sábado, 21 de mayo de 2016

Mi crítica de "Claveles Rojos" (Teatro)

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¿Quién es normal y quién no en este mundo de anormales? ¿Cuál es el parámetro para medir la salud mental en esta sociedad de mentirosos, tramposos, olvidadizos, desmemoriados, ignorantes, incoherentes, absurdos e incapaces? La obra, escrita y dirigida brillantemente por el gran Luis Agustoni, con sus actores del teatro "El Ojo", y presentada ahora por Teatrix, al mismo momento en que cursa su cuarta temporada, pone el dedo en la llaga sobre el sistema jurídico, el de salud y los prejuicios.
Es que Liliana Doblas (una admirable María de Pablo Pardo) padece de un significativo retraso mental, lo que le hace hablar mal, arrastrar sus palabras, tener un hemicuerpo encogido, pero no le impide razonar y considerarse en pleno uso de sus facultades mentales y su dignidad como persona. Síntomas, que, por otra parte no difieren de los de quien ha sufrido un ACV, por ejemplo, aunque a su corta edad, 23 años, esto parece imposible. Pero su madre, Elena Suárez de Doblas (Teresa Solana) parece odiarla por todos los problemas que le ha infligido a su familia y pide que sea declarada insana para pasar a ser ella su curadora. Es una mala madre, además de una víbora ponzoñosa que se cava su propia fosa cuando la dejan hablar francamente en el juicio. Liliana, a la muerte del padre, reclama su parte de la herencia que consta de varias millas de campos y una estancia, y como su familia está en bancarrota, éste es el detonante para proclamar que no puede autovalerse, ni manejar dinero y menos comprar o vender. Pero afortunadamente Liliana cae en manos de un buen abogado, el Dr. Fernando Millán (Santiago Rapela), quien es su defensor y la defiende con uñas y dientes, haciendo las preguntas pertinentes y sagaces a todos los testigos. Le promete que van a ganar el juicio. Lo cierto es que Liliana tiene que pasar por cientos de tests, audiencias y entrevistas que dan su veredicto, es una persona por debajo de lo normal. Pero Liliana (quien no ha podido terminar la escuela primaria) se desenvuelve con soltura en un curso de teatro y ha conseguido recibirse de radioaficionada y trabajar con un colega que la defiende, en un programa radial. Ella tiene sus propios pensamientos críticos y sabe argumentar, así como enfrentarse a su rapaz familia. Consigue hacerse amiga de una secretaria del juzgado, Federica, (Ivana Cur) quien se vuelve cómplice en sus padecimientos. Se ve el enfrentamiento entre ambos abogados, el de la parte defensora como el acusador y todo transcurre en un ámbito jurídico, oficinas, estrados y dependencias.
La obra está bien construída y es sólida, no tanto el elenco, que como dije está formado por alumnos de Agustoni, destacándose los ya mencionados, con un gran trabajo de  María de Pablo Pardo, que logra conducir a su subnormal por los caminos de la dificultad expresiva y motriz. Del resto de muchos actores y actrices (algunos hacen hasta cuatro papeles) poco es lo que se puede agregar, ya que no alcanzan el brillo de los actores profesionales, y eso se nota.
Luis Agustoni es un gran director de actores, baste recordar sus obras "El Protagonista" y "Los Lobos", de gran éxito ambas y con excelentes actuaciones, y la puesta de obras como "El último de los amantes ardientes", "Loca" y sobre todo la adaptación y dirección de la inmortal "Brujas", obra récord del teatro argentino que duró 13 años en cartel.
Esta obra fue concebida como un libreto para televisión y luego adaptada a su formato teatral sin que le veamos las costuras, y el trabajo de cámara que se toman los muchachos de Teatrix es formidable, logrando primeros planos de gran expresión. Así es como los bigotes del juez, Dr. González Berger (Fernando Ricco) nos suenen falsos y malamente encanecidos. Pero lo que se ve es brillante, pese a estos pequeños inconvenientes.
Pero volvamos a la pregunta sobre la normalidad. ¿Quién puede establecer quién es normal y quién no? ¿Un grupo de peritos calificados, como médicos, psiquiatras, psicoanalistas, maestras, compañeros de estudio, novio malandra, etc.? ¿No está sobrevalorada la normalidad hoy en día? Cuando sabemos que todos tenemos nuestro propio TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) por pequeño que sea. Nuestras propias fobias (conozco gentes muy normales que no aparecen los días de lluvia porque le tienen fobia a la lluvia). ¿Quién no ha necesitado en alguna etapa de su vida de "la pastillita", ya sea para conciliar el sueño, para bajar neurosis o para vencer miedos? ¿Es tan "terrible" que Liliana aparezca un día "dopada", a sabiendas del terror que conlleva estar sometida a un juicio? Sólo debo decir que la obra se resuelve de la forma más saludable posible y genera un gran respiro para los espectadores. Si quieren saber más, vayan a verla, o véanla por Teatrix. Mis felicitaciones para una obra tan adulta y valiente de uno de los grandes autores argentinos contemporáneos.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.

