son cuatro: Toño, el mayor (Diego Cortina Autrey), Paco (Carlos Peralta), Sofi (Daniela Demesa) y Pepe (Marco Graf) y contribuyen con el alboroto y bullicio general a tener la casa animada. La familia se completa con el pater familiae el doctor, Sr. Antonio (Fernando Giediaga), quien mantiene la perfección de esa sociedad simbolizado con la entrada a la perfección milimétrica de ese auto Galaxy en el garage de la casa, ya que cuando roza el espejo retrovisor, da marcha atrás y lo vuelve a embocar. La distancia que separa a las empleadas de sus patrones, sin embargo es abismal: el doctor escucha en su auto música clásica, mientras ellas lo hacen mientras trabajan con ritmos populares.
Técnicamente el film es impecable. Una prueba de esto lo da el plano de inicio. Mientras se ven los títulos asistimos a un plano cenital de las baldosas del patio, pronto barridas por unos baldazos de agua que dan lugar al aseo del piso. Sobre el agua se refleja el poco cielo que se ve, ceñido por balcones, y al ser un plano cenital nos preguntamos, ¿por qué no se ve la cámara? Está tan bien diseñado el artilugio del encuadre que hace imposible que veamos la cámara. Así como hay muchos y variados cuidados travellings laterales, en las calles del barrio, en el cine, dentro del mar. Ahora sí, la pobreza está reflejada de una forma brutal. Las villas miserias (sí, porque allí también las hay) son tratadas con impiedad: con calles de barro llenas de agua con maderas para cruzarlas, casuchas endebles de chapas y toda la decadencia posible, sin descuidar las diversiones, como una atracción de variedades que dispara personas en un cañón para caer en una cama elástica. Allí es donde viven los novios de las chicas, sin pensar en un porvenir mejor. Las calles de la ciudad están atestadas de desfiles militares y asistimos varias veces a camiones con guardias de soldados apostados para el ataque, incluso cuando van a comprar la cuna, hay una revuelta callejera de estudiantes con pancartas, que deja como saldo una corrida general y varios muertos.
El sr. Antonio decide terminar con su vida familiar e irse, ofreciéndole separación a su mujer. Cuando la Sra. Sofía vuelve de encontrarse con él le dice a Cleo, "todas estamos solas". Se irán a una zona de playas con sus hijos, la madre acompañada por Cleo, después de haber perdido a su criatura, para permitir que el padre regrese a la casa y se lleve sus cosas. Es muy significativo el plano donde sucede una boda en el fondo y en el frente Sofía les está hablando a sus hijos de su separación, como para mostrar las dos caras de la vida. En ese viaje a la playa, Cleo expondrá su vida, sin saber nadar, para rescatar a los hijos de su patrona, inconscientemente metidos mar adentro. Cuando por fin logra rescatarlos, se pone a llorar inconsolable, la entrada al mar le ha revivido su experiencia con el líquido amniótico y su frustrado parto. Todo es agua al fin y al cabo.
Todo se desarrolla en la Calle Tepeji N° 21, que es allí donde viven empleadas y patrones. Cleo trata amorosamente a los niños de la casa, los acompaña hasta que se acuestan, los despierta con cantos y besos, los ayuda a vestirse. Otro detalle, todos los perros que habitan el film son infinitamente buenos y mansos, como la perra de la familia que su único defecto es ensuciar en el patio, lo que provoca una bronca con Cleo porque no ha recogido el "popó" de la perra y el Sr. Antonio lo ha pisado. Aún cuando van a una finca para año nuevo, las paredes están tapizadas, macabramente, con todas las cabezas, embalsamadas, de cuanto perro habitó la casa en todo el tiempo en que existió. En la estancia se da otro fenómeno esclarecedor, en un sótano los empleados mexicanos festejan año nuevo a su manera, bailando rancheras y tomando alcohol. Cleo, todavía embarazada, es recibida por otra mujer quien le sirve en una vasija un jugo de fruta. Alguien empuja a Cleo y la tinaja cae al cuelo rompiéndose en pedazos y desparramando el jugo, lo que anticipa la ruptura de su matriz y la pérdida de su hijo.
