martes, 16 de enero de 2018

Mi crítica de "La Mujer de la Próxima Puerta" (Cine-1981)

"La femme d'a coté" ("La mujer de al lado") título igual o más sugestivo para esta brillante y emblemática obra de Francois Truffaut, es una clara historia de "amour fou", como él clasificaba a todas sus películas. Se han escrito ríos de tinta sobre la filmografía de Truffaut, que alcanzó los 28 títulos como director y guionista en su corta vida (ya que murió a los 52 años, de un tumor cerebral, en 1984), así que qué podré agregar yo a tantos enjundiosos estudios. Digamos de entrada que todas las obras de "amour fou" terminan mal, sobre todo por esta locura adjudicada al amor, y esta película no es una excepción. Deténganse aquí los crédulos, porque pienso revelar el final...
La protagonizan dos monstruos del cine francés: Gerard Depardieu (en su versión flaca, allá por el 81) y Fanny Ardant (pareja de Truffaut hasta su muerte, en versión de niña asustada, claro, sabía lo que se traía entre manos...). Ellos no forman pareja sino que están casados con sus respectivos consortes (como decía Bernardo Ezequiel Koremblit: "el matrimonio es una desgracia consorte"). Ellos son Bernard Coudrey (Depardieu) y su esposa Arlette y Philippe Bauchard y Mathilde (Ardant). Pero resulta que ellos dos han sido una pareja loca hace ocho años, que se amó locamente y que terminó de igual forma. Luego se separaron y cada uno armó su vida. Y quiere el azar que ella y su marido hayan encontrado casa en una en alquiler que queda separada por una pequeña calle de la de él y su esposa y su hijo pequeño. Hechas las presentaciones del caso (ella desciende de la escalera desde arriba, como sólo las diosas y los dioses pueden hacerlo, sorprendiéndolo), cada uno decide ocultar a sus esposos la verdadera relación que hay entre ellos dos. Al principio se evitan, pero todo eclosiona la noche en que Arlette decide invitar a cenar a sus nuevos vecinos. Allí Bernard, se "retrasa" en su trabajo de instructor de barcos para no toparse cara a cara con Mathilde. Se refugia en la posada de la dueña de las canchas de tenis y gran observadora de la historia, Mme. Jouve. Cuando empieza la película es ella quien nos avisa que una ambulancia se acerca a toda sirena a casa de los protagonistas.
A Mme Jouve tampoco le ha ido tan bien en la vida, ya que quedó lisiada de una pierna, para la que usa un bastón canadiense, cuando su gran amor la dejó y ella decidió tirarse del octavo piso, con tal suerte que una cristalería que había abajo le impidió que se matara. Su amor se casó y se fue a vivir a Nueva Caledonia. Pero un día decide volver a visitarla y es allí cuando ella se toma el primer vuelo a Grenville para no reencontrarse con su antigua pareja. Pero va piloteando bien su vida, sin indiscreciones, con el oído abierto para escuchar viejas cuitas y para disfrutar de su vida. Así, cuando conoce a Mathilde le dice que ella es la mujer  que parece "buscar el mediodía a las dos de la tarde", frase que le ha dicho Bernard refiriéndose a su viejo amor.
Pero claro, ellos han sido el gran amor en la vida del otro, y no bien se ven, la llama de la pasión se enciende, y pronto terminarán besándose apasionadamente en el garage del supermercado. Y más tarde entreverados en las sábanas de una habitación de hotel al que frecuentarán no pocas veces. Ella había prometido contarle todo a su Philippe, en quien tiene una gran confianza y a quien, él, ama desesperadamente, pero no puede, dada la relación clandestina que han tomado sus encuentros. Como toda historia de "amor loco" todo es desesperado, desmesurado, apasionado al extremo, volviéndose nafta y fuego. Así son las relaciones entre Bernard y Mathilde, quienes sin embargo no han dejado de amar a sus respectivos cónyuges, sólo que esta fue su verdadera historia de amor. Se llaman, se buscan, se espían, se celan... en definitiva, se aman y se desean totalmente. Cada encuentro de sus cuerpos y sus almas es una fiesta a la que sólo ellos dos están invitados.
Philippe le confiesa una noche a Bernard que ella se casó con él después de un fallido y erróneo matrimonio que duró sólo seis meses, después de una relación tormentosa con un amante que era "cínico y violento". Ése era él. Ella le cuenta que cuando él la dejó, para empañar la amargura se casó con un tal Patrick, que, a las dos horas, ya supo que se había equivocado. Así es como Bernard descubre una cicatriz en sus muñecas, tal vez resabio de un intento de suicidio. Ella en la actualidad traba relación profesional con un tal Roland, amigo del marido, quien la incita a rejuvenecer su pasión por dibujar libros infantiles y escribir historias para chicos. Ella toma el toro por las astas y se dedica de lleno al dibujo y a la pintura para ilustrar sus libros, que finalmente son editados con éxito.
