sábado, 17 de septiembre de 2016

Mi crítica de "Somos Chilfree (Libres de Hijos)" (Teatro)

Ayer fui a ver esta deliciosa obra y salí agradecido del Paseo La Plaza por haber tocada un tema que me incumbe. No es demasiado frecuente que en el teatro, el cine o la literatura se toque el tema de aquellas parejas que se juntan con la decisión de no ser padres y aquí es el conflicto central de la pieza. Yo me considero un childfree, ya que en el momento en que encuentre mi pareja adecuada no me interesa tener que cargar con la responsabilidad de criar un nuevo ser en este mundo, desvelarme por él y vivir atado a esa relación por el resto de mis días. Puede sonar a cínico, pero el tema es que además "no soporto a los chicos", porque tocan todo, rompen todo, juegan sin parar sin cansarse nunca, son unos subersivos del orden establecido, etc...
Pero hablemos de la obra y no de mí. Unos minutos quiero dedicarle al autor, Matías del Federico, joven autor santafecino que saltó a la fama luego de ganar el concurso "Contar 1" auspiciado por Argentores, la Asociación Argentina de Actores y la Asociación de Empresarios Teatrales. Sin tener en claro que quería escribir teatro, después de haber ganado por la exitosa "Bajo Terapia", que aún se encuentra en cartel y ha trascendido las fronteras de nuestro país hasta los confines más alejados del planeta, se decidió a enfocar su vida de escritor para este lado. Su segunda obra es igual de buena que la primera, y es conveniente que sea representada, como acá, por un grupo de actores solventes, que le puedan sacar todo el jugo posible a dicho texto. Nada sería de la obra si el protagonista (Augusto) no fuera encarnado por Gabriel "Puma" Goity, que sabe bordar a su personaje sacándole carcajadas en cada frase que pronuncia. El trabajo de Goity es irreemplazable, no puede ser pensado en el cuerpo ni en la voz de otro actor, ya que es un verdadero maestro de la comedia. No es tan así el desempeño de Eugenia Tobal, una actriz de telenovelas que no tiene parlamentos de peso cómico en la obra y, esta sí, podría pensarse en el cuerpo de otras actrices. Contemplan el rubro Dennis Smith, como Martín, el hermano abiertamente gay de Florencia (rol que por otra parte no le cuesta demasiado abordar, no sé si me explico...); Martín Pavlovsky (Federico) otro irreemplazable, como el cínico único amigo de Augusto, que también es un childfree, y su esposa Sonia (Valeria Lorca). Cierra el seleccionado Mariana Melniec, como Nancy, una alumna-paciente de Flor, que se conecta la mayor parte de la obra por skype y la vemos detrás de una pantalla blanca. Es extraño que ahora todos digan "hay que prestarle atención a esa chica", cuando lo remarqué yo  hace muchos años cuando encarnaba a la monjita joven e ingenua de "La Duda", pieza que hizo junto a Gabriela Toscano y Fabián Vena. Allí ya desplegaba unas dotes actorales insoslayables y ahora la tenemos como una recién llegada.
La pieza comienza el día del cumpleaños N° 50 de Augusto, un tipo que odia los cumpleaños, los regalos, los invitados y las reuniones. Como así es su pacto con Flor de no tener nunca un hijo. Lo que no sabe es lo que sabemos nosotros como público: que desde el primer minuto, Florencia está embarazada... Así se juntan a comer (en el suelo, porque su esposa es una gurú de la vida sana y ofrece semillas de girasol y pasas como parte central del menú) Augusto con Flor, Martín y Federico. Federico, un intelectual snob le regala su último libro "Chilfree" con el que sienta su postura en la vida, y del que pueden hacer chistes juntos. Martín, en cambio, que está de novio con un joven inventor, le regala la "lapidaria", especie de lápida triangular, en dónde puede grabar con su voz o en video mensajes para los que vayan a visitarlo a su tumba después de muerto. Por supuesto que el regalo de Martín es tomado a la chacota por Augusto, quien graba toda clase de mensajes peyorativos. Martín sabe lo del embarazo de su hermana y está a punto de decirlo durante toda