miércoles, 9 de mayo de 2018

Mi crítica de "Toc Toc" (Cine)

Después de haber sufrido la muerte de mi papá, hace sólo seis días, deprimido y entristecido, decidí darme un respiro y volver a mis críticas. Y utilicé una comedia para esto. Se trata nada más y nada menos que de la adaptación para cine de la obra de teatro "Toc Toc", obra que en nuestro país fue un verdadero boom y que ya lleva seis temporadas en cartel a sala llena y con entradas imposibles de conseguir. La obra es del francés Laurent Baffie y la adaptación para la pantalla grande la hizo el propio director de la película Vicente Villanueva (2017), película todavía no estrenada en nuestro medio pero que es posible ver por Netflix o bajar del Torrent. La adaptación tiene un plus: mejora la obra (obra que a mí nunca me pareció del todo excelente, por otra parte). Generalmente las adaptaciones para cine de obras teatrales suelen ser desastrosas y arruinar la obra, en la Argentina esto es inevitable, y lo digo con conocimiento de causa: como guionista, las dos veces en que tuve que enfrentarme a guionizar mi propio material teatral me costó un esfuerzo terrible y los resultados fueron bien deprimentes. Me vienen a la mente dos casos que fueron exitosos, el de "El Vestidor" y el de "¿Quién le teme a VIrginia Woolf" y otros desastrosos como el de la reciente "Un dios salvaje" de Polansky, y en nuestro país un exitazo como lo fue "Esperando la Carroza". Es por eso que digo que es muy difícil "airear" una obra que fue planificada para cuatro paredes. Pero acá el esfuerzo valió la pena: hay exteriores justificados, hay personajes secundarios bien empleados y sobre todo el trabajo de puesta en escena le confiere una vitalidad inusual en estas propuestas (hay ángulos de cámara muy interesantes que expresan lo que en teatro sería imposible).
Ya todos sabemos lo que es un Toc (Trastorno Obsesivo Compulsivo) y los millares que han visto la obra saben que los hay de las más diversas calañas. En este caso se juntan en la consulta de un psiquiatra (que nunca aparece) seis pacientes con serios trastornos de personalidad que les afectan sus vidas personales de una forma tremenda y que limitan sus vínculos sociales. Cada uno llega a la consulta a la hora convenida (la misma para todos, al final sabremos el porqué) y arrastran consigo sus propias cruces. Está Federico, quien tiene el Síndrome de Tourette (Oscar Martínez, excelentes todos), lo que lo impulsa a decir groserías e insultos de alto calibre en los momentos más inesperados y sin mediar causa alguna. También una fanática religiosa y con una manía por revisar sus cosas cientos de veces, Ana María (deliciosa Rossy de Palma). Está el taxista afectado por aritmomanía, un TOC que lo hace cuantificar, sumar, restar, multiplicar y dividir con exactitud los más astronómicos números, que lo convierten en un portento digno de la televisión, Emilio (Paco León) También llega Blanca, una atractiva mujer de 35 años que sufre del síndrome de la limpieza y el terror a contagiarse enfermedades (Alexandra Jiménez), lo que la obligará a ir al baño cientos de veces a lavarse las manos cada vez que toca algo o alguien. La chica que tiende a repetir todas sus frases dos veces, una atractiva jovencita llamada Lilí (Nuria Herrera) y por último el poseedor del TOC por el que no puede pisar rayas en el piso y que es un obsesivo del orden y la simetría, Otto (Manolo, en realidad, pero su nuevo nombre es simétrico, Adrián Lastra). A esto se suma la también desopilante secretaria gorda Tiffany (Inma Cuevas) que le pone pimienta a la reunión con sus intervenciones.