Pero todo no puede continuar en ese statu quo, y cuando ella anuncia un próximo viaje de "luna de miel" que nunca se llevó a cabo con Philippe y hacen una fiesta en el parque para organizar la despedida, dos horas antes de tomar el avión, a Bernard le agarra tal estado de locura que comienza a golpearla y abofetearla en presencia de todos los invitados. Lo separan entre varios mientras ella queda tendida en el suelo y allí es cuando todo sale a la luz para sus respectivos cónyuges. Ambos engañados sienten pena poro el otro y celos por el uno, reconociendo que sus parejas les habían estado mintiendo por todo ese tiempo. Philippe, en plena luna de miel, la tilda de mentirosa y embustera. Cuando vuelven de su viaje, tanto Bernard como Mathilde tratan de evitarse y no cruzarse. Luego intentan una reconciliación como amigos. Pero entre sueños, Mathilde dice el nombre de él y esto desmoraliza a Philippe.
En la recepción de los libros de ella, un pequeño incendio en la cocina de Mme. Jouve, que es aplacado por Mathilde la lleva a refugiarse en el baño, donde dos jóvenes comentan de alguien que se acostó con su vecina y de que es lo peor que podía hacer. Ella corre hacia el medio del follaje y entra en una crisis de llanto que ni el marido ni todos los asistentes pueden cortar. De ahí es internada en una clínica psiquiátrica en donde se le diagnostica una depresión nerviosa de la que sólo ella con su voluntad podrá salir. Pero no. Se ha abandonado a su suerte. Y no importa que Philippe la visite todas las tardes, ella sólo necesita a Bernard, de quien su mujer ahora está embarazada y el que no le presta atención a Mathilde. Mme Jouve le pide que vaya a verla ya que es el único que puede sacarla de ese estado. Él acepta ir a regañadientes y Mathilde empieza poco a poco a recuperarse. Cuando le pide que le ponga las pilas de la radio él le dice que está contento que se interese por las noticias, y ella le responde que sólo escucha canciones, que cuanto más idiota son más dicen la verdad.
El matrimonio Philippe-Mathilde ha vendido la casa. Y una noche en que está desocupada, Bernard siente ruido y va a investigar. Allí la encuentra a ella, vestida con un impermeable y lo incita a hacerle el amor. Por supuesto que no se protegen del SIDA ni de un posible embarazo, porque segundos más tarde ella sacará un revólver de su cartera descerrajándole un tiro en la cabeza a él y reservando otro para ella. Bien dicen que la pulsión de vida y la de muerte van siempre juntas. El Eros y el Thanatos. Así como los franceses tienen el don de llamar al orgasmo la "petit-mort". El deseo y la muerte se han unido para poner el único fin posible a esta historia bien de "amour-fou".
Es una gran película, todo está bien en ella, desde las actuaciones que son un lujo; la dirección el lujo mayor, la explosión del deseo que se da entre ellos nunca estuvo tan bien retratada en el cine. Las escenas se dan como pequeñas viñetas, cerrándolas todas con un fundido a negro y dando paso a la siguiente de una forma de narrar que ronda lo novelesco. Y el final no podía se otro más desgarrador para esta pareja de amantes que no fueron enterrados juntos, y que según opinión de Mme. Jouve merecen el epitafio de "Ni contigo, ni sin tí".
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 10 de enero de 2018

Mi crítica de "La Cordillera" (Cine)

Esta nueva película de Santiago Mitre, guionada por él mismo junto a Mariano Llinás, sorprende por su potencia, su rispidez y su coherencia. Se podrá decir que es un film oportunista ya que toca temática de inmediata actualidad y coyuntura política. Nos recuerda mucho al cine de David Lean (No confundir con David Lynch), el de "Lawrence de Arabia", "Dr. Zhivago" y "Pasaje a la India", ya que combina escenas de grandeza visual natural, imponentes escenarios naturales con la íntima psicología de sus criaturas. Pero también estamos en presencia de un thriller, y es imposible no pensar en Hitchcock con esa música de Alberto Iglesias casi omnipresente que recuerda mucho a las mejores partituras que Bernard Herrman escribiera para el maestro inglés con sus pizzicatos, sus lentos y su armonía de clima de suspense.
Acá la Cordillera es el gran escenario donde se desarrolla el drama. La Cordillera, esa mole de piedra que oficia de límite, de separación y de encuentro entre varios de los países de la región. La Cordillera, con su omnipresencia que obliga a la introspección, al ensimismamiento, al encerrarse sobre uno mismo para reflexionar. Así transcurre, en Chile y con el marco del gigante rocoso, la Cumbre de Países Latinoamericanos que tratarán el tema crucial de la energía brindada  por el petróleo y su explotación en la región Latinoamericana.
Es magistral como combina Mitre la acción a gran escala, los debates y chicanas entre los países intervinientes, y el drama humano que se desata a nivel gobierno entre el presidente de la Argentina, Hernán Blanco (Darín) y su hija Marina (Dolores Fonzi). La fugaz aparición radial de Marcelo Longobardi nos habla de un presidente que es el "hombre invisible", que todo el mundo votó pero que pasa desapercibido (ninguna alusión al gobierno de Macri, aunque Darín bien podría haber encarnado al Primer Mandatario argentino), alguien de quien no se esperan mayores decisiones. Blanco viaja a Chile acompañado por su fiel secretaria Luisa Cordero (Érica Rivas), que más que secretaria parece una esposa, en la dedicación que tiene en atenderle hasta los mínimos detalles o en acariciarle la cabeza cuando la tensión es muy grande. A la vez viaja el Jefe de Gabinete, Mariano Castex (el insoportable Gerardo Romano), encargado de llevar adelante la toma de decisiones. El conflicto con Marina proviene de que el ex marido de ella, Esteban Caamaño está sobornando al gobierno de Blanco con revelar asuntos secretos. Es por eso que Marina estalla en una crisis nerviosa de la cual tiene antecedentes y viaja a Chile para reunirse con su padre.
