domingo, 13 de octubre de 2019

Mi crítica de "Petróleo" (Teatro)

Un paraje agreste. Frío de bajo cero. Provincia de Neuquén. Un pozo de extracción de petróleo. Cuatro hombres aguerridos trabajando en el pozo...
Este es el punto de partida de una obra inusual. Divertida, potente, desacostumbrada, movilizadora. Sobre todo podo porque son cuatro chicas las que se ponen en la piel de esos hombres, y lo hacen a la perfección, creando personajes masculinos que rompen cualquier arquetipo de hombre. Son "machos", pero que dejarán aflorar sin embargo sus partes femeninas durante el transcurso de la pieza. De eso habla esta obra. De una situación de encierro, límite, en un paisaje desolado y abandonado de la mano de Dios, en donde se encuentran cuatro hombres rudos y toscos, separados de sus familias y en un ámbito propicio para los desbordes. La bisexualidad que todos llevamos dentro es el leiv motiv de la pieza -si bien hay muchos más-, pero se impone como marca de fábrica de estas maravillosas "Piel de Lava", tal el nombre artístico que se ha dado este cuarteto de jóvenes y talentosas actrices, cuyos nombres son, por riguroso orden alfabético:  Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes. La obra les pertenece en autoría y dirección, junto a Laura Fernández, y se nota un trabajo minucioso de composición de escritura y ni que hablar del entrenamiento físico y vocal para definir a estos cuatro hombres embrutecidos por el trabajo petrolero.
El grupo se formó en el 2003 y desde entonces han presentado cinco espectáculos los cuales les pertenecen en escritura conjunta y dirección: "Colores verdaderos" (2003), "Neblina" (2005), "Tren" (2010), "Museo" (2014) y este "Petróleo" de 2018. Lo presentaron por vez primera en el teatro Sarmiento y recién este año pueden acceder a la avenida Corrientes, con muchísimo éxito (bien merecido). Durante las casi dos horas de espectáculo asistimos a charlas entre los cuatro trabajadores del petróleo, chicanas entre ellos, machismos no disimulados, peleas abiertas y, paso final, un travesitsmo que da paso a la ambigüedad sexual en la que están ocultos los cuatro personajes (no olvidemos que son compuestos por mujeres). Los nombres de ellos cuatro son: el "Carli" (el líder natural del grupo, excelentemente delineado y trabajado por... no sé cual de las cuatro actrices ya que en el programa de mano no se transcribe la relación actriz-personaje), Formosa, Montoya y el nuevo, Paladino o "Paya". Este último va a ir escalando la posición de líder mientras transcurre la acción, y a través de írselo "robando" paulatinamente y sutilmente a Carli. "Paya" es mirado con recelo en la primer escena por el resto de sus compañeros al exhibir un tapado de piel con el cual cubrirse lo cual le da cierto aire ambiguo. Pero él arguye que es para su esposa, que se lo compró en Chile y que ella es albañil, apodada "la reina del fratacho". Así como todos van presentando a sus novias, Montoya es sospechado de mentir que tiene una ya que nunca se le conoció relación con mujer alguna. A pesar que este diga que su novia se llama Ayelén y que la tiene en foto en el celular para quien la quiera ver. Carli hace ostentación de machismo y con una voz masculina bien trabajada por la actriz que lo compone y un sonido de resoplar la nariz ya que tiene "una narina" obstruida. Todo no pasa, en el ámbito del dormitorio, de una cargada constante a los menos masculinos y un dejo de simpatía por Formosa, quien tiene el pelo encanecido por un susto que tuvo de chico y tener un soplo al corazón, que lo hace menos activo que los demás.
Ya en la cocina vemos que es Carli quien cocina para los demás, mofándose de que "estos chiquitos" sólo saben lavar los platos. Paladino hace alardes de buen cocinero y sale a la luz el tema de que a Carli le gusta orinar de sentado, una manía que, según él se refiere a que no le gusta hacerlo contra la pared porque no ve lo que tiene detrás. Todo no pasa de las constantes chicanas que se mandan unos a otros. Existe el fantasma del directivo joven, que viene habitualmente a dar órdenes y se va, dejándolos solos a merced del trabajo y las inclemencias del frío, y que según ellos, es un "borrego" que no va a durar mucho en el puesto. Pero después de cenar, se enfrentan en una pulseada Carli y Paladino... hasta que son interrumpidos por un brusco corte de luz. El generador ha fallado, y hay que salir en la noche helada a repararlo. Es finalmente Paladino quien se