El Conde de Teberito (un crítico independiente).

Mi crítica de "La Academia de las Musas" (Cine)

"La academia de las musas" es una película pseudodocumental del gran director José Luis Guerín, del 2015 que pasó con gran éxito por el Bafici 2016 de nuestra ciudad. Es una clara muestra de como la ciencia puede ser absorbida por el cine y transmitida sin caer en lo retórico ni en el aburrimiento, siendo a la vez didáctica y apasionante. Dudo mucho que, por sus características esta obra se estrene en nuestra cartelera (digo yo usando la metonimia), salvo en alguna sala reducida de cine arte, aunque su llegada podría ser bien acogida por el público masivo.
El tema central son las clases y vida de un profesor de filología, el italiano Raffaele Pinto, dando clases en la Universidad de Barcelona, Facultad de Filología. Esta rama del saber es la ciencia que estudia los textos escritos y en ella la estructura y evolución de una lengua y su desarrollo histórico y literario, así como la literatura y la cultura del pueblo o grupo de pueblos que las han producido. En principio asistimos a las clases de este profesor (clases pobladas de mujeres jóvenes y de algún que otro varón, las que lo admirarán y hasta llegarán a compartir cama con él). También somos voyeristas de parte de su vida conyugal con una mujer mayor, de la edad de él, quien también se encuentra entre su alumnado y discute y lo enfrenta en su casa en sus hipótesis sobre el valor de las musas, y con él, el de la mujer en general.
Raffaele toma como prototipo de musa a la Beatrice del Dante y su descenso a los infiernos, en donde conocerá a Francesca, mujer inspirada por la literatura, en donde encontró a la reina Ginevra que le robara un beso a su amado Lancelot. Ella cometió el mismo "error" y por eso ahora está condenada al Infierno. Se suscitan polémicas en su alumnado en torno a ésto y se derivan ramificaciones que nos va llevando por los difíciles caminos de esta ciencia/arte. Dice el profesor que la función de las musas es la de despertar pasión, y eso es lo que despierta él en sus infatigables conferencias. Otra de las definiciones es que tanto el amor como el deseo es un invento de los poetas (y de los antiguos trovadores) y que somos prisioneros del lenguaje, ya que sin él no podríamos escribir, ni pensar ni comunicar.
Discute con su mujer el que las musas pasan de su condición de mito a historia, al trocarse de imaginaciones a seres de carne y hueso como la Beatrice de Dante (que no sabemos a ciencia cierta si existió). Otro de los mitos que se citan es el de Apolo y Daphne, que cada uno de ellos fue atravesado por una flecha que tenía el poder de hacerlos enamorarse perdidamente de la primera persona que vieran, y se vieron ellos y vivieron una loca historia de pasión. Se nombra también el mito de Orfeo y Eurídice, y con él la función de la música y la poesía en las musas, que sería la de conectarnos con los muertos. Una de sus alumnas (todas son muy calificadas en el tema a través de sus preguntas y opiniones) trae el concepto de "ninfa", término del cual se desprende el de "ninfómana", reservado sólo para las mujeres, y que en la mitología sería el anverso del sátiro. Estas mujeres expresan la voluptuosidad de la sexualidad desenfrenada y del deseo constante.
El profesor hace un viaje a Cerdeña acompañado por una de sus alumnas, la bella Emanuela, que habla sólo italiano (uno de los más serios inconvenientes de la película es que la mitad está hablada en italiano y no trae subtítulos -los subtítulos que yo tengo están en inglés- y al no ser ducho en esa lengua pierdo bastante de las tesis, aunque algo logro rescatar). Es muy sospechoso que  Raffaele complete su formación con alumnas en su auto, a las que parece conduce a algún lugar. Pero volvamos a Cerdeña. Allí, con el invalorable apoyo de Emanuela entrevista a unos pastores/filósofos/cantantes/músicos/poetas que ponen su hincapié en la fuerza de la palabra como propiciatorio para el amor, y cantan bellos tríos o entablan poemas difíciles de superar por poetas profesionales.
En otro viaje, ahora a Nápoles, se hace acompañar por Mireia, una joven hermosa que tuvo un romance por Internet que la ha dejado muy satisfecha, pero cuando se encontró en la cama con su amante, este le pide que no aspire tan bajo de sus posibilidades. Entonces no tiene mejor idea que convertirse en la amante de Raffaele.
Según el profesor dice a su mujer, que la poesía es la pregunta sobre qué hay detrás de la muerte y que eso es a lo que aspira él, y ella le recrimina que lo busca a través de sus alumnas, a lo que él asiente. Hay una mudanza de por medio en donde se expresa la tirantez e incomodidad del matrimonio por la disposición de sus libros. Finalmente la esposa se entrevista con Mireia y esta le reconoce en la cara que es la amante de Raffaele y que éste escribe sonetos dedicados a ella. La mujer le contesta que han hecho un pacto con su marido, que si él muere primero ella se encargará de publicar todos sus sonetos y él le promete que si ella muere antes él sólo se dedicará a escribirle sonetos a ella. La película cierra con una imagen de cada una de las mujeres que han desfilado por la vida de Raffaele en este breve pero apasionante istmo de su vida.
Más allá de la historia de amor, que puede (o debe) ser inventada, son sumamente interesantes todos los debates sobre mitos, lenguaje, poesía, musas, música, escritura y todo lo que constituye esta apasionante rama de la ciencia, es una pena no poder transcribir cada uno de ellos pero sería como contar la película en su totalidad, algo que no debo hacer y que además excedería mi espacio. Una maravilla de obra de arte bien elegida para el Bafici, y, para los que no la hayan visto, para no dejar pasar.
Gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 14 de mayo de 2016