La acción alterna con la presencia de los otros presidentes allí, recibidos por una presidente chilena (que nos recuerda mucho a Bachelet), de correcto vestir y modos agradables y campechanos. Está también el presidente de México, oveja negra del rebaño, quien quiere que los Estados Unidos sean aceptados en el plan de explotación del petróleo, frente a la negativa de los demás Estados. El presidente de Brasil, Oliveira Prete, ejerce un papel mefistofélico con respecto a los demás (una excelente labor de Daniel González Cacho).
Pero Marina entra en una crisis y rompe una de las ventanas del lujoso hotel entre la nieve, de un sillazo, acción tras la cual, queda ella paralizada y enmudecida sin reconocer estímulos externos. Todo sazonado por la siempre eficaz mano de Lucía. Y de Naty, la amante de Blanco con quien tiene una noche de sexo apasionado. Marina, al día siguiente es ingresada en el hospital zonal donde se le hacen todos los estudios del caso (convengamos que es la hija del Presidente de Argentina) y no se le detecta ninguna anomalía por la que no pueda comunicarse, sólo hay una explicación, hay algo que la bloquea psíquicamente., además de haber quedado algo lastimada en su cara por los vidrios rotos. Marina ya se había mostrado como una hija rebelde, que no apoyaba al gobierno de su padre ni quería contestar interrogatorios sobre su relación con su ex marido (del que nunca se había divorciado) y con el cual los unían hijos en común. Para producir ese desbloqueo mental llaman a un eminente psiquiatra que -siempre bajo la mirada atenta de su padre y de Lucía- les propondrá "terapias estratégicas". La terapia de marras consiste en la hipnosis, único méotdo con el cual va a conseguir hacerla hablar.
La hipnotiza y ella habla, le refiere gran angustia, le cuenta un sueño que tuvo, de la quinta de su abuelo en su infancia, de su caballo Durazno, regalo de su padre, del vecino Arturo, quien le robó el caballo y con quien siempre se reunía su progenitor a charlar y habían cultivado una amistad... Lo cierto de esos relatos es que si bien eran todos verídicos, habían sucedido mucho antes de que ella naciera y su padre nunca se los había referido... Esto será un tema que quedará abierto en la película sin encauzarlo jamás. Ya repuesta, Marina, en una excursión en telesférico con su papá, le vuelve a contar sus recuerdos, y de cómo él le había prendido fuego a la casa de Arturo... Allí Blanco estalla y la hace callar, diciéndole que todo eso no existió jamás.
Por su parte, Los Estados Unidos se comunican con el Presidente Argentino y celebran un encuentro, pidiéndole absoluta reserva. Se encuentran en plena montaña, en lo que parece una fábrica abandonada, que da lugar a un espacioso y lujoso salón en donde es recibido por... Christian Slater (aquel hermoso niño de "El Imperio del Sol" spilberguiana) y el actual Batman. En un correcto inglés yanqui, al que Blanco responde muy bien, se comunican, y le pide el representante norteamericano que en un primer momento se van a presentar ellos como aspirantes a compartir los pozos petrolíferos y él tiene que ser su más enconado detractor. En un segundo momento se pedirá que se agregue a los países de América Central, a lo que él deberá contestar que sí, dándoles tiempo a los yanquis de infiltrarse en el mercado y copar así el negocio del petróleo. Le ofrece dos mil millones de dólares para que acepte. Blanco contraoferta: cinco mil. A lo que el norteamericano consulta y se estiran hasta dos quinientos. Corte de la acción. Cuando, en la superficie, Mariano Castex quiere aleccionar y acompañar en el auto a su jefe, éste se corta solo y pide que lo lleven sólo a él.
A la vuelta al hotel se entera que Caamaño, su ex yerno ha sufrido un ACV con pronóstico de muerte. Marina lo insulta, preparada para volverse a Buenos Aires y lo llama "asesino" a voz en cuello, "no tenías por qué librarte de él", le dice. Él niega toda responsabilidad y la abraza, pero ella lo rechaza. Sólo acepta los consuelos de Lucía (siempre maternal). Se lleva a cabo el último encuentro para decidir el futuro de la región y México queda como el malo de la película. Cuando llega el momento de votar para incorporar a los países de América Central... No les voy a develar el final de la película, ya les conté bastante...
Lo cierto es que el guión y la dirección soy muy ingeniosos y están tratados con admirable maestría, confirmándonos que Santiago Mitre es uno de los mejores narradores de nuestro cine (sumado a Mariano Llinás de quien todavía se recuerdan sus "Historias Extraordinarias" de 4 hs) y un gran director y puestista.
Darín hace suyo un papel en el que no cae en el lugar común de "Darín haciendo de Darín", muy sobrio y medido, exacto en su composición del Primer Mandatario. Érica Rivas afronta su primer papel de mujer adulta en la pantalla (compañeros hasta hace muy poco de las bergmanianas "Escenas de la vida conyugal") y sale airosa, y Dolores Fonzi como esa hija perturbada y algo díscola no desentona del trío. Todos los otros papeles se han trabajado con una excelencia tal que creemos estar en una verdadera cumbre de países latinoamericanos. Y la cumbre... la cumbre de la Cordillera observa todo, con un silencio glacial, siempre nevada, y expectante de lo que pueda pasar en tan dispar reunión.