encarga de ello. Cuando se quedan los otros tres solos en el interior del trailer que sirve de cocina sale a la luz, paradójicamente en plena oscuridad, el tema traído por Formosa de que existe una presencia fantasmal que recorre los yacimientos, y que mientras estuvo trabajando en otro de ellos, pasó lo mismo con el corte de luz y mientra sus compañeros salían al exterior, él vio aparecerse al espectro del "ruso", "el anarquista" muerto que acabó con la vida de sus amigos y le lanzó una fría y aterradora mirada a él, lo que lo escandalizó. Su piel era blanca como la nieve y no había dudas de que estaba muerto. Todo esto lo dice en la oscuridad total, alumbrándose con los celulares. De pronto vuelve la luz, y Paladino entra victorioso, ganándole unos porotos al "macho alfa" de Carli. Prosigue la pulseada y Paladino logra imponerse sobre Carli, quien la ha apostado el 10 % del sueldo, representado en la bendita tarjeta Fallabela que tiene repleta de puntos. Las conversaciones ambiguas no dan tregua, así como el humor, que es un humor que es una comicidad bien construida, inteligente y que va a reparar en los pequeños detalles, gestos e inflexiones (bien por el trabajo de dirección). Formosa hace notar su soplo al corazón y se disculpa por no haber salido al frío del exterior. Pero vuelve a fallar la luz. Y así como están los cuatro, acaban saliendo a ver el generador.
Paladino es el que "sabe" todo, y les recita que ese generador no va a durar mucho tiempo más ya que es viejo y está anquilosado. Carli trata de argumentar sobre cómo arreglarlo pero el socio ya le ha captado su capacidad de dirigir, y se impone como el nuevo líder a seguir. Como la correa se ha roto, el "Paya" Paladino, extrae un corpiño de entre sus ropas y le saca un elástico con el cual reemplazar la correa. El generador funciona durante un momento pero se vuelve a cortar. Y aquí se instala el verdadero conflicto de la obra, apareciendo casi al final: deben optar por sacar el generador de la bomba de extracción e implementarlo para darse luz y calor en el interior o permanecer bajo cero toda la noche. Y se realiza la asamblea. Lo que tiene que decidirse por votación. Allí vemos el tironeo entre dos fuerzas opuestas que constituye en núcleo de toda progresión dramática, el "conflicto" teatral. A todo esto, Montoya, que ha sido por siempre el más cuestionado en su masculinidad, aparece en pleno desierto helado, vistiendo un vestido sin mangas y con lentejuelas, con el que se dispone a producir el quiebre. Aclara que es afeminado y que no tiene novia, y se va para adentro. Antes cantan los cuatro, por primera vez en verdadera confirmación de amistad un rock siguiendo la "respiración" del pozo el cual les brinda el ritmo de la música. Y se viene la votación. Para Carli prima el trabajo, la responsabilidad y el próximo retiro, así que es contrario a apartar el generador de sus funciones habituales. Pero todos los demás asumen que lo necesitan para pasar la noche, así que ganan la votación.
Una vez instalado, en el interior del trailer reina el calor de hogar. Y mientras Montoya aún no se ha quitado el vestido y se unta con cremas para la piel y se pinta la boca, Formosa exhibe unas piernas femeninas y Paladino está sentado con las piernas abiertas en posición de danza. La ambigüedad se ha convertido en el eje por el cual van a pasar sus vidas a partir de ahora. Incluso Carli se ve tentado a ponerse tacos altos, con los cuales se siente muy cómodo. Cuando Paladino se da vuelta (se ha soltado el pelo largo de mujer), se le ve, por debajo de sus medibachas, un traste abultado de mujer. Todo se ha convertido en el reino de la bisexualidad, ya no sabemos quien es hombre y quien no. Todo está sobre el borde de lo anormal, sino supiéramos que los cuatro varones están interpretados por cuatro chicas. Incluso Carli, deposita su "miembro" de goma arriba de la mesa...
Una excelente performance de maestría actoral es la que muestran las chicas de Piel de Lava durante estas casi dos horas, en donde no han dejado de hablar con voces graves o cascadas y tener movimientos masculinos. Un gran placer que podemos disfrutar sólo a fuerza de talento y sin golpes bajos por parte de este grupo inteligente, y sobre todo sensible, de cuatro actrices que demuestran que la calidad no está alejada del buen gusto y del trabajo del verdadero actor. Un placer.
Y gracias poro leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 7 de octubre de 2019

