domingo, 10 de enero de 2021

Mi crítica de "Los Monstruos" (Teatro-Musical)

https://www.teatrix.com/ver/los-monstruos


 Por fin Teatrix estrena una obra de lujo, "Los Monstruos", con las actuaciones excelentísimas de Natalia Cociuffo y Mariano Chiessa, ellos son Sandra y Claudio, padres a su vez de Dolores y Patricio respectivamente. La obra creada por Emiliano Dionisi y Martín Rodríguez expone en forma de musical una realidad cruda y potente: hay padres que se transforman en los monstruos de sus propios hijos. Y hacen que estas criaturas se conviertan a su vez en monstruos. Los mandatos, las exigencias, los pedidos, las agresiones, la convivencia, todo esto es de una profunda perversidad que saca lo peor de cada uno en esa relación paterno-filial que puede llegar hasta el mismo crimen. Una obra que sí tiene un final inesperado y revelador, no como tantas pacotillas que nos inundan, que estremece los cimientos más de nuestra condición como padres o como hijos. Ganadora de 4 premios Ace, 7 premios Hugo, incluyendo el de Oro del 2016 y 4 Florencio Sánchez entre otros múltiples galardones. Mi crítica detallada, en el momento de su estreno, rastréenla que vale la pena. Un honor presentar esta obra. No se la pierdan, acá se las dejo.

El Conde de Teberito (un crítico independiente).




jueves, 7 de enero de 2021

Mi crítica de "Fin de Engaño" (Teatro)

https://www.teatrix.com/ver/fin-de-engano


 Esta nueva obra que nos presenta Teatrix corresponde a una compañía de teatro española y está filmada en la Madre Patria. Con libro de Luis Sánchez-Polack y dirección de Darío Frías, la obra transita entre lo ya visto y lo por verse. En realidad nada es demasiado nuevo en esta propuesta, la estructura habitual: una noche de fin de año, cuatro personajes y muuuuuuuchos secretos por develarse. Que al final no terminan por sorprender a nadie porque ya conocemos el jueguito. Desde los griegos que vienen presentándonos en un escenario posibles sorpresas con otras nuevas vueltas de tuerca que conducen a lo más inesperado. Que ya se torna esperado. Son verdades que tampoco tengo muy claro si era necesario saberlas, puede que para el funcionamiento de esa familia importaran mucho, pero a nosotros como espectadores, ¿que nos aporta?, ¿qué nos importa? ¿modifica en algo nuestra visión de la vida, nuestro comportamiento, nuestra forma de pensar? La respuesta a todo esto es no, así que podría haber pasado muy bien de largo sin ver esta reveladora pieza... Que además se supone que es reidera... los gallegos pueden encontrarle su gracia, lo que es yo... incluso las risas de los amigos sonaban más que nada a compromiso. Porque además la puesta es muy sencilla, nada de producción, se nota que fue grabada por una compañía de teatro independiente, con un practicable como fondo, un sillón y una mesa con dos banquetas como escenografía. Hablamos de puestas minimalistas pero tampoco de teatro de la pobreza... Eso sí, el elenco es muy bueno, salvo el actor que hace de gay, que presenta el estereotipo archiconocido y recontra transitado del homosexual afeminado y amanerado (para componer aun gay recorran el trabajo que hizo Ranni en un capítulo de "Nosotros y los Miedos" y verán lo que es trabajo actoral para sacarse el sombrero -en caso de que usen sombrero-). Fuera de eso, las actuaciones muy buenas y hasta excelentes, con vitalidad y desparpajo y gracia hispánica.