Un brillante film, con mucho de thriller y un final inesperado que vale la pena ver. Sumados todos los planteos filosóficos que se han hecho por ahí y que exceden mi comentario.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 6 de enero de 2018

Mi crítica de "Saltimbanquis" (Teatro-Infantil)


Ahora, Teatrix, con motivo de la noche de Reyes, nos regala este nuevo musical para chicos. Y sucede que voy amigándome con las obras infantiles, le estoy dejando un resquicio de mi niñez para poner a punto la inocencia y divertirme con la simpleza (y su complejidad) de una obra para niños. Esta la dirige y la adaptó el entendido Pablo Gorlero, la traducción original es de Roberto Palardri, el libro y las letras de Sergio Bardotti y la música original del recientemente fallecido Luis Bacalov. Este último fue un prolífico compositor para cine, quien ganara el Oscar por su música para "Il Postino" ("El Cartero"), la célebre película sobre el cartero de Neruda en Italia. Cabe recordar también su paso por el cine de Fellini con su banda de sonido para "La Ciudad de las Mujeres" (la peor película del maestro italiano), que sin embargo es bastante buena. Y hace un par de años estuvo tocando en el CCK con Martha Argerich para quien compuso un concierto dedicado a su nombre. Cabe aclarar que Luis Bacalov era argentino.
Pero vayamos a "Saltimbanquis". En principio se apoya en el cuento de los Hermanos Grimm "Los músicos de Bremen", haciendo referencia a un burro, un perro, un gato y un gallo que, al volverse viejos y no servir para el trabajo, sus amos deciden convertirlos en comida. Entonces huyen, cada uno por su lado y se dirigen a la ciudad de Bremen, en Alemania (provenientes de la de Dibbersen). Se encuentran en el camino y se hacen amigos. Dispuestos a pasar la noche en una posada habitada por bandidos se suben uno encima del otro formando una figura esperpéntica que éstos ven por la ventana, y cantando cada uno con su propio sonido forman un coro tal que los hace huir. Esta figura pesadillesca es retratada en el espectáculo en un instante mediante sombras chinescas.
En esta obra se trata también de un Burro (Mariano Mazzei), un Perro (Julián Rubino), un Gato (Magalí Sánchez Alleno) y una Gallina (Laura Silva) quienes, cansados por el trato inhumano que le dan los injustamente llamados humanos, deciden escapar de sus amos y mientras van caminando se encuentran y se hacen amigos. Deciden llegar a la Gran Ciudad y formar un cuarteto de cantantes apodados los "Saltimbanquis", por su vocación de trashumantes y apasionados por conocer nuevos pueblos llevando su arte. Pero las lecciones de canto no van demasiado bien y mientras la ciudad los recibe con indiferencia deciden irse a vivir a un pueblo, en donde son esperados por sus amos. Se entabla una terrible lucha entre ambos bandos, siendo ganador el de los animales y se quedan a vivir en la posada de aquel pueblo, como buenos amigos. Mientras el burro trabaja como un burro, el perro se dedica a preservar la seguridad del lugar, la gallina a cocinar, lavar, planchar y demás tareas domésticas y la gata a entretener a todos con su canto, siendo la más entonada y además muy independiente e indomesticable.
El grupo se completa con lo mejor de la función, un coro de niños de todas las edades (promediando los 10 años) que cantan y bailan todas las canciones del cuarteto mientras se mueven con simpáticos ritmos y una espontaneidad propia de los chicos. Es de resaltar, que siendo tan jóvenes, se han aprendido toda la coreografía y las letras del espectáculo, sumando esto un puntaje inestimable a la presentación. La dulzura y la simpatía que emanan los más chicos es insuperable.
La música es muy inspirada y mezcla un malambo con el jazz propio de las comedias musicales, con una baguala y canciones populares adaptadas. Los chicos y el burro bailan el malambo con impar destreza. Las letras son muy innovadoras e incluso apoyan a los más jóvenes a superar la tan profunda "grieta" que asoló nuestro país durante "la década ganada", en una canción que justamente dice:
"Vamos a empollar un mundo feliz,
no quiero una grieta en mi jardín".
La historia del Burro, transita sobre este pobre animal, que no hace más que rebuznar, llamado a llevar cargas insoportables durante todo el santo día, y fustigado por un patrón que tiene algo de estanciero. El Perro tiene una historia no menos penosa, ya que su amo le ha enseñado a hacer todo tipo de pruebas y se ha olvidado eso de que "el perro es el mejor amigo del hombre"; cuando pierde su olfato y ya no puede rastrear a una perdiz, lo reemplaza por un pitbull, perro malo y enseñado para ser malo, según las palabras del pobre can de raza indefinida. La Gallina (una impagable Laura Silva, que, más gorda que nunca, con todo su físico a cuestas, se mueve, canta y baila con la gracilidad de una... gallina, y se anima a imitar a la inolvidable "Catita" ninimarshallesca con indudable gracia), está sometida a poner huevo tras huevo, los cuales les son quitados, no permitiéndole tener a sus pichoncitos y cuando se niega a seguir empollando, es destinada para el puchero. La Gata es quien menos sufrió, ya que su ama se lo pasaba todo el día hablando por teléfono o dejándola sola, lo que ella aprovechaba muy bien dado su espíritu solitario e independiente, pero cansada a su vez, huyó de su hogar (una estupenda Magalí Sánchez Alleno, experta en musicales y dispuesta al ronroneo y al franeleo).