Mi crítica de "2 Días en New York" (2011) (Cine)

Por fin pude ver la tan demorada por mí secuela de "2 Días en París" de, por y con la talentosa Jullie Delpy, continuación de la otra pero esta vez el marco de referencia y de residencia es New York en vez de la Ciudad Luz. Marion ha cambiado no sólo de residencia sino también de novio, ahora comparte piso y cama con un afroamericano de nombre Mingus (Chris Rock) y los dos días fatídicos son los de la visita de su familia francesa a la capital de la cultura (un padre viudo, con todo el espíritu lúdico a flor de piel, una hermana exhibicionista y un futuro cuñado drogón). Marion comienza y termina su película contándosela como un cuento de títeres a la que al final sabremos es la hija de la pareja (mulata). Una de las cosas que más asombra en el film es que todos tomen con tanta naturalidad la unión y enamoramiento de la rubia francesita con un negro como el carbón que no habla ese idioma, cosa que debería ser, por otra parte, lo más natural si no existiesen los prejuicios de unión de razas o de religiones (hasta de bandos políticos enfrentados). Todo está aceptado en la ciudad de New York y nada asombra a nadie.
Mingus trabaja como periodista en un programa radial y su sueño es entrevistar a Obama, sueño que va configurándose realidad; y Marion busca abrirse camino en el mundo de la fotografía y las exposiciones artísticas. Es por ello que para su primera muestra "vende el alma" (concretamente) por 5.000 dólares (puestos por el actor y director Vincent Gallo, de breve intervención en la película). Es que Marion no cree en la existencia del alma, así que eso es como un juego para ella, juego que le sale mal debido al pobre monto de dinero que recolecta. Pero lo principal es la familia... Convive con su novio y sus tres visitantes, más dos niños propios y ajenos en su piso de New York hasta que la situación se hace insostenible para Mingus (que debe soportar hasta que la hermana de ella utilice su cepillo de dientes eléctrico como vibrador junto a su novio) y éste le suplique que los mude a un hotel. El padre no, que a su edad siempre está dispuesto para hacer bromas o maldades, como esa de rayarle la limusina a un millonario con una moneda, o la de andar desnudo en el baño sauna.
Pero lo que prevalece en esta comedia (sí, porque de eso se trata) es el humor y amor con que la actriz/autora/directora trata a sus personajes. Está visto que Jullie Delpy es la Woody Allen con faldas, y no duda en poner un gag detrás de otro, todos de efectividad y conjugarlo con situaciones dramáticas. Es mucho lo que aprendió Delpy de su colega neoyorquino, si bien aquí todo pasa sobre el tamiz de lo francés en lugar de lo judío. Y Delpy sabe escribir, ya lo había demostrado en sus anteriores "Dos Días en París", "Le Skylab" y la recién estrenada "Lolo, el Hijo de mi Novia", además de la colaboración con Richard Linklater y Ethan Hawke para darle forma y color a esas maravillas que fueron "Antes del Amanecer", "Antes del Atardecer" y "Antes del Anochecer", que para mí ya son películas de culto, y a las que frecuentemente vuelvo para refrescarme el alma.
Decíamos que lo importante es la familia (como dirían los Campanelli), ya que a pesar de aguantarles las mil y una, en el momento cúlmine del film, cuando Marion se suba a un alto tejado para salvar a la paloma que ha quedado enganchada y esté por caer al vacío, serán las manos de toda su familia quiénes la salven del golpe mortal. Decimos que Marion (Delpy) es el alter ego de Woody porque es una chica nerviosa, neurótica, insegura de sí misma (capaz de agarrar por las solapas al crítico despiadado que está elogiando su trabajo, por las dudas nomás), capaz de fingir un tumor cerebral que le da un mes de vida ante la vecina que quiere desalojarla, una mujer que recorre un camino distinto al del resto del mundo. Y hay golpes maestros como cuando se finge atacada por el tumor o cuando se pierde en la calle en esa noche de Halloween donde los rostros enmascarados le devuelven como un espejo su distorsionada y apesadumbrada vida, o cuando trata de explicarle a sus hijos porqué es malo andar disfrazado de muerto. Sin hablar del último de los gags, el de la "paloma vengadora".
Jullie Delpy se ha instalado ya en el lugar de los directores sólidos, aún con sólo cuatro largometrajes a sus espaldas, diciendo en un reportaje que dirigir, es para la mujer 1.000 veces más difícil que para el hombre. Pero sus productos dan muestra cabal que tiene qué decir y sabe como hacerlo, recurriendo en todos los casos a un sentido del humor entre irónico y nostálgico, pero siempre chispeante. Recomiendo esta película como así todas las demás en que dirigió o colaboró (como en los casos de "Antes del...") o en las que simplemente trabajó (no podemos olvidar su eficaz colaboración con el maestro polaco Kryzstof Kieslowski en "Blanc", de su trilogía de colores). Así que véanla si la encuentran por cable o si la pueden conseguir bajar como hice yo. Dentro de poco mi crítica de "Lolo".
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 9 de mayo de 2016