La acción transcurre en lo de los García Saavedra, tres hermanos, a saber: Lucía, Mónica y Fernando y el pretendiente de Lucía, Carlos. Ya en el primer momento nos enteramos que la casi adolescente Mónica está enamoradísima de su futuro cuñado y no bien se quedan solos trata de avanzarlo con no pocas propuestas sexuales. Carlos empieza a dudar de su amor por Lucía y se deja llevar por la niña con la que además de compartir su amor por la play y la Guerra de las Galaxias se siente muy atraído. Mientras, irrumpe Fer con la noticia que le ha dado su padre de que es adoptado y las múltiples consecuencias que esto le ocasiona. Estado propicio para que Lucía, su ex hermana o hermanastra ahora, se lance sobre él con verdadero espíritu de comehombres ya que siempre lo deseó, y hasta se olvide de su compromiso con Carlos, a quien encuentra verdaderamente soso. Fer se escabulle del amor de su hermanastra y dice que él no lo comparte. Ella le recuerda cuando, hace 20 años atrás él le desgarrara su vestido nuevo y ella lo esperase en el cuarto completamente desnuda, con las piernas abiertas y lo besuqueara en la boca... Claro, el público español se ríe con ganas de todas estas cosas, a mí no me provoca ni una sonrisa, perdonen lo amargado... Luego suben Mónica y Lucía a ver a la Yaya, la abuela nonagenaria que odia a toda la familia pero que tiene una buena herencia, por lo que todos están esperando sin la menor verguenza que la vieja estire la pata, lo que, según sus cálculos, no debe faltar mucho en producirse. Se quedan solos Carlos y Fer y el primero lo incita a beber -es indispensable que se embriaguen bien todos los personajes para soltar sus secretos, como en toda obra de este tenor que se precie, ¡¿qué harían los dramaturgos sin una botella de whisky a su alcance?!-. Fer toma tequila, y esto lo hace salir del closet en el que ha permanecido tanto tiempo por mandato paterno, ahora que sabe que ya no es más su hijo se da permiso para asumir su nueva sexualidad... y se le tira encima a Carlos, diciéndole que está enamorado de él. Pero ahora se entera Lucía, quien se ha quedado sin Carlos y sin Fer, por su codicia de acapararlo todo, y Carlos acepta muy cómodo a Mónica como su nueva novia.
Pero aún nos falta conocer la historia de Carlos. Huérfano, fue criado por una tía soltera en un paraje solitario, quien parece ser lo trataba muy mal. El se fue de su lado y se metió en un grupo de whatsapp llamado Arroz con pollo, que contaba historias estrafalarias sobra la vida de su familia. Estos eran los García Saavedra, y así logró meterse en la casa, por interés, pero sobre todo por el olfato que lo llevó a la herencia de la Yaya, quien lo nombró su administrador y gerente personal y a quien le dejaba toda su fortuna -sin olvidarse de pasar una pensión vitalicia a sus 37 nietos-. Claro, con el tiempo aprendió a querer a la familia y a sentirse parte de ella, de modo que se puso de novio con Lucía, a quien acaba de dejar por Mónica, quien al saber todo esto, ahora lo rechaza. Los tres hermanos lo expulsan de la casa, pero enseguida se dan cuenta que se ha muerto la abuela, y quieren reconquistarlo para sacar una tajada de la herencia. Bueno, hasta acá voy a contar, aunque siguen las vueltas de tuerca. Pero, con qué necesidad se nos cuenta todo esto a nosotros, pobres espectadores que lo único que queríamos era reírnos y no lo conseguimos. El público es escaso y se nota que son amigos y familiares de los actores, es una función muy de entrecasa. Ellos son: Viki Villalba, Edu Rajón, Rodrigo Poisón y Carlota Baró, muy buenos todos, con puntos sumados para la actriz jovencita que hace de Mónica, no sólo por su belleza sino por su solvencia y actitud escénica marcada. Con mejores condimentos podría haber llegado a ser una excelente obra. Una lástima.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



viernes, 1 de enero de 2021

Mi crítica de "Yes, God, Yes" (Cine)

 Estoy francamente indignado con esta película. No me imaginaba que iba a ver una cosa tan ñoña, tan imbécil, tan superficial, viniendo como viene del cine norteamericano independiente. Tampoco me proponía ver un cuestionamiento a los fundamentos de la iglesia católica del estilo de Kieslowski, pero sí, al menos algo que hiciera tambalear los cimientos. El resumen de la cosa es que hasta los cristianos más fervientes, los que hacen de su religión su punta de lanza, cometen actos sexuales, ya sea consigo mismos o con otros. Nada de depravación ni de suciedad, que no sea para tanto.