Ya está conformado el plantel, ahora los jugadores a la cancha. Y lo hacen de la mejor manera posible, sacando el mayor jugo de cada uno de los papeles que les han tocado en suerte. Es una labor consagratoria para cada uno de ellos, aunque los conocidos por nosotros no necesitaban probarse en este terreno para mostrar sus aptitudes. Oscar Martínez, con su invariable tic en el ojo y sus desbocados y delirantes exabruptos ponen el toque "guarro" a la comedia y Rossy de Palma, ya una señora adulta persignándose interminables veces, rezando en silencio y lloriqueando porque no encuentra las llaves o porque debe haber dejado abierto el gas o el agua. Paco León es el "cómico" del grupo, quien va a desdramatizar las situaciones más embarazosas con su dudoso sentido del humor y su capacidad para mensurar cifras. Por su parte Alexandra Jiménez aporta frescura y dinamismo a su obsesiva por la higiene y provoca más de un desastre. Y la parejita joven, Nuria Herrera y Adrián Lastra pondrán el broche de oro romántico a la película creando un amor impensado e improbable.
Cuando el grupo ve que el Dr. Palomero tarda en llegar pues se ha demorado su vuelo desde Londres, empieza a funcionar como un sistema, ensamble de cosas en las que cuando falla una, falla toda la organización,  buscan la complicidad del otro y tratar de aliviar juntos sus propias cargas. Por suerte se sacó en esta versión la larga secuencia en que juegan a un juego de mesa (no me acuerdo si era el "Monopoly"), que lentificaba bastante la acción, y optan por resolver los unos los problemas de los otros. Se proponen un reto: que cada uno pase tres minutos sin recurrir a su TOC. Por supuesto que esto resulta imposible, pero sobre el final se darán cuenta que con la mutua ayuda y la preocupación de cada uno por los problemas ajenos, hubo oportunidades en que no recurrieron a su TOC. No saldrán curados de la "sesión", pero sí con la esperanza de que, con dedicación y esfuerzo,, sus males son posibles de mejorar.
Trata de ser una comedia "psicológica", aunque acá la psicología brilla por su ausencia. Es más la carga de disparates y confusiones que se acumulan todas juntas sobre el escenario (o en este caso sobre el plano) que lo que esto pueda tener de verdadera terapia. Si bien se concibe como una terapia de grupo improvisada, su manual es más de autoayuda que de verdadero saber psicoanalítico o psiquiátrico.
Es de considerar que lo que en otras manos podría haber sido un drama, acá se torna en una comedia ligera y amable, poniendo el viso del humor sobre tanta negrura en los padecimientos psicológicos. Siempre la locura o los trastornos psíquicos han llevado más para el campo del drama que al del humor (hasta en una comedia como "Mejor... Imposible" se le asignaba su verdadero patetismo al TOC que padecía el protagonista -Jack Nicholson-), por eso es bienvenida esa bocanada de aire fresco que, como la ventana que insiste en abrir Blanca, inundan de claridad tanta desesperación. Sí, porque de eso se habla en el fondo, de la desesperación del vivir, y del vivir mal, a contracorriente de todo el mundo y de como nuestras limitaciones nos afectan en el devenir diario. "Todos tenemos un TOC", es el latiguillo de la obra de teatro, "¿cuál es el tuyo?", insiste. Y parte de verdad hay en eso. Nadie se salva de tener algún rasgo de obsesión en su vida, y todo nos condiciona. El director Vicente Villanueva realizó un excelente trabajo con un material que daba para mucho, bien llevado, y supo sacarle todo el provecho posible. Y el plantel de actores, un lujo. Véanla por Netflix o bájenla o esperen que se estrene en el cine, pero no se la pierdan ya que van a pasar un momento muy dichoso.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 7 de mayo de 2018