La moraleja de la historia (en todo cuento para niños es inevitable que aparezca una) es que el género humano es malo y los animales son todos buenos. Y que vale más el valor de la unidad ("todos unidos venceremos"), que las individualidades. Cuando se juntan todos, logran lo imposible: vencer a sus esclavizadores. Parece que toda la acción de los hombres sobre los animales conduce a "zoo, safaris, perrera, matarife", como cantan a cuatro voces, si bien se olvidan que el hombre no sólo puede ser enemigo de sus hermanos menores sino que también puede ejercer grandes beneficios sobre ellos. Si hay muchos barcos pesqueros dispuestos a matar ballenas, también hay miles y miles de rescatistas que buscan salvarlas de la extinción y crearles paraísos naturales como el de área restringida de nuestra Península de Valdéz. Por muchas ratas y ratones y monos que son sacrificados en laboratorios hay otras tantas manos que acarician, alimentan y protegen miles de especies protegiéndolas de la devastación. No hay que estigmatizar todo con poner al enemigo afuera sino de vez en cuando pensar que de afuera también puede llegar la salvación.
Las voces de los cuatro son impecables y están muy bien trabajadas por años de paso por los musicales, y la verdadera fiesta se arma cuando cantan los cuatro en conjunto, apoyados, sin duda por el coro de chicos. Las canciones son siempre ágiles y mantienen despiertos tanto a la platea infantil como a la adulta, ya que rompen en aplauso tanto unos como otros. Un espectáculo no solo para los chicos, sino que en este Día de Reyes, se puede compartir con toda la familia.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

domingo, 31 de diciembre de 2017

Mi crítica de "Creación" ("La Duda de Darwin") (Cine)

Ayer vi esta notable producción del 2009 del director Jon Amiel, muy hábil en su oficio y con mi actriz preferida y eternamente enamorado: Jennifer Connelly. En esta oportunidad está acompañada por su marido, Paul Bettany, que ofrece acá el mejor trabajo de su carrera (a mi pobre entender). Es una película no tan inocente como parece, ya que tiene muchas puntas de análisis y un muy jugoso tema: la elaboración de Darwin del libro "El Origen de las Especies", publicado en 1859 y que, al decir de la película fue el libro más revolucionario de la historia del pensamiento. La película seguramente enfrentará a creacionistas vs. evolucionistas, y si bien la teoría de Darwin ya ha sido superada por muchas otras, de ningún modo ha quedado perimida y sirve de base para todas las posteriores.
La película nos presenta dos momentos de la vida de Darwin: uno cuando era joven y volvía de acompañar a Fitzroy en su viaje por el Nuevo Continente, en donde entre otras cosas apresaron tres indios para educarlos en Ingalterra y presentarlos ante la Reina, para luego devolverlos a su lugar natal en donde volvieron enseguida al salvajismo; y el otro momento es el de un Darwin ya viejo y aquejado por la enfermedad, cuando se compromete a escribir el libro que cambiaría la ciencia de todos los siglos. No vamos a recordar acá la teoría darwiniana de la selección natural, sólo decir que la vida en la Tierra se sostiene por una adaptación natural de la supervivencia de los más aptos (no de los más fuertes, como después interpretara mal el darwinismo social y llevara agua para su propio molino) en contra de aquellos menos adaptados a vivir en el medio natural. Es conveniente aclarar también que en ningún pasaje del libro se dice que "el hombre desciende del mono", sino que se insinúado por las incontrovertibles hipótesis y demostraciones. 
Paul Bettany es un exacto Darwin, que abandona su fe religiosa y se convierte al ateísmo cuando empieza a embuírse de la doctrina de la naturaleza, frente a su esposa Emma (Connelly), una ferviente católica por quién está a punto de no publicar su libro. Darwin escribe su texto ya enfermo gravemente (en ningún lado se dice que él murió del mal de Chagas, contagiado por una vinchuca que lo picó en lo que hoy sería la Argentina) y su pulso tiembla, le cuesta mucho escribir y se somete a varias curas de hidroterapia que lo mejoran momentáneamente. Lo que es cierto es que no veremos aquí al Charles Darwin de longa barba de los textos enciclopédicos sino a uno con leves patillas y una incipiente calvicie. Que reacciona frente a la constante aparición en su imaginación del espíritu y la presencia de su hijita muerta Annie, quien lo atormentara durante toda su existencia. Este es otro punto de análisis. Annie era la más parecida a él de sus cinco hijos, la más científica, la que se sabía de memoria el nombre de todas las especies animales en latín, la que se fascinara por recoger especímenes de animalitos raros, y a la que el cura de la escuela mandara a arrodillarse sobre arroz por decir que existieron los dinosaurios y defenderlo con uñas y dientes. Era como su padre, prefería sostener una realidad que encubrirla por miedo al castigo. Esa fue la gota que colmó el vaso, allí, el sabio Darwin sale corriendo a enfrentarse con el cura para defender a su hija, aunque al principio tenían buena relación. Y es capaz de levantarse e irse en pleno sermón, cuando el cura habla de todas las criaturas grandes y pequeñas... y de que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de su creador. En el único momento en que vemos flaquear a Darwin es cuando su hija se está muriendo, en que se arrodilla para pedirle a Dios que la salve. Por supuesto que el milagro no ocurre...