La película empieza con una clase de sexualidad en una escuela ultra católica de los Estados Unidos por el Murphy (una cargada a la serie tan exitosa dirigida por Michael Landon?) les dice a chicos y chicas que los varones son como un horno a microondas, necesitan apenas segundos para calentarse mientras que las chicas son como los hornos tradicionales, van más lento.  ¿En serio se creen eso? Y que la función del sexo es sagrada por lo tanto su objetivo es... el matrimonio, y con él, la procreación. Todo acto sexual que vaya en contra de esto estará sancionado por el Señor. El único pecado que se le puede imputar a Alice (una jovencísima Natalia Dyer) y su amiga Laura (Francesca Reale) es el de rebobinar la película "Titanic" hasta el momento de la presunta relación sexual entre los dos jóvenes protagonistas. Con eso ya les alcanza. Cuando Natalia descubre que su teléfono celular, puesto en modo de vibración y colocado en su entrepierna le proporciona gratos momentos se le abre un mundo nuevo: el del pecado. Además se le acusa de haberle "tirado la ensalada" a su ex novio Wade (Parker Wierling), una expresión que sólo a los yanquis podía ocurrírseles, que parece que significa algo así como meter la lengua en el ano. Por supuesto que la quinceañera Alice vive en su mundo y desconoce lo que quiere decir lo de la ensalada. Así se lo preguntará a un desconocido que está del otro lado del chat por internet, cuando decida tener una sesión "prohibida" y su interlocutor le pregunte si ya está mojada y ella le contesta si él también se mojó. Por supuesto que sus aventuras por internet no prosperan porque está en la casa con sus padres y estos la controlan mucho. Pero se abre la posibilidad de asistir a un retiro llamado Kirclos a donde ella va de muy mala gana. Es tiempo de rezar el rosario y de dedicarse a la introspección. Pero lo primero que descubre al llegar es a Chris (Wolfgang Novogratz) quien le atrae de inmediato por su gran físico y por ser bien parecido -bien parecido a un mono-. El destino la separa de su amiga Laura poniéndolas en cabañas separadas, y ella tiene que ir a una liderada por la dulce y angélica Nina (Alisha Boe), una chica afroamericana que parece la encarnación de la Virgen María en la Tierra. Lo primero que esta le pide al acomodarla en su cuarto es que le entregue su reloj y su teléfono celular, pues el tiempo que se medirá de ahí en más es el de Dios. Alice hace trampa y se queda con su celular que le proporciona tantos placeres impuros...
Son recibidos por el Padre Murphy (Timothy Simons) quien les asigna una mesa y un número, a ella le toca la presidida por Chris y se ruboriza bastante. Les presentan una lista de sentimientos entre los que tienen que seleccionar los que hayan sentido últimamente y encuentra para escándalo: excitación. Por supuesto que lo marca, aunque en el momento de entregar la hoja quiera borrarlo infructuosamente. Aclaro, la excitación no siempre es sexual, uno puede sentirse excitado por millones de cosas, y de más está decir que yo me paso el día excitado, aunque es más de enojo que de sexo. Pero la pacatería norteamericana no lo entiende así y le cuesta a Alice una confesión con el Padre en donde tiene que aclarar que si bien estuvo caliente no hizo nada para remediarlo.