Mi crítica de "Happyland" (Teatro-Musical)

Estamos frente a una farsa, con mucho de ironía y de humor arrebatado, pero acaso, ¿no es una ironía también que una mujer como Isabelita Perón fuese presidente de los argentinos? Y un trago amargo de aceptar, sobre todo por su connivencia con "el Brujo" y el destino de tantos jóvenes del país. Pero estamos en el hogar del desconcierto y todo puede suceder. En esta especie de "Alicia en el País de las Maravillas" de Lewis Carrol, donde la lógica no tiene pies ni cabeza, es lógico que una bailarina de cabaret, una copera, se haya puesto la banda presidencial de uno de los países más maravillosos del planeta. En esta variación de lo esperpéntico, al modo de los retratados por Valle Inclán, todo es desmesurado y apoteótico, desde el peinado de una Isabelita siempre con su cabellera hirsuta hasta esa secretaria compuesta por un hombre que termina incorporada al espíritu de Evita, hasta el hecho de ver a un cardenal travestido realizado por una mujer. Las dos Isabel confluyen en el mismo espacio: la joven (interpretada por una hipnótica y bellísima Josefina Scaglione, en su esplendor) hasta la veterana y desposeída de su cargo, expurgando sus penas en El Mesidor (compuesta por la exacta Alejandra Radano). Aquí la presencia del General se define por su ausencia, es el otro, siempre oculto, siempre invocado en el discurso pero eternamente desde las sombras (o desde el olvido), por eso es que, ya muerto, Isabelita trata de reconstruirlo en sus sesiones de espiritismo, lo que lleva a una presencia del espíritu de Perón tan ficticia como graciosa. O esa jovencita que trabaja como agente secreto para los Estados Unidos, que se va a ver deslumbrada por el enamorado ex presidente de los argentinos en su exilio en Panamá, después de que la Revolución Libertadora lo haya destronado, tampoco aparece en escena para conquistarla. Sólo vemos al maestro de ceremonias de ese cabaret panameño llamado "Happy Land" (Carlos Casella), como Joe Herald, con quien Isabelita joven realiza sus números musicales (los únicos del espectáculo) permitiendo el lucimiento de Josefina y Casella, exhibiendo ella una voz prodigiosa y un talento para el canto y el baile, ya sea desde una chaya, un bolero, una rumba o un charleston. Su postura en puntas con zapatillas de ballet es deslumbrante, como todos sus movimientos de gata que embelesan y, justo es reconocerlo, me ha dejado más enamorado que nunca de ella. Es una actriz suprema para el musical. Casella también despliega su embrujo, pero en esta ocasión se ve opacado por su hermosísima compañera. 
El trabajo de la Radano es otro punto fuerte de esta obra dirigida por el obsesionado por el peronismo Alfredo Arias, con libro de Gonzalo Demaría. Radano juega a la sátira descarnada, ya sea en su postura como en su trabajo de la voz, todo tendiente a evocar el fantasma de esa primera presidente mujer de los argentinos, va en excelencia con su trabajo actoral, todo, su forma de leer, pausada y obnubilada por su falta de formación, como la apariencia de esa mujer "tonta", "bruta" que tuvo el coraje de cargar con la banda presidencial sin movérsele un músculo de la cara. Otro puntal de actuación descuella en Marcos Montes, un actor puesto en la piel de un personaje femenino, Lucrecia, esa gobernanta rígida que tuvo por misión "cuidar" y controlar a la ex presidente en su reclusión en Neuquén, tal vez elegido de esta forma debido a la ambigüedad sexual que manifiesta su personaje. La sutileza en su creación es de orden mayor, suprema. Otro gran efecto es el de María Merlino, como esa Charito, acompañante y sirvienta de Isabelita en su estadía en El Mesidor, una andaluza con todas las letras de su españolidad, más astuta que su "señora" y con más agallas, llegada hasta el punto de transtornar a una Lucrecia que quiere llevarla a la cama y no tiembla al momento de echar fuera de la residencia a Isabelita y dejarla a manos del guardia de la puerta (un compeñero peronista) y quedarse con Charito en su habitación. El Arzobispo, creado por Adriana Pegueroles, también está cargado de ambigüedades sexuales y depravación y es el encargado de "exorcizar" a una Isabel espiritista que de tanto conectarse con el mundo del más allá, ha resucitado a Evita, en el cuerpo de Lucrecia, quien viene a reprocharle toda su locura y estupidez, si bien no será recordada con el mármol como ella ni venerada por sus millones de "grasitas", aunque no haya llegado al grado de presidente, sí lo fue de esposa de Perón.
De la mano de estos excelentes actores transcurre un espectáculo plagado de juegos contradictorios, espejismos, cambios de roles y de sexos (así es rapada Isabelita, reduciéndola a la apariencia de "muchachito" cuando luce el uniforme militar), y plena de un humor ácido que no concede la tregua y del que hay que conocer, por supuesto, las referencias históricas. Todo comienza en el "Happy Land", donde una copera egresada de la Escuela Superior de Danzas, sin haber concluido su bachillerato, conoce al ex presidente de Argentina, ya de capa caída y alejado de los discursos del "por uno de los nuestros que caigan caerán cinco de ellos" o de "al enemigo, ¡ni justicia!", o de "vamos a tener que salir con alambre de fardo", por obra y gracia de la Revolución Libertadora que lo sacó del mando. Allí lo seduce sin duda por el particular encanto que desplegaba o porque a Perón simplemente, le gustaban las prostitutas. De ahí pasamos sin solución de continuidad y en el mismo espacio escénico despojado al exilio en El Mesidor, un retiro involuntario de María Estela Martínez de Perón, de cuando debió huir en helicóptero de la Casa de Gobierno, expulsada por la junta militar que vino a "reparar" con más sangre lo que ya había derramado mucha. Y en Neuquén es donde se desarrolla casi toda la acción de este despliegue de talentos. Allí se ve Isabelita confrontada con su ama de llaves que no le permite asomarse al exterior ni entrar a la residencia a sus dos mascotas, que mueren fusiladas por los gendarmes, y sólo admite la presencia de su asistente personal, en este caso, Charito. Allí también es donde Isabel convoca, espiritismo mediante, a su compañero, el General, para que le conteste con golpes por sí o por no si está del otro lado de la comunicación astral. Es muy jocoso el episodio donde ella le pregunta cuantos ministros nombró y Perón no deja de dar golpes hasta llegar al número de 38.
La carcajada y el humor desfachatado están a la orden del día en esta tragicomedia argentina de desencuentros políticos y presidenciales. Como cuando Isabel le reprocha al Arzobispo que tuvieron más muertos ellos según las Sagradas Escrituras que en su gobierno, dado el gran número de ceros que aumentaron con el diluvio universal y se supone con las guerras proclamadas en el nombre de Dios. Ellos sólo tuvieron al "hermano Daniel", nombre con lo cual llamaban al "Brujo" López Rega en confianza. También son desmedidas las arengas políticas que Isabel recitaba desde el balcón de la Casa Rosada a su masa de seguidores, que Radano no deja de gritar a voz en cuello y con voz de pito que taladra los oídos. En definitiva, un gran espectáculo de la mano de ese otro grande que es Alfredo Arias y que viene a engalanar la amplia Sala Casacuberta del teatro General San Martín. Para no perdérsela.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 5 de octubre de 2019

Mi crítica de "Rotos de Amor" (Teatro)