Emma, por el contrario se aferra a su fe cristiana y tiene constantes desavenencias con su marido respecto a su "herejía" y hasta dejan de comunicarse por mucho tiempo después del nacimiento de su último hijo. Es a la decisión de ella, en un acto de amor, que Charles expone el libro y decide o no su publicación. Ella le da el "ok" y pide que Dios la perdone por lo que acaba de hacer. También es justo recordar que se lanzó a escribir, aguijoneado por sus amigos Hooker y Thomas Huxley, científicos también que veían en él un gran potencial. Y es cierto que estuvo a punto de claudicar cuando, apenas escritas 200 páginas, aparece la publicación de un tal Wallace, de tan sólo 20, que había arribado a la misma demostración que él acerca de la supervivencia del más apto. Pero sus amigos lo convencen que no haga caso y siga escribiendo.
Un aporte muy significativo a la estructura del film es la historia que Darwin narra a su hija Annie, acerca de Jenny, la cría de orangután que fue recogida por indios y vendida a los zoológicos británicos, primera oportunidad que tuvieran los ingleses de observar a un orangután. Darwin la visita en su jaula, y son tan humanas sus reacciones y sus movimientos que no hacen caber la menor duda del parentesco entre el hombre y el mono. Hasta su muerte es un símbolo de humanidad, cuando acaricia la cara de su cuidador, lo abraza y muere apoyando su carita y cerrando sus humanos ojos en el pecho de él. Las escenas de la mona son de una ternura tal que es imposible no conmoverse ante ellas y derramar alguna lágrima con su muerte.
La película es muy ágil, va y viene de ese Darwin joven y lleno de vitalidad al otro envejecido y atormentado por el dolor y la decadencia del cuerpo, es más que sugestiva la dirección de Amiel sumado al trabajo interpretativo de Bettany (pura entrega) y la acá secundaria Emma, quien nos muestra a una Jennifer ya cuarentona pero luciendo una belleza inoxidable, a prueba de todo paso del tiempo. Las labores de fotografía, musicalización y edición también son encomiables, así como ese preludio de Chopin que Emma toca una y otra vez en su piano (Emma se resguardaba del sufrimiento, paliada por su música).
Lo cierto es que Darwin, quien murió en compañía de su esposa a los 76 años de edad, fue un genio que desarrolló una de las teorías más impactantes para la historia de la humanidad, y es hoy reconocido y aceptado en todo el mundo, salvo por aquellas religiones tan cerradas que no dejan infiltrarse un rayo de luz en medio de sus tinieblas y creencias. Lo que no me logro explicar es el título de la película "Creación", ya que toda la teoría está en contra de ese concepto y sí en el de evolución. Tampoco es muy claro el castellanizado de "La Duda de Darwin", ya que éste no tuvo la menor duda con respecto a sus convicciones. Tan potente es la teoría darwiniana que Freud la utilizó como una de sus "tres heridas narcisistas": la teoría de Galileo (la de reconocer que la Tierra no es el centro del mundo y que el hombre vive desplazado a un confín del universo); la propia de Darwin (que el hombre no es el rey de la creación sino uno más de la especie animal, y por lo tanto, mortal) y la suya de Freud, el descubrimiento del Inconsciente (que el hombre no es el dueño de su propia casa, traducido, que no conoce todos los rincones de su Conciencia).
Es una película franca y valiente, que se opone a cualquier resabio de medievalismo que pueda existir en el pensamiento y choca contra las creencias ya obsoletas. De visión obligatoria para toda la familia, en especial los niños.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Mi crítica de "Justo en lo Mejor de mi Vida" (Teatro)


Pude ver por Teatrix esta estupenda obra de Alicia Muñoz (una grande, si no lo es, con esta obra ya se hizo grande) y dirigida por el siempre exacto y comprometido Luis Brandoni (acá extraordinario en su rol de director). El elenco está conformado por Miguel Ángel Rodríguez (que nunca fue santo de mi devoción, pero demuestra que, conducido con buena mano puede hacer un personaje digno), Diego Pérez (tampoco amigo de la casa, pero idem el anterior), Julia Calvo (la que se reveló como Nelly Omar en "Manzi, la vida en orsai", excelente actriz y cantante), Johanna Francella y Pepe Monje (sí, aquel que empezó en "Pelito", junto a Suar). Este quinteto hace de una obra que mal escrita y dirigida podría haber sido un dramón y haber caído en los peores golpes bajos, en una comedia reidera y amable para todo público. Es muy débil la línea que separa drama de comedia, y acá se cruza con una facilidad asombrosa de un lado a otro del foso, siempre con resultados valederos y emotivos. La historia de por sí es original. Un hombre que llega a su casa, Enzo (Rodríguez) y esperado por su amigo Piguyi (Pérez), no se siente observado por su familia que parece no advertir la presencia de ambos. Tanto Verónica (Calvo), su esposa, como su hija Yanina (Francella) o su hermano Lucho (Monje), quienes están en shock y anuncian una noticia terrible. Así descubre Enzo que en realidad está muerto en su cama desde la mañana, y que ya es un espíritu, junto a su amigo quien también ha fallecido y viene a buscarlo. Él puede ver y escuchar todo lo que se desarrolla en torno a sí, pero los demás no pueden percibirlo. Así se entera de mezquindades, amores, engaños, catástrofes amorosas y demás yerbas sin que nadie repare en él.