Pero como la mentira tiene patas cortas, Nina descubre que le ha ocultado el teléfono y como castigo la mandan a recoger la basura y limpiar los pisos de todo el salón. Una noche que se queda limpiando accede a la computadora del Murphy y se mete en un chat erótico para descubrir qué era lo de la ensalada, pero casi la atrapan. Al día siguiente, el Padre los anoticia que se dio cuenta de que alguien anduvo por su computadora para mantener charlas sexuales. Claro, ella no dice nada pero Laura sospecha que fue Alice. Otro día, mirando desde la ventana de la cocina ve a Nina practicarle una fellatio a un chico y ella, trapeador en mano, se monta sobre el palo y comienza a frotarse, llegando casi hasta el clímax si no fuera porque sor Luisa entró para hacerse un té. Cuando todas las sospechas de la computadora recaen sobre ella, ésta consigue una pulserita con el nombre de Wade, que éste deja caer, y la coloca hábilmente debajo de la computadora para que lo culpen a él. Esa noche, mientras hace la limpieza -pobre, la tienen como a la Cenicienta- descubre al Padre Murphy que entra a su despacho para... masturbarse viendo una película porno en su computadora. Claro, al día siguiente todas las culpas caen sobre Wade y este se confiesa públicamente de que utilizó la compu pero se arrepiente. 
Cansada de tanta hipocresía reinante, Alice se escapa de un fogón que hacen una noche en el bosque y se va hasta un bar de carretera, en donde encuentra un hada madrina que le pregunta si es del retiro. Y le dice que ella también fue ferviente católica en su adolescencia y que tenía miedo de ir al infierno y todo eso pero que por suerte se dio cuenta a tiempo de que todo era basura y que cada uno se tiene que preocupar por "su propia mierda". Cuando a Alice le toque ir a confesarse con el Padre le dirá que vio una película pornográfica y le describirá con lujo de detalles la que éste estaba viendo. El Padre se atraganta pero no dice nada y la manda a rezar no sé cuántos Padrenuestros y Avemarías. En la celebración final cada uno tiene que agradecer de alguna manera y Alice se despacha con un discursito "subversivo" sobre que el mundo de la religión está lleno de hipocresías, que cada uno tiene que preocuparse por lo propio sin tener miedo al pecado y ocuparse "de su propia mierda". Por supuesto que las bienpensantes almas católicas se escandalizan y cada uno vuelve tranquilo a su conciencia.
Por suerte Alice ha cambiado. No sólo sabe el significado de tirar de la ensalada sino que ahora elegirá una universidad que le abra la cabeza y que no esté a la vuelta de la esquina de la casa de sus papis. Y ya puede rebobinar sin culpa Titanic y meterse la mano en la tanga para divertirse un rato, y lo que es más... encuentra un juguetito que vibra...
Una soberana estupidez me pareció esta moralina que deja bien parados y sentados a los católicos practicantes norteamericanos, con profusión de crucifijos, vírgenes de las de cera y las de carne y mucho olor a viejo aunque aún se sigan dando clases como las del comienzo en colegios anquilosados en la historia. Y gracias a Darwin hoy no creemos el cuento de Adán, Eva, la manzana y la serpiente que sino... Por suerte cerebros subversivos hubo en todas las épocas, y no sólo le debemos a Darwin sino también a Galileo, a Servent y a Freud el habernos declamado lo que pasaba más allá de nuestras narices.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