Es loable la labor de Teatrix estrenando obras de autores nacionales con elencos vernáculos para vehículizar el teatro escrito en nuestra lengua, pero con "Rotos de Amor" no agrega nada a su archivo. Es una comedia que pretende mucho más de lo que expone, las intenciones son buena, las actuaciones impecables, pero no alcanza. La comedia no hace reír (pecado fundamental de cualquier cosa que se llame comedia) y llega a provocar aburrimiento y somnolencia. Los actores son expresionistas al máximo, dando lo mejor de sí y llegando a extremos de resultar desconocidos, como el caso de Osvaldo Laport o de Gustavo Garzón, más común resulta Víctor Laplace y un desperdicio en su papel nos parece el gran Pepe Soriano, que a sus casi 90 años (los cumplió este mes) le toque en suerte un papel de "Mudo", que se expresa durante la mayor parte de la obra por medio de sonidos guturales, para recuperar la voz poco antes de finalizar. Son, en su totalidad, visitadores médicos que se reúnen para contarse sus penas de amor y ayudarse entre todos a sobrellevarlas. La visión es pesimista, parece más una obra escrita por Dolina y su visión romántica del amor y no por Rafael Bruza, un autor del cual no tengo referencias. Quiere decirnos esta obra que más vale penar por un amor, sintiendo la desgracia en el corazón, que vivir una existencia dichosa y sin problemas, que vale la pena penar.
Rodríguez (Laport) es el primero en exponer su caso. Se acaba de separar de su mujer Helena, quien lo dejó por su profesor de tango y vive en el resto de la casa, dejándole a él la piecita del fondo. Tiene una perra bravía llamada Dalilah con quien jugará al equívoco de palabras llamando indiferentemente "perra" al animal y a su esposa. Todos los amigos van en su ayuda tratando de consolarlo y de hacerle más apacible la existencia. Berlanguita (Garzón) es el segundo en cuestión, representa a un hombre enamorado de un ideal, una mujer a la que ve pasar y construir su vida con esposo e hijos desde hace ocho años, llevándole flores y sin atreverse a cruzar la calle para hablarle y contarle su pasión. Él prefiere vivir con la esperanza de un amor posible que verlo concretado, siempre esperando... Parece el relato que hacía Alfredo (Philippe Noiret) a Totó en "Cinema Paradiso", aquel del joven enamorado que se declaraba a una muchacha de posición y que esta le pedía que la esperase parado debajo de su balcón durante cien noches, y que al día número cien, si cumplía su promesa sin fallar, ella sería suya. El muchacho la espera fielmente días y noches debajo del balcón soportando las inclemencias del tiempo o el sol radiante. Sufre, pero acepta con estoicismo todo lo que le sucede... y a la noche número noventa y nueve, levanta su silla y se va. Él comprendió que esperar a una joven de tan mal corazón no valía la pena, si bien quería cumplir con el sacrificio impuesto. Moraleja. Berlanguita soporta todo de Diana, que se case, que tenga hijos, pero no soportaría conocerla y que tuviese voz de pito o los dientes manchados. Es por eso que cuando él le regala las flores y ella se alegra porque el día anterior su marido la ha dejado e invita a su enamorado a pasar a tomar un café, éste la rechaza porque entiende que su misión en el dolor se ha terminado, y la cambia por una nueva ilusión, de nombre Raquel.
El caso de Artemio no deja de ser parecido al de sus compañeros. Víctor Laplace encarna este personaje y lo hace de forma más naturalista. Valeria, su amor, le pide que abandone el lecho nupcial por ser roncador. Y allí se distancia ella, presa de su insomnio, a lo que él trata de acercársele mediante flores, un poema de Rubén Darío o el bolero "Perdón", cantado con gracia por sus tres compañeros. Pero todo es inútil. Y el prefiere vivir en esa pesadilla de no tener dónde caerse muerto que subsistir en la dicha del amor normal. "Tres veces en cuatro años vio Alonso Quijano a Aldonza Lorenzo -narra Dolina en su "Balada del amor imposible"- pero ello le valió para vivir por ella y en ella. Sin esperar recompensa". Más patético es el caso de Alberto, el "Mudo" (Pepe Soriano) quien es traducido por Berlanguita, su exégeta. Hace quince años que murió su esposa Elisa, a quien ha llegado el momento de cremarla. Y él llora sin consuelo por los diez años de amor que vivió a su lado y sólo piensa en morir para estar junto a ella. Un capítulo de humor negro en que los tres compañeros deben rendir su homenaje a las cenizas de la difunta.
Rodríguez, que es el sindicalista de los visitadores médicos, propone un cambio de imagen con la alternativa de teñirse el pelo... Luego de elegir color, proceden a la experiencia y se muestran los cuatro con blondas pelucas al viento y creen haber curado sus males de amor con eso. Pero no, el azar los reúne en un balcón de un edificio alto del cual se están por arrojar al vacío. No pueden consolarse a vivir una vida sin pasión. Ya sabemos que es el deseo lo que mueve la vida de los hombres (genérico, hombres y mujeres) y lo que da sentido a la existencia, porque le proporciona el envión para seguir tirando de esta cuerda que es la vida, de seguir luchando para supervivir. Y sin deseo nadie quiere vivir. La mejor opción es el vacío (y no precisamente el corte de carne). Aunque canten "Rubias de New York" ante sus nuevos peinados.
"He cometido el peor de los pecados/ no fui feliz", escribiría el gran Borges, y es lo que buscan estos cuatro sujetos cuando van en busca de la droga que les haga olvidar el mal de amores que sufren y acabar de una vez por todas con su padecimiento. Y lo prueban. Pero los resultados son disímiles: a Berlanguita se le revela como una tristeza, un vacío, haber perdido el sentido de todo; a Rodríguez con cambios en su estado anímico que lo obligan a reírse sin control o llorar desmedidamente, al Mudo en ver corporizarse a su mujer, y en Artemio, previo ataque al corazón, en la felicidad total, una alegría completa de ver que sus penas de amor se han trocado por una visión optimista de la vida, por ver que existen miles de mujeres por conquistar, cielos, ríos, aire que respirar. Claro, esto no es bien visto por quienes todavía están padeciendo y lo rechazan, hasta que el Mudo habla... y le pide que se quede, con todas las letras. Pero en Artemio el brote de alegría le produce un efecto inverso, empezará a envidiar a sus amigos porque todavía tienen el corazón ocupado por la ilusión, la esperanza o la fe, y él no puede sufrir ya. 
Con una cuota de esperanza termina esta obra, que, como dije antes tiene muy poco del verdadero humor -es increíble cómo la gente sigue eligiendo las malas palabras o la franca grosería para reír a carcajadas y estallar en aplausos- y se torna en pesadillesca en sus tramos finales. El público agradece y aplaude de pie a estos cuatro actores que pusieron lo mejor de sí durante una hora y cuarto y los han conducido por caminos que no esperaban frecuentar, aquel de la recompensa en la tristeza. Una pieza dirigida por Andrés Bazzalo que, sin embargo tiene buenas intenciones y esto es lo que tengo que rescatar de la puesta. Puesta minimalista si las hay, sólo con cuatro sillas y algún que otro aditamento, pero a escenario vacío. Buena para pasar el rato (si no se duermen). Y recuerden que pueden verla haciendo click aquí arriba.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



lunes, 23 de septiembre de 2019

Mi crítica de "¿Qué hace una Chica como Yo en una Edad como esta?" (Teatro-Unipersonal)

