lunes, 16 de noviembre de 2020

Mi crítica de "Antes del Amanecer" (Cine)

 Conclusión: terminé descompuesto, después de haber llorado tanto viendo "Antes del Amanecer". Debo aclarar que la trilogía de Antes de... son mis películas favoritas por sobre todas las demás que existan en este mundo, y que me lloro la vida cada vez que las veo. Lloro de emoción, de envidia, de satisfecho. Cómo no conmoverse ante una historia de romance sin golpes bajos, tan bien narrada, con dos actores tan maravillosos y carismáticos. Porque Richard Linklater inventó el cine. Cuando no había nada, cuando nadie había contado nada todavía, en un universo en que no existían ni Bergman, ni Truffaut ni Tarkovski, él vino a crear la luz y lo hizo de la manera más auténtica posible, con una historia de amor entre dos jóvenes casi dejando la adolescencia y casi por entrar a la adultez. Cómo no conmoverse con Celine y Jesse si son jóvenes, hermosos, inteligentes, sensibles, auténticos, frescos, veraces, sensatos, sanos, espontáneos, ocurrentes y, lo más envidiable, tienen toda la vida por delante, y todo el amor también. Claro, cuando veamos que la segunda parte se filmó 9 años más tarde y la tercera otros 9 años después veremos que las cosas no son como soñamos -o soñaron- y que ya no tienen el mundo por delante sino que el mundo vino y se los comió a ellos. Pero no nos adelantemos... Cuando se filmó esta película, en 1995, yo tenía 26 años, casi la edad de los protagonistas, y no podía dejar de soñar con que eso me iba a pasar también a mí, que viviría un romance ideal, con la persona más perfecta del mundo, justa para mí... y el tiempo pasó y eso no ocurrió, cómo no llorar ahora, a mis 51 años y ver que ese horizonte que soñaba ya no se va a producir, que nunca tendré mis 26 años y estaré en Viena, en una noche de primavera con la chica perfecta. Porque todo es perfecto en este romance, las ocurrencias más locas, la atracción compartida, los mismos deseos, las mismas intenciones, hasta las disidencias entre ellos parecen las justas y necesarias. Después de todo, ¿no es así como empiezan todos los romances de la vida, con todo en el perfecto orden y con todas las sensaciones a flor de piel y pareciéndonos que todo es maravilloso, único e irrepetible? Yo también pasé por esas sensaciones, no me puedo quejar, he tenido mis romances y mis coincidencias, pero ¿cómo hacer para que ese estado dure 27 años y después de ese tiempo vuelvan a elegirse? Es casi alquimia, pero no es un milagro, mis padres duraron 60 años juntos y volvieron a elegirse, hasta llegar juntos al final, claro que sin la pasión ni el entusiasmo de Jesse y Celine.