martes, 29 de diciembre de 2020

Mi crítica de "El Plan Rodolfo" (¿Teatro?)

https://www.teatrix.com/ver/el-plan-rodolfo


 No me agarra más Juan Paya y sus chantadas de cuarta. Esta es una producción que difundió Teatrix pero que fue filmada de apuro con la excusa de la navidad con un teléfono celular y tres actores -a saber Juan Paya, NIcolás Maiques y Pedro-. Digo que no me agarra más porque no pienso ver ningún espectáculo más que venga con esa firma porque son mediocres, chabacanos, idiotas, sin ideas, descerebrados y lo peor, muy, pero muy groseros en balde. Las malas palabras abundan en la poca más de media hora que dura el episodio de telenovela que se nos presenta en tres capítulos, y con la gracia que puede tener un colegial bocasucia al que le han prohibido decirlas. Escupidas una tras otra, con poca sutileza, sin sentido y sin la gracia de, por lo menos, un Pinti -que las dice con fundamento, aparte-. Eso no sería lo peor, sino el banal argumento de esta producción de entrecasa hecha entre dos amigos y el hijo de uno de ellos. 

Juan hace de Juan, el hijo de Sofía, la abuela de Pedro, hijo a su vez de Juan. Juan está desesperado por conseguir una novia y las busca chateando y las desecha por el simple hecho de ser de Mataderos e hincha de Chicago. La madre, en cambio, se ha enamorado de Rodolfo, el viejito jubilado vestido de Papá Noel en la esquina, a quien su nieto pretende secuestrar para quedarse con todos los juguetes. Este es el punto de partida y el de llegada de esta singular serie televisiva que no presenta ningún conflicto con lo que podamos definirla como estructura dramática. La abuela es censurada por su hijo por el hecho de enamorarse a su edad -está tan mal caracterizado Maiques como Sofía que en realidad sólo parece un hombre con peluca- y ella le reprocha que no encuentra a su mujer ideal. Pero las cosas no seguirán así, de buenas a primeras Sofía se pelea con Rodolfo sin motivo ninguno y cuando lo llama por teléfono para reconciliarse, este le dice que se fue a tomar el té con una amiga de ella y ésta lo putea de arriba abajo. Sin mencionar el rosario que le dedica a su amiga. Este es el argumento de "El Plan Rodolfo", una cosa que podría haber escrito un chico de 13 años y aún así lo criticaríamos. Evidentemente Juan Paya no tiene vena de autor, y menos de actor, ya que es lamentable su interpretación, así como la de Maiques y la presunta desfachatez del pequeño Pedro -un actor que ni se presenta con su apellido-. Para mal de males, la dirección también es de Paya... y ya no hay escapatoria alguna. Sólo tiene en su haber la escritura de "Chicos católicos", que era pasablemente aceptable; lo demás es basura y de la rancia. No la vean ni aunque venga regalada -como es el caso- porque es un bodrio que se olvida tan fácilmente como se la vio, sólo que deja el regusto amargo de haber probado algo podrido.
No digan que no se los avisé.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



domingo, 27 de diciembre de 2020

Mi crítica de "Te aconsejo que me Olvides" (Teatro-Musical)

https://www.teatrix.com/ver/te-aconsejo-que-me-olvides


 Primera producción integral de Teatrix, esta para los tiempos de pandemia y a todo trapo. Lástima que los resultados no fueron los deseados. El equipo creativo es de primera: Betty Gambartes en libreto y dirección general y Diego Vila también en libro y dirección, la misma dupla que en Manzi, la Vida en Orsai. El elenco también era un lujo, encabezando, Raúl Lavié, que con sus ochenta y tantos sigue exhibiendo una voz poderosa y bien templada; Ivanna Rossi, con su cálida voz y todo su carisma y Marcos Montes, un afinado desfachatado. Para completar el equipo contamos con dos bailarines de primera: Melody Gelatii y Esteban Domenichini. Todo se conjugaba para ser un espectáculo brillante. Con tangos varios, algunos muy conocidos y otros no tanto, que van hilvanando una historia de amores y desamores.

Primero es Cipriano -Marcos Montes- el que se hace abandonar por la chica -Rossi- que de ahora en más pasaremos a llamar la Morocha Argentina. Escenitas de llantos, celos y demás, para meterse enseguida con Jacinto -Lavié- quien al poco tiempo también decide terminar el romance porque ella no se lo merece. El ha nacido para la timba, los burros, el café con los amigos, y es mucha mujer para él. A partir de ahí perdemos el rumbo, porque ya no sabremos quién está con quién y a quién hay que dejar. Se reiteran las situaciones sin fin y parece que cambiaran los personajes pero no, siguen siendo los mismos, así que qué querés que te diga, ya no entiendo más nada. Hay una sucesión de tangos que van tejiendo el argumento -algunos tangos reales y otros escritos para la ocasión-. Puedo distinguir Alegre mascarita; Ventarrón; Yo no sé qué me han hecho tus ojos; Ahora; Victoria; Piantá de aquí; Grisel; un dúo muy lindo de Nostalgias y Garúa, cantados al unísono como en Manzi...; Mientras fumo; otro dúo con Los Mareados y Rubí, realizados por Lavié y Rossi; Dos almas; Cuatro palabras; Tomo y obligo; Por una cabeza y Amor, amor, amor.
Como siempre es un lujo escuchar a tan extraordinarios cantantes, tal vez Lavié sea la voz que mejor se conserva con el paso del tiempo en la Argentina, ya que Jairo -para mí el mejor cantante que tenemos- va perdiendo caudal de voz a medida que envejece. Ivanna Rossi tiene toda la frescura y la caradurez juvenil y la cosa canyengue del tango mientras que Marcos Montes aporta picardía y un buen caudal canoro. La dirección musical, por parte de un pianista y una bandoneonista es impecable y la dirección de conjunto no deja nada que desear. Salvo esas pequeñas confusiones del guión, que empobrecen el sentido de tan magno esfuerzo. Se nota que la preparación de este espectáculo se hizo a conciencia y llevó su tiempo, porque todo está muy bien aceitado y ensamblado -no parece un show hecho de apuro- y lo luce. Lástima ese pequeño-gran detalle, que opaca lo que podría haber sido un excelente espectáculo.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito -un crítico independiente-.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Mi crítica de "Airefuego" (Teatro)