Mi crítica de "Tres" (Teatro)

¿Qué puede llevar a tres casi desconocidas con un pasado colegial en común a desear quedar embarazadas inseminándose, las tres al mismo tiempo y por el mismo donante? ¿La amistad? No me sirve, ya que fueron amigas pero en la actualidad son tres desconocidas. ¿El deseo de trascendencia? Es muy frágil la propuesta rápida para algo tan importante. ¿La soledad de las tres? Tampoco me cierra ya que una sola está sola contra su voluntad. Parece una pregunta sin respuesta, colgada con alfileres. ¿Será que estamos en el terreno de la comedia y no importa mucho la justificación de lo que pase? Hay comedias inteligentes que ofrecen una explicación del mundo como sistema. Esto es el punto de partida y lo que me hace ruido de esta jugosa propuesta. El autor es Juan Carlos Rubio, que desconozco si será argentino o español, debido a la insuficiente cantidad de datos en el programa de mano. Pero la directora es Corina Fiorillo (la misma de "El Principio de Arquímedes") y eso de por sí solo es toda una garantía. La puesta es ágil e inteligente, y está muy bien jugada por esas tres actrices maravillosas que son Patricia Echegoyen (Rocío), Viviana Saccone (Virginia) y Silvina Bosco (Ángela). El Don Juan espermático se llama Santiago Caamaño (José Ramón/Luis).
La velada de reencuentro de "Las Redentoras" se lleva a cabo en la suntuosa como superflua casa de Rochi (Rocío), donde, después de 30 años de terminado el secundario se allegan las tres amigas. Rochi es una prestigiosa actriz, que nunca hizo teatro ni cine, pero se entiende bien como comentarista de programas de chimentos y vive una vida de lujos, sexo desenfrenado y dinero por doquier. Pero está sola. Virginia es una abogada divorciada de un marido que la engañaba con su secretaria, obesa y solitaria que se separó de su marido y desde entonces empezó a adelgazar, a hacerse cirugías y a disfrutar de la vida. Ángela es la más desdichada de todas y la más patética y esperpéntica. Viuda desde hace seis años de Javier, el amor de su vida, se dedicó a sufrir e ir al psicoanalista y a tener una aventura pasajera con un taxi boy (ojo que esto es importante para la trama). Empiezan a tomar (Ángela directamente se agarra una borrachera atómica, no acostumbrada a los excesos, y será la más lanzada a la hora de "jugar" su rol) y a fumar porros, lo que hace que tanto Ángela como Rochi sean seducidas por la idea de Virginia de acudir a un donante de esperma que las fecunde para quedar embarazadas a la vez y ser madres al unísono. Ella no se anota ya que no quiere depender de un hijo que le arruine el resto de sus días. Cómo será derrumbada esa muralla con el correr de la obra es otro de los grandes misterios, pero lo que es seguro es que acepta. El planteo ya está hecho. Sólo falta encontrar al candidato eyaculador. Tiene que ser alguien hermoso, sexy, inteligente, con buen físico, con mucha plata y que estrictamente no debe tener ningún contacto sentimental con ninguna de ellas. Buscando candidato recuerdan a