la reunión, pero finalmente opta por contar que él y su pareja han decidido adoptar un hijo, lo cual es tomado con sorna por Augusto y Federico. Hablan de la cantidad de pañales que hay que cambiar, más la cantidad de caca que va a hacer el bebé, sumado a no dejar dormir en toda la noche y las desventuras de padres y madres que trabajan todo el día y mandan a su hijo a un colegio inglés, en dónde va a buscarlo una niñera también inglesa y las palabras en ese idioma que les dirige su retoño. Mientras, desde la pantalla del skype se comunica Nancy, quien tiene un ataque de pánico y Flor le repite los tontos ejercicios de relajación y de respiración diafragmática...
Pero la bomba no puede tardar mucho en tirarse y al fin Augusto se entera que su esposa está embarazada. Allí se le viene todo su mundo al suelo y elige como opciones, a) un aborto y b) que Flor se mude de casa, las cuales son rechazadas por la futura madre. Después de tratar de convencerla que no tengan ese hijo y de decirle que lo ha decepcionado y defraudado en su buena fe, decide irse él de la casa. Entremedio suceden miles de graciosas peripecias lo que le da más substancia a la obra, pero el conflicto es claro: Florencia quiere tener a su hijo, Augusto no quiere tenerlo. Dos fuerzas que se contraponen y tiran cada una para un lado contrario. Esa es la definición de conflicto.
Pero como la procesión va por dentro... Un día en que hay que internar a Flor porque tuvo unas pérdidas y estuvo a punto de perder a su hijo, acompañada por Augusto al sanatorio, éste se pone a llorar desconsoladamente ante la idea de perder a su vástago. Juntos entonces deciden tirar para adelante y es así que Florencia se convierte en mamá (que no puede dormir) y en Augusto en un padre celosísimo del amor por su hijo. Cuando todos concurren a visitarlo él despliega una cinta de no acceso en la puerta del dormitorio y les hace enjuagarse a todos las manos con alcohol en gel, que lleva prendido a la cintura. Cuando se acerquen para ver al bebé él repartirá barbijos para que no puedan contagiarlo de nada. Pero como el teatro refleja a la vida (y no la vida a la mala televisión, como decía Woody Allen en "Maridos y Esposas"), el final de la obra va a ser agrio y nos deja a todos con un sabor amargo en la boca.
La obra dura uno hora y media cortísima, pasa como una exhalación, como pasan las cosas buenas cuando estamos realmente disfrutándolas. La labor de dirección corrió acá por doble mano, la de Marcos Carnevale y Mauricio Dayub. La marcación es perfecta y no deja casi ningún resquicio para hacer una crítica en contra de la obra ni de la puesta. La obra es alegre, divertida al mango, tiene buen timming y un grupo de actores que se apoyan en todo momento para divertirse los unos con los otros. Y hacer que el público participe de la fiesta. Pero se ponen en juego varios interrogantes: ¿hasta dónde llega la libertad individual para llevar una vida a gusto? ¿debemos aceptar los pactos incuplidos o tomar decisiones extremas ante esto? ¿cuál es la cantidad de gente que no quiere tener hijos -y sé por las redes sociales que es elevadísima-? ¿se extinguirá la raza blanca judeo cristiana ante esta necesidad de tener cada vez menos descendencia frente a otras colectividades como la musulmana, cuyas guerras santas están minando occidente y planean quedarse con él a fuerza de descendencia? Las obras que elige Goity siempre tienen un trasfondo filosófico y personal que invitan a la reflexión más allá de la carcajada. Y resulta gracioso ver al "Puma", renegando de los jugadores de rugby y a sus tontos partidos y elementales reglas de convivencia (él fue un "Puma").
Por todo eso y mucho más recomiendo fervorosamente "Somos Chilfree (Libres de hijos)" a quienes quieran pasar un muy buen momento acompañado de carga emotiva e introspección. Tanto para quienes adoren a los niños como para quienes planifiquen vivir sin ellos.
Y les agradezco haberme leído nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