La película es redonda, todo cierra de forma acabada y todo vuelve a la normalidad después del fallido parto y el viaje a la playa y el casi ahogo de los chicos. Vuelven las rutinas familiares y domésticas, con un reordenamiento de los cuartos y nueva disposición de la casa. Las actuaciones son buenas, no puedo decir que descollantes porque es muy notable la inexpresividad de Yalitza Aparicio dentro de sus limitadas facciones de indígena, lo bueno es que por fin pasó a ser centro de la historia un personaje que siempre estuvo en los márgenes, y que haya sido nominada como mejor actriz, es todo un reconocimiento a una minoría (o mayoría).
La labor de Cuarón sí, es asombrosa, con esos planos únicos, su blanco y negro que le dan una aire de atemporalidad al film y su pericia narrativa y visual. Muy bien ganado el Oscar a mejor director. La película es excelente. No se la pierdan.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



sábado, 30 de marzo de 2019

Mi crítica de "María by Callas" ("María Callas según sus propias palabras") (Cine)

La apasionante vida de la más grande cantante de ópera de todos los tiempos, María Callas, llamada "la Divina" por su público, es lo que recorre este interesante documental/documento biográfico en casi dos horas, dirigido por Tom Wolf. Con filmaciones tomadas de la TV, o representaciones escénicas o material de archivo privado, asistimos al largo derrotero de la, paradójicamente, corta vida de la diva, muerta a los 53 años de un infarto, o bien de un suicidio, ya que nunca quedó claro. La primera pregunta que ejerce el periodista de un prestigioso programa de entrevistas de la televisión francesa es: "¿cuánto hay de María y cuánto de Callas en su vida en el escenario así como en la intimidad?", a lo que ella responde que una depende de la otra, no podría haber una María sin una Callas, ya que su vida pública es igual a su vida privada, no hay diferencia entre su temperamento ni sus pasiones en una o en otra.
Así nos enteramos que Callas nació en New York un 2 de diciembre de 1923 (siempre se creía que era griega), descendiente de una pareja de padres de esa nacionalidad (la adoptaría definitivamente para anular su primer matrimonio, llevado a cabo en Norteamérica y poder casarse con Aristóteles Onassis, lo cual también fracasó). Los padres se separaron al tiempo de nacer ella y su relación con su madre siempre fue tirante y agónica, ya que la quería nada más que por su talento vocal y su visión para sacar dinero de ello, por lo demás, nunca dejó de ser una "gorda inútil". Sí, porque la Callas fue muy gorda en toda su niñez y su primera etapa como cantante, hasta que de un año para el otro rebajó 37 kg. para asumir el papel protagónico de "La Traviata", de tal modo que cuando se presentó, ni su director de orquesta la reconoció. En 1937 se fueron a Grecia con su madre a vivir, ella con su hermana, e ingresó en el Conservatorio, falseando su edad, ya que tenía sólo 13 años y no los 17 necesarios para entrar en esa casa de altos estudios. Tuvo una coloratura fantástica, que le permitió adoptar los más diversos roles, desde los más ingenuos del "bel canto" hasta los más trascendentes como Macbeth o la Brunhilda de Wagner, por su amplio espectro, ningún papel femenino le estaba vedado a su voz, ya que podía ser tanto soprano como mezzo o contralto. Su primer papel no profesional lo obtendría como Santuzza en la "Cavalleria Rusticana" de Mascagni.