https://www.teatrix.com/ver/airefuego


 Un nuevo acierto de Teatrix -entre sus alzas y sus bajas, que no dejan de preocuparme- fue juntar a Francisco Pesqueira y Thelma BIral en este recital de poemas y canciones, a la medida de ellos dos. La puesta en escena es simple, apenas dos sillones y una mesita con agua y copas, y un pianista con su órgano sobre un costado. Dicen que lo grabaron especialmente para Teatrix, yo no sé si antes tuvo su paso por el teatro, y de no ser así merecería que lo hubiese hecho, ya que es un espectáculo de la más alta categoría y con sólo dos materiales: la palabra y el canto. El espectro de autores es amplio y va desde García Lorca hasta Benedetti, desde María Elena Walsh a Félix Luna y Ariel Ramírez, pasando por toda una amplia gama de poemas y estados de ánimo, para empezar y terminar con ese clásico de clásicos que es "Doña Rosita, la Soltera", de García Lorca, en donde se luce indudablemente la BIral.

El diálogo es ameno y distendido, tal vez un poco sobreactuado con esa volubilidad que tienen los actores de exagerar cada recuerdo, cada palabra que se dice o cada sentimiento que se evoca, pero fuera de eso está bien manejado. El hilo de la conducción lo lleva Pesqueira, incluso ofreciéndole textos a Biral que ella desconocía o que no había leído previamente, como los de Simone de Beauvoir, Isabel Allende, Alejandra Pizarnik, Virginia Woolf o Emily Dickinson. Comienza hablando Pesqueira sobre su descubrimiento en su Córdoba natal, a los 8 años, en aquel glorioso 1978, en que se representaba "Doña Rosita" con dirección de Cecilio Madanes, producción de Oscar Pedemonti y la interpretación de Eva Franco, Carlos Muñoz y Maris Herrero y en el momento en que él decidió que quería ser eso: actor. Entra Thelma y ofrece parte de la obra en verso, con el soporte de Francisco. La dirección del espectáculo corrió de la mano de Emilio Samar y la música y teclado de Pepo Lapouble. Sigue Pesqueira cantando "Amo el amor de los marineros", de Pablo Neruda y luego pasan a hablar de sus respectivos padres y de su ascendencia: Pesqueira gallega, BIral italiana. Y de las cosas que se cantaban y contaban en sus respectivos hogares. Así Thelma (que por fortuna se ha recuperado lo más bien de su rotura de cadera, ya sin bastón), se anima a entonar la canzzonetta "Mamma", que cantaba su madre en referencia a la suya. y luego cantan y recitan "Luna de los gitanos", de nuevo de Federico, en canto de Pesqueira y recitado de Biral. El joven de 50 años va a recordar a su propia madre entonando "Me lo ha dicho la luna", un viejo cuplé que ella cantaba cuando él era niño.
Luego pasarán por la infancia y adolescencia de Thelma en Montevideo -aclara que es argentina- y su paso por el Teatro de la Comedia Nacional del Teatro Solís y cómo en los descansos bajaban a ver ensayar a la Comedia Nacional que ostentaba glorias como China Zorrilla y otros actores de primer agua en el Uruguay y en las butacas se encontraba la mismísima Margarita Xirgu dirigiendo, y cómo volvían a clase inspirados para repetir todo cuanto habían visto y oído en esa clase magistral. Para recordar a la poetisa uruguaya Idea Vilariño y su "Quisiera morir ahora", poema exquisito si los hay. Se definirán como hinchas furiosos de otro gran e ilustre uruguayo, don Mario Benedetti, y mientras Thelma recita "Hagamos un trato", Francisco canta "Te quiero", con música de Favero, en un amable contrapunto para terminar los dos al unísono.