Trataré de ser breve con el resumen. Jesse y Celine se conocen en el tren que va a Viena, en su viaje por Europa, se encuentran de casualidad y se invitan a tomar un café en el tren. Ella viene de Budapest de ver a su abuela y es francesa, con 23 añitos, él un poco más, es norteamericano y tiene que pasar la noche en Viena para hacer el trasbordo que lo lleve a tomar el avió para Estados Unidos. Está leyendo "Todo lo que necesito es amor", de Klaus Kinski, otro torturado. Y como Kinski, él también está en busca del amor. Después de contarle una idea tonta para un programa de televisión que no se diferencia mucho del Gran Hermano -sólo que años antes- y trata sobre la vida diaria de la gente común y corriente. Y de contarle cómo fue su primera experiencia con la muerte: cuando a sus 4 años murió su abuela, y él estaba usando la manguera, reflejándola contra el sol para producir un arco iris y vio la imagen de la abuela aparecérsele entre las gotas. Y que cuando cerró la manguera todo se esfumó. Así debía ser la muerte. No volver a ver nunca más al ser querido. Es por eso que cuando ellos piensen "inteligentemente y como adultos" en que esa va a ser su única noche juntos y no van a volver a verse jamás, están tomando la peor decisión de sus vidas. Es igual a la muerte. 
Jesse le propone a Celine bajarse del tren con él en Viena, y como no tiene dinero para pernoctar, pasarse la noche caminando y charlando por esa extraordinaria ciudad, hasta que llegue la mañana, en que tiene que tomar el avión. Y se lo plantea de la siguiente manera: "para que dentro de 10 o 20 años, cuando estés casada y aburrida puedas pensar lo que me perdí por no haberme quedado con el tipo aquel, o si llego a resultar un desastre, lo que gané". Claro, toda esa perorata no era necesaria para convencer a Celine: ella ya había decidido que quería bajarse con él -secretamente-. Es de remarcar que pasan un tercio de la película sin tocarse, sin rozarse siquiera, por eso que cuando venga la explosión va a ser tan fuerte. ¡¿Cómo pueden permanecer sin tocarse durante tanto tiempo, digo yo?! Hay una conexión inmediata entre ellos dos, y esto es imposible de ocultar para ninguno de ellos ni para nosotros, espectadores. Ya en Viena se encuentra primero con el dúo de actores aficionados que los invitan para esa noche a ver la función de la obra que presentan. Toman el colectivo y empieza el juego de preguntas y respuestas con la más exacta de las verdades. Él le pregunta sobre su primer sentimiento sexual, a lo que ella contesta con confianza y ella le hace una pregunta mucho más comprometida y profunda a él: si alguna vez se ha enamorado, él la mira profundamente por un instante y contesta con un seco "sí". Siguen las preguntas y respuestas, lo que nos va dando más información sobre ellos y los va ayudando, a la vez, a desnudar sus interiores. Luego se meten en una disquería y deciden escuchar un disco en la cabina de audición: hay muy poco espacio allí para los dos, y las constantes miradas que se lanzan y se esquivan, el pudor por no rozarse y la proximidad hacen muy incómodo y sensual -y sexual- su aislamiento en la cabina, sin decir una palabra, sólo dejando que la música hable por ellos. Luego recorren un pequeño cementerio de gente -en su mayoría encontrada a la orilla del Danubio, y en su mayoría suicidas-, ella ya había estado allí y la recuerda una tumba que la conmovió en su momento: la de una chica de 13 años, la misma edad que tenía ella cuando la vio.
Están ahora en un parque de diversiones, en la noria en las alturas, desde donde pueden ver el río y la puesta de sol... no pueden más y se besan con toda la pasión y el arrebatamiento del mundo, luego se funden en un tierno, cálido y largo abrazo que los une más a los dos. Bueno, ya está, diría uno, pero eso es sólo el comienzo de un romance que va a durar por lo menos 27 años -loso fanáticos estamos esperando la cuarta parte, en el 2022-. Luego del beso nos enteramos que el proviene de padres separados y ella de un matrimonio felizmente casado, pero que igual hay algo que la lleva a rebelarse contra el orden establecido, tal vez por su conciencia de mujer. Y que él sabe que fue un hijo no deseado, así que se siente feliz de asistir a una fiesta a la que no fue invitado. "¿Conoces algún matrimonio feliz?" pregunta ella, sólo para completar que su abuela estuvo casada una punta de años pero enamorada todo ese tiempo de otro hombre al que nunca pudo tener.
Luego están tomando una copa en un café y se les acerca una gitana quien le lee la mano a ella y le dice que es una aventurera, una buscadora, que cree en el poder de la mujer y que sólo podrá encontrarse con ella misma si aprende a aceptar los errores de la vida. Apenas le mira la mano a él y le dice que está aprendiendo. Se despide la adivina diciéndoles: no olviden que son estrellas los dos, somos polvo de estrellas. Ya en la vieja catedral, Celine dice sentirse conmovida -a pesar de que no es religiosa, por un lugar que puede concentrar tanta esperanza y tanto dolor. Ella dice sentirse como una anciana que está rememorando momentos ya vividos. Jesse, en cambio, dice vivir como un chico de 13 años perpetuos que se encuentra realizando ensayos para el acto de fin de curso. Él le habla del casamiento de los cuáqueros, que se ponen los novios uno enfrente del otro y sólo se miran sin decirse nada, y después de una hora ya están casados. Eso le toca el corazón a Celine. En esta escena sobre todas se nota el peso y el valor de las miradas de ambos, prácticamente se devoran con los ojos y notamos que sólo hay amor en ellos. Digo yo, después de pasar por esta experiencia estos dos actores -Ethan Hawke y Julie Delpy, me había olvidado de nombrarlos- cómo no se enamoraron de verdad, cómo pudieron seguir con sus vidas sin sentir el fuego sagrado de la pasión después de haber hecho esta serie de películas.
Caminando al borde del Danubio se encuentran con un poeta callejero y lumpen que les ofrece hacerles un poema con una sola palabra que les arrojen ellos, y que si están conformes, le pagan. Le dicen la palabra "batido" y el artista les escribe un flor de poema. Claro que le dan algunas monedas. Luego se meten en un pub, y mientras juegan al "fleeper" él le pregunta si sale con alguien. Celine le dice que cortó hace 6 meses con un tipo que era feo, sucio y malo, y se pregunta por qué siempre se sienten atraídos por personas que no les gustan mucho. Fue a una psiquiatra y le contó que había escrito un cuento sobre una chica que planea matar a su novio, con todo lujo de detalles, y ésta le dice que la va a denunciar a la policía... Ahora le toca el turno a ella de preguntar. Jesse viene de pelearse con su novia, en Madrid a dónde había ido a buscarla, hasta que se dio cuenta que ella lo evitaba y prefería estar sin él. Y hace la siguiente reflexión: ¿te das cuenta lo poco que te importaba la gente que dejaste y que eso mismo sentían por vos aquellos que te dejaron? Pero Linklater no nos deja tiempo para la reflexión y ya pasa a otra escena. En la calle él le dice que hay una especie de monos que lo único que hacen es tener sexo, y que son los más pacíficos que hay. Eso justifica la promiscuidad, dice Celine, quien cree que el feminismo es un invento de los hombres para poder acostarse con todas las mujeres sin sentir culpa. Hablan de los insectos y ella le dice que la araña devora al macho después de la cópula. Se excusa diciendo que hace bromas sobre eso pero que lo más importante para ella es ser amada, "¿no hacemos todo en la vida sólo para que nos amen?" Él se sincera con ella, quiere ser recordado por haber hecho alguna otra cosa bien más que sólo amar y cuidar a otra persona y haber sido un buen padre. Ella piensa que si hay algún Dios no están ni en él ni en ella sino en ese breve espacio entre los dos en ese momento. Y remata diciendo que la fortuna no está en tener éxito sino en haberlo intentado. En un restaurante juegan al juego de hablar por teléfono con sus amigos y contarles la noche que están pasando, lo que les ayuda a aclarar sus sentimientos y sincerarse el uno ante el otro mediante este juego impersonalizado de mediatizar sus emociones. Y salen ganando.
En un barco sobre el Danubio deciden que ésta será su única noche juntos, ya que es improbable que vuelvan a verse -seamos adultos y racionales-. Pero un momento, digo yo, están locamente enamorados, cómo van a dejar pasar esa oportunidad que quizá no vuelva a repetirse en sus vidas... Suena el "Danubio Azul" en un acordeón y ellos unen sus manos en símbolo de unión y comunión. Entran a un bar, y mientras él le pide al camarero una botella de vino en préstamo, diciéndole que le enviará el dinero después por correo, que es para festejar la única noche que estará con esa chica, ella se roba dos copas. Recostados en el pasto de un parque deciden no tener sexo, ya que si no van a volverse a ver jamás se sentirán muy mal luego, pero ella le dice que cuando se bajó del tren pensaba que se acostaría con él. Deciden hacerlo, luego de esta gran masturbación intelectual que fue la conversación intimista de toda la noche.
Ha amanecido, y mientras caminan por las callejuelas de Viena escuchan tocar un clavicordio -Bach- y bailan con su son. Se detienen para grabar en la memoria la imagen del otro y de ese momento como algo sagrado en sus vidas. Celine, recostada con la cabeza en las piernas de Jesse, le dice que ella no cree que la rutina haga que dos personas se odien, y que ella siente que está realmente enamorada cuando puede predecir lo que hará el otro, lo que va a decir, qué camisa se va a poner, con qué chiste va a salir. Linklater nos regala acá un momento de contemplación y de silencio, de la belleza inmutable de Celine y sus ojos llenos de amor. También de Jesse.
Llega el momento de que Celine tome el tren. No quieren despedirse, como suele ocurrir hay muchas cosas que quieren decirse, todas de golpe, y no viene ninguna a la cabeza. Entonces se prometen que se van a encontrar en el mismo lugar justo seis meses después, sin llamarse ni escribirse. Se besan ansiosa y desesperadamente y ella sube al tren. El tren parte. Se ven todos los lugares por los que han pasado ellos dos en ese atardecer y anochecer inolvidable para ambos, y para nosotros, pobres espectadores que ya estamos perdidos en un mar de llanto y pañuelos: los dos toman sus respecticos transportes sonriendo entre melancolía y esperanza...
Bueno, he asistido a mi sesión terapéutica de catarsis y a una hora y media del placer más exquisito que me pueda brindar el cine. Para siempre quedarán grabados en mí los rostros y la figura de Jesse y Celine -Ethan Hawke y Julie Delpy, de pollera larga hasta los pies, lo menos erótica ni provocadora posible, todo lo logró con su simpatía, su inteligencia y su carisma- y este primer encuentro que nos brindó el cine antes de que existiera el cine.
Y gracias por leerme hasta aquí nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



sábado, 14 de noviembre de 2020

Mi crítica de "Por H o por B" (Teatro)

Ayer pude ver esta ingeniosa obra por streaming, escrita e interpretada por Diego Peretti, coescrita y dirigida por Sebastián Suñé. La H y la B del título corresponden a los nombres de Helena y Bárbara, las dos mujeres en la vida de Gerardo. Todos sabemos que el psicoanálisis sirve para empezar a comprenderse, sea, pero hasta qué punto puede solucionar problemas prácticos de índole amorosa, no está experimentado todavía... Hasta ese extremo lo llevará Gerardo (Peretti), quien utiliza su hora analítica para contar los problemas que le han ocasionado estas dos mujeres. "Conócete a tí mismo", repetía el filósofo, y lo que pretende este hombre es desentrañar las verdades que manejan a su corazón, un corazón que de tanto abarcar problemas y mujeres, acabará por estallar provocándole un infarto. Claro, todo se juega acá en el terreno de la comedia, y como tal es muy interesante el planteo que nos hace. ¿Es posible amar a dos mujeres al mismo tiempo, o, por lo menos, estar caliente con ambas? La respuesta más académica sería que no, pero ésto llevado a la práctica contradice cualquier academicismo, y muchos lo hemos comprobado: es totalmente posible, y hasta lógico sentir atracción por dos mujeres al mismo tiempo. Claro que eso conlleva problemas, siempre que no se ha actuado con la verdad desde el principio. Y como el análisis busca la verdad de la milanesa, allí va el pobre Gerardo a enfrentarse con su verdad, que es lo mismo que chocarse contra una pared.