Por medio de las grabaciones que quedan de sus actuaciones, asistimos a fragmentos de "Mme. Butterfly", "Carmen", "Macbeth", "La Traviata", "La Gioconda", "Othello", "Tosca" o "Norma", permitiéndonos disfrutar de su talento y su voz. Callas no sólo fue la mejor cantante, sino que poseía un don actoral fuera de serie, podía meterse en cualquier papel que se le exigiera. Se casa con Battista Meneghini, un empresario que la impulsa con su carrera, Pero el 3 de noviembre de 1959, lo dejará para casarse con su gran amigo y confidente, el multimillonario Aristóteles Onassis, aunque nunca lleguen a casarse. Él contraerá matrimonio con Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente de Estados Unidos el 20 de octubre de 1968, lo que provocará una gran depresión en la Callas y la ruptura entre los dos amigos.
En una presentación en Roma, en 1958, en plena función de "Norma", María pierde completamente la voz, función a la que asistía el presidente de Italia y su mujer, y alguien más importante para ella: Vincenzo Bellini. Fue abucheada por el público y tardó mucho tiempo en ser perdonada. Ese momento está también registrado por este documento. Nos metemos por una hendija a su vida personal y ella nos descubre que su hobbie preferido y su gran manía era nada menos que coleccionar recetas de cocina, aunque nunca las llevara a cabo. En agosto de 1959 Meneghini, su ex marido le entabla un juicio del que sale triunfante ella. Pero su vida estuvo signada por los altibajos, tanto en su relación con los hombres como con el éxito, ya que nunca se le perdonaron sus traspiés. Tras siete años de retiro retoma su carrera profesional, y considera que una trayectoria que duró de los 13 a los 41 años ya podía darse por finalizada. Sin embargo seguirá cantando, aunque su voz ya no será la misma de los primeros tiempos, está gastada, luce cansada y deslucida, el público no perdona y los abucheos son constantes. Así como los nuevos enamoramientos y la caterva de aplausos y flores a granel.
En 1969 Pier Paolo Pasolini, el gran cineasta italiano le ofrece el papel protagónico en el film "Medea", el que ella acepta y debe filmar en Turquía y en Pisa, llegando a desmayarse después de una jornada dura de filmación. El film pasó sin pena ni gloria, pero con el tiempo se agigantó debido al peso de los dos nombres principales, el de la diva y el de su director. También fue asistida en puestas operísticas por otro gran cineasta: Luchino Visconti y también por Franco Zeffirelli, quien la homenajeara con la película "Por siempre Callas".
María Callas tenía un temperamento fuerte, casi despótico, apasionado hasta la desmesura, y por eso se la recuerda frecuentemente, algunas partes de este documental versan sobre ello, el mismo periodista de la TV francesa hace hincapié en preguntas referidas a esto. En los últimos años de su vida, y después de la separación de Onassis vuelve a ser su amiga y confidente y se ven a menudo: ella sabe que está próximo el fin de él y quiere acompañarlo hasta sus últimos momentos. En 1973, en Hamburgo, prepara su gira de regreso, la que sin duda será coronada con el éxito por parte del público pero con un gran fracaso a nivel profesional. Nunca volverá a ser la misma voz de antes.
Ese magnetismo que irradiaba la Callas en cada una de sus presentaciones, tanto escénicas como más pedestres, en reportajes o asediada por los periodistas, a los que siempre trató de evitar, como una dama que era, se ve acá acrecentado por la voz en off de Fanny Ardant, otra gran diva del cine francés. El 16 de septiembre de 1977, María Callas muere en su residencia de Francia, de un supuesto paro cardíaco, ya había tenido una internación anterior por intentar suicidarse por consumo de tranquilizantes, y nada parece indicar que no haya sido esa la causa de su prematuro deceso. María Callas vivió una vida agitada, tormentosa, pero se puede decir de ella que nos deja todo su talento y su presencia escénica, sumado a algunos registros de su impecable voz y de sus magistrales actuaciones. Este documental, que presenta material inédito quiere dejar constancia de ello, así como de fragmentos de su vida personal. Y termina con una maravillosa versión de "Oh, mio babbino caro", en su voz y figura, que la lleva a la gloria con su aria favorita.