Este es el tema de la comedia que nos plantea Alicia Muñoz y nos posiciona en un lugar muy interesante: ¿qué haríamos nosotros si pudiésemos observar a nuestros seres cercanos después de muertos? ¿De cuántas cosas nos enteraríamos? ¿Cómo reaccionaríamos? ¿Sería tan difícil dejar este mundo para irnos al Más Allá como le pasa a Enzo? Es verdaderamente movilizante y nos ubica en las cercanías de otra obra argentina, "Volvió una noche", de Eduardo Rovner. Por su característica de comedia nos hace reír de lo improbable de situación tan surrealista y de sus consecuencias, pero como planteo no deja de tocar los profundos temas de la condición humana: el amor de familia, el miedo a la muerte, el engaño entre cercanos, los problemas padre-hija o padre-esposa, la época del enamoramiento, la jura de amor eterno, lo pasajero y efímero del tiempo, la nada misma. La pregunta central y medular de la pieza parece ser la siguiente: si lo tenías todo ¿Y por qué no fuiste feliz entonces? ¿Y por qué no la hiciste feliz a ella? Noble tema que nos conmueve hasta lo más profundo del alma.
Enzo es un bandoneonista de 50 años que siempre soñó con componer como Piazzolla y nunca pudo escribir su "gran tango". Vive del bandoneón, aceptando changas o tocando en un conjunto de tango sui generis con saxo y batería. Tiene a su entrañable amigo Piguyi a quien conoce desde chico y quien fuera su inspiración y motivación en la vida. Está casado con Verónica, a quien ama entrañablemente y tienen una hija adolescente llamada Yanina que tiene un novio delincuente y falopero, que para más datos la ha dejado embarazada, sin habérselo revelado a su padre (de esto nos enteramos en el devenir de la obra). Su buen hermano Lucho, es mecánico porque era lo que tenía que hacer para complacer a su padre, y siempre sintió bronca y envidia contra Enzo por tener la libertad que a él le fue negada. Y para completarla, tuvo un amorío con su esposa, a quién le pidió que abandonara a Enzo y se fuera con él, en uno de los tantos altibajos que la pareja tenía. De todo esto se "desayuna" Enzo después de su muerte, y si bien produce las mayores carcajadas, no deja de trastornarlo a él como marido fiel. Aunque él hubiese tenido sus agachadas, como por ejemplo con la "beba Guzmán", notable vocalista de su orquesta, de la época en que tocaban juntos con Piguyi. Se salvó de engañar a su esposa ya que su amigo le sopló la dama, de lo que viene a enterarse también ahora.
Su familia está muy preocupada por tener un velorio económico y por saber si él dejó algún seguro de vida que pueda venir a salvarlos de la hipoteca de la casa, es decir que la muerte de Enzo, a pesar de ser tomada como catástrofe nacional, viene a remover los costados más mercantilistas de su esposa y hermano. Verdaderamente la cara que luce Julia Calvo durante toda la obra es la de la desgraciada viuda desesperada, pero no duda en prender sahumerios para purificar el ambiente cuando percibe que él está cerca. Piguyi había muerto en una gira que había hecho por Japón, arrastrado por un huracán, por eso es que Enzo no sabía nada de él desde hacía diez años. Y Enzo le pide, ya que tiene vinculaciones con "allá arriba" si le pueden dar una prórroga, para salir del cajón, romperle la cabeza a su hermano, insultar a su mujer y decirle, de paso, donde guarda el seguro de vida, ya que no es tan malo, en el fondo. Desde siempre le jugó al 20.064 y declara que si llega a salir ahora, se vuelve a morir. En realidad son varias las veces en que quiere crepar de nuevo: justamente cuando se enteró del embarazo de su hija, de un padre que no tendrá pues Yanina se peleó con él porque no quiso ir al velorio; y de cuando se enteró del engaño de su mujer, con cama incluida. También se entera por su hermano que él le arruinó la vida a sus padres, por la manía del bandoneón y que tiene en su poder un reloj de pared que su padre había destinado para él. Piguyi lo consuela diciéndole que esto no es así y que pronto se encontrará con sus progenitores para preguntarles directamente si pensaban eso de él. Una de las salidas más festejadas de Enzo es decirle a su hermano: "te voy a venir a asustar de noche".
Pero no todo es traición e hipocresía entre los esposos. También Verónica recobra una cajita de los recuerdos en donde guarda todas sus cartas de amor, el boleto del tren en el que viajaban el día que se le declaró y alguna que otra flor marchita. Hasta una polvera, que fue el primer regalo que le hizo de novios. Y por supuesto, que Verónica llora a mares ante cada recuerdo amoroso. Pero como le dice la hija: "No te hagas problema, es sólo un día..." Mañana lo empezarán a extrañar, le dice Piguyi, la voz sabia que puede ser la de la conciencia. Piguyi ejerce el rol de esos dioses malvados que hacían ver a los muertos toda su vida: lo hace asistir a todo lo que transcurre en esa hora y media que dura la obra, entre sus familiares. Es también cierto que Enzo no quiere abandonar la escena...