jueves, 15 de septiembre de 2016

Mi crítica de "Cafe Society" (Cine)

Tengo una gran duda. Acabo de ver "Café Society", la nueva de Woody Allen y me quedé sin saber si era buena o mala película. Todo por culpa de haberla bajado del Torrent y tener un subtitulado espantoso, tarzanesco ("Mi ser mejor contrato Hollywood", todo así) y, demás está decir, haberme perdido los mejores chistes de la película, y los diálogos allenianos, que pueden transformarla en una obra maestra o en un bodrio. Lo peor es que las críticas que vengo leyendo la trataron muy bien y hasta llegaron a ponerle "Excelente" (vg. "La Nación", por el exigente Javier Porta Fuz, editor de "El Amante"). Les cuento lo que entendí. Hay en Hollywood de los dorados años 30 un magnate rico e importante, con conexiones en todo el ambiente artístico que responde al nombre de Phil Stern (Steve Carrell). Este Phil tiene un sobrino, Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg) que llega a la meca del cine con la intención de hacerse un nombre, respaldado por su tío. Tienen una buena relación, aunque el tío no consigue ubicarlo en ninguna parte importante. Pero Phil tiene una secretaria, Vonnie (la bella Kristen Stewart) de quien Bobby se enamora perdidamente ya que ella se ocupa de él, de sacarlo a conocer Hollywood en sus ratos libres, que son muchos, pero le anticipa que no puede enamorarse pues ya tiene un novio, que es un hombre mayor que no para mucho en la ciudad. Pero la verdad es que Vonnie está saliendo con Phil, quien a su vez tiene un excelente matrimonio con Karen, una mujer de su edad. Vonnie es la amante del tío de Bobby, aunque no puede decírselo. Mientras siguen viéndose los dos jóvenes y sintiéndose cada día el uno más cerca del otro. Hasta que Phil decide dar por terminado su romance porque no puede seguir jugando a dos puntas. A todo esto, el hermano de Bobby, Ben (Corey Stoll), que se ha quedado en Manhattan, es un mafioso de primer orden a quien no le tiembla el pulso a la hora de dispararle en la cabeza a quien lo mira mal. Vonnie queda destrozada por su ruptura y se pone de novia con Bobby, con quien vive una vida de romance pleno, ya que él es un romántico empedernido, un ser sensible y delicado y un amante maravilloso, parecen el uno para el otro. Planean un futuro juntos, casarse e irse a vivir con la familia de él a New York. Todo marcha sobre ruedas. Hasta que Phil le dice a Vonnie que va a dejar a su mujer para casarse con ella, ya que no puede vivir sin su amor. La encrucijada que se le plantea a Vonnie es dura, vivir con un hombre con fortuna y seguridad social y económica o jugarse las fichas con el joven del que pretende estar enamorada. Y realiza la peor elección: Phil. A todo esto Bobby se entera de la relación y se lo toma muy mal. Pasa el tiempo y Bobby ha vuelto a Manhattan, su hermano sigue matando y él ahora es dueño de uno de los principales "night clubs" de la ciudad. Conoce a una rubia hermosa con el nombre de Verónica (que era el verdadero nombre de su antiguo amor) y pasado un tiempo se casan y tienen un hijo. Pero un día el pasado le hace una mala jugada a Bobby y aparecen en su local Phil y Vonnie, felizmente casados y llena de joyas ella. Lo invitan a la conversación y poco más tarde ella se reúne con él. Deambulan por Manhattan toda la noche y tienen varios encuentros clandestinos de amorío. Pronto se separan y vuelve cada uno a su vida de matrimonio en sus respectivas ciudades. Pero  la noche de año nuevo, después de besarse con sus respectivos cónyuges, los encuentra nostálgicos, pensando cada uno en el otro. FIN. Faltaría la frase final de "Otra Mujer" (1988): "Me pregunté si un recuerdo es algo que uno tiene o algo que ha perdido". Porque lo que quiere contarnos la película son las malas elecciones que hicieron dos personas que estaban destinadas a vivir juntas y a ser felices juntos. Esto también nos remite al final de "Crímenes y Pecados" (1989): "Nuestra vida es la suma de las elecciones que hacemos durante ella". Y también al Proust de "En busca del tiempo perdido": "Los únicos paraísos que existen son los paraísos perdidos". O como dice Bobby en medio de la película: "La vida es una comedia escrita por un escritor de comedias sádico". Debe haber sido infinito el dolor de la pérdida para él para ir a casarse con otra mujer sólo porque llevaba el mismo nombre que su antiguo amor. Y declararle a ella que no pasa día sin que piense en ella. Y también para ella, ya que reconoce que sueña con él muy seguido. Es infinito el dolor para ambos, aunque en la imagen final se los muestre recordando con nostalgia el pasado. Es la pérdida de una oportunidad única, que no volverá a aparecer en el horizonte de ninguno de los dos a menos que alguno haga algo. Quisiéramos que la película siguiese, para saber cómo va a terminar la vida de ambos. Lo cierto es que , como es costumbre en Woody Allen, el tema aparece planteado desde el primer fotograma, aunque no nos demos cuenta.
Un párrafo aparte merece la fotografía  (es la primera vez que Woody filma en digital), de la mano del gran Vittorio Storaro (genial colaborador de Bernardo  Bertolucci), acá con un aura especial, que hace tan "europeas" las películas de Woody, dándole un toque dorado a las imágenes del "Hollywood Dorado" y un azulado para las escenas de Manhattan y una capa fría para las escenas de los crímenes. Acá hay más planos-contraplanos que en el cine habitual de Allen, destacándose como siempre sus largos planos-secuencia. Y las escenas criminales conectan con esa otra gran obra que fue "Disparos sobre Broadway" (1994), en dónde unía el mundo del arte con el de la mafia. Justo es destacar que Jesse Eisenberg se está convirtiendo en el modelo de actor pintón perdedor "alla alleniana" y que Kristen Stewart haya ascendido al pedestal de las grandes heroínas trágicas de Woody. Lo acabo de comprobar. Aunque me perdí parte del texto he visto una de las grandes películas de Woody Allen... ese señor de 80 años llamado también Allan Stewart Konigsberg.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 12 de septiembre de 2016

Mi crítica de "Nuestras Mujeres" (Teatro)