Mi crítica de "Todas las Canciones de Amor" (Teatro)


Teatrix sigue pisando fuerte. Ahora estrenó "Todas las canciones de amor", el magistral unipersonal de Marilú Marini consagrado como uno de los mejores espectáculos del 2016. Yo sigo opinando lo mismo, así que quien quiera leer mi crítica vuelva dos años atrás y busque. Y para el que no, que disfrute acá del trabajo y el talento de esta grande que es Marilú Marini y su sutil desempeño, plagado de matices. Pueden acceder a la obra. Disfrútenla.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 28 de abril de 2018

Mi crítica de "El Botella" (Teatro Musical)


Otro nuevo acierto de Teatrix... por fin una obra musical infantil ("para toda la familia") que me gustó, y mucho... Los autores son Diego Corán (letras y libro) y Jorge Soldera (música), co equiper de otras obras como "La Parka" o "Alicia en Frikiland", y dirigida ésta por Diego Corán Oria. Hay un despliegue escénico de cartón pintado muy poco frecuente en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, aunque todo en la escenografía tiemble un poco y amenace con venirse abajo. Pero el gran valor de la obra radica (además de en su libro y canciones, que son muy buenas), en la alta calidad de las interpretaciones. Sobre todo "el Botella" ese chico de 10 años interpretado por el niño Enoc Girado, que es todo un derroche de simpatía, naturalidad, desparpajo y buena voz. Es difícil hallar en un chico tan chico tantas cualidades juntas, y lo principal es su naturalidad para afrontar un papel que, en una mala elección artística hubiera sonado acartonado y ridículo. Pero los honores no son sólo para Enoc, sino también para su compañero de aventuras, Fresco, otro chico un poco más grande que hace las delicias del público con su hambre constante, sus metidas de pata y su enamoramiento eterno de la Señorita Laura, novia a la vez de Miguel, una especie de padrino de "el Botella".
La obra supone un viaje por partida doble: el viaje que se inicia en Punta Orilla y que, por mar, llevará a los chicos hasta París en busca de los padres del huerfanito "Botella", desaparecidos cuando él era un bebé, y un viaje tal vez más profundo, el viaje interior y de autoconocimiento que revelan los personajes, en su busca personal. Las botellas son tantas como el nombre del protagonista: la vieja fábrica de botellas en la que trabajaba el abuelo del "Botella", muerto al empezar la obra pero que estará permanentemente presente, las botellas de todos colores, forma y tamaño que colecciona el protagonista y por último, los mensajes en botella que cruzarán el Atlántico, llevando cartas del niño a su amada Milagros, residente en París, y de ella hacia él. Por eso de viajes y de botellas trata la obra. Pero también es un viaje el encontrar a los progenitores de este pobre niño criado por su abuelo y por Miguel, a la sazón una pareja que durante la guerra que asoló a Europa  y demás mundo allá por el 39 y hasta el 45, se dedicó a preservar y rescatar obras de arte como las que hoy integran los museos, y que fueron perseguidos en calidad de espías por las fuerzas de la ofensiva y que por fin se reencontrarán al finalizar la obra. Pero el trayecto es largo.
Una vez muerto el abuelo y entregadas sus cenizas al "Botella", éste deberá desocupar la vieja fábrica en la que vivía y pasará a ser reclutado por la policía de Punta Orilla para integrar sus calabozos. Los policías también forman parte de la troupe, un par de cabos poco despiertos y un comisario que es adepto al baile y el canto, compartiendo escenas con el "Botella". En el calabozo conocerá a Juan Carlos Barrera, "poeta del pueblo" y a Pepe  Vacío, dos presos dados a las rimas, a la poesía y al music hall que harán las delicias del público con su simpatía y su "buena onda". Estos cerrarán el espectáculo montando un escenario de poesía y danza en la vieja fábrica