Luego pasan a los poetas cordobeses, y mientras Pesqueira hace un chiste con Rodrigo, Biral recita "Eran las campanas", de Arturo Capdevila, otro magnífico cordobés, y Pesqueira la coloca en el balcón de Julieta y él asume el papel de Romeo para cantarle "Con mi serenata", de otro autor mediterráneo. Luego se transportan mágicamente a Buenos Aires y recorren la calle Corrientes para recitar y cantar "Te quiero Buenos Aires", de la maravillosa Eladia Blázquez. Thelma va a recordar cuando allá por los 70 convencieron a Niní Marshall para que hiciera el protagónico de "Coqueluche", la obra de teatro, siendo ella un papel menor. La dedicación conque Niní le enseñaba cómo debía decir un chiste, cómo rematarlo y cómo aplicarle su timming exacto. Las numerosas tardes que pasaron juntas tomando el té en la casa de Niní con el propósito de "pasar letra" y cómo le gustaban a ella las rosas y de cómo Thelma cada vez que podía le llevaba una. De allí derivará el poema "Rosas", de Juana de Ibarbourou y para que Pesqueira cante "El viejo varieté", que María Elena Walsh escribiera para una revista del Maipo. Francisco tiene tiempo para aclarar que los zapatos que lleva puestos son los mismos de cuando debutó, hace 35 años, sólo cambiada la zuela, regalo de su padre y los que usa siempre por cábala. A esto puedo agregarle que yo le gané. Los que uso yo para mis espectáculos son los mismos que me compré para bailar el vals en 6° grado, con lo cual los míos tienen sólo 40 años, y que también uso por cábala, cambiada también la zuela.
Pesqueira va a recordar que lo conoció a Alberto MIgré también en el Maipo y van a recorrer juntos temas musicales de sus telenovelas como "Quereme, tengo frío", de "Piel Naranja", "Rolando Rivas", el tema de Fito Páez "Yo vengo a ofrecer mi corazón" o el de "Una lágrima en el teléfono". Thelma acotará que su novela "Dos a quererse" también fue un éxito y recordarán su tema musical.  Después Pesqueira recorrerá la filmografía de Thelma BIral sin obviar ninguna, para detenerse especialmente en "Desde el abismo", quizá su mayor éxito, dirigida por Fernando Ayala y rememorarán su banda musical. Hablando de la valentía o la cobardía de los hombres, Thelma ofrece el poema titulado "Cobardía" de Amado Nervo. Y terminará con el poema de Alfonsina Storni "Quisiera esta tarde divina de octubre", excusa para que Pesqueira cante "Alfonsina y el mar" de Félix Luna y Ariel Ramírez. Vuelve a repasar su visión de "Doña Rosita" y darle el pie a BIral para que haga los monólogos más dramáticos y famosos de la obra para culminar con aquel poema que todos aprendimos en la primaria y que es ya un clásico: "La Rosa".
Todo está cuidado y estudiado al milímetro, nada en el recital molesta o desentona, y sirve para evocar la extraordinaria capacidad vocal de un Francisco Pesqueira en lo mejor de su carrera y para que Thelma BIral vuelva a brillar y a sostener la enorme actriz que fue y sigue siendo con lo mejor del repertorio poético argentino y español. Un espectáculo que es un verdadero lujo para quienes admiramos la poesía y el canto y un festival para los sentidos. Bienvenido sea a Teatrix y ojalá sigan brindándonos espectáculos como éste, filmados a propósito de la cuarentena.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Mi crítica de "La Bohéme, en tacos" (Parodia de ópera)