Es muy ingeniosa la idea de la silla de ruedas ante el analista, como significando que todos somos paralíticos ante nosotros mismos, ante ese gran cofre de misterios que significa nuestro inconsciente. Aunque después sepamos que el sillón de ruedas tiene otro significado práctico en la obra. Gerardo es arquitecto y convive desde hace 15 años con Bárbara (Paula Stefolani), con quien tiene una buena relación. Sólo que a Barbie se le ha ocurrido la peregrina idea de que ya es momento de tener un hijo juntos. Justo en el mismo día en que el hombre conoció a Helena (Agustina Cerviño), otra atractiva chica con la que compartió un café y una charla de ocasión. Lo sorprendió en la cafetería cuando escuchó su conversación telefónica con su madre, diciéndole que iba al baño con paraguas. Esta aseveración no dejó de intrigarlo, y cuando la tuvo a mano le preguntó el significado. Era porque en el baño de su casa, un departamento, tenía una catarata abierta por obra y gracia del consorcio. Y ella, instructora de yoga y futura acompañante terapéutica, se maravilla de haberse topado con un arquitecto, quien le dice que con todo gusto iría a ver su catarata. Ella no comprendió el doble sentido del chiste -o tal vez sí- pero lo cierto es que le da su teléfono y quedan en encontrarse en el departamento de ella.
Ambas chicas son muy lindas y tienen muy buena figura, y Gerardo no puede decirle que no a ninguna, parece estar en pleno estallido hormonal, aunque hace años que dejó la adolescencia. La visita de arquitecto se transformará en una desenfrenada conquista sexual muy bien recibida por ambos, al tiempo que su esposa le pide que la ayude a embarazarse, a lo que Gerardo tampoco se rehúsa. La comedia está muy bien jugada por los tres, quienes tienen el timming exacto para esta clase de obras, tan inteligente como difíciles de encontrar. Todos los encuentros, tanto con Barbie como con Helena son narrados por Gerardo a Gregorio, su psicoanalista, quien permanece en el más profundo y anónimo silencio lacaniano. Pero de tanto correr de casa en casa, de ser atendido por una Helena-geisha o enfermera y de ayudar a su novia-esposa a quedar embarazada, el corazón de Gregorio, literalmente explota. Es por eso lo de la silla de ruedas. Le han puesto tres stends y debe mantenerse en postura erecta el mayor tiempo posible. Con carcajadas certeras, que mezclan la visión psicoanalítica de las relaciones con las mismas experiencias eróticas, fruto de su labor como psiquiatra, Peretti trata de desentrañar la abigarrada psiquis humana y de ponerla al descubierto. Hasta que, fruto de su infarto, decide utilizar la sesión terapéutica para presentar a las dos mujeres y tratar de llegar a algún acuerdo entre ellas que los involucre a los tres. Nada más parecido a un sincericidio...
La primera en llegar es Bárbara, quien toma asiento al lado de Gerardo y utiliza el espacio terapéutico para darle la gran noticia: está por fin embarazada. En seguida llega Helena, quien interpreta los abrazos y los besos de los esposos como un role-playing. Pero pronto llega la cruda verdad, Gerardo expone sin anestesia el caso de las dos y dice que con Helena se excita como desde la adolescencia no lo hacía, lo cual es recibido como un baldazo frío por Barbie. Hay elogios para ambas, que son devueltos en forma de insultos por ellas, quienes se han sentido -con razón. traicionadas, engañadas, enamoradas vilmente para chocarse contra esta verdad: la existencia de "la otra", cuando creyeron ser la única en su vida. Peretti juega al galán rompe-corazones, pero destronado en su argucia. Y las dos mujeres no sienten el dejar por un momento a un lado su belleza y su apostura para llorar a moco tendido o hacer el ridículo. La relación no parece tener solución, Barbie se siente traicionada, y rechaza a su marido-novio, mientras que Helena, quien se ha enamorado de verdad le dice que no tardará demasiado en olvidarlo. Las chicas no se agreden entre ellas, toda la furia la descargan en su macho alfa, para quedar todo en nada: cuando más acalorado está el debate escuchamos la voz del analista con la temida sentencia: "por hoy dejamos acá", dejando a los tres desprotegidos en su más íntima soledad.
Lo que trata de mostrarnos la pieza es que la sobreabundancia de gente en una relación, conduce a eso, a la soledad. Los tres están solos en el fondo -y en el frente- porque el engaño los ha atravesado. Esa búsqueda de la verdad sobre todas las cosas, es lo que faltó desde un principio en la situación. Digamos que no se siente la angustia porque todo está llevado de la mano de la risa más franca y el desparpajo, lo desopilante. Gran trabajo de los tres actores que se lucen en todo momento y muy sabia la labor del director, que supo condensar en apenas una hora todos los encuentros y desencuentros de este trío de amantes desesperados y llevarlo a buen puerto. Nuevamente comprobamos que el humor es la mejor manera de mostrarnos el mundo, de gritarnos la verdad a la cara sin dejar heridos ni maltrechos; una forma de andar por la vida que va de la mano con la inteligencia, la lucidez y la piedad al género humano.
¡Bienvenida sea esta comedia que nos habla de lo que debe hablar el teatro: de amor!
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 13 de noviembre de 2020

Mi crítica de "Como hace 3000 Años" (Teatro-Unipersonal)

https://www.teatrix.com/ver/como-hace-3000-anos


Teatrix tuvo la magnífica idea de editar este excelentísimo espectáculo, no me van a alcanzar los elogios para referirme a él y será poco en comparación con lo que en realidad es. Héctor Alterio, nuestro querido Alterio exilado en España desde hace 40 años, cumple sus 91 años sobre el escenario, haciendo eso que mejor sabe hacer: teatro. Y esta vez se lanza con un unipersonal en dónde recurre a la poesía del español León Felipe y a la del puntano Antonio Esteban Aguero para dar vida a las más variadas expresiones y pasando por toda una paleta de emociones. Alterio es grande, es enorme, se nota que no tiene Alzheimer ni nunca lo tendrá, porque se banca la hora que dura el espectáculo recitando de memoria los versos difíciles del maestro español. No hay el menor índice de titubeo en el decir, ni la menor equivocación en ese texto complicadísimo que son los retazos de vida de León Felipe. No lo ayuda la dicción, siempre un poco ceseosa de este viejo amigo y conocido, pero se le entiende perfectamente todo lo que dice. Y no tiene la voz cansina de un hombre de esa edad, sino que realiza la proeza de parecer joven: una labor escénica que para alguien menor hubiese sido reconocida como gigantesca, a su edad es mucho más que celebratoria. Lo acompaña otro genio, el maestro de la guitarra José Luis Merlín, que como el mago homónimo de la leyenda, produce embriaguez y embrujo con sus dedos sobre las cuerdas. Otro hombre de avanzada edad, que, desgranando compases argentinos, va desde Atahualpa Yupanqui hasta un carnavalito, pasando por melodías de honda perfección y sentimientos. Todo un concierto se manda este hombre que no deja de tocar la guitarra en ningún momento, ya acompañando la poesía de Alterio, ya dedicándose a hacer solos. Un verdadero lujo constituye ver a estos dos monstruos de la escena.