Ayer, domingo, pude al fin ver el suceso teatral del año: "Nuestras Mujeres" protagonizada por Gullermo Francella, Jorge Marrale y Arturo Puig. El resultado fue mejor de lo que esperaba. Yo había visto la película francesa del 2015 basada en la obra y protagonizada por Daniel Auteuil, Richard Berry y Thierny Lhermitte, dirigida por Richard Berry, y me había quedado sabor a poco. Pero es bien sabido que cuando un texto cae en las manos de  Javier Daulte como director, éste sabe sacarle todo el jugo cómico posible. Así había pasado con "Un Dios Salvaje" hace unos años, que después Roman Polansky la llevó al cine convirtiéndola en un verdadero plomazo, es teatral la versión cinematográfica pero sin la mínima pizca de humor, hizo un drama con ese rico texto. Acá Daulte la presentó como una comedia desmelenada del principio al fin. Lo mismo ocurre con la que nos convoca, de la que supo explotar hasta su mínimo detalle. Las preguntas que afloran de la obra podrían ser, ¿cuál es el verdadero valor de la amistad? ¿cuánto somos capaces de sacrificar por un amigo verdadero? ¿cuál es el límite entre decencia y banalidad, entre mentira y verdad? ¿es posible llevar una vida de relación sin caer en la hipocresía?. Todos estos interrogantes y muchos más son los que plantea la pieza, en medio de carcajadas genuinas. Acá se respeta el valor más verídico y genuino de la verdadera comedia y está sabiamente conducido.
Lo primero que nos llama la atención es la amplia escenografía a telón abierto: es un departamento burgués con todas sus comodidades  y dependencias, cocina, living, biblioteca (o mejor dicho discoteca), entrada. Un escenario tan pulcro como frío (según lo define Pedro, uno de los personajes), le falta vida, le falta uso, todo está en perfecto orden, donde tiene que estar cada cosa y sin una mínima mota de polvo. Entrada la acción descubrimos a Max (Francella, desafectado, lejos de su "papucho" o de las sitcoms de TV, después de las experiencias actorales de "El Secreto de sus Ojos" y "El Clan", lo vemos componer un personaje) y a Pedro (Marrale, como siempre excelente, es el verdadero capo cómico de la obra, como lo viene demostrando desde hace mucho, tal vez desde "Baraka"), preparando la cena para lo que será su reunión de los viernes para jugar a las cartas. Están esperando a Toni (Arturo Puig, de menor intervención en la obra, pero igualmente solvente en sus breves parlamentos), quien lleva ya más de 45 minutos de retraso, algo desacostumbrado en él. Hablan de mujeres. Max, con su eterna novia Carmen, quien se ha ido de la convivencia porque no se soportaban, es una verdadera "hinchapelotas", quien ha prometido volver, siempre que Max la reciba, después de un plazo establecido; y Pedro con su esposa Karina, una eterna somnolienta que pasa su vida de matrimonio durmiendo y con quien no se dirige la palabra hace ya mucho tiempo. Max es radiólogo y Pedro es médico traumatólogo. Al fin llega Toni, rojo, despeinado, descompuesto y tira la bomba, ha matado a su mujer Adriana por estrangulamiento. Todo empezó porque la encontró hablando por teléfono con un hombre con el que se reía y colgó al entrar Toni a la pieza. Después vinieron los cachetazos por parte de ella y el ahorcamiento por su mano. Estupendo Puig, le creemos su descompostura visceral y su desasosiego, viene a tomarse todo el whisky y a combinarlo con pastillas sedantes, de las que toma un buen puñado, y como resultado de eso cae rendido de sueño, un sueño que durará casi toda la obra. 
Lo primero que surge en Max es denunciarlo a la policía, porque "si lo encubrimos y después cae él, caemos nosotros también", Pedro tiene una actitud contraria. A lo largo de la ausencia de Toni por su somnolencia, se quedarán solos Max y Pedro e irán desnudando todas sus verdades, como las capas de una cebolla y quedarán expuestas mentiras e hipocresías. "No me gusta todo lo que te gusta a vos, y lo que no te gusta me gusta, sólo porque no te aguanto", le dice Pedro a Max, a quien acusa de gustarle sólo  los cantantes muertos, ya que Max es fan de Sinatra. Después de una hora de reproches mutuos y de ferocidades extremas (todo sazonado a la más pura carcajada) cae otra bomba: suena el celular de Toni y lo atienden, es Paula, la hija de Pedro. ¿Por qué llama la hija de Pedro a Toni? ¿Acaso tiene un romance con él? ¿Se están encamando juntos? Pedro se sale de sus casillas y ahí los roles se invierten, es él ahora quien decide denunciar a Toni, y en cambio Max se muestra más comprensivo. No vamos a contar más porque sería desvelar el final de la obra, y habrá quienes todavía no la vieron.
Yo la recomiendo enfáticamente porque se pasa una hora y media con carcajadas limpias y un muy buen timming de comedia, y porque vale la pena ver a estos tres monstruos de la actuación en su salsa, y además uno sale con preguntas para hacerse y reflexiones que llevarse a casa. Siempre las obras de teatro que nos invitan a reflexionar son mejor bienvenidas que aquellas pasatistas que no lo hacen. Puedo decir que al final de la obra uno sale realmente convencido y conmovido por la suerte de estos tres personajes en una situación extrema, pero que bien podría vivir cualquiera de nosotros. Como dije antes, tanto la funcional escenografía como la luminotecnia y la música se llevan también las palmas.
La entrada es cara (600 $) pero puede uno conseguirla en Ticket por 380 $ y es un ahorro considerable, tanto más si se va en pareja al teatro. Bueno, me quedan muchas cosas en el tintero, pero no quiero abrumarlos. Sólo recomiendo enfáticamente "Nuestras Mujeres", una obra que engalana nuestra cartelera y que resulta un buen pasatiempo no para divertirse, como he explicado otras veces (ya que "divertir" es apartar de lo importante), sino para "pasarla bien", que es otra cosa muy diferente.
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 10 de septiembre de 2016