Bendita seas María.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

domingo, 24 de marzo de 2019

Mi crítica de "Isla de Perros" (Cine-Dibujos Animados)

Me encontré con esta verdadera joya de dibujos animados para adultos, dirigida por Wes Anderson que dio en llamarse "Isla de Perros", y que en su momento, el crítico de "La Nación" le pusiera un "excelente". Siempre tuve buena relación con los perros, como la mayoría de los mortales, esa empatía que lo coloca en el lugar del mejor amigo del hombre, así que me pareció una buena idea que hubiera una isla de perros, claro, no sabía la concepción funesta que daba a ésta el argumento. Si nos retrotraemos a la historia, los mismos perros cuentan que en el Japón, hace 10 siglos, antes de la era de la obediencia, allá se daba preferencia a los gatos, adorándolos, y se mataba a todos los perros, hasta que un niño samurai se sublevó y empezó a cortar cabezas para devolver su lugar a nuestros amigos de cuatro patas. En pleno siglo XXV, se instauró la "fiebre del hocico" y se decretó a los perros como portadores de una plaga por la cual debían ser confinados a la Isla de la Basura, llevados desde  la ciudad de Magasaki, gobernada por el temible alcalde Kobayashi. Esto condenaba a la pena de muerte a todos los perros, que se encontraban en esa isla basurero sin el menor atisbo de comida ni de medios para la subsistencia. El plan era el exterminio sistemático de todos los canes, por orden del gobernador de la ciudad.
Es una pena que en la versión que tengo yo, no estén subtitulados los carteles en japonés, que dividen la película en episodios, ni las voces de los actores japoneses, que tienen sus buenos parlamentos. Sí, en cambio, hay un buen seleccionado de voces para los papeles de los perros, con nombres como los de Bryan Cranston (Líder), Edward Norton (Rex), Bob Balaban (Rey), Jeff Goldblum (Duque), Bill Murray (Manchas), Scarlett Johansson (Nuez Moscada), Harvey Keitel (Gondo), F. Murray Abraham (Júpiter) y Tilda Swinton (Oráculo), entre otros grandes. Son estos los representantes de la fauna canina que podemos compartir, todos perros mestizos, callejeros o de raza, que pueblan este relato.
La película se divide en cuatro partes, de las cuales, la primera se titula "El pequeño piloto", que hace referencia a Atari, sobrino de Kobayashi que se arriesga en un pequeño avión a llegar hasta la isla para encontrar a su fiel guardián (no "mascota", ya que en ese tiempo estaba prohibido hacer alianza con los perros) "Manchas", con quien está conectado por un micrófono auricular y es recibido por la banda de perros amistosos, menos uno, "Líder", quien es un perro callejero y "muerde". Enseguida se hace buen rapport entre esos perros y Atari (Rex, Rey, Duque), quienes le ayudarán a encontrar el rastro de su fiel compañero. Por una confusión, toman a "Manchas" por los huesos descarnados de un pobre perro que no llegó a salir de su jaula y lo dan por muerto. Después de rendirle honores, Atari se sube nuevamente a su avioneta y emprende vuelo, pero la jauría le informa que se habían equivocado de perro. Así que vuelve a aterrizar y, en compañía de sus amigos caninos emprende la busca de su perro. Lo que da paso al segundo capítulo: "La búsqueda de Manchas", un largo periplo en donde cada perro emite sus opiniones y nombran al callejero y peleador "Líder" como jefe de la pandilla. En un momento se separan de los otros perros y quedan solos Atari y Líder, y entonces aquel lo baña, sacándole su tono oscuro y transformándolo en un hermoso perro blanco con manchas que le hace acordar a su guardián, lo cepilla, lo alimenta con galletas para perros que Líder no había probado nunca, y éste le cuenta su historia.