José Ramón, el hijo del portero del colegio y así como así dan con él. Este se presenta a la invitación y descubren que es un tipo muy pintón, con un lomo de gimnasio, que es maestro de escuela (por lo tanto ama a los niños) y que además maneja negocios en la Bolsa lo que le permite tener un BMW y un buen pasar económico. Después de unos prolegómenos le piden su esperma, a lo que el tipo se rehúsa terminantemente, pero como la corrupción existe en todos sus niveles, accede por 15.000 U$s que le ofrece Rochi.
De ahí en más las tres aparecen embarazadas conviviendo en la misma casa (para que los bebés se críen como hermanos) y con las discusiones y tiranteces diarias. Lo que no sabíamos es que Virginia vive un romance con él y se acuesta a menudo, mientras Rochi también tiene sexo con él. La única que quedó al margen es Ángela, que es quien está verdaderamente enamorada de José Ramón.
No conviene avanzar mucho más con la narración ya que hay varias inesperadas vueltas de tuerca. Sólo decir que ayer la fui a ver y pasé un muy buen momento ya que las risas son del principio hasta su dislocado momento final (risas, no carcajadas, eh). Las tres conforman un excelente tándem para llevar este barco a buen puerto y decíamos  que si bien Silvina Bosco es la más arriesgada en su juego (el licor y el porro le caen fatal) ya que se arrastra por el suelo en cuatro patas, se ríe y llora como una loca y se arriesga a aparecer en cofia y salida de baño con plumas, las otras dos no se quedan cortas. Patricia Echegoyen hace un muy buen manejo de la voz y lleva la voz cantante de estas "tres perras calientes", como se declaran y juega con su exuberante cuerpo provocando toda una serie de delirantes momentos. Viviana Saccone aprovecha también su muy buen físico y pasa de ser la gorda "Moby Dick" del secundario a una estilizada y seductora mujer de 46 años (la edad de las tres), insinuándosele todo el tiempo al galán José Ramón. Las tres son grandes histriones/histéricas/híster (útero) como mujeres que son. Y son algo más, grandes "capo cómicas", cada una en su registro pero juntas hacen explotar el escenario hablando al unísono o viéndose con panza a punto de parir las tres. Como dije antes, no hay que pedirle peras al olmo. Pasé un muy buen momento y me reí mucho (menos que los demás espectadores, en su totalidad mujeres), y pienso que esta es una obra escrita para mujeres, ya que es en ellas donde cae la ficha más rápido (tiene algo de "Brujas", una obra tan admirada por mujeres como por hombres). Aún me queda la intriga del por qué del deseo de una noche de borrachera se hace tan certero, verse impelidas a traer una nueva vida al mundo, con todas las dificultades, responsabilidades y también placeres que eso conlleva. Tal vez por diferentes motivos. Pero no sabremos cuáles... Si quieren divertirse una hora y media, no dejen pasar esta comedia con tres actrices en su mejor estado, y apúrense porque ya baja de cartel.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 7 de mayo de 2016