Desde siempre admiré a Gabriela Acher. Ya desde sus comienzos, en el bendito programa de los uruguayos "Telecataplum" en donde sus parodias eran muy festejadas, pasando por sus colaboraciones en el programa de Tato Bores o en el suyo propio, con guión que le pertenecía "Vamos a Hacer el Humor" y que no tuvo el éxito que se merecía. La recuerdo también en sus actuaciones como actriz junto a su amigo Oscar Martínez en "El último de los amantes ardientes", de Neil Simon. Pero en los famosos unipersonales no la había visto nunca. No me canso de repetir que junto con Niní Marshall es mi humorista mujer preferida. En esos inolvidables programas nacieron Chochi la dicharachera, o la Dra. Diu, también me acuerdo en su propia creación, de una mujer que, con su analista, le contestaba todo formando un discurso sólo con títulos de películas. Impecable. Ya con el título de este unipersonal deja entrever su cinefilia, ya que remite a la no muy conocida película de Francois Truffaut "¿Qué hace una chica como yo en un lugar como este?". Su amor por el cine llega hasta la canción de entrada y despedida: "Ríanse, diviértanse, es más tarde de lo que parece...", la misma que cantaba el fantasma del abuelo y sus compañeros espectros en "Todos dicen te quiero" (1996) de Woody Allen, autor al que siempre invoca.
"Una señora de 90 años le pregunta a otra anciana cuántos años tiene. 
-¡80!- Le contesta.
-¡Linda edad!"
Este no es sino el primero de sus ingenios chistes que aparece ya en el programa de mano. Y Gabriela despliega todo su talento a fuerza de inteligencia y humor (que es la más alta demostración de la inteligencia) durante 90 minutos que parecen 10. Y va a referirse en esta oportunidad a la edad de las mujeres y los problemas que conlleva cada una. Empieza por los 40, luego por los 50, los 60 y se va a detener en los que ella transita en la actualidad, los 70. También refiere en el programa de mano y en su propio monólogo que "en la universidad de Taho Lindo, en la Baja California, han realizado un estudio genético de 150.000 mujeres entre esas franjas de edades y reveló que -gracias al hecho de que las nuevas generaciones se han divertido un 1500 por ciento más que sus madres y abuelas- han logrado provocar una mutación en su ADN, que consiguió atrasar 20 años el gen del envejecimiento, y sólo a fuerza de voluntad (y hormonas suplementarias)." Por supuesto, el humor de Acher es finísimo y desciende de la mejor tradición del humor judío, aquel que va a reírse de la propia desgracia, de los padecimientos propios y nunca de los ajenos. Es una larga historia -la del humor judío- que les permitió sobrevivir a las mayores hecatombes. Por cada nueve judíos que sufren hay uno que los hace reír, dice un viejo slogan. Y es cierto. Gabriela nos hace llorar de la risa sólo hablando de desgracias: la menopausia, el envejecimiento, la falta de memoria, las cirugías estéticas, la celulitis, la gordura, etc. Y todo lo hace con su elegancia de mujer y sin recurrir al lenguaje inculto o vulgar. Casi no hay palabrotas en el espectáculo.
No por eso son menos frecuentes las referencias al sexo -tema que siempre aborda en sus shows- y acá se confiesa como una chica que sobrevivió la edad A.C. (anterior al clítoris) y habla sobre aquellos matrimonios que ya no se desean, sobre los novios que desean demasiado, incluso sobre las mujeres setentonas que buscan una relación con un impotente para "mantener relaciones serias" (pero luego le resultó uno que tomaba Viagra, lo que le produjo una erección de seis horas y se vio impulsada a poner otro aviso: "busco señor impotente y cardíaco para mantener relaciones serias"). El fantasma de la celulitis está siempre presente y cuenta una anécdota suya en la que el novio ocasional la invitó a pasar un fin de semana a la playa del Uruguay y ella tuvo que ocultar su celulitis con una malla enteriza y cubriéndose con una remera de cabeza a los pies, que sólo se sacó cuando entró al agua... pero estaban en agosto y el agua estaba congelada, así que a pesar de todo no salió de ella hasta que cayó el sol... Las anécdotas se van acumulando, junto a los mensajes que llegan por mail, y en donde tenemos de todo, desde la mujer que está saliendo con un hombre dos veces menor de la edad que cree que ella tiene (por lo cual está saliendo con un espermatozoide), hasta la mujer desmemoriada que se olvida de todos los nombres de actores, películas, lugares, plazas, cines... convirtiendo la sala en una enorme carcajada porque -sabemos- que a todos les pasó o les pasa (a mí todavía no me llegó, con mis flamantes 50 años recién cumplidos, pero ya me va a pasar...). Desde la mujer que no se siente deseada por su marido y que a veces él acaba antes que ella... entre en el cuarto y se vea impulsada a hacer el amor con el sodero, entre el escobero y el tacho de basura, pasando por la otra desgraciada que de reírse nomás se hace pis.
Cuando la fui a saludar ella me respondió: "Gracias. Risa de hombre vale el doble." Y puedo asegurar que había muchos hombres en la sala que reían a carcajada batiente. Es muy gracioso (y aplaudido) el concepto de que "lo único bueno de tener nietos es porque no matamos a nuestros hijos antes", como así de que "hay que llevarse bien con los hijos porque son ellos los que elegirán nuestro geriátrico". Así como el de que "cuanto más vieja sos más te aplauden... porque festejan el que todavía no te hayas muerto". Y ahí nomás le despacha a una de sus confidentes: "no te preocupes por tu edad porque todo lo que viene es peor". Es muy realista la experiencia que ella cuenta en carne propia de haberse olvidado dónde dejó el auto estacionado, y reclamar ante la policía que se lo habían robado. Y que si lo anota en la agenda puede perderla, y perder la agenda es como perder su personalidad o su memoria de disco duro.
La risa es un arma noble, porque desactiva al más poderoso de los enemigos, porque al ver que nos estamos riendo de nosotros mismos se da cuenta de que ya no hay nada que pueda hacer contra nosotros. Y eso Gabriela lo sabe, y es así como blande la espada de su talento indeleble, que, aunque pasan los años, la encuentra siempre en su mejor momento.  Aunque cuando vaya a nadar a la pileta una niñita le pregunta con total inocencia, "¿y por qué sos vieja?" Ante lo cual ella reacciona no con estupor sino con terror, lo que la lleva a visualizar toda su vida en un momento... y "toda" su vida le tarda un año completo para pasar ante sus ojos. Y prefiere recluirse viendo series que optar por una aventura amorosa, ya que las series ocupan tanto tiempo como un amor, y es siempre preferible una mala serie a un mal matrimonio, incluso la peor de las series a un mal hombre. Y la Acher nos recomienda al fin de su espectáculo que no importa la edad que tengamos ni la situación por la que estemos pasando, siempre que podamos reírnos de nosotros mismos... algo que es muy provechoso porque siempre tendremos material para reírnos.
Disfruté como nunca de un espectáculo imperdible, con una gran actriz y comediante, además de humorista fina y selecta. Ojalá el humor pudiese ser siempre así y no tener que enfrentarnos a tanta vulgaridad. ¡¡¡Gracias Gabriela y viví por muchos años más!!! Te necesitamos.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