Y el recital se inicia con la poesía de Aguero que le da nombre al espectáculo, porque, de eso se trata, de reunirse "como hace 3000 años" la gente se amuchaba para escuchar a Homero deleitarlos con su poesía, todo tipo de gentes, soldados y campesinos, letrados e iletrados acudían a las metáforas y los duendes del hombre para enaltecer sus vidas. Y con esa poesía recoge pájaros y fuentes, soles y piedras, todo lo que hace a una descripción acabada de cómo era la vida de antaño y lo que constituía el mundo del autor de la Ilíada y la Odisea.
Luego pasa a dedicarse de entero a Felipe, quien debió exilarse en México después de la Guerra Civil, en donde vivió hasta su muerte, en 1968, tierra en la que es más venerado que en su propio terruño natal. Poeta grande y contradictorio, poeta maldito que supo cosechar tantos amores como rechazos, pero que no se privó de algo esencial: de ser libre, siempre la cantó a la libertad como emblema y esto se ve reflejado en el espectáculo. En su primer poema, al que yo he llamado "El virtuoso", con total desconocimiento de su nombre verdadero, el poeta comienza quejándose de que nunca pudo ser un virtuoso del violín, ni siquiera aprender a tocarlo, para hacer luego un extenso recorrido por sus andanzas en la tierra, tanto en España como en América, y sus desventuras en todos los continentes y las apreciaciones más profundas de cada detalle de la idiosincracia de las gentes y sus costumbres, para terminar admitiendo que, al llegar a su vejez se ha descubierto como un verdadero virtuoso de ese instrumento con el cual puede llegar a verle la cara a Dios. En su segunda poesía que he titulado "El salmo" se pregunta el autor qué ha sido del salmo en las grandes catedrales, y apropiarse de su robo, dueño originario, al ser poeta, de todos los rezos. En la poesía titulada "El español" revisa las características más sobresalientes de esa raza, y se queda con que son de hablar muy alto. Y han tenido que gritar tres veces en la historia: la primera, con el descubrimiento de América, donde un hombre gritó "tierra, tierra"; la segunda fue el Quijote que clamaba a los gritos por justicia, y la tercera, en 1936 para decir "que viene el lobo!!!", y advierte que fue el mismo español quien debió alzar la voz las tres veces.
Sigue con "Vencidos", aquel célebre poema al que le pusiera música y cantara Joan Manuel Serrat, hablando nuevamente del Quijote y su caminar por tierras de la Mancha, vencido en su flaco jamelgo. "El sueño de los caballos" lo encuentra convertido en Rocinante, destinado a caballo de sacrificio para las contiendas de toros, y desgarrado por la bestia ve, tuerto de un ojo, a Pablo Picasso gritando vivas al toro desde la gradería en un poema de tensa emoción y humanidad animal. "La ventana" hace honor al viento que entra por ella, junto a la luz solar y le trae la inspiración y la poesía, pero advierte que no se entere la policía para que no sea que le cierren la ventana. "¿Qué puedo cantar?" es una poesía entre divertida y patética en donde se queja de no haber nacido en tierras capitales, no tener casa propia, no tener abuelo que ganara batallas y reconocer que vive de prestado en una casa solariega en donde tiene una vieja silla de paja, un libro y el cristal de una ventana por donde ve desfilar el mundo. Entre esa gente, repara en una niña que apoya el rostro en su ventana, y que al cabo termina muriendo y llevan a enterrar, viéndola por la misma ventana de siempre. El recital se va terminando y Alterio vuelve a leer para recitar "Madre no me riñas", una elegía que habla de un vestido blanco manchado de barro y de un caballo también blanco, alado que lo salvará de volver a mancharse. Y termina el espectáculo con una simple recomendación: "Que esta noche sirva", para reunirse a comer con los amigos, para la buena charla, para tener proyectos para el mañana y para defender la libertad, que es lo que se ha pregonado desde el tablado.
Aplausos gigantes, una ovación para estos dos monstruos que han hecho que una hora pareciesen cinco minutos, con el don de la palabra y la música, unidas para emocionar y para cultivar almas. De lejos, lo mejor que vi en todo el año en Teatrix. Y acá se los dejo para que lo disfruten. Muchas gracias don Héctor. Muchas gracias don José Luis.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente y mejor ser humano luego de haber asistido a esta función).

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Mi crítica de "Pelle, el Conquistador" (Cine)

Con la visión de "Pelle, el Conquistador" asistimos a la primera película que le granjeó el prestigio internacional a Bille August, ésta es de 1987, y si bien comenzó su carrera como director en 1978, tuvo que esperar diez años para que el reconocimiento le llegara. La investigación biográfica sobre el director ya fue realizada en el momento de "La Casa de los Espíritus", sólo que August ya ha cumplido sus flamantes 72 años -los cumplió el 9 de noviembre-. August es adicto, parece a adaptar novelas extensas y fabricar relatos de igual duración. Asistimos a la vida de los inmigrantes que buscan un horizonte mejor para terminar sus días, acá lo hacen de Suecia a Dinamarca. Llegados al nuevo país, Lasse Karlsson y su hijo Pelle, de unos 10 años, venidos de Tomelilla, arriban en un barco de inmigrantes y están decididos a no aceptar el primer trabajo que se les ofrezca. Pelle viene esperanzado pues su padre le ha dicho que en esa nueva tierra los niños no tienen que trabajar. Pasan las horas, y tras haber despreciado trabajos, Lasse y Pelle quedan solos en la plaza, hasta que llega un capataz a ofrecerles 100 coronas anuales por el padre y el hijo para tareas agrarias. Lo primero que hace es darles su lugar en el establo, junto a las vacas y gallinas -el campesinado no difería mucho del ganado- . El primer amigo que se hace Pelle es Rud, un chico de la misma edad que él, desgarbado y algo deficitario. El patrón es el señor Kongstrup, un hombre que no respeta a su mujer, engañándola con cuanta jovencita se le cruza y obviando sus necesidades.