Mi crítica de "Eterno Perfume a Lilas" (Teatro)

Vengo de ver una maravillosa obra de autoría y dirección de mi directora de teatro, la Profesora Elsa Orrea. Se trata de la mejor conjunción de teatro y artes que vi, porque no sólo hay dramaturgia, sino que hay música proveniente de una violinista en escena, hay danza, hay canto, hay efectos lumínicos... en suma, un placer para todos los sentidos. Es también una colaboración del cine con el teatro, ya que el tema recuerda mucho al de "Rebecca", la célebre película de Hitchcock de 1940, con un hombre joven viudo y la presencia omnipresente de la muerta que se interpone entre él y la nueva vida que trata de empezar en compañía de otra mujer. Hay también un ama de llaves, menos siniestra que la Mss. Danver de la película, aquí la Sra. Madison (sí, como los puentes), aunque también severa y de mal carácter. Y sumando asociaciones, los zapatos que usa Adeline, la nueva mucama contratada, son los mismos zapatos rojos que usaba Dorothy (Judy Garland), en "El Mago de Oz" (Victor Flemming). Hasta Adeline se atreve a jugar con la aspiradora bailando una versión del "Supercalifragilísticoespialidoso" de el deshollinador de "Mary Poppins". Y las referencias no terminan ahí, también los personajes cantan, tal como en los films de Vincente Minnelli o Stanley Donnen. Pero hay una cita más cercana y es el "Todos dicen te quiero" (1997) de Woody Allen. Allí todos los actores (no cantantes) interrumpían sus líneas de diálogo para entonar canciones clásicas con su media, baja o potente voz, según fuera el caso, pero todos sin haber tenido formación canora, así Julia Roberts, Alan Alda, Goldie Hawn o el propio Woody cantaban lo mejor posible. Y acá pasa algo parecido. Cuando la situación se vuelve algo empalagosa o incómoda para los actores, interrumpen su parlamento para largarse a cantar, y la verdad es que lo hacen con gracia y entonación aunque sean pobres sus voces, como el caso de Adeline y de Eric. Un tema diferente es el del operístico Don Pasquale, que tiene una preciosa y potente voz. Y los llamo por el nombre dde sus personajes  porque el programa de mano no refiere (lamentablemente) qué personaje corresponde a cada actor. Son ellos: Estefanía Álvarez, Irene Barrecino, Leticia Elordi, Martín Hennigs, Javier Moreira y Leo Pasquale, todos excelentes en lo suyo.
Pero veamos. Esta no es una obra comercial sino que pertenece al off, así que está hecha de modo artesanal, con la pasión del orfebre, sin medios de producción sólidos, es por eso que destaco sobre todo el valor de la puesta en escena, que es muy cuidada hasta en los últimos detalles. Y como aquí estamos en una obra de lo fantástico, lo sobrenatural (¡Ay Elsita y sus duendes!) aparece por doquier, y es así como se caen cuadros que se vuelven a colgar y a caer, se abren ventanas arreciadas por una fuerte tormenta y se sacuden las cortinas con convicción, se caen libros de sus estantes...
Vamos por partes. La historia podría situarse en pleno siglo XIX por el vestuario de los personajes, aunque una aspiradora eléctrica lo desmiente. Comienza la obra con la mencionada violinista extrayendo los sentimientos más melancólicos de su violín. Da paso a una bailarina de acento clásico que recorre el espacio con sus movimientos estéticos y redondeados (tiene muy buen cuerpo para la danza y es una chica muy joven), que al paso de la obra nos enteramos que es el espíritu de Valerie, la esposa difunta. Entra en escena una potente y rigurosa Sra. Madison y enseguida llega la mucama nueva, Adeline, toda una conjunción de torpeza, simpatía, bondad y alegría. Allí la Sra. Madison le cuenta que el dueño de la casa es el Sr. Eric que ha sufrido un accidente con su esposa en el auto a causa del cual ella ha fallecido y el ha quedado cojo (con perdón de la expresión). Es un gran escritor y le están por editar el último de sus libros. Le pide que cuelgue el cuadro de la finadita en una pared. Ese cuadro se caerá y se volverá a colgar infinitas veces. La chica que hace de Adeline es realmente muy bonita y muy simpática, dando todo lo que el personaje le exige. A todo esto llega el Sr. Eric (quien, me enteré luego, es cojo de verdad, víctima de una entradera a su casa y de la que resultó gravemente herido, hace 18 años que no volvió a subir a un escenario y esta es su reaparición, cuádruple mérito por parte del actor que encarna a Eric), y a fuerza de simpatía de ambos lados conseguirá conquistar el corazón de Adeline. Pero aquí no hay besos ni caricias, simplemente son reemplazados por canciones, en esta comedia dramático-musical (o teatro musical como prefiere llamarlo Elsa). Por fin consigue llevarla a su recámara y pasan una noche juntos. El final, por supuesto no lo voy a revelar, pero tiene una vuelta de tuerca sorprendente.
Un verdadero aplauso para la dirección de actores, la puesta y la luminotecnia que es otro factor muy importante. Realmente Elsa Orrea se luce como demiurga de todos estos seres, tanto desde la dirección como desde la creación, ya que el libro es también de su autoría. Es una obra donde lo sobrenatural convive con lo cotidiano, transformando a esto último en lo siniestro, según la definición freudiana que ya expliqué en otra crítica.
Un "bravo" grande para todo el elenco y esperamos que las funciones de esta obra no terminen acá y se magnifiquen en el tiempo porque verdaderamente ha sido un esfuerzo muy grande por parte de todo el equipo y sería una pena que quede en "debut y despedida".
Muchas gracias Elsa por invitarme.
Y gracias también a los que me leyeron hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 5 de septiembre de 2016