Que no siempre fue un perro callejero, en sus inicios era un perro perseguido por los cazadores, hasta que dio con una buena familia con cinco hijos que lo querían mucho y lo atendían muy bien, hasta que en una noche fatídica él mordió la mano del menor de los hijos hasta casi arrancársela y fue desterrado para siempre del abrigo familiar y condenado a vivir en la calle. Aún hoy en día no se explica el motivo de su impulso por morder. Pero lo está controlando. Y se forma una amistad entre Atari y Líder, quién lo conducirá en busca de Manchas. Paralelamente asistimos al presunto suicidio del Profesor Watanabe, un científico que estaba en contra de la matanza de los perros y de la asociación de varios escolares, sobre todo una chica norteamericana que quieren salvar a los perros y se ponen en busca del suero para combatir la fiebre de hocico. Estos serán decisivos a la hora en que Kobayashi quiera renovar su mandato y sea denunciado por los chicos de su maltrato injustificado contra los perros.
La parte número tres de la historia se denomina "Los encuentros" y está precedida por la reunión de Atari con su fiel Manchas que está siendo presa de una jauría a la que denominan caníbal, pero que ellos se encargan de desmentir, ya que si bien devoraron a otro perro fue por una vez única y porque querían aliviarle el sufrimiento. Manchas está por ser padre con una perrita de la tribu  por eso delega su "guardia" personal de Atari en "Líder", que a partir de ese momento pasará a reemplazarlo.
La cuarta parte se llama "La linterna de Atari", y se mete de lleno en el viaje que realiza el niño de 12 años construyendo una embarcación para transportar a sus perros de vuelta a la ciudad y cómo deben enfrentarse a perros-robots fabricados por orden de Kobayashi, que son destruidos por la pericia de Manchas. Regresan a tierra firme justo para impedir que su tío fuera reelegido y en el tole tole que se arma, Atari queda mal herido y debe enfrentar una operación. Mientras, la chica activista ha encontrado el suero y se lo inyecta a todos los perros devolviéndoles su vitalidad y su fuerza. Por suerte todo termina en paz para los perros y los malvados terminan en la cárcel, no sin haberle donado Kobayashi un riñón para su sobrino y salvándole la vida.
La película está realizada con una técnica de animación que no es la de Disney ni la de Pixar y DreamWorks sino que es casi una "stop.motion" con caracteres generados por computadora y es muy agradable de ver y de disfrutar. El film tiende un puente pacifista hacia toda la matanza indiscriminada de especies animales y es una reivindicación de la vida animal, a la que festeja. Nos enseña a escuchar a nuestros perros y a sacar enseñanza de ellos de su propia boca. ¡¡¡Ay, sería tan lindo si los perros pudiesen hablar y contarnos lo que les pasa por la cabeza!!! Esto, la magia del cine lo vuelve realidad. Una película que nos hermana con nuestros parientes, los animales, y que es un gran canto a la vida, sólo que debido a algunas truculencias y a hablar de forma franca el lenguaje animal no la hace recomendable para los más chicos. Es un dibujo animado para adultos exclusivamente. ¡Y es una maravilla, de la mano genial de Wes Anderson, que tuvo una excelente idea!
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (Un crítico independiente).



sábado, 23 de marzo de 2019

Fe de erratas: "A Chorus Line"

El papel de Diana Morales, en "A Chorus Line", está interpretado por Mariu Fernández, que no es la "youtuber" de "Re-Loca", como afirmaba yo, sino que cumplía el rol de Milagros en "El Amor menos Pensado". Es que con tantas obras y películas que veo, a veces se me mezclan. Sepan disculpar.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 18 de marzo de 2019

Mi crítica de "A Chorus Line" (Teatro Musical)

Ayer domingo, en el día de su última función (por lo menos en el Maipo, ya que ahora pasa al Metropolitan Sura), fui a ver este maravilloso musical con libro de James Kirkwood y Nicholas Dante, música de Marvin Hamlisch y letras de Edward Kleban. Es una puesta (y apuesta) imponente por donde se la mire de Ricky Pashkus en la dirección y de todo un elencazo de quince artistas todos a la par de talentosos. La obra duró mucho tiempo en Broadway y se hizo película, allá por 1985 con la osada dirección de Sir Richard Attenborough ("Gandhi"). Lo que más resalta de esta obra es la valiosa y pegadiza música de Hamlisch, el músico de películas muerto en el 2013 a los 68 años de edad con todavía una promisoria carrera por delante. Hamlisch fue el autor además de temas musicales como "Mirando con los ojos del amor", de "Castillos de Hielo", la banda de sonido y canción de "Nuestros años felices", el también musical "Están tocando nuestra canción" y la adaptación y partitura de "El Golpe", además de dos incursiones con el primerizo Woody Allen: "Robó, Huyó y lo Pescaron" y "Bananas". Con todos estos lauros (y varios Oscars) en su haber, no podía defraudar con este musical. Compuso además la música para varias presentaciones de los premios Oscars y Tonny y para muchas otras películas y series. Se trata de uno de los grandes músicos contemporáneos norteamericanos. Su tema "One" del presente musical resuena en todos los oídos y es una fiesta de celebración a esa línea del coro que mencionamos.