reciclada para exposición de obras de arte cedidas por Antonio y Sofía, los padres del niño. Los presos lo ayudan a escapar de la celda, apoyados por Fresco y la Señorita Laura desde el afuera, y con la recomendación de que vaya en busca de Milton Fatiga, un bucanero como pocos, dado a los excesos, al maltrato a su tripulación pero también... al baile y el canto. Como se habrá visto todos bailan y cantan en este musical para chicos que realiza constantes guiños a los grandes, que terminan aplaudiendo y coreando una de las canciones del pirata. Los temas son muy pegadizos por otra parte y proponen integrar al público a su lenguaje expresivo. Hay planteos que son únicamente para grandes, como el piquete que se forma en pedido por la falta de trabajo y el cierre de fábricas en Punta Orilla o el celebrado chiste de llamarse el "Botella" en realidad Juan y Fresco, Domingo, así se convertirán en "las aventuras de Juan Domingo". Todos chascarrillos que pasan desapercibidos para el público infantil. Por suerte hay muchos padres y madres en la sala que acompañan con sus risas las ocurrencias, así como la supuesta erudición del "Botella", que habla cual enciclopedia o las "cancheradas" del mismo. Así éste transforma la "chanson" parisina "Es el amor" en un tango-milonga arrabalero y compadrito que bailará con su amada Milagros (una chica parisina más alta que él, pero igualmente dada a la sensibilidad y a las explicaciones enciclopédicas, encargada de la guía del Louvre), sin tener en cuenta que el tango es una danza que se baila abrazados, siendo notoria la distancia que hay entre los dos, como para demostrar todos los pasos de tango que aprendieron y los firuletes y acrobacias que se anima a hacer la "percanta".
Así como París es la "ciudad luz" también lo es del amor, y es allá donde el "Botella" encuentra el suyo, en el cuerpo y alma de una chica con rulitos llamada Milagros, que canta tan bien como él y despunta el vicio ofreciéndole un beso en la mejilla. De ahí en más, se prometerán como futuros esposos y todo será correspondencia acuática en botellas que nunca sabremos si llegaron a destino. Allí, en París, también es donde Miguel le propondrá casamiento a Laura, que responde con su consabido "me caigo y me levanto". Hasta allá van los cuatro en busca de los padres del "Botella", que, según unos datos que le han pasado a Miguel, están en París. Pero no es ahí donde los encontrarán sino en la mismísima Punta Orilla ("agarrame la sombrilla", como reza la radio pueblerina), llevados por su conciencia paterna a recuperar su precioso botín de 10 años.
El abuelo del "Botella", don Timón, era un marinero de alta mar que lleva a su nieto encantado a visitar a las sirenas en sueños (de las tres sirenas, hay una gorda impresentable, que, a pesar de no querer ser denunciado en el INADI, deberían haberla guardado para mejores ocasiones, aunque siempre la esconden detrás de las otras dos) y así es que sus cenizas son arrojadas en el muelle, para que vuelvan al agua, su líquido elemento en donde siempre se desenvolvió.
Lo que sorprende del elenco de "El Botella" es su perfecta cualidad canora y danzarina, sin mencionar la solvencia actoral de todos ellos, formando un combo completo. Y la alegría y el desparpajo que ofrecen todos y cada uno de ellos. De movida se nota que la están pasando bien. Que "El Botella" es una fiesta a la que todos han sido invitados y que responden con creces. Nombrar a uno por sobre los demás sería injusto, baste decir que el pibe Enoc Girado es toda una revelación que convendría tener en cuenta para tanto programa de televisión zonzo y desabrido como hay por acá. Y que recomiendo plenamente ver esta obra en familia. Seguramente todos la disfrutarán. Y no se olviden que apretando el "Ver Obra" pueden acceder a ella.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 20 de abril de 2018