Mi crítica de "Priscilla, la Reina del Desierto" (Teatro)

Después de incontables desventuras para ver "Priscilla", que incluye un día de función en pleno partido del mundial, un corte de luz en el teatro (sin generador eléctrico), y un robo de billetera con la entrada (además de documentación, dinero y demás pertenencias) y habiendo gastado entre todo como 1000 $, conseguí ver "Priscilla". Grande fue mi decepción ante el megaevento del año en la Av. Corrientes. Sí, "Priscilla" es pura cáscara, es un envase sin contenido alguno. Explico, en lo formal todo está muy bien, la música es muy linda, la escenografía de Ana Repetto también, la dirección musical de Gaby Goldman es brillante, la coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge también y la producción se gastó toda. Pero la historia no deja nada, es más, deja un feo sabor por las groserías sin sentido y la falta de inteligencia de la propuesta.
La historia es simple. Tick (formidable Alejandro Paker) es un transformista que tiene una ex esposa y un hijo al que no conoce, quien le propone que cruce medio desierto de Australia para irlo a conocer (ya tiene 14 años). Él se encuentra en una encrucijada. Para ello recurre a una vieja drug queen, Bernardette (Moria Casán) cuyo marido acaba de morir, y a otro gay de nombre Adam a acompañarlo en la aventura. Como premio hay trabajo asegurado con un show que montarán los/las tres en el casino de la ex esposa de Tick. Se pelean, se amigan, se suben a un viejo camión al que bautizan "Priscilla" y se internan en el desierto australiano. Como es lógico vivirán "las mil aventuras", que incluye quedarse varados en medio del desierto, llegando por fin al casino y produciéndose el esperado encuentro, que es muy bien tomado por el niño quien dice admirar a su padre y le recomienda que se busque un novio. Para eso tenemos que soportar 3 hs de espectáculo con una música altisonante (sí, la graduación está por varios decibeles arriba de lo aconsejable para la audición normal) y los aplausos del cholulaje para cada aparición y "ocurrencia" de Moria.
Y en la Casán estriba el principal problema. Si bien Moria parece un travesti viejo, no es creíble que haga de un hombre que se transviste. No hay trabajo vocal ni gestual, cantando es un perro (sí, el año que viene me lanzo yo a hacer un musical) salvada sólo por las dúctiles voces de Paker y Juan Gil Navarro (otro puntal del espectáculo). Pero Moria no sólo es grosera sino que además es ordinaria y poco femenina, y no soy un exquisito al que ofendan las malas palabras (soy admirador de Pinti, el gran bocasucia nacional, pero Pinti las dice con un sentido, es para hablar de políticos, tortura, detención, corrupción o simplemente como muletilla de una inocencia que nos hace pensar en un niño transgresor). No, lo de Moria es peor, cosas como (a la gorda dueña del bar): "¿Por qué no agarrás ese repasador que tenés ahí, lo hacés un bollo parecido a un tampón y te lo metés bien en el culo? Es la única vez que vas a sentir placer en tu vida" ¿Con qué necesidad? Para despertar la risa fácil de los adictos a la pornografía. Porque yo la escuché a la Casán decir cosas subidas de tono en "Brujas" (que ví 5 veces) pero que no chocaban, ¿por qué? porque era una comedia inteligente, el contexto era otro. Acá la inteligencia brilla por su ausencia. Los chistes no son efectivos. Las bromas sobre sexo tampoco (digo yo, ¿hoy en día puede haber un público que se ría por ver a dos hombres haciéndose los maricones?). Pero por suerte tenemos la música. La selección musical tiene los mejores temas bailables y cantables de la década del '80 ("Say a little prayer", "I will survive", "Girls just want to have fun" y otros) que son muy agradables de oir y cantar (algunos en castellano, otros en el inglés original) y hasta una de las cantantes del coro de 3 (las que aparecen siempre suspendidas del aire, como tres ángeles, lo mejor del show sin lugar a dudas -Karina Hernández, Silvina Nieto, Gisela Lepio, vale la pena mencionarlas-) se larga con "Sempre libera", el aria para soprano del 1° Acto de "La Traviata", que se ve opacado por los gestos obscenos que Gil Navarro hace desde el techo del camión como contrapunto "masculino" a la cantante lírica. Otro problema es que no se entienden bien las letras de las canciones (en castellano, en inglés ni hablar) no sé si por el ruido que mete esa música o por un simple problema vocal del ensamble. 
Pero si tenemos que hablar de actuaciones tanto Alejandro Paker como Gil Navarro están excelentes en sus drug queens, con sus performances femeninas, sus falsetes y  todo tipo de inflexiones de voz y de posturas. El más sobrio y por ello respetado es un digno Omar Calicchio, quien hace del hombre sensible enamorado de Bernardette a quien entrega su corazón (me hubiese gustado mucho ver la versión de Pepe Cibrián Campoy). El resto del elenco está para cantar y bailar. Moria, como dije al principio, un desastre (mi paradigma de mujer humorista es Gabriela Acher, que es muy cómica, irónica, fina, inteligente y no acude a recursos bajos). La dirección corrió por cuenta de Valeria Ambrosio, que ha dado muestras de talento en sobradas oportunidades ("Mina... che cosa sei", "Ella", "Pimpinela, la familia", "Rent" o "Las mujeres de Fellini" -en estas dos últimas la disfruté yo-) podría haber dado muestras de mayor profundidad, si bien el resultado general es fastuoso.
Mi recomendación, si tienen que ver un buen espectáculo, no gasten tanta plata en este (las plateas salen 380$) y vayan a ver a Les Luthiers que saben entretenerlos mejor y con mucho mayor vuelo.
Gracias por leerme hasta acá.

Mi crítica de "La Casa de Bernarda Alba" (Teatro)