El Aprendiz sorprende a Pelle robando leche de la ubre de la vaca para alimentar un gatito y lo engaña para encerrarlo en un cobertizo y bajarle los pantalones junto a otros hombretones y sacarlo de allí a latigazos; su padre toma la azada para vengarse. Todo es cuestión de fuerza bruta y se reducen los instintos a la pura animalidad de los subnormales. Lasse ha traído de su tierra una planta de fresas silvestres (en clara alusión a su admirado Bergman, de quien filmaría más tarde "Con las mejores intenciones"), la cual planta con la esperanza de recoger sus frutos. La labor de Max von Sydow es como siempre magnífica, de un hombre viejo, cansado, débil, enfermo y quemado constantemente por el sol, la del chico no deja de asombrarnos, otro actor con el mismo nombre que su personaje, Pelle. El niño viene con una compra para la patrona, una botella de cognac, pero es interceptado por el marido, quien la vacía en una maceta, ante el escándalo de ella, quien grita que su marido se abusa de ella. Es el cumpleaños de Pelle y su padre, con mucho esfuerzo le regala un cortaplumas -regalo de pobre, dice- y está Erik, el rebelde del grupo de peones, quien sueña con viajar a América para ser libre de veras y le promete a Pelle llevarlo con él. Para celebrar el cumpleaños, Lasse recoge los frutos de las fresas silvestres que ha guardado para ese día. Mientras, la madre de Rud, una vieja loca, va a reclamarle al patrón Kongstrup la manutención de alimentos para su hijo bastardo. Anna, una criada y NIls, el hijo de uno de los adinerados, son novios, y se toman de las manos, pero el padre de él los aparta violentamente, ella huye.
Ni Lasse ni Pelle saben leer ni escribir, para eso el niño va a la escuela. Erik se rebela por tener que comer arenque -como todos los días- en Nochebuena. Pero lo sacan a patadas... Como en Navidad es invierno en el hemisferio norte, los hielos cubren las aguas de los fiordos de Dinamarca, Pelle compite con otros chicos y se echa al agua congelada con el resultado de que otro niño se tira para sacarlo y lo traen medio muerto. Pelle se conquista enseguida a la esposa del patrón y ésta logra sonsacarle lo que se dice de ella: que hizo pactos con el diablo y que por las noches se convierte en hombre lobo; ella acepta que todo eso es por haber querido al hombre equivocado. La mujer luego llega al establo a presentarles a una linda jovencita que resulta ser una sobrina que ha llegado de Copenhague para quedarse con ellos en su casa. Mientras Lasse le hace la corte a una gorda petisa quien lo rechaza por viejo. Pelle le hace prometer a su padre que pronto huirán a América.
Anna, la campesina hermosa, está embarazada de Nils, y llora en el establo, adónde ha ido a robar huevos; Pelle promete guardar el secreto. A la vez, su amigo Rod se deja dar 100 latigazos por media corona, Pelle le pega con verdadero placer sádico y libera allí toda la agresión contenida. Un examinador, en la escuela, le pregunta a Rud sobre la serpiente, Adán y Eva, a lo que éste no sabe contestar y llora gruesas lágrimas. El pastor dice que no podrá permanecer en el colegio. Anna tiene al hijo y lo mata, pero se la lleva la policía, NIlls llora ante la tumba de su hijo adjudicándose el crimen. A la vez éste sube a un bote en medio de una tormenta para salvar a los tripulantes de un barco que está a punto de naufragar, los logra salvar a todos pero él muere.
Erik está divirtiendo a toda la peonada con un acordeón y llega el aprendiz: el capataz lo manda callar, pero Erik lo saca corriendo. Cuando llega la hora del descanso, el capataz le manda a seguir trabajando, Erik va a afilar su pesada guadaña para ir a vengarse del hombre, va con todos sus compañeros detrás dispuestos a la masacre. Cuando lo ataca, la piedra del molino se desbalancea y le golpea la cabeza dándolo por muerto. Mientras, Pelle conoce a la señora Olsen, cuyo marido hace un año desapareció en alta mar y lo supone muerto, y él le dice que su padre es viudo. Lasse le envía el único recuerdo que tiene de su esposa; se presenta ante ella, quien lo recibe y lo atiende bien. Se entienden. Lo invita a pasar la noche con ella. Kongstrup juega a los zancos con su sobrina, de una forma más que sensual. Ésta se ve sorprendida por Eric en la caballeriza, quien ha quedado bobo por el golpe recibido. Todos se visten con sus mejores galas: es domingo y se van a la feria del pueblo. Allí se encuentran Lasse y Olsen. Pelle descubre a su amigo Rud tocando en la pequeña banda, vestido de payaso. El patrón está con su sobrina entre los yuyos, a quien ha desvirgado. Ya en la casa, ella está haciendo las valijas para irse. Llora, la tía la consuela y no entiende por qué quiere marcharse. Pero cuando está por irse llega la enajenada madre de Rud y le dice si está huyendo para no tener al hijo del mismo hombre que ella. Todo esto es oído por la señora Kongstrup. Por la noche todo se alborota, piden rápido un médico, es que la esposa ha castrado al pusilánime de Kongstrup, quien aúlla de dolor con sus partes cortadas.
A la vez, en la escuela, todos los chicos acusan al padre de Pelle de acostarse con la sra. Olsen. Pelle reacciona como puede pegándole a todos. Luego se enoja con su padre y lo amenaza con escaparse si él decide irse a vivir con esa mujer. Otros chicos, armados con palos, atacan a Pelle, por ser el hijo de un libertino. Este se refugia en los hielos de la costa, justo en el momento en que ven regresar de su travesía al Capitán Olsen. Cuando se entera Lasse, con una soga intenta colgarse, pero Pelle se lo impide. Entonces Lasse se emborracha, Pelle llora, impotente ante la situación. Al día siguiente, ya recompuesto, Lasse vuelca el contenido de la botella en el heno para que Pelle no se avergüence más de él. El maestro de escuela ha muerto en clase. En el entierro, Pelle se trenza a golpes con el hijo del pastor que se burla de su padre y la sra. Olsen. Conclusión: que terminan yendo a ver a Kongstrup para que no se lleven a Pelle y la esposa le ofrece el puesto del Aprendiz. Le están confeccionando el traje cuando el capataz se lleva a Erik a la fuerza, Pelle entonces se quita el traje y le dice a su padre que tienen que huir. Preparan todo para esa noche, pero Lasse está viejo y sin fuerzas para irse, surcado de moscas, le dice a su hijo que se vaya solo. Lasse le da sus mejores ropas y la Biblia y lo despide en medio de la nieve en un ritual sin demasiada emoción, como dos amigos que fueran a verse al día siguiente. Pelle entonces se marcha, entre la nieve y la ventisca, a conquistar otros mundos.
Debo admitir que la película emociona y conmueve, más por el rigor de las interpretaciones que por la acumulación de hechos que se suman sin solución de continuidad, como vemos que es costumbre de este director. Todos los sucesos de esta historia han caído bajo la mirada atenta de Pelle, de los que ha sido espectador exclusivo, no hay escena en la que no esté presente el niño como observador y posterior narrador. Excelente la fotografía y la música que resaltan una historia de sentimientos a flor de piel -algo a lo que no nos tiene acostumbrados Carlos, que prefiere un cine de corte más intelectual- y hasta el último extra cumple a la perfección su rol.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).