Mi crítica de "Los Tutores" (Teatro)

Ayer pude ver esta tan esperada comedia que, por los calores del verano se me venía alargando. Pero ante la próxima bajada de cartel de la obra me apuré. La pieza ganó el concurso Contar 3, que es el que auspician los productores teatrales tratando de incorporar autores jóvenes y noveles al circuito teatral de la av. Corrientes, y hasta ahora ha resultado un éxito la propuesta. La obra es de Carlos La Casa y Daniel Cúparo, siendo el primero el responsable de "Todas las Rayuelas", excelente obra que ganó el año pasado y que por desgracia estuvo poco tiempo en cartel, con una repercusión mediocre, y la dirección de "Los Tutores" corre por cuenta de su coautor Daniel Cúparo, muy eficaz por cierto.
La obra no tiene los mismos méritos que "Todas las Rayuelas", es un poco inferior, pero apuesta abiertamente al género de la comedia, un trayecto no demasiado transitado por el joven teatro argentino, así que es bienvenido, si bien no proyecta una mirada universal sobre el género humano, deteniéndose en un caso específico. El elenco es magistral. Está Hugo Arana, siempre eficaz para estas lides y con toda una trayectoria imprescindible, está Laura Oliva, otra batalladora de la comedia, Mónica Cabrera, con toda su autoridad de autora, directora y actriz en un papel a medida que despierta no pocas risas, está Paula Kohan, otra buena comediante que acá se luce, Ludovico Di Santo en un rol muy disfrutable y por último Dennis Smith en reemplazo de Dan Breitman que se fue para "El violinista en el tejado". La acción transcurre en la dirección de un colegio bilingüe y recontra caro, a dónde han sido citados los tutores o padres de cuatro chicos de quince años que han realizado un acto vandálico registrado por las cámaras del colegio: violentaron una puerta consiguiendo un bate de beisbol y posteriormente molieron a palos al profesor de música que se encontraba en un descanso, practicando sus dotes de gran pianista. Los personajes son el abuelo de uno de los chicos (Arana), de actitud recta y criado a la usanza antigua, que no tiene el menor empacho de bajarle los dientes de un cachiporrazo a su nieto; una pareja, Fabiana (Oliva) y Patricio Sosa (Di Santo), un político en campaña, que está todo el tiempo pendiente de su celular y con ganas de evadir el compromiso para ir a su acto de cierre; una madre abandonada por su pareja, Andrea (Kohan) que es naturista, profesora de cuanta terapia estrambótica y oriental quepa en la mente y por último un padre abiertamente gay (con pareja homosexual) que encarna Dennis Smith componiendo al mariposa de siempre (ya me tiene un poco cansado). La directora del establecimiento es la doble cara de Marta (una estupenda Cabrera, que hace honor a su apellido) de rígidas costumbres y no dudando en insultar a sus subordinadas o a los padres de los pequeños delincuentes. Lo que se propone con la reunión es que los tutores firmen un papel asumiendo la responsabilidad de sus hijos y declarando no responsable al colegio, para evitar posibles juicios. Por supuesto que toda la trama correra sobre la suerte de firmar o no los dichosos papeles. Entre tanto se despliegan todo tipo de mezquindades, agachadas, mea culpas y aberraciones morales por parte de los progenitores, que demuestran que como tutores no valen mucho.
Aclara La Casa, que debido a la polisemia de las palabras, "tutores" son también esas varas que se colocan en las plantas para ayudarlas a crecer derechas, y que es con este doble sentido que se ha nominado a la obra. Como "tutores-sarmientos" también distan mucho los padres o encargados. El único que asume responsabilidades y no duda en que su nieto vaya preso es el abuelo Héctor, quien, por otra parte pone en duda la validez de la figura paterna que tiene Nacho (el gay) sobre su hijo, al presentar una familia con dos padres hombres, y que le "desacomoda las tuercas en la cabeza" a su hijo. Nacho no se queda atrás con sus comentarios tratando de retrógrado y fascista a Héctor. Por otra parte, el hijo más incriminado (en el video sin sonido, recalcamos esto, porque es fundamental como cambian las cosas cuando se descubre el audio), parece ser el hijo de Andrea, el que le destrozó la cabeza al profesor de música con el bate. Ésta, esquiva olímpicamente toda presunta responsabilidad aduciendo que su hijo es más o menos un angelito de Dios. Por algo es que los demás chicos rechazan ir a las reuniones que este organiza en su casa... influenciado por su madre y sus intentos macrobióticos de inyectarles las filosofías orientales a todos los compañeritos de su hijo. Por otra parte, Fabiana es una máquina de hablar y de negar la realidad y pelearse con su esposo, que se la pasa haciendo proselitismo en el aula (uno de los personajes más logrados este de Patricio Sosa). El político tiene al Chaqueño Palavecino animando su acto mientras lo esperan a él, pero al no llegar, hasta el folklorista se tomará las de Villa Diego. La directora, hablando mitad en castellano, mitad en inglés (para prestigiar su enseñanza, ¿viste?) es una directora de marcado paso nazi y representante de las fuerzas de la represión, a la que terminarán tirando por la ventana, en uno de los gags más inspirados.
Decimos que la obra no se convierte en universal ni en totalizadora porque se circunscribe a lograr aclarar este específico caso de agresión estudiantil, no deteniéndose en analizar las conductas negativas de los adolescentes de la mayor parte de este mundo nuestro que nos toca vivir, ni en revisar los porqués de tanta violencia en las aulas. Es un buen ensayo de pasos de comedia pero creo que se queda en eso, aunque como piedra de toque es bueno haber elegido este tema tan preocupante en nuestra actualidad, como disparador para hablarlo después de la función. Si bien lo que empieza como comedia termina en catástrofe y en muchos trapitos sacados al sol que son capaces de destruir falsas imágenes (que no vamos a deschavar en esta crítica), lo importante es conocer el paso de los adolescentes por la droga (casi todos, sin excepción son drogadictos) y por los abusos de violencia. Si bien están en una edad caracterizada por la rebeldía y el rechazo a las normas, lo inusitado de tanta agresión pasa a ser el tema dominante en esta inusual reunión de padres.
El tema de la violencia parece ser la contracara de estos pacíficos tutores, que pueden volverse salvajes cuando se ven tocados sus intereses o puestas en duda sus convicciones. Así aparecen los conflictos de pareja, las diversas formas de identidad sexual, la furia contenida contra sus hijos/nietos, el papel de "mantenidas" que juegan algunas personas, el rol de los chicos en la escuela, y sobre todo, el decoro que supone enviar a sus hijos a un colegio "tan caro", que más que por el nivel educativo parece haber sido elegido por el prestigio socio-económico que desempeña ante la mirada de los otros.
La reunión de padres, que comienza como una cosa calma, termina convirtiéndose en un verdadero caos y convocando a la carcajada permanente, por eso agradezco a esta obra estar en la cartelera porteña. Al que no la vio, le recomiendo que se apure porque son las últimas semanas en cartel y es una lástima perdérsela. La recomiendo con las acotaciones que he realizado, pero definitivamente es un buen pasatiempo para alegrar el alma, aunque se hable a veces de cosas trágicas.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 18 de abril de 2018