Mi crítica de "Abrir Puertas y Ventanas" (Cine-2011)

Ah... el terror de la hoja en blanco... Vamos a ver qué sale de esta crítica sobre una película que no me gustó mucho. Este es un film del 2011, de la cineasta franco-argentina Milagros Mumenthaler, que hizo ruido en todos los festivales (tanto nacionales como extranjeros) con grandes coberturas y mucho material escrito para aplaudir y difundir este largometraje. A mí, la verdad es que no me convenció mucho. Es ese cine argentino en el que no pasa nada (y parece pasarlo todo, me dirán), pero acá, lo cierto es que no pasa nada enserio. Es la vida de tres hermanas, que viven solas en la casa de la abuela recientemente muerta, sin padres ni parientes a la vista, de quienes no sabemos nada. Las hermanas son Marina (María Canale), Sofía (Martina Juncadella) y Violeta (Ailín Salas) y un inquilino que vive en otra casa pegada a la de ellas, Francisco (Julián Tello). El período de tiempo en el que transcurre la historia se sitúa entre el final de un tórrido verano y principios de un frío otoño. Las imágenes pertenecientes al verano nos recuerdan el clima de "La Ciénaga", de Lucrecia Martel, otra obra donde aparentemente no pasaba nada, pero que tenía pretensiones más concretas que ésta, por el calor reinante, el clima pegajoso, el amontonamiento de cuerpos entre la promiscuidad y el abandono... Aquí sucede lo mismo. Las tres hermanas parecen vegetar en ese tiempo sin compromisos, tiradas en la cama, refrescándose con un ventilador o mirando la televisión. No importa que Sofía vaya a la facultad a estudiar diseño ni que Violeta haga lo propio con el colegio, la vida transcurre sin el menor de los sobresaltos (lo importante está en el subsuelo, me dirán). Sí, hay una carga de violencia soterrada que terminará por estallar cuando Marina le rompa el celular a martillazos a Sofía o haga añicos el vidrio de la ventana con el mismo martillo, o que Sofía arranque el decorado de su pieza con total desinterés. Una de las hermanas terminará yéndose, tomando un avión junto con "un tipo" y desapareciendo del mapa, otra, Marina se pondrá de novia con su casero Francisco y de la vida de Sofía poco sabemos sólo que va a la facultad vestida muy provocativamente, tal vez se entregue a su profesor y guarde su intimidad bien cerrada con llave tras la puerta de su habitación. Los diálogos son triviales, cortos, monosilábicos, dejan traslucir poco de las habitantes de ese caserón moderno en su concepción pero que es refugio de cosas viejas tradicionales (una radio "Siete mares", una máquina de escribir "Olivetti", un corset modernizado, una computadora de escritorio ya antigua, un tocadiscos en el que escuchan sus discos). Sofía sospecha que Marina es adoptada, porque "no se parece a nadie". Y un buen día la misma Sofía decide poner los muebles en la puerta y ofrecérselos a los cartoneros (todos muebles buenos), para, juntas, re decorar su lugar en el mundo. De lejos llega un CD con una canción escrita e interpretada por Violeta, que emociona a las hermanas y con eso se cierra el film. 
Todo es muy críptico y enigmático en la película de Mumenthaler y no deja mucho espacio para la reflexión. Si alguien tiene otra visión de la película por favor que me la acerque porque me interesaría mucho un debate más amplio. Tal vez sea mi propia cerrazón mental la que me impide aproximarme a una buena obra de arte pero que en este momento no puedo apreciar. Que alguien me convoque para polemizar a ver si logro ampliar mis horizontes.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 26 de agosto de 2016

Mi crítica de "Todas las Canciones de Amor" (Teatro)