Ayer salí rejuvenecido, renovado del teatro de ver un buen García Lorca con un elenco maravilloso y una dirección aún más sustancial. Yo hace tiempo que no leo "La Casa de Bernarda Alba" pero estoy seguro que acá metió la mano Muscari como autor, el texto no debe ser el original (del que tengo vagos recuerdos) ya que acá, en toda la primera parte apuesta a un humor muy sano y tanto verbal como visual. La obra comienza con la música que Michael Nyman escribió para la película de Peter Greenaway "El Cocinero, el Ladrón, su Mujer y su Amante" (1987) y la surca durante toda la obra con otras melodías que Nyman escribió para Greenaway. Todas músicas obsesivas, repetitivas, siniestras, masturbatorias y profundamente inquietantes. El comienzo ya es genial. La escenografía es sólo una mesa larga y siete sillas y una especie de enredadera que recorre toda la pared y el techo. Un capítulo especial merece la iluminación, sobre todo en los tramos finales, que le da ese carácter de alucinación, de locura, de desesperación máxima.
Me hubiese gustado mucho ver la obra con Normita Pons, pero esta Bernarda de María Rosa Fugazot está sublime, roza la perfección, una actriz que por suerte emprendió caminos más saludables que su paso por la peluquería de Sofovich (insoportable). Debe haber una mano conductora muy segura y muy firme para sostener este elenco de nueve mujeres sin que se baje ninguna ni se peleen (salvo el honradísimo caso de la Pons), firme la mano de ese otro hombre/mujer que es el polifacético José María Muscarí. Yo había desconfiado hasta ahora de Muscari por esa forma de máquina de hacer chorizos que es su producción: una detrás de otra y sin solución de continuidad. Me parecía que eso iba en contra de la calidad. Pues estaba equivocado.
Los colores del vestuario son todos negros (dado que estamos de luto por la muerte del padre) y blancos a la hora de los camisones. Pero ese negro significa más que el luto, es el luto por la muerte de ellas como mujeres, por el encierro, por la represión, por la locura. Todas son flacas, escuálidas, sin pechos, esperpénticas (en el sentido de los esperpentos de Valle Inclán), están amargadas, pero deseosas de vivir la libertad y la sexualidad (temas predominantes en la obra) y lo tienen que hacer a escondidas, burlando la represión. Bernarda es la madre, una mujer despiadada, tiránica, que no permite a sus hijas que se acerquen a ningún hombre, ni que hablen sin permiso, ni que suspiren ni que lloren (acá la obra se toca con otro ícono, la pieza "No hay que llorar", de Roberto Cossa). Usa su bastón más que para apoyarse (ya que no tiene ningún defecto físico) que como arma, como emblema, más de una vez lo empuñará contra sus hijas. Pero una de ellas se va a casar, Angustias, la "vieja", ya que tiene 39 años y es la mayor (exclente Florencia Raggi), hija de otro padre. Está muy enamorada de su Pepe Romano, quien la visita todas las noches por la ventana, y el que figura ser un hombre muy rico, por eso es consentido por Bernarda. Pero en esa soledad desesperante, todas las hermanas desean a ese Pepe Romano para sí, incluso Adela, la más joven (una fresca Florencia Torrente, hija de Araceli González), quien no solo es la enamorada secreta de Romano sino que se revuelca con él en los pajares del establo. Pero existe también otra hermana, la bizca y asmática (y fea) Martirio, que compone a la perfección la bellísima Valentina Bassi, que también desea a Romano y se esconde su retrato entre las sábanas. Las hermanas son cinco, se le suma a ellas la marimacho compuesta por Martina Gusmán y la más anodina de todas, la de Leonor Blanco. Se le suma a ellas la presencia de la criada y empleada de la casa, que sirve de chismosa y que tutea a Bernarda, Poncia (otro trabajo espléndido de Andrea Bonelli), la sirvienta amante del finado marido de Bernarda (Mimí Ardú) y la abuela loca, enamorada de los hombres y eternamente vestida de novia, quien pone su cuota de humor cada vez que aparece (una exacta Adriana Aizemberg). 
Como decíamos arriba, en la primera parte el tono es de farsa, apunta al humor (dentro del drama, por supuesto), de las contestaciones avispadas de las chicas, de su expectativa por conocer hombres, de sus insinuadas experiencias con la sexualidad, de su ambición por salir de la tutela de esa madre cínica, autoritaria y represora, fatal, que es Bernarda. Por supuesto que en todos lados se nota las pinceladas poéticas de un García Lorca que no pierde actualidad ni sensibilidad. Pero la segunda parte se tiñe de sangre y muerte, el drama deja paso a la tragedia, cuando Bernarda descubre que su Adela mantiene romance con Romano, quitándole posibilidades a Angustias y sale, arma en mano dispuesta a acribillar al enamorado. Pero contar acá el desenlace sería desleal, así que por favor, vean esta obra magnífica que se está dando por segunda temporada en la Casa del Teatro (Teatro Regina) y que está por terminar su paso por la cartelera. No se la pierdan porque el elenco es sólido, el texto no tiene desperdicios, con una dirección de lujo y se van a reir y se van a conmover con la vida (sí, con la vida, porque las criaturas de Lorca siguen viviendo en el teatro una vez que baja el telón) de estas personas, que son mucho más que personajes.
Ver obra
 Gracias nuevamente por leerme.

Mis críticas de Mario Martín haciendo Lorca y "Amadeus" (teatro)