Mi crítica de "César debe Morir" (Cine-Hnos. Taviani)

El domingo murió en Roma Vittorio Taviani, hermano de Paolo, quizá el dúo de directores más afianzado y consolidado que  dio la historia del cine. Filmaron siempre juntos, con el nombre de "Hermanos Taviani" y fueron una sola cabeza, una sola mirada y un solo  corazón a la hora de hacer películas. Despuntaron deslumbrándonos con esa obra maestra que fue "Padre padrone", allá por los 70 y que mereció los más altos premios en numerosos festivales. Le siguieron "La Noche de San Lorenzo", "Kaos", "Good morning Babilonia", "Las Afinidades electivas" y más cerca "Tu ridi" o esta que nos ocupa hoy, "César debe morir" (2012). Se interpusieron entre esta y la muerte de Vittorio sólo dos títulos más: "Maravilloso Bocaccio" (2015) y "Una cuestión privada" (2017). Y es bueno recordar al maestro que nos dio tantas emociones y tanta gloria para el cine italiano ya que los canales de TV no lo hicieron, y sólo algunos diarios informaron de su muerte. En días como los que corren es difícil encontrar un cine de tamaña calidad artística y con compromiso humano y social como el que desarrollaron los Taviani. Ahora Paolo (de 86 años) se habrá quedado muy solo, sin la otra mitad del corazón, que falleció a los 88, después de una larga enfermedad. Es por eso que desempolvé este film que tenía por ver y me dispuse a mirarlo atentamente.
El tema de la película es una representación del "Julio César" de Shakespeare realizada por presos altamente peligrosos de la cárcel de Rebibbia (Pabellón de alta seguridad). Y la obra los humaniza, nos los presenta como actores experimentados y consumados que asumen el compromiso con todos los rigores de su oficio. El teatro saca lo mejor de ellos, los pone en un estado de sensibilidad tal que los compromete emocionalmente con el nudo de la obra y con la experiencia de trabajar ante la mirada de un público (el de teatro y el del cine). Sí, porque los actores de la película son los mismos presos que se nos muestran en el día a día del hacer la obra. No sólo asistimos al proceso de gestar una producción teatral, sino al de ver como delincuentes seriamente comprometidos con el delito se vuelven seres sensibles ante nuestros ojos. No son nenes de pecho. Algunos tienen condena perpetua por asesinato o crimen organizado, otros penas menores por robos o tráfico de drogas. Partamos de la base que las condenas no son como acá, allá se los condena de veras y se les hace pagar por el daño cometido a la sociedad. Pero a la vez se les brinda la suficiente comodidad para que su reclusión no sea un calvario. Celdas limpias, con colchones y almohadas con fundas, frazadas, mesas e implementos e incluso radiadores. Por supuesto que en el penal tienen que trabajar, ya sea limpiando pisos u otras labores. Pero se les da la oportunidad de poder expresarse libremente mediante el teatro (en este caso) como elemento terapéutico y de reintegración a la sociedad.
La primera prueba que se les toma es decir su nombre, origen, dirección y nombre paterno en dos situaciones distintas: una en un puesto de frontera, dejando a su esposa del otro lado y llorando, y la otra bajo presión. Todos responden de muy diversas formas y lo hacen excepcionalmente bien, como actores consagrados. La filmación tiene un prólogo y un final en color (que coincide con el momento de la función) y el resto en un riguroso blanco y negro, que corresponde a toda la fase del momento creativo, pero dentro de los límites de la prisión. Esto está filmado de esa forma para asociar al eje de la representación con lo vital, con el color, la libertad absoluta y el resto con los rigores del cautiverio. Y ese blanco y negro no aburre, es altamente expresionista, tiene todas las tonalidades de grises que podamos imaginar y constituye un placer para los ojos y para el alma. Por supuesto que después de la prueba inicial son convocados todos para ese "Julio César" shakespeareano, distribuyendo los papeles de acuerdo al grado de excelencia. Están todos: César, su acólito Antonio, Brutus, Cassio, Lucio y los demás. Julio César fue un gobernante democrático que se convirtió en tirano, si bien ofreció a su país las más altas glorias militares, y fue asesinado por su brazo derecho, ese Brutus ("tu quoque, filli?", la célebre frase en latín con que la muerte sorprendió al César) que lo hizo, según él, para salvar al pueblo de la República de los abusos del traidor.
El papel de Brutus es el más complejo dentro de la obra y es asignado a un actor excelente (recordemos, un preso), que lo compone con todos los matices y dobleces que un profesional utilizaría. César es interpretado también por otro grande, aunque este un poco más pendenciero... interrumpe el ensayo para echarle en cara a su interlocutor su mezquindad y su corrupción para con él. Los presos ensayan a todas horas, de tal modo que incorporan sus parlamentos a su quehacer cotidiano y por momentos no sabemos cuándo están recitando y cuándo hablando de sus cosas. Pero hay un motivo conductor: buscan la excelencia en lo que hacen. Y esto los ennoblece. Los enaltece. Nos olvidamos de sus pasados al ver las caras compungidas por la muerte del líder, las horas de conspiración o los discursos redentores. Utilizan el patio de recreación para desplegar sus escenas diariamente, e intervienen como el público de Roma los demás presos desde sus barrotes carcelarios, gritando, vivando o abucheando a los personajes.
Todos están perfectos en sus roles y el tema de la conspiración pasa a confundirse con las vivencias personales de sus vidas en el delito: de tanta actualidad resulta este "Julio César" que hace que los presidiarios expongan fragmentos de sus vidas en la representación. Incluso habrá días en que alguno de ellos no esté listo para ensayar por una visita que lo ha dejado traumatizado. Cuando todo está listo se abren las puertas de esa cárcel-teatro y todos los familiares se avalanzan en manada para ver a sus seres queridos en la función, hasta aplaudirlos de pie unánimemente. Después llega la parte triste. Cada uno vuelve a su celda después de la satisfacción de la tarea bien hecha. Y la vida de ellos no será igual después de esta experiencia. Algunos han escrito un libro, uno (Brutus) se convertirá en actor a su salida de la prisión, y todos han dejado huellas de su paso por la escena (esto se revela al final de la película, casi en los títulos finales).
"Desde que me familiaricé con el arte, esta celda se ha vuelto una prisión", es la última frase que pronuncia uno de ellos para cerrar la película. Y así ha de ser. Porque el arte es la máxima expresión de libertad que puede conocer el ser humano, y debe ser muy duro renunciar a él y volver a sentirse encerrado entre cuatro paredes. Pero la semilla ha fructificado, y ninguna de esas vidas tocadas por el hado vuelve a ser la misma. "Y pensar que la secundaria me resultaba aburrida", dice en un momento el actor que encarna a César devorándose un libro. El arte salva, podemos concluir, y supera las paredes de cualquier prisión. Excelente película para ver en familia y comentar y debatir, a pesar de su corta extensión (una hora y cuarto). 
Vittorio ha muerto. ¡¡¡Larga vida a Vittorio!!!
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 14 de abril de 2018