jueves, 19 de septiembre de 2019

Mi crítica de "Lo Quiero Ya" (Teatro-Musical)


Esta vez la pegamos en Teatrix, ya que estrenó esta valiosa obra musical del teatro alternativo, hecha y resuelta con imaginación y una buena dosis de talento joven. Realizada sobre un libro de Marcelo Caballero y Martín Goldber y con música y letras de Juan Pablo Schapiro, quien también trabaja y toca el piano en la obra, y con un elenco entre 20 y 30 años, trata sobre el tema de la urgencia de los "millenials" por conseguir todo lo que se proponen con velocidades absolutas. La felicidad parece algo que no está contemplado en el proceso de vivencias de estos seres/personajes y la frustración está a la orden del día. Con sus teléfonos celulares coronando constantemente la acción se mueven por una escenografía pensada con algo de laberinto, quizá aquel en el que transcurren sus vidas y del que no pueden evadirse. Tanto la música como las canciones están bien pergeñadas, y la verdad que los registros vocales son todos de excelencia y tanto los rostros como los físicos de las chicas son muy bellos. Es difícil hacer una valoración estética de una por encima de la otra. Las chicas son mayoría en este elenco donde los varones escasean.
El hilo que los conecta es que son todos compañeros de la escuela, como se revela en la última escena y todos se conocen entre sí, salvo aquellos que se irán agregando a último momento. Por ejemplo la parejita perfecta y feliz, integrada por Malena (Candela Redin) y Alejandro (Salvador Romano), en lo que todo parece fluir armónicamente, y sienten que ya se han amoldado a una estabilidad que les permite enfocar sus vidas (ella es productora independiente y él no sabemos a ciencia cierta) terminarán llevándose a las patadas debido a una voz que vino a meterse en el teléfono de él y que irrumpió en la cómoda vida de Malena; esa voz fue la de Ana (Julieta Rapetta) una profesora de yoga desesperada por conseguir novio o entablar una relación, que le hace "atacar" a Alejandro. Hay quienes tienen la pareja resuelta pero la mayoría está desencantada y todavía a la busca, esto es lo que parece acosar el alma de estos jóvenes desesperados por emparejarse. Como la desorbitada Gisel (Lola Rossi), una chica con serios trastornos emocionales que trabaja en un peaje y dedica sus horas libres a concurrir a sus sesiones de terapia, y conoce al azar a Ivan (Nahuel Quimey), un mago aficionado que debe venderse por poca plata para ejercitar su arte ante una recua de chiquitos inadaptados que no saben apreciar sus trucos de magia o sus esculturas en globos. Todo esto está supervisado por un "gran hermano", el "asistente personal" Luis (Andrés Passeri) quien, por teléfono, va controlando la vida de todos y tomando decisiones por ellos. Por supuesto que estas "sabias" decisiones de un profesional, suelen ser las más erradas que puedan encontrarse. Le falta cintura de psicólogo o por lo menos de relacionista público, sólo sabe poner paños fríos a las situaciones y mandarlos a callar con el mayor sigilo.
La felicidad es lo que se busca, desde ya una completud desde el plano profesional y amoroso, pero es lo que menos visita la vida de estos "adolescentes tardíos" (ya que la adolescencia suele contemplarse en la generación que transcurre, hasta los 25 años, según los psicólogos especialistas) o al menos jóvenes en formación. Es notable también, rasgo de esta época, el bajo nivel de frustración que poseen todos, con el "lo quiero ya" como slogan perverso, y si no es así, la vida no vale un centavo. Se sienten ahogados en su propio caldo y no ven la salida por ninguna parte. Tal vez por eso es que terminen todos con una canción desesperanzadora donde "la vida es una mierda", según entonan todos a voz en cuello, en parte porque sus celulares se han quedado sin batería y no pueden comunicarse.
Algo por el estilo le pasa a Guadalupe (Macarena Forrester), médica recibida quien está haciendo su residencia y después de extenuantes guardias sólo piensa en dormir, ayudándose por psicofármacos autorecetados que la ponen en brazos de Morfeo. Agravado por haber visto morir en su sala de operaciones a una joven embarazada a la que hubo que practicarle una cesárea de urgencia por su defunción, para dar a luz a un bebé de sólo cinco meses, con el agravante de tener que dar la noticia a su marido y a sus dos hijos más pequeños. Todo por una mala praxis que había cometido un médico anterior. Todo no puede ser más desmoralizador. Como así la vida de Mia (Lucian Gilbert) aspirante a actriz quien se presenta a un casting para grabar "La Casa de Bernarda Alba" para televisión y se prepara para el personaje de Adela, entrando en competencia con Sofi (Vicky Condomí Alcorta) una rubia que estudió modelaje y no tiene bien definida su vocación como actriz, pero se presenta al mismo casting y les otorgan, a la rubia el papel de Adela y a Mía el de Martirio. A pesar que la modelo es una matraca como actriz, el joven videísta encargado, Walter (Sacha Bercovich) la confirma a ella en el rol mientras que a Mía promete "llamarla". Todo es excusa para hacerse un levante con Sofi e invitarla a salir, lo cual descorazona a esta ya que se ve impulsada a estar con alguien que no le gusta por aceptar un trabajo que tampoco le gusta. Una situación similar es la que envuelve a Inés, una estudiante de universidad vitalicia, quien se ve llevada a dar el mismo parcial una y otra vez sin lograr aprobarlo. El tema que desarrolla en el oral es muy particular, ya que habla de la elección y del libre albedrío, lo que llevó a Adán a cometer el pecado original, por no poder haberse resistido a la tentación. Y puntualiza que la traducción de los textos bíblicos está mal, ya que no se habla de "la" serpiente sino de "el" reptil, haciendo recaer la culpa en una mujer y no en un hombre. La "zanahoria" que nos impulsa a seguir adelante -dice- es en realidad el deseo, o el destino, lo que está muy bien contextualizado con lo que les pasa en realidad a estos jóvenes. Van detrás de un premio en recompensa vaya uno a saber por qué, cuando lo que los mueve es el deseo, ese motor que impulsa a todos los seres humanos a encontrar su lugar en el mundo, su rinconcito de pertenencia, algún espacio en el cual sentirse valorados y reconocidos. Es lo que afecta a todos y cada uno de los personajes que pueblan este relato cantado y bailado. Como el caso del músico frustrado Kevin (Juan Pablo Schapiro), quién está sirviendo cafés en un lugar de comidas rápidas cuando su vocación es tocar el teclado y encontrar una melodía que lo haga pertenecer a los hits del momento más de diez minutos, por supuesto sin lograrlo.
Entre toda esta manada de post adolescentes se propaga la desazón y el descontrol al final de la obra, cuando alguien se asoma a preguntar "¿qué es lo fundamental para tu vida?", pregunta filosófica si las hay, y por la cual todos se desgañitan por contestar sin saber muy bien en verdad por donde empezar a preguntarse. Los compañeros de escuela terminan todos peleados, incluso aquellos que son pareja, porque sienten un profundo desazón con sus vidas y con su modo de estar en el mundo. La conformidad parece algo inalcanzable, así como la felicidad, el bienestar, la paz de alma, la tranquilidad, todos están en pos de esa zanahoria que todos quieren alcanzar pero que no saben muy bien a dónde los conduce. Y así, entre risas y llantos, entre quejas y esperanzas, se manifiesta este "Lo quiero ya", que se ha instalado ya como un grito de batalla entre tanto joven extraviado y que no sabe a donde ir a parar con sus huesos, aunque le parezca tenerlo todo resuelto.
Muy recomendable para ver en familia y discutir. Con mucho talento y muy buenas voces. Y pueden verla desde acá mismo haciendo click en "Ver obra".
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