Vengo de ver a la gran Marilú Marini en su nuevo espectáculo, casi un unipersonal, si no fuera por la presencia de quien hace de su hijo (Ignacio Monna) que es el encargado de cantar y de un pianista que hace maravillas con el piano (Diego Penelas). Es un espectáculo tranquilizador, y digo esto porque podemos quedarnos tranquilos que en el teatro comercial hay obras que han sido escritas desde el punto de vista ético/estético y no meramente para entretener, y el público lo sabe agradecer con vítores y aplausos de pie. Ver a Marilú es una experiencia gratificadora para el espíritu y para los sentidos, una mujer que a sus 71 años se mantiene en plena vigencia, en plena actividad y de la cual no es posible quitar los ojos de encima ni por un instante. Sí, Marilú cautiva como una serpiente, aunque sus propósitos sean más benévolos, nos hace olvidar que la hora pasa y que es necesario volver a casa. Lo hace con todo su arte y su talento. Con su cuerpo y con su voz. Con sólo una mesa y dos sillas de escenografía puede contar el día (normal/turbulento, digo yo entrando en el oximorón) de una mujer anónima, que no tiene nombre, que podría ser cualquiera de las que nosotros conozcamos.
Santiago Loza, el autor del texto (también guionista y director de cine de quien se recuerdas sus películas "Extraño" -2001-; "Cuatro mujeres descalzas" -2003-; "La invención de la carne" -2009-; "Rosa Patria"-2009- "Los Labios"- 2010- y "La Paz"-2013-) es un verdadero esteta y un purista del lenguaje. Es capaz de desentrañar los más íntimos sentimientos y pensamientos de una mujer acariciándola con la palabra, haciendo que el verbo estalle en sus labios, desnudando su alma con una pluma delicada en la que no habitan las groserías ni los golpes bajos. Escuchar el monólogo (largo, intenso) de esta mujer es una gratificación para el alma, desmenuzando y analizando hasta el detalle más ínfimo y lo más banal como sería que un cepillo de dientes se quiebre en dos o que una chapita metálica regalada por el hijo a los 50 años de su madre con una inscripción, sea hallada por casualidad bajo un mueble y haciendo de estas acciones proezas de la narrativa y que provoquen el interés del más despistado.
El director, Alejandro Tantanian también luce gala de delicadeza y encontró en Marini a la excusa exacta para montar esta obra, su trabajo es el del artesano, del orfebre, que puede conseguir de una mínima vivencia todo un río de emociones. Marilú se ríe, llora, grita, canta, todo con la misma naturalidad y sin exigirse siquiera para lograrlo.
El caso es que esta mujer se levanta a la mañana del día en que su hijo Martín vuelve de Estados Unidos para presentar a su novio, un negro fibroso de nombre Robert. Esto conmueve profundamente a la madre, pero la moviliza en el buen sentido, maravillada de que su hijo se haya realizado en el amor, sin prejuicios, de que haya encontrado quien cuide de él, alguien con quien compartir desde la cama hasta una puesta de sol. El padre es más tosco, Claudio, según la imitación que de él hace Marilú: "mirá que venirse a engancharse con un negro, que es de lo más vistoso, un negro es imposible de pasar desapercibido, y además este es negro petróleo, negro carbón..." "Hoy viene Martín y su sombra..." acota la madre, más delicada, "porque es negro como su sombra". "¿Habrá que decirle afroamericano?" se pregunta esta señora que nada tiene de tonta. Es difícil encontrar unas palabras que no ofendan para definir la situación, "¿diremos su amigo?".
Es mentira, no se cantan todas las canciones de amor, tan sólo cinco o seis, cantadas principalmente por Martín y en algunas a dúo con la madre (las hermosas "Cada vez" y "Zamba para olvidar"), bien sazonadas por un piano que no sólo extrae melodías sino también los más asombrosos efectos climáticos. Ignacio Monna también interpreta "Un beso y una flor", de Nino Bravo, "Lucerito del Alba" y "Esta noche voy a verte", con gran solvencia vocal y una amplia gama de matices. Y Marilú también está llena de matices en su actuación, desde la mujer medio tonta, medio afectada que inicia la función hasta la que profiere gritos desgarradores y desgarrados cuando se da cuenta que su hijo adolescente, en vez de dormir con una paloma en la almohada lo hizo con un murciélago, ahí ella se desarma totalmente y llora y grita a más no poder, lo que nos habla del dominio vocal que tiene la actriz. La que es capaz de celebrar el noviazgo gay de su hijo y quejarse a la vez por la poca atención que le presta su marido, quien en la actualidad se hubiera convertido en enemigo de aquel hombre dulce que la escuchaba hablar en la cama y le sostenía la mano hasta quedarse dormido.
En suma, un espectáculo para recomendar, y apurarse porque sólo va a estar 10 semanas más en cartel. Advertencia, no es un espectáculo de humor, aunque éste asome todo el tiempo, pero no es para descostillarse de risa, como había en el público cuatro gallinas que festejaban con risotadas inoportunas cada ocurrencia del personaje, porque el teatro "es para ir a reírse". No, es un monólogo de una calma belleza, de una sutil coloración y mucha poesía. Brutos abstenerse.
Pasé un excelente rato con Marilú Marini y espero que todos puedan verlo para compartir con ustedes un texto tan sabio y una actuación tan magistral.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 20 de agosto de 2016