Sí, porque lo que buscan los 13 aspirantes a bailarines y cantantes es nada más que eso, integrar la línea del coro; nadie quiere ser primera figura ni cortarse solo, saben que están allí para servir de soporte a sus compañeros y van a matar por quedarse con el papel. Como toda obra de muchos personajes protagónicos (y casi todos los musicales lo son), hay muy poco tiempo para el lucimiento de cada uno, pero lo que acá hacen en conjunto, es francamente impresionante. Los bailes y canciones ejecutados por todo el grupo son de una coordinación, una ejecución y una perfección casi ideal. Cuando salen a hacer el saludo final y todos interpretan "One" en trajes de luces se viene el teatro abajo, no sólo por el altísimo volumen que ponen a la canción sino al clamor del público que se desgrana en aplausos y en "bravos" (yo entre ellos). Pero para llegar a este final debió pasarse por una dura selección en donde cada uno debió mostrar su lado más oculto, mostrar sus miedos, sus esperanzas, sus aciertos y fracasos. Hay canciones solistas y otras en conjunto de a tres o más, pero todas con muy bellas melodías y ya familiares para los amantes de los musicales. Las letras no son muy inspiradas, pero lo que brilla es la música.
Está el director, el que va a seleccionar quién queda y quién se va, ese Zach con voz de locutor de radio o de terapeuta, calmo y paciente, que está allí para sacar lo mejor de cada uno (Martín Ruíz), está el director de escena, Larry, al que Gustavo Wons le presta toda su presencia sobre el escenario de musicales, cada vez más mimetizado con Bob Fosse, a quien admira sin duda. Además fue el coreógrafo de la puesta, y se lució. También hay una prima donna de otros tiempos, que ahora se rebaja y lucha por ganar un puesto en la línea del coro, ex amante además de Zach, con quien tiene un diálogo intimista a solas, Cassie (la gran Laura Conforte). Esta actriz de musicales no se especializaba hasta ahora en danza (fue protagonista de "La Novicia Rebelde" y "Casi Normales", entre otros éxitos) y hace un despliegue majestuoso bailando sola frente a los espejos que devuelven su imagen deformada, ya que son espejos convexos. También se luce Sofía Pachano, en su Val. Otros trabajos interesantes son el de Jessica Abouchain en su  Sheila, una bailarina y cantante veterana (tiene más de 30) y con un físico monumental que no duda en exhibir y que se plantea a cada paso si no será esta la última presentación que haga pues ya está al borde de terminar su carrera (el mundo del baile es implacable), de gran presencia escénica e imponente ésta Jessica. Está también Mariu Fernández (la "youtuber" de "Re loca") en su Diana Morales, tan despistada como buena cantante y bailarina. Repetimos, el nivel es homogéneo y todos tienen su parte de lucimiento. No faltan los bailarines gay, los latinos, los itálicos, y toda una fáuna que expone sus rarezas.