Mi crítica de "Las Formas del Agua" (Cine)

Acabo de ver la ganadora del Oscar a la Mejor Película 2017, la obra del también oscarizado Guillermo del Toro "Las Formas del Agua" y me caben mis dudas si esta era la mejor película del año pasado o simplemente una muy buena (excelente) historia de este hacedor de monstruos. Pero preguntémonos: ¿es "Las Formas del Agua" una fábula moderna de príncipes y princesas? Sí, lo es. ¿Es una de amor? También lo es. ¿Es una de espionaje norteamericanos vs. rusos? Y sí... ¿Es una de monstruos? También. ¿Es una película de suspenso? Sí, claramente. ¿Es un musical? Y, sí... ¿Es un film fantástico? Por supuesto. Por una vez la mezcla de todo ese pastiche resultó una muy buena película y podemos decir que tiene todos los ingredientes para entretener al público.
Por un lado tenemos una mujer muda (que no sorda), Elisa Espósito, que es empleada de limpieza en una gran corporación (la excelente Sally Hawkins) que parece no haber tenido nunca un novio y que nos recuerda en las primeras escenas a "Amelie", sobre todo por su inocencia, su boina al estilo francés y por la música francesa del extraordinario Alexander Desplat. Pero de Amelie sólo continuará un aura enamoradiza y romántica a lo largo de toda la película, no hay más parentesco que ese. Que comparte su mudez y su vida de soledad con otro solitario, su vecino, mucho mayor que ella y dibujante fracasado Giles (el siempre eficaz Richard Jenkins), pelado y barbado, que usa un peluquín para presentarse en sociedad. Ambos son adictos a las películas musicales del viejo Hollywood y a los pasos de danza, pero este es un dato menor. La asistente de limpieza tiene una compañera de color... negro, en la empresa, Zelda (Octavia Spencer) que le hace pata en todo, además de traducirla.
El agua está presente en toda la película. Desde el comienzo con la habitación de Elisa completamente bajo el agua, con sus muebles flotando, hasta la bañera que Elisa llena hasta el borde y en donde se masturba todos los días con fruición, pasando por la que vierte en la cacerola para hervir los consabidos tres huevos para su almuerzo. Un día, en esa extraña corporación, llega un tanque repleto de agua y con algo extraño adentro, que irá a parar a un laboratorio cerrado. Pero como mujeres de limpieza que son, ahí estarán cuando la horrible criatura le arranque dos dedos al Gral. Richard Strickland (Michael Shannon), el malo de la película, que como todo film que se precie, debe tener un maldito. Sí, ahí están para limpiar el reguero de sangre que ha dejado tras de sí Strickland y observar al extraño habitante de ese tonel de agua verdosa: un ser repugnante, mitad hombre mitad monstruo, con cara de pescado, recubierto con escamas y de piel viscosa, que permanece encadenado a esa extraña bañera. Claro, el General ha dejado tirado el bastón con el cual castiga a la criatura con descargas eléctricas en su cuerpo. Los dedos son juntados por Elisa y reconstituidos al cuerpo de Strickland. Elisa empieza a frecuentar a la criatura muda y a hacer buen rapport con ella, primero ofreciéndole un huevo cocido y más tarde poniéndole música de Glenn Miller. No olvidemos que todo esto transcurre durante la imprecisa década de los 60, con buena recreación de época y en plena Guerra Fría y carrera espacial por ver si soviéticos o americanos son los primeros en pisar la luna.
Elisa comienza a hacerse presente en la vida de su monstruo y a mirarlo con amor, sintiéndose parte de él. Ella, a su manera es también una criatura especial dado su mudez y su soledad y por eso la empatía con el bicho es casi inmediata. Los dos están solos y desamparados en medio de un gentío de presencias. Se tienen el uno al otro, y lo descubren enseguida, el espécimen, que resulta tan agresivo con los demás es cariñoso con Elisa y hasta se deja acariciar, y acaricia él también. Pero Strickland tiene un jefe por encima de él que pide que maten al monstruo. Parecidas órdenes recibe Dimitri, un espía soviético que trabaja en la empresa y que se hace pasar por un investigador americano, de sus compatriotas que no quieren que sus adversarios desentrañen el enigma del monstruo. Pero Dimitri se niega a eliminarlo, porque él es, ante todo un investigador, y está estupefacto por el descubrimiento que los americanos hicieron en el Amazonas y a quien los indios veneraban como un dios: esa enigmática criatura venida de lo más insondable de las aguas sudamericanas.