sábado, 7 de noviembre de 2020

Mi crítica de "La Gran Farándula" (Teatro-Musical)

https://www.teatrix.com/ver/la-gran-farandula


Esta es otra ocurrencia de Teatrix, traer a la pantalla una obra que no tuvo demasiada convocatoria en su momento. La idea es buena, lástima que se haya desperdiciado en un espectáculo dedicado a los chicos, con tan bajo nivel de efectividad. Las bromas son tontas, los juegos de palabras inútiles y los chistes no funcionan porque, claro, están pensados para gente subnormal, no para chicos. Es una obra que le queda chica a los actores: semejante nivel de talento se merecía una pieza con más peso escénico. Ellos son: Omar Calicchio (don Bravo), Anita Martínez (Isabella), Julián Pucheta (Mufa), María Rojí (Paloma) y Nicolás Scarpino (Leandro). Son todos muy eficaces en lo suyo y adoptan no sólo uno sino varios roles durante la función con perfiles muy disímiles. La idea es buena: un grupo de actores de primera línea, integrantes de la farándula, que están a punto de desaparecer por el cierre del teatro. Y se adapta a estos tiempos de pandemia, hay una canción que hace referencia a que el teatro no puede desaparecer, que un escenario sin actores en él no es tal, y que el motivo del espectáculo es tan necesario como el aire que respiramos. Justo para los tiempos que corren en dónde todavía se está discutiendo si van a abrirse los teatros, después de casi nueve meses de apagadas las marquesinas. El teatro es imprescindible, así como la ficción, o una buena historia narrada por esos cómicos de la legua de los que estamos tan necesitados. Que no se discuta más: hay que abrir los teatros -con el necesario protocolo de sanidad y el distanciamiento social- pero necesitamos volver a entusiasmarnos por la magia de las candilejas.

El teatro de la obra está por cerrar, y a través de la puesta, se recuerdan tantas luminarias de nuestro cine y nuestro teatro que han dejado su huella indeleble, desde los cómicos hasta los trágicos: todos son necesarios para dar lugar al vuelo de la imaginación. Y así como don Bravo es el jefe de la compañía que dirige y estimula a sus actores para que continúen y se siente enfermo al borde de la quiebra; Isabella es la actriz trágica que ha nacido para las grandes obras y no se resigna a desaparecer; Paloma vive de ilusiones, de las revistas del corazón y de lo que dirá su tía Rodesia (todo hablando con la R), una gran admiradora de la farándula. Leandro es el galán que no pierde su jopo ni sus costumbres donjuanescas y caballerescas, mientras que Mufa es un mal necesario, esos técnicos-asistentes que rompen todo cuanto tocan y son capaces de provocar el desastre con su sola presencia. Así pasan los diferentes cuadros en una obra que excede apenas la hora -recordemos que está pensada para que los más chicos accedan a la historia del teatro nacional- y se cantan y bailan canciones como "Que viva el teatro", "Mufa", "La canción de la carcarajada", "La gran familia", "No huyas, mi amor", "Valsecito trágico" y "La gran farándula", cada una compuesta para el lucimiento de uno de los integrantes en particular, así como para el despliegue de todo el elenco. El compositor es Hernán Matorra, un músico ya probado en diversas lides, así como las letras y el libreto pertenecen a Gustavo Marioni, al igual que la dirección general. Un grupo de músicos -integrado por el propio Matorra- toca el piano, el contrabajo y el acordeón, así como las guitarras de esa ranchera que es "No huyas, mi amor", en donde se destaca el duende de Scarpino. En el tema "La gran familia" se rinde homenaje a todas las facetas de nuestro teatro, desde el sainete de los Podestá y su arena circense hasta la época de Teatro Abierto. Es una gran idea que mejor transitada pudo haber obtenido mayores y mejores frutos. El germen está, y el desarrollo también, sólo faltaría apuntar mejor el humor y el sentido cómico del espectáculo. Como en ese sketch en que Isabella conoce a don Bravo filmando "La tragedia inconclusa", ella proviniendo de la tragedia y él de la más adocenada comedia, se funden para dar nacimiento a un nuevo género: la tragicomedia.
Las ideas son buenas y están en manos de serios profesionales, todos con un timming para la comedia y el musical que es digno de elogio y de envidia, solamente falta alzar la puntería y destacar que los chicos no son retardados a los que hay que darles comida vieja y maloliente, sino los mejores manjares con la ilusión de que sabrán captarlos y capturarlos. Todos están maquillados en la mejor tradición del grotesco argentino, esa creación rioplatense que rindió sus mejores frutos de la mano de grandes autores. El estilo de actuación también se mantiene entre el grotesco y el vaudeville, para que llegue a todo el público infantil, de la mano del desborde a cada paso. En fin, un espectáculo que viene muy bien para tiempos de cuarentena y de pandemia -sin confundir la una con la otra- y que tiene que tener su tiempo de maduración para que puede llegar a todos los públicos por igual.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Mi crítica de "Acaloradas" (Teatro)

https://www.teatrix.com/ver/acaloradas


Gracias al buen ojo de Teatrix pude ver esta comedia inteligente que habla sobre todo del mundo femenino, con todos sus ribetes, empezando con los calores de la menopausia, pero indagando también sobre las relaciones de pareja, el matrimonio, la amistad entre mujeres, la infidelidad, la vejez, las pastillas y muchos otros tópicos que enardecen a todas las mujeres del mundo. Por supuesto que la obra es apta también para hombres, y si somos compañeros podemos reírnos de los males que aquejan a nuestras amigas, novias, esposas, amantes o amigovias y empezar a comprenderlas un poquito más. Claro, la firma de la obra pertenece a dos mujeres muy avezadas en los campos del humor: Esther Feldman y Cristina Wargon, junto a la inteligente dirección de Ernesto Medela. Y las intérpretes son cuatro mujeres de lujo: Patricia Echegoyen, María Fernanda Callejón, Emilia Mazer y Gabriela Sari. Ellas hacen reír a la platea durante una hora y media, y reflexionar, sobre todo, que es lo más importante que puede acompañar la carcajada. Claro que también hay momentos serios, pero son los menos frecuentes, pero hacen atragantarse a más de uno. Todo el elenco está muy bien, pero sin duda quien se lleva las palmas es Pato Echegoyen, una comediante nata, que puede lograr lo desopilante con sólo un batir de pestañas, tiene los tiempos exactos de la comedia y todo su cuerpo habla por ella. Realmente impecable. Por fin Emilia Mazar aprendió a calzarse un personaje, dejando de lado su propia personalidad, y lo hace sin caer en la tentación de la sobreactuación, con la afectación clásica de las mujeres adineradas de clase alta, de esas que comen pan y eructan pollo -diría Pinti-, que calzan siempre un número más de lo que la naturaleza les pide. La Callejón se adapta muy bien al papel de la mujer fatal, la comehombres, hasta el grado de pasar a ser una puta, entrenando su cuerpo constantemente para no dejar que los años le pasen por encima. Y Gabriela Sari, con todo su encanto juvenil y su frescura, se muestra muy suelta en el papel de chica que va a casarse pero que está viviendo dentro de su época -la del consumismo, úselo y tírelo y matrimonio que no funciona, a la basura, además es muy bella y tiene muy buena figura-. Puestas las piezas en el tablero, comencemos a jugar...