Lo que constituye la trama de "A Chorus Line" es o puede parecer intrascendente. Es simplemente una selección de bailarines en una presentación para pasar a formar la línea del coro de un musical. Tal vez la prueba tan esperada para algunos, la decisiva para otros, la última para alguien más. Para todos es imprescindible estar parado en el escenario como sostén para otro gran cantante. Pero lo que marca la diferencia es la fuerza y la vibración que le pone cada uno a su personaje, aquello que en "Coronado de Gloria" criticaba como dañino, acá ejerce todo lo contrario. Es indispensable para lograr ese papel, bailar bien, cantar súper bien, sonreír hasta último momento y no dejar traslucir el cansancio. La prueba es larga y los nervios no resisten, hasta habrá algún accidentado por obra de los meniscos, pero todo se resolverá de la mejor manera: saliendo todos a cantar y bailar al final, aunque la mayoría hayan sido descartados. Acá no son un simple número, se presenta cada uno con su nombre verdadero, su seudónimo artístico y su edad (la verdadera). Habrá quienes estén disconformes con su cuerpo, quienes se hayan operado para evitar ser malmirados y quienes ostentan de uno perfecto. Pero lo que todos saben hacer y a la perfección es bailar, cantar y actuar. No nos podemos quejar en esos rubros, que son los imprescindibles para un espectáculo como este, todos logran su cometido y lo hacen de la mano de canciones muy hermosas y bien ejecutadas. La orquesta del foso también se luce y si bien en el programa de mano no constan los nombres de sus integrantes es justo recordarlos.
Hay quienes presenten problemas raciales, otros sexuales, de identidad o de transgénero, pero todos con una carga humana y afectiva que los hace queribles, esto en el orden de los varones, en las chicas se presentan más los problemas físicos, habrá quién se queje de ser muy petisa, otra de sus lolas, otra de su físico poco agraciado y de las operaciones por las que debió cambiar, y hasta por algún síntoma de deterioro y vejez para la danza. Pero todos son profundamente humanos, con sus falencias, sus problemas familiares, sus envidias, celos, frustraciones y quejas. Y el director está allí para contenerlos. Y detrás de ese director está el gran Ricky Pashkus, que debió hacer otro tanto con su elenco, como para mostrar que sabía conducir un gran ejército y prepararlo para la batalla.
En la función final en el Maipo hubo lágrimas y rosas arrojadas desde los palcos. Todo se engalanó en una gran noche de fiesta, con sus emociones y triunfo del elenco. Ojalá haya más "A Chorus Line" por mucho tiempo, ahora en sala nueva. Me encantó.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 16 de marzo de 2019

Mi crítica de "Coronado de Gloria" (Teatro)


La idea sonaba interesante: la colaboración de Blas Parera en componer la música de nuestro himno y todas las tribulaciones por las que debió pasar. Teatrix tomó la posta y la editó para completar el mes de marzo. El resultado de la obra escrita por Mariano Cossa (¿será hijo de Roberto?) y con dirección y puesta en escena de Daniel Marcove podría haber sido por lo menos decoroso... pero no, nos encontramos con una pieza que si bien está correctamente escrita, su puesta resulta altisonante, demasiado gritada, demasiado enfatizada, en fin, demasiado sobreactuada. Todo en ella resulta antipático por el desafuero puesto en las acciones y en los diálogos, choca al oído, para retratar precisamente la vida de un músico, que debió de ser algo armónico, biensonante, atiplado. Blay Perera y Morat (tal el nombre original del transformado por la historia en Blas Parera) era español de origen, y por lo que resta inferir de la obra, nunca dio su consentimiento para poner la música de los sones del Himno Nacional Argentino, era música escrita para una obra de teatro que protagonizaba el actor criollo Luis Ambrosio Morante (Juan Manuel Correa), que tuvo gran éxito (la música) y fue tomada poro Vicente López y Planes (Miguel Sorrentino) para que concordara con sus grandilocuentes versos. López y Planes quería a toda costa obtener el beneplácito de Parera para que le aprobase la música, pero éste, sintiéndose español de nacimiento, no quería transar con la causa rioplatense. Además estaba convencido que él iba a ser un músico de sinfonías, conciertos, óperas y que sería representado en Europa y no quería pasar a la historia como simple ilustrador de una "propaganda" política advenediza con la nueva Junta de Gobierno.