Hola, ¿cómo están?, vuelvo a la carga con mis críticas teatrales.
Ante todo quiero felicitar a Mario por su emprendimiento lorquiano y por el buen momento que nos hizo pasar a todos. Si bien no es para todos el estilo y la poesía de García Lorca (hay que estar bien impregnado de su obra y del decir de este poeta granadino fusilado justamente "En tu Granada... ¡el crimen fue en Granada!", como cantara Machado) no es difícil acceder a su mundo siempre que se tenga la sensibilidad y la inocencia de uno de los mayores exponentes de la poesía española de todos los tiempos. Pero yendo a la función. Es elogiable el cariño que le demuestra Mario a Lorca desde su actuación y la dirección, con un estilo tranquilo, sin altisonancias, casi coloquial y de entrecasa que nos hizo sentir a todos muy a gusto. Es muy diferente (perdón voy a ser autorreferencial) el enfoque que le doy yo, cuando impongo un tono tenso y cuasi de barricada a sus poemas más bravos; Mario en cambio nos presenta un decir pausado, despojado, como un recitado entre amigos. Aclaro, ninguno de los dos enfoques es mejor ni peor, simplemente son distintos. Lo criticable de su espectáculo (y lo digo porque ya lo hablé con él) es que no todo el elenco habla el español castizo, unos sí (por momentos, salvo Mario, en toda la función) y otros no, creando una fisura en el oído. Bien elegidos los textos, con dos momentos brillantes como son las dos poesías emblemáticas de Lorca: "La casada infiel" y la "Muerte de Antonio el Camborio" (este último lo dice con mayor tensión Oski Guzmán en "El Bululú", como así lo decía su antecesor José María Vilches en la misma obra unos 30 años atrás, repito ni una ni otra versión tienen la palabra final al respecto). Excelente la coreografía y el desempeño físico de la bailarina clásica Jenifer Ferraro (muy sensual la brasileña) pero un poco duro el zapateo y el jaleo flamenco de Andrea Clementi aunque muy buena su tonada española. Repito, un grato momento entre amigos con el mejor teatro. Eso sí, Elsa no se priva de nada... después de la caída de las Torres Gemelas viene la caída de Mario en escena. Incluso la poesía dedicada a Elsa (fuera de programa) fue dicha con ese medio tono propio de la reunión de amigos.
Otra. El otro domingo fui a ver "Amadeus". Excelente, no se la pierdan, la puesta de Daulte es exhuberante, impactante. Excelente la excenografía, que básicamente alude a un clavicordio, con un piano que baja y que sube todo el tiempo y que hace a la vez de instrumento como de bancos o de mesas en donde se desenvuelven los personajes. Esta versión es diferente a la película (no ví la puesta de 1983, también con Oscar Martínez pero en el papel de Mozart) pero acá no tiene tanta preponderancia la música, sólo en su parte final, cuando suena la música del fantasma de "Don Giovanni" o las famosas partes del "Requiem" que le dan mayor dramatismo al final. Pero la estrella es Rodrigo de la Serna (¡qué novedad, un gran actor!) que pasa de ser ese chico eterno a genio malsonante e irrespetuoso a ser un hombre atormentado por la desesperación y el envenenamiento y que se la pasa llorando y largando mocos la última mitad de la obra. Oscar Martínez es un gran actor, pero acá está un poco desubicado en el papel de Salieri. Martínez es una buena peersona, y no puede disimularlo, no le "sale" el malo, puede decir parlamentos de envidia y maldad pero no es capaz de transmitirlo con su cara y su cuerpo, pero igualmente sus tonos de voz y su imponencia como actor lo salvan en la obra, en la que permanece en escena las dos horas y media que dura la obra sin abandonarla un instante. Igualmente ya hay ciertos "tics Martínez" que se repiten obra tras obra para los que venimos siguiendo su carrera que ya lo hacen inseparable al hombre del actor (error en que no hay que caer como actores)... pero igual es un genio... Otra gran obra que recomiendo ir a ver antes que la bajen de cartel. La entrada en primeras filas cuesta 250 $ pero comprando por Tickets pueden ahorrarse 95.
Y el jueves pasaado fui a ver "Le prenom". La disfruté del comienzo al final. La obra se sostiene con carcajadas durante las casi dos horas de función, con los tiempos muy medidos y bien ensamblados, como nos pedía Elsa que nos fijáramos. Con personajes bien marcados que si bien pueden caer en el clliché (la modelo, el homosexual, la ama de casa) no los pisan ni por un momento, siempre son personajes tridimensionales, con carnadura humana. Yo tuve el honor de estar sentado a una fila de distancia con Arturo Puig (el director de la obra) y verlo muy atento como seguía a sus personajes. La comedia es disparatada y se desencadena todo desde el momento en que el futuro padre anuncia que le van a poner a su hijo el nombre de Adolph (que suena como Adolf, ya sabemos por quién) y los personajes demuestran sus costados más intolerantes, egoístas, homofóbicos, snobs, encerrados en sí mismos, como una crítica muy dura a la sociedad francesa y desencadenará una pelea furiosa (con golpe incluído) que hace recordar mucho a la Yasmina Reza de "Un dios salvaje" (esto no sólo lo ví yo ya que viene comentado en el programa). Son las últimas semanas... ¡¡¡vayan a verla porque se pasa un momento muy disfrutable y con grandes actuaciones!!! Los cinco están geniales.
Bueno, y a ver ahora quien me toma la posta y se anima a criticar mi próximo unipersonal (ya sé, me anticipo, van a decir que es muy largo... pero es el repaso a 30 años de carrera, sepan disculpar)
Un beso a todos y perdonen por emplomarlos tanto.