Es por eso que cuando se desate la batalla para matar al enigma, Elisa se decida a secuestrarlo con la ayuda de su amigo Giles y a alojarlo en su bañera. Todo será parte de una operación comando, ahí es donde entra en juego el suspenso de la trama: el apuro de los jerarcas por matarlo, el secuestro organizado que programa Elisa, la camioneta de un Giles que se hace pasar por operario de lavandería y la complicidad del bueno de Dimitri, no resignado a que se extinga esa vida. Vamos a ser indiscretos. La operación tiene éxito y Elisa lo asila en su bañadera, en donde se le entrega desnuda en cuerpo y alma a su extraño inquilino y copulan fuera de la mirada inquisitiva del espectador (tal vez en algún fundido a negro, como sucedía en "La Rosa Púrpura de El Cairo").
Pero el propio Strickland es amenazado por su superior: su vida está en peligro si no aparece la criatura. Empieza a buscarlo denodadamente y desemboca en Dimitri, a quien sus camaradas le han descerrajado tres tiros. Lo tortura hasta que este dice que fueron las mujeres de la limpieza.
Entretanto Elisa vive su propia historia de amor con el monstruo: se encierran en el baño, clausuran todas las posibles filtraciones de agua y deciden llenarlo del líquido elemento para amarse libres y desnudos en su hábitat. Las goteras que caen en el cine de abajo de la casa le demandan a Giles que vaya a inspeccionar, y este abre la puerta del baño causando la pérdida de toda el agua y el descubrimiento "in fraganti" de los dos amantes. Por fin Elisa ha encontrado la horma de su zapato. Alguien que la ame  la comprenda por lo que es. Simplemente eso. Por eso se siente dichosa en el trabajo, a donde va con una sonrisa de oreja a oreja y por una vez en el film cambia su rostro de eterna melancolía. Desde el fondo de las aguas, cubierto de algas y con mancas en su cuerpo, con branquias en lugar de pulmones y con escamas a la vez de la piel, ha encontrado a su amor. Pero debe devolverlo a su elemento, y programa la lluvia que sucederá a los pocos días para echarlo en el muelle.
Todo se precipita. La criatura escapa, hiere a Giles y mata a su gato, se refugia en el cine. La herida le hace crecer el pelo al asombrado vecino de Elisa y ésta recupera a su amado. Se preparan para llevarlo a la zona de dársenas para llevarlo nuevamente al agua, pero detrás de ellos va Strickland... Y no voy a contar más porque se acerca el final de la película. ¿Podemos decir que esta es una película con final feliz? En cierta forma sí, porque el amor de ellos se convierte en eterno, pero no avancemos más. Es una película con una alta estilización y un romanticismo que impregna cada una de las imágenes. Y cuando decimos que es una fábula moderna, lo es, porque está contado a la manera de las viejas tradiciones orales o narrativas de la literatura, sin ese aire a moralina, por suerte, pero con toda el aura de cuento fantástico. Si no la vieron, conviene verla porque es un cine que hace bien al alma y a los sentidos, que nos ayuda a concientizar al diferente, al marginal, y aceptarlo con todo el amor que seamos capaces de darle. Es "E.T." en versión adulta.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

jueves, 5 de abril de 2018

Mi crítica de "Lord" (Teatro musical)


Mis comentarios acerca de "Lord", la nueva obra que estrenó Teatrix, son idénticos a los expresados en mi crítica de comienzos del año pasado, que pueden encontrar en este mismo blog. Hay que rastrearla solamente...
El Conde de Teberito (un crítico independiente).