https://www.teatrix.com/ver/la-boheme-en-tacos


 Bienvenida sea la ópera a la plataforma de Teatrix, en este nueva modalidad de Teatro en Pandemia-Vía streaming. Lo curioso de esta puesta desde las casas de cada uno, es que se la ha dado un giro novedoso a la clásica y hermosa ópera de Puccini: se la hizo en una versión travestida. Sería algo así como una ópera drag queen. Algunos papeles de hombres -Rodolfo- son interpretados por mujeres y algunos de mujeres -Musetta, Marcella-, por hombres. Los demás hombres de la compañía presentan rasgos afeminados o son directamente travas. No deja de sorprenderme el por qué de este giro, ya que el argumento se mantiene intacto -aunque reducido de dos horas a una, con cortes en las arias-, si será para provocar, para escandalizar o directamente para aggiornarla. Ninguna de estas opciones me parece válida y suficiente, ya que ni escandaliza, ni provoca y para el aggiornamiento baste con reparar en el musical de culto Rent, que tomó el argumento de La Boheme y lo situó en la actualidad donde los personajes en vez de morir de tuberculosis lo hacen de SIDA. Es mucho más efectiva y más hermosa en su conjunto y en su exposición esta Rent que este mamarracho de ópera travestida.

Los cantantes no dejan de ser buenos, aunque me caben serias dudas de que sean ellos los que cantan, ya que hay una desincronización entre el movimiento de los labios y la emisión de voz, aunque esté tomado en el directo que lo permite hacer el streaming. Además una mujer como Laura Borja, haciendo de Rodolfa, tiene una buena voz de tenor, lo que me hace dudar que sea de ella -salvo que sea el caso de un transexual lírico, lo cual no sería asombroso dado la fisonomía hombruna de la cantante y el ancho de sus muñecas, dato con el cual se suele identificar a todos los hombres trans del mundo-. El caso de Mariana Carnovali (Mimí) es positivo, no sólo tiene una excelente voz sino que es hermosa, pero dada a reírse como una pánfila en todo momento durante el 1° acto (sí, reite ahora que después no te van a quedar ganas). Tanto Marcello (Alfredo Martínez) como Collins (Andrés Asencio) lucen masculinos en sus roles aunque con una leve tendencia a la femineidad en Marcello, que se empolva la nariz y se hace los rulos antes de cantar; el caso de Shaunard (Ferni de Gyldonfaldt), es abiertamente gay, así como Musetta, que es encarnada por otro hombre (Lucho de Gyldonfaldt), quien logra impostar su voz como una mezzosoprano muy desvirtuada. Pero el peor pecado, tanto en Rodolfa como en los hombres es la tendencia a la macchietta, al estereotipo de hombre o de mujer en sus gestos y actitudes. Rodolfa juntara siempre sus manos sobre el pecho, en un gesto casi paralizado mientras que los hombres travestidos o gays recurrirán a las peores poses de teatro de revistas que hicieran un ícono de los personajes homosexuales. Todo un gran fracaso, por donde se lo mire.
Se rescatan algunas arias que han quedado intactas y que son los pilares de la ópera, como "Che gelida manina", "Si, mi chiamano Mimí" o "O soave fanciulla" del 1°acto, todo un emblema a lo que a música operística se refiere y lo más transitado en los recitales de tenores y sopranos que contengan antologías. El "Vals de Musetta", del 2° acto, todo un símbolo del aria romántica por excelencia ha quedado perdido lastimosamente entre los estertores de un hombre que se desgañita tratando de cantar como mujer. En este 2° acto, también Marcello se ha cambiado a Marcella (Eddie Carmona), de pelo largo y barba, muy pintarrajeado, exhibiendo patéticos resultados. Y cuando digo patéticos no me refiero al sentido con que Tchaikovsky nombraba su 6° Sinfonía.
Del original de La Bohéme es muy poco lo que ha quedado, salvo algunos fragmentos conmovedores del canto, y repito, si es por transgredir, no veo el resultado y si es por incomodar, tampoco, ya que no sólo no incomodan sino que hacen que nos indignemos. Si es por "descontracturar" lo solemne de la ópera, les agradezco pero no hacía falta, prefiero quedarme con un drama bien cantado y bien representado que con este cocoliche mezcla de farsa y berreteada. Hay formas más inteligentes e interesantes de descontracturar el arte. Investiguen y aprendan. Por ejemplo los "Ballets Trocadero de Montecarlo" que es un grupo de hombres parodiando a las bailarinas de ballet pero lo hacen con tanto estudio, tanta técnica y perfección, además de verdadero sentido del humor, que da gusto verlos. Lo que podemos rescatar de esta puesta es su adaptación a estos tiempos mediante el uso del chat y los emojis en pantalla, que elevan un poco el hecho cómico del asunto.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).