Así las cosas tenemos a Blas Parera cuando llega al puerto de Cádiz el 2 de agosto de 1818 para ser trasladado a su pueblo de Barcelona en calidad de traidor por no aceptar entregar su música a acompañar los versos de López y Planes. Parera, encarnado por Marcelo Serre es interrogado por el Comendador (Marcove, en su calidad de actor) y devenido reo político. Nos retrotraemos a los años de la Revolución de Mayo y a la obra que prepara Morante para agasajarla, una obra por demás afectada y con todos los tópicos comunes aduladores de una revolución recién ganada y que asombraba a América toda. El actor que hace de actor Morante podría haber sido un buen actor cómico si no fuera porque estamos en terrenos de lo solemne (transfigurado), ducho en el arte de la pantomima, de la payasada, lo recurrente y lo desmesurado (esto de acuerdo a la puesta de la obra), que rompe con los paradigmas del actor patriótico de época consustanciado con la causa de la revolución de mayo. Vicente López y Planes aparece primero como el censor enviado por el Triunvirato para constatar la obra que Morante está por poner en escena, que lleva el acompañamiento musical de Blay Perera y Morat, y pronto se enamora de la potente música del compositor y le propone componer un tándem para elaborar una marcha patriótica. Luego tomará los acordes de la música que acompañaban la obra del actor y le pondrá la letra. Parera está convencido que el arte debe estar al servicio de la belleza y no de las causas de la política y por eso renuncia a su dúo con Vicente López. Éste lo amenaza de que si al día siguiente no lo encuentra componiendo será arrestado por la guardia bajo el cargo de conspiración a la revolución, sentando precedentes en su carta de ciudadanía española, a pesar de que hace quince años que vive en el país, está casado con una criolla, Facunda, y tiene un hijo de un año. 
Suenan muchos nombres de patriotas insignes, algunos maltrechos, como Mariano Moreno y otros con mejor fortuna, los datos son muchos y muy surtidos y apabullan por momentos al espectador. La escenografía se sitúa en un espacio no convencional, a pesar de que fue representada en el Teatro de la Comedia, puertas, paredes, partituras diagramadas en el piso y toda la apariencia de encontrarnos en una vieja casona. Hay un clave en escena, que Parera (o Perera) toca y un piano ejecutado por el músico de la obra: Christian de Miguel. Como dije al comienzo todo es grandilocuente, exagerado, altisonante, desmesurado, habría sido en favor de la obra un poco más de calma para describir las acciones y diálogos y se hubiese disfrutado mejor. Nos relatan los últimos años de la vida de Parera: confinado en su pueblito catalán, no pudo ejercer por veinte años (hasta su muerte) el arte de la música, ni la composición ni la enseñanza ni siquiera la ejecución de instrumento alguno. No pasó a la historia más que por su controvertida colaboración en el Himno Nacional Argentino y no brilló en los escenarios de Europa como era su deseo. Vivió de la caridad pública y no se le conoció ningún trabajo. Murió pobre y olvidado.
Otra historia de olvido y fracaso, como la de tantos próceres argentinos, éste buscando su propio destierro a conciencia y llevado por una altanería y una soberbia que le impidió compartir su arte con el pueblo, convencido de que estaba llamado a un destino superior. La obra nos sirve para conocer los entretelones (todo lo que se cuenta es verídico, según reza un anuncio) de quien fuera gestor de la máxima canción patria y de un himno que está ubicado en segundo lugar en el mundo, después de "La Marsellesa", por su calidad artística y la belleza de su composición. Vaya como recuerdo a Blas Parera.
Y pueden ver la obra pulsando con un click en el link que antecede al artículo.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).