Mi crítica de "Carcajada Salvaje" (Teatro)

¡Qué difícil es hacer una crítica donde una buena parte de la obra no me gustó y la otra sí! Vayamos por lo malo primero. No me gustan las groserías gratuitas ni en el teatro ni en el cine ni en cualquier orden de la vida, ¿queda claro? Y esta obra tiene mucho de eso, sobre todo en la boca y los gestos de Verónica Llinás, uno de sus dos pilares. Que insulte y putee al público no me molesta tanto como la vulgaridad en el hablar, a ver si nos entendemos, estamos viendo una obra de teatro, no en una cancha ni en un burdel. Al parecer al público le atraen mucho las vulgaridades porque es lo que más festeja. Limpiando esta parte, podemos asistir a un par de monólogos desconectados el uno del otro (solamente unidos por un pequeño hilo conductor, que va a ser el que después los reúna a los dos en el escenario) de características inteligentes, que dicen verdades sustanciales y dolorosas que se aplacan por medio de la risa. Porque el tema de "Carcajada Salvaje" es precisamente ese: aprender a reírse de las adversidades y de uno mismo ante todo. Lo resume bien el personaje de ella, cuando sentada en una alcantarilla empapada por la lluvia dice una frase de Samuel Beckett, el gran dramaturgo, que dice algo por el estilo de: "La risa es esa fricción ante lo inevitable", palabras más o palabras menos. Y claro, la risa surge en los momentos menos pensados, cuando estamos sufriendo una adversidad y de pronto nos damos cuenta de lo insignificante que somos frente al todo, de lo ridículo que nos vemos cruzando ese río de lo inesperado, cuando por fin descubrimos en nosotros que somos, ante todo, personas inteligentes, que nos podemos reír de nosotros mismos. Y esto es lo que le pasa a los dos personajes de la obra magníficamente dirigidos por Corina Fiorillo. Sí, porque hay que decirlo, lo que más destaca (además de un guión inteligentisimo de Christopher Durang, y de una adaptación a la Argentina no menos brillante), son las actuaciones, los movimientos en escena, las inflexiones de la voz (gran trabajo de Darío Barassi), el trabajo de los actores y el de la hábil y experimentada y premiada directora.
La trama, insignificante nos presenta a una mujer que se encuentra en el supermercado ante la góndola del atún que piensa comprar, con un sujeto que, inmóvil ante el producto, no se aparta de él por varios minutos, lo que desata la ira de la mujer quien le asesta un soberbio golpe en la nuca. Todo lo demás son divagaciones, bien estructuradas, pero palabras que poseen cierta coherencia dentro del contexto teatral que nos convoca. La mujer presenta fuertes rasgos psicopáticos, además de contarnos que estuvo internada cuatro veces por reincidentes problemas psiquiátricos, con los cuales no podría llegar a ser presidente del país... se detiene acá y hace una referencia implícita a la bipolaridad de Cristina, brillante acotación para nuestros días. Se presentó a muchos trabajos sin obtener ninguno, porque cuando le preguntan si sabe escribir a máquina o manejar inernet contesta que "lo básico", mas cuando le preguntan si tuvo problemas psiquiátricos, contesta "de eso sí". Y se define como una buena babysiter, o acompañante terapéutica  ya que conoce a la perfección todo sobre psicofármacos. Aún así es capaz de informarnos que intenta ir al museo Sívori o al Bellas Artes para respirar un poco de arte o que la fotografía roba el alma de quien se expone (según las tribus primitivas), lo cual no está alejado del argumento de "La invención de Morel" de Adolfo Bioy Casares... lo que denota cierto aire cultural en ella. Ante el nombre de este último libro, en la sala se produce un silencio glacial, lo cual es ocasión para ella de decir: "no me digan que no lo leyeron, les estoy hablando de un autor argentino", para reafirmar que tenía unos ojitos celestes que la calentaban al grado máximo, como los del "presi". También comenta que se junta con "amigos de Andy Warhol" ya que es admiradora de su obra y gran amiga de Marta Minujín quien lo conociera en vida de él.