Todo empieza cuando Cecilia (Sari) anuncia a su madre, Susana (Echegoyen) que va a casarse con Andy, el hijo de su amiga Norma (Mazer), y aquélla tratará de impedírselo a toda costa debido a una mala experiencia con su marido, quien la ha abandonado después de 24 años, 9 meses y 17 días -los minutos mejor no los cuenta- por una secretaria de 24 años. Es lógico, Susy está pasando por una etapa de duelo, sumada a la aparición de su menopausia, con los calores y la desesperación hormonal que ésta conlleva. "Las hormonas no se te rebelan, son terroristas", suelta ella para justificar todo lo que está sufriendo. Es por eso que va a instigar a su hija para que abandone la absurda idea de casarse, aún con la persona que ama, porque al fin y al cabo, terminará sufriendo... pero si una mujer no ha venido para sufrir, no podría llamarse mujer, diría mi amiga Gabriela Acher. En eso estamos cuando llega Norma, la suegra y amiga, embajadora de la preparación de eventos, judía por naturaleza y adicta a las pastillas, desde tranquilizantes hasta adelgazantes. Y llega con el vestido de novia, una especie de minifalda con cola infinita, llena de volados y por demás blanca -a pesar de que los novios ya han convivido-, un bodoque de vestuario que su madre prefiere no mirar, e insiste en taparle las hermosas piernas a su hija. Por supuesto que entre Susy y Norma hay roces -sino no sería esto una comedia- y tratan de sobrellevarlos de la manera menos amigable posible. Falta la cuarta pata de la mesa, Mirta (Callejón) esa amiga de Susy siempre predispuesta a dar el peor consejo dada su liviandad de cascos y su voracidad hombruna. Y la tortura a Susy haciéndole hacer toda la gimnasia que no hizo en su vida, con el solo fin de caber en su vestido de madre de la casamentera. Las poses gimnásticas de Echegoyen son más que elocuentes de su desafinidad al ejercicio físico y le bastan unos segundos de meditación para caer dormida mientras su amiga desgrana los mejores consejos para ella: que lo que le hace falta es cogerse un pendejo. Hablan de su viaje por Europa para olvidar el desengaño matrimonial de Susy y de cómo le reventó la tarjeta de crédito a su ex marido... y en euros...
Las cuatro rompen la cuarta pared en un momento dado -uno para el lucimiento de cada una- y hablan frontalmente con el público, tocando esos temas que preocupan al sexo débil: en Cecilia será la precariedad del casamiento, sumergida en un ambiente de consumismo, de comprarse cosas, igualando al matrimonio con la galleta de arroz, en que llega un momento en que te aburrís de comerla, y querés probar otras cosas, y si este matrimonio no funciona... el próximo será mejor... Mientras que Susana reflexiona con el público sobre cómo hacer para que su hija no se case, Mirta habla sobre los problemas que aquejan a todas: la falta de pechos o la sobra, pero que se puede arreglar todo con un buen pushup, aunque si el hombre en cuestión le pide que se lo quite en la intimidad, ahí estamos en problemas... aunque el hombre es como cualquier otro mamífero, desde que nace se prende a la teta y no la larga nunca. El otro grave problema son los kilitos de más, que un buen body puede y debe tapar, aunque si el amante le pide sacárselo, ella debe resistirse de cualquier manera, pero si es muy insistente, sirve también la media luz, o la luz roja que le da esa excitación a la cosa y la hace aparecer a la mujer recién bronceada... o si se ha pasado con los kilitos... la falta total de luz. Y finalmente, la celulitis, que es algo que todas las mujeres tienen, hasta los bebés la padecen, así que no hay que hacerse problema por eso. Y si han ganado todas las batallas, no se aflijan, que hay una que nunca ganarán: es el paso del tiempo, inevitable y que les llega a todas. Norma prefiere hablar de las rebajas en Once y de cómo levantó la autoestima y la sexualidad de su pareja disfrazándose de conejita -las orejas las compró en una rebaja- y que luego de dos horas de pasión de su marido... por el partido, logró llamar su atención, para caer en el ridículo más profundo. Y que quedarse soltera es lo peor que les puede pasar, porque soltera viene de suelta, de soltada, como que no hay nadie que la agarre. Prefiere una conversación inútil con un marido que hablarle a una planta. Las risas que se escuchan en la sala son muchas, aunque no sabemos si por lo cómico del caso o por la autocompasión y la cofradía entre mujeres.
Pero puestas las cuatro a juntarse -cosa que nunca deben hacer las mujeres, y sobre todo cuando dos son enemigas -Norma y Mirta- se sacan los trapitos al sol y, resumiendo, que todas se han acostado con el marido de la otra y las han engañado en su confianza. La única que llora su soledad es Mirta, la amante de todos pero quien no tiene un hombre que la espere en casa ni un hijo de quien hablar ni quien la lleve al geriátrico. El conflicto es total y después de mucho tiempo, casamiento mediante y la opción de que las tres sean madrinas del bebé que ha nacido fruto de ese amor, lograrán saldar deudas y hacer las paces unas con otras. En estos tiempos se agradece la reflexión inteligente sobre temas femeninos -después de haber visto la espantosa y vulgar "Cosa de Minas"-, de la mano de grandes conocedoras del género. Gracias, chicas.
Y gracias nuevamente por leerme hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

martes, 3 de noviembre de 2020

Mi crítica de "El Angel Exterminador" (Cine)

Antes que nada cumplo en recordarle a Carlos Pierángeli, nuestro factótum, que esta película la habíamos visto en el curso a finales del año pasado, por lo que aún estaba fresca en mi memoria...