Mi crítica de "Close-up" (Cine-A. Kiarostami-1990)

Con el motivo de la prematura desaparición del director de origen iraní Abbas Kiarostami, ocurrida el 4 de julio de este año, a sus 76 años por un cáncer de estómago, y en el cenit de su carrera, me decidí a ver la que tal vez sea su mejor película: "Close-up". Kiarostami se hizo famoso en la Argentina a través de su película "El sabor de la cereza", de 1997, pero bueno es recordar otros títulos que se estrenaron por aquí. "¿Dónde está la casa de mi amigo?" (1987), "Y la Vida continúa" (1992), "Detrás de los Olivos" (1994), "Y el Viento nos Llevará" (1999), "Ten" (2002), la producción francesa "Copia Certificada" (2010) y su última película, de origen japonés "Como alguien enamorado" (2012). Completa su historial cinematográfico algunas no estrenadas acá, un puñado de cortos y otro de documentales, así como su incursión en la coral "Lumiere y Cia."
"Close-up" parte de un hecho verídico, la suplantación por falsa identidad del cineasta Mohsen Makhmalbaf por un sujeto de nombre Hossein Sabzian, ante una familia crédula, a quienes engañó diciéndoles que iba a filmar una película con ellos y en su propia casa, visitándolos frecuentemente e incluso instalándose en su hogar. Esto duró aproximadamente un mes hasta que fue descubierto por el periodista Farazmaud, haciéndolo detener por la policía iraní y llevado a juicio por estafa e intento de estafa. Pero ¿qué es lo que llevó a este hombre a suplantar una identidad de alguien tan famoso como desconocido (ya que las caras de los directores no suelen estar muy publicitadas)? Este es el tema central del film, y recrea el arresto y posterior juzgamiento de Sabzian, por el propio implicado, así como una serie de flash-backs de sus días con la familia Anakah.
El film es rico en acotaciones del propio preso, quien es un hombre culto, aficionado al cine y que es capaz de proyectar en su mente una película como de citar a Tolstoi. En primer lugar dice que lo hizo para que por primera vez en la vida alguien le hiciera caso, respetara sus iniciativas y proyectos. Sabzian estuvo casado y posteriormente divorciado con dos hijos, uno de los cuales estaba a cargo de su ex mujer y otro de su madre, trabajó en una imprenta hasta que esta cerró y se volvió un "parado". Es un hombre pacífico, "muy religioso", afirma alguien por allí, que tiene todas las de perder si no fuera por las pequeñas vacaciones que se tomó siendo otro. Kiarostami toma esa historia y la explota a fondo, haciéndolo participar de su film y registrando en fílmico el juicio en el que él mismo se defiende (¿no hay abogados en Irán?). Dice que le gustaba sentirse bien tratado y complacido, así como obedecido. Tiene un episodio en el que le pide un dinero a uno de los hijos de la familia y no lo devuelve, y otro en el que recorre las habitaciones de la casa minuciosamente, una por una, con el pretexto de buscar las mejores locaciones para su film. Es curioso que la casa que va a habitar quede en un callejón sin salida, como la metáfora perfecta para lo que la vida de este hombre significa. Después de todo, a nadie hizo daño con la suplantación de identidad, sólo reavivó la vida de una familia que se enorgullecía de protagonizar una película. Kiarostami mismo aparece en su film, siempre en off, haciendo las preguntas de turno al acusado. Y cuando se impone su buena fe en el juicio y queda libre, perdonado por la familia estafada, se encontrará cara a car con Makhmalbaf, quien se convertirá en su amigo y cómplice y con quien realizará la visita final a la familia.
Todo en el film es denso ya que se trata de una historia verídica contada poro sus propios artífices (la familia también es la verdadera), los momentos del juicio son muy concentrados y hay mucho tiempo de cámara fija en el rostro de  Sabzian, así como largos planos secuencia en la ficción dentro de la ficción. Tiene el encanto de esos espejos infinitos que se reflejan uno al otro. Lo que primero sale a la conclusión es que se trata de un buen tipo (por no decir de un "pobre" tipo), cuyos sentimientos son auténticos y el sentirse importante, con poder, dentro de un ámbito que le era familiar, como el mundo del cine y el arte, lo llevan a potenciar su embuste. Sale a la luz también el tema de la identidad, ¿uno es quien es o quien cree ser? Ya que no se trata de un caso de psicosis, ¿produce más beneficio jugar a ser otro que llevar una vida monótona siendo un "parado", siendo uno mismo? Esta, al ser una de las primeras películas de Kiarostami, nos demuestra que tenía muchas cosas dándole vuelta por la cabeza, algo que por suerte pudo plasmar a través de su limitada obra (no hay que olvidar que hoy en día, filmar en un país como Irán puede traer muchos dolores de cabeza y hubo momentos en que se tuvo que imponer la autocensura para que le estrenaran sus películas). Recomiendo fervientemente la visión de "Close-up". Kiarostami ha muerto... ¡larga vida a Kiarostami!
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).