Pero lo principal en esta mujer sin nombre es el odio,la hostilidad que manifiesta hacia casi todo el resto de la humanidad. Tiene un odio visceral por la gente, que va desde la Madre Teresa de Calcuta hasta Mercedes Sosa, a quien desea ver muerta ("ya sé que se murió, pero yo no la vi, quiero verla cuando estaba muerta"). Así se pelea con taxistas, músicos callejeros, viejas que van al supermercado o niñitas que lloran, todos ellos quienes le despiertan ese furor incontrolable de su presencia en esta Tierra junto a ella, perturbándola. Aún así es capaz de soltar su "carcajada salvaje" en medio de una fiesta o cuando esté inundada hasta la cintura en aquella alcantarilla mojada. Aún es capaz de reírse de todas sus desgracias -que son muchas, y no puede con su pobre vida- y de divertirnos a nosotros.
Otro tema es que a mí no me gustan los actores que se meten con el público. Pero acá está usado de forma más o menos interesante, aunque sea nomás que para cosechar enemigos. Más tranquilo -si se puede decir algo así- es el monólogo de Darío Barassi, otro hombre sin nombre, que afirma venir de un "brote" y no específicamente de uno vegetal... Es un personaje "gordo" cuya vida es un desastre, quien sueña con verse colgado en el baño (del cuello, se entiende) y quien pone en práctica las lecciones que recibió de un curso para la autoaceptación, y quien rebosa en "alegría" diciéndose "no tengo lepra" como consuelo tonto ante tantas adversidades. Así despunta su tic que es mas bien una manía, la de peinarse constantemente con un peinecito de bolsillo, y de expresarse a través de sonidos cacofónicos que expresan lo que intenta decir. Es muy lograda la cantidad de sonidos que salen de la boca de Barassi, convirtiéndose en lo mejor del espectáculo. Él es el hombre que se quedó petrificado ante la lata de atún al percibir una presencia disfuncional detrás de él en el súper. Ante la sensación de peligro optó por concentrarse en leer como un karma las propiedades del atún, para recibir luego un mortal golpe en la nuca. Se confiesa como un obseso del sexo, el cual no practica hace ya mucho tiempo y por eso a todas sus relaciones las busca con el específico tema de "¿cuándo cog...?" con lo cual no logra que nadie se le acerque. Tiene fobia a las personas también, pero entre una loca hostil de características agresivas y un fóbico de carácter retraído se forma un buen cóctel para producirse un encuentro... Aunque él afirme que se sienta tan atraído tanto por las mujeres como por los hombres (por estos aún más). Barassi demuestra su agilidad practicando varios bailes que dejan atrás su gordura y dejan ver su "sex appel" y hasta confiesa haberse unido a un grupo de personas que van al planetario a cantar y a bailar con el sólo objeto de ser queridas y aceptadas. Su monólogo es desopilante, no recurriendo tanto a la palabrota y dejando ver su buena presencia de comediante a través de miradas y sonidos inobjetables.
Pero en el último momento se produce el encuentro entre ambos y su unión pasa primero por la pelea y la agresión mutua para reunirse luego en una unión de carácter sexual que viene puntuada por el "adentro-afuera", del respirar que nos había enseñado ella. Cuando Llinás va a decirnos el sentido de la vida, después de un prólogo con suspenso y mucha expectativa nos confiesa: "Respirar", es lo que nos mueve a seguir vivos. Y nos hace respirar a todos juntos.
Un espectáculo recomendable sólo para aquellos que no sean puristas del lenguaje ni de las buenas palabras, pero entretenido, que se deja ver con una sonrisa en la boca, aunque en muy pocos o casi ningún momento nos haga escapar una carcajada salvaje.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).



miércoles, 11 de septiembre de 2019

Mi crítica de "Terapia Amorosa" (Teatro)

Ver Obra

Teatrix tuvo la biendada idea de editar este mes "Terapia amorosa", con la extraordinaria actuación de Benjamín Vicuña, Violeta Urtizberéa y Fernán Mirás. Si quieren leer mi crítica tendrán qe rerotraerse al 11/3/19. Y para quien quiera ver la obra completa sólo le basta hacer click acá arriba. Que la disfruten.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).