Este film se lo sugirió a Buñuel, Gil, el protagonista de "Medianoche en París" en una de sus visitas al pasado, pero claro, tras haberla visto ya realizada en el futuro por el gran Luis Buñuel. Pero bromas aparte, recordemos que Buñuel es uno de los más encumbrados representantes del movimiento surrealista en el cine, prueba de ello es  su primera película y cortometraje: "Un perro andaluz", que casi nadie entendió, más ligada al mundo de los sueños y del inconsciente que a la realidad. Luis Buñuel Portalés (22/2/1900-29/7/1983) fue un director de cine español, que tras el exilio de la guerra civil española se naturalizó mexicano. A pesar de los hitos cinematográficos logrados en su país natal con "Viridiana" (1961) y "Tristana" (1970), la gran mayoría de su obra fue realizada o coproducida en México y Francia, debido a sus convicciones políticas y a las dificultades impuestas por la censura franquista para filmar en España. Es considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine. "El Angel Exterminador" es de 1962, rodada en México, con elenco local.
Todo se sitúa en un mismo escenario, la mansión de los Nóbile, en la calle de la Providencia, broma reflexiva de Buñuel (una de las mujeres de la fiesta rezará a la Divina Providencia, durante el encierro, prometiéndole que si salen de esa situación irá a Lourdes), de donde los sirvientes optan por retirarse minutos antes de que lleguen los invitados, sin causa aparente. Muchas situaciones se ven repetidas dos veces, no es un error de montaje sino un capricho del director, esto lo advertimos por la diferente posición de cámara entre una y otra toma: por ejemplo, cuando llegan los burgueses a la residencia los vemos entrar y preguntar por Lucas dos veces, una filmada en picado y la otra en contrapicado. Luego el brindis al comienzo de la cena, llevado a cabo por el dueño de casa, Edmundo, también se verá repetido con distinto enfoque, y así muchas situaciones más, llegando a comprender esto cuando, al final del encierro, descubran que se han colocado en el mismo lugar que estaban antes de que se produjese la misteriosa causa de su destino, y tratan de repetir las mismas frases que decían en esos momentos, incluso la pianista repite el final de su sonata. Pero volvamos al comienzo, los sirvientes se han ido, sólo queda el mayordomo, Julio, quien también quedará detenido en el espacio y tratará de satisfacer los caprichos y necesidades vitales de los invitados cuando falte la comida y la bebida.
Tras los pesados portones se esconde una suntuosa residencia, muy bien arreglada con candelabros y lujos en la mesa. La cocina parece el edén inmaculado y lejano en el que se refugian los cocineros antes de su partida. Incluso rondan por allí unos corderos y osezno de propiedad de los esposos Nóbile. El primer signo extraño es que una paciente del Doctor, Leonora, quien padece de cáncer, lo besa en la boca no bien comenzada la reunión. Blanca, la concertista, toca el piano mientras todos la escuchan cordialmente. Una mujer abre la cartera y extrae un pañuelo y dos patas de gallina cortadas. Recordemos que Buñuel no trabaja con metáforas sino que está más cercano al esperpento, propio del Surrealismo. Son las 4 de la mañana, y en vez de retirarse, hombres y mujeres descansan sobre sillones. La esposa de Edmundo planea engañar a su marido con otro hombre en su cuarto, aunque esto no se llevará a cabo, presos del living de la casa. Están apagando las luces, algunos hombres optan por sacarse el frac y se acuestan a dormir en las sillas o en el piso directamente.
A la mañana siguiente todos se despiertan, reclamando el desayuno. El Dr. atiende a un moribundo, le quedan pocas horas de vida, dice. El mayordomo vuelve diciendo que no hay nada para el desayuno. La señora de la casa le sugiere que sirva carne fría y café. Algunos se arrepienten de los modales que tuvieron la noche pasada, mientras que Julio, el mayordomo se resiste a ir a buscar las cucharitas para el café -también está atrapado sin darse cuenta en esa especie de jaula de laboratorio en que se ha convertido el living de la mansión- A partir de entonces vamos a asistir a los más extraños comportamientos que se pueda esperar de personas refinadas y educadas como las que nos ocupan. Todas las bajezas del alma humana se van a hacer presentes en este encierro prolongado y los instintos más bajos se desatan sin solución de continuidad, convirtiendo a los ricos en una verdadera horda de salvajes primitivos. Se preguntan por qué no pueden salir de la habitación, el Dr. dice que hay que sacar al moribundo de allí, pero nadie se atreve a salir de la pieza. Uno de los comensales le echa la culpa a Edmundo por haberlos invitado tan gentilmente después de la ópera, la noche anterior, uno a uno. Los novios no tienen miedo a morir juntos, pero no antes de poder estar a solas, ella cree que puede conseguirlo. Todos están tirados durmiendo en el piso nuevamente; la joven pareja consigue escurrirse dentro de un armario.
Un comandante, afuera de la casa, da la orden de poner altavoces para comunicarse con los de adentro, los de afuera tampoco consiguen entrar, la casa se ha sumido en un velo de sopor inextricable , dice que a la noche mandó unas tropas a entrar y que ninguno pudo. Hay público que asiste curioso al milagro. Mientras, adentro, tratan de romper un caño de agua para beber, logran hacerlo y todos se abalanzan como bestias hacia el líquido elemento. Las mujeres la usan para lavarse. Mientras, el mayordomo come papel; una mujer se está peinando mecánicamente frente al espejo y eso hace enardecer de ira a la pareja de hermanos. Hace falta la comida... Alvaro y su esposa van a organizar un Te Deum en la Divina Providencia si algo los ayuda a salir de allí. Leonora se arranca el pelo. Otra mujer está moribunda, necesita analgésicos urgentemente. Edmundo le muestra al Dr. una caja en donde tiene drogas para su uso personal, contiene morfina, laudaina, etc. Se la entrega al médico para que haga uso de ella. Todos huelen mal ya. Impera la grosería, la violencia, la suciedad, en el piso se acumulan montones de desperdicios y excreciones en forma de basural. Otra mujer alucina con una mano que se mueve por el piso sola a la que intenta apuñalar. Mientras, el médico distribuye los fármacos que le dio Edmundo. La pareja de hermanos, roba luego la caja con la droga. Un hombre besa a una mujer dormida, Alvaro empuja y tira al suelo a otra señora. Los corderos entran a la sala. Los rodean.
El hijo menor de uno de los invitados -que está afuera- intenta entrar a la propiedad pero no lo logra, algo invisible parece impedírselo. Mientras, adentro, rompen muebles e instrumentos para prender fuego para asar a los corderos. La mujer de las patas de gallina hace conjuros con ellas con otras dos damas -que han perdido todo lo que las distingue como tales-. Los novios han muerto dentro del placard, el médico hace apartar a todos los demás, mientras el pequeño oso entra al salón. Empiezan los llantos y la histeria, mientras todos claman entre gritos desesperados y salmos litúrgicos, se entremezclan imágenes oníricas de destrucción.
Sobre el portal flamea una bandera amarilla de cuarentena, afuera continúa la vigilia. Ha vuelto Lucas, el sirviente que se fue primero, para impedir que maten al oso los de afuera, pues él sí ha podido escapar al embrujo -parece que no afecta a los animales- Adentro crecen los instintos asesinos, ya es la guerra de todos contra todos, hasta incluso quieren matar al Dr., quien les dice que conserven la dignidad humana, pero Edmundo los detiene. Leticia observa que a pesar de las miles de combinaciones de espacios que ocuparon durante esos días, en ese momento están todos colocados como antes del desastre. Les pide que recuerden las frases que estaban diciendo y las repitan, Blanca vuelve a tocar la sonata al piano. Vuelven a decir sus parlamentos. Como por arte de magia el hechizo se disuelve y salen al exterior, encontrándose con los que esperan afuera.
Ahora están asistiendo a una misa todos los que estaban encerrados en la casa, junto con mucha gente más. Nuevamente quieren salir de la iglesia y no pueden, la policía reprime una manifestación callejera. Una majada de ovejas entra a la iglesia, simbolizando al "rebaño" de Dios. Fin.
Buñuel ha puesto toda la carne al asador junta en esta película, todas sus obsesiones, sus traumas con la clase adinerada a la que reduce a la pura animalidad cuando se ven encerrados y sin salida. Muestra cómo estos señores de frac y levita tienen las mismas pulsiones que los cavernícolas puestos en una situación límite y que son capaces de las peores bajezas y de comerse los unos a los otros si hubiera necesidad.
¿Qué más se puede opinar de este clásico de clásicos que no se haya dicho ya?
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).