La actuación de el yerno de Juan Carlos Altavista es digna de encomio, ya que es muy expresivo facialmente, y las caras que pone ante cada novedad, hacen estallar la carcajada en el público. Además transmite calidez y sinceridad al personaje que le tocó jugar. Diego Pérez, ya sabemos, es un gran comediante, que acá deja traslucir su lado más humano y llega a conmoverse hasta las lágrimas en una escena. Julia Calvo explota la vena de comediante que siempre ocultó y cuyos llantos abundantes nos hacen acordar a los de Diane Keaton en "Alguien tiene que ceder", provocando la risa más que la compasión. Johanna Francella es muy natural y se emociona fácilmente y con mucha ternura, le auguramos un buen futuro desde acá. Y Pepe Monje está correcto en un papel que no le permite mayor lucimiento. En cuanto a la mano de Brandoni, deja entrever acá su amor por todo lo que tenga que ver con el tango y los amigos, y es muy adecuado en las marcaciones de un texto por momentos complicado a un grupo de actores duchos. Altamente recomendable para toda la familia. Y se mantuvo en cartel hasta hace poco más de un mes, ya que fue filmada en el Complejo La Plaza el 24 de noviembre del 2017, hace exactamente un mes.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 22 de diciembre de 2017

Mi crítica de "Otelo" (Teatro-Musical)


Ahora Teatrix nos acerca la gran tragedia de William Shakespeare trasladada a la pluma de Pepe Cibrián Campoy y Ángel Mahler, la célebre dupla de tantos musicales, ahora archienemigos (croe yo que por motivos políticos), ya que es notable como Pepe decidió cambiar de músico para sus últimas producciones, de las cuales ninguna alcanzó el renombre de las de la dupla. Así que ahora se las ven con una de las mayores y mejores urdidas tragedias/comedia de enredos de la historia, y puedo decir sin ánimo de ofender que esta vez fallan en el intento. La maquinaria Cibrián-Mahler se había vuelto ya una máquina de hacer chorizos, y no podía ser que cada obra que estrenaran fuera un éxito. Aquí no hay música inspirada, sí, quizá las letras, ni escenografía alguna salvo algunos grandes velos multiuso y el protagónico -cuando no- del infatigable Juan Rodó, quien va aprendiendo a modular su voz de a poco. Juan Rodó debe haber pasado por todos los papeles de villano desagradables de la historia de la literatura universal, ya que no sólo fue Drácula, sino que además fue el soez Claudio Frollo en "El Jorobado de París", Dorian Gray en "Dorian Gray, el retrato", Jack el destripador, el temible sultán Solimán en "Las Mil y una Noches" y ahora le tocó el celoso moro de Venecia. Recordemos la broma de Les Luthiers de que ahí estaba Desdémona, tirada en la cama viendo televisión... ¿acaso Venecia no es la ciudad de los canales?... muy festejada en su momento, por no repetir que Otelo era un moro... un morochazo...
Pero es así, ni Cibrián se lució mucho con la coreografía ni con la puesta de luces ni con las letras en esta nueva versión de "Otelo". Recordemos la célebre ópera que compusiera Verdi sobre el mismo personaje, ópera que sí tiene fuertes contrastes y melodías para el recuerdo, sale ganando ampliamente en comparación con este musical.
Pero repasemos la historia de "Otelo" tal como nos la cuenta Cibrián, en esta puesta del 2009 en el teatro El Nacional. Otelo venía de vencer a los turcos y haber recuperado Chipre. En su ceremonia de bienvenida, precedida por el gran Dux (Sergio Caruso, no le hace honor al apellido), nombra como su lugarteniente a su amigo Casio, provocando la ira de Yago, quien era el otro postulante y no es elegido. Otelo le dice a Yago (Diego Duarte Conde) que será su mano izquierda y este canta, despechado, "ah, si la mano izquierda pudiese matar a la derecha..." empezando ya su rencor contra el bueno de Casio (Daniel Vercelli). Entretanto, Bianca, la amante y prometida de Otelo (Lorena García Pacheco), una robusta mujer y entrada en carnes, prepara su estrategia de ser duquesa, si se casa con el moro y junto a su fiel criada  Leticia (Mercedes Benítez) proclama que está embarazada de Otelo, aunque este haya pasado más de diez meses fuera del hogar en su campaña contra el turco. Y se lo dice a Otelo, éste, que no es muy bueno para las matemáticas se emociona al saber que tendrá un descendiente, pero duda sobre casarse con Bianca, quien será muy buena para la cama pero no como duquesa. Su criada le dice que el niño no existe, cómo hará para engañar al negro, y esta le contesta que una buena rodada por la escalera le hará perder a la criatura.
Mientras, el Senador Lucio Bravancio (Beto Cuello), padre de Desdémona, viene con su hija para una fiesta en el palacio, a la vez que Bianca conspira junto a Yago. Casio se declara enamorado de la joven Desdémona (Georgina Frere) pero jura por su honor que se olvidará de ella si ésta está enamorada de otro. Hacen acá un trío Otelo, Casio y Yago, muy inspirado en el cual cada uno canta una parte distinta al resto, al unísono. Yago y Bianca van a hacer aparecer a Casio como amando a Bianca, ante los ojos del moro, para que este se vengue y conducen a Otelo en el momento en que Casio le está pidiendo a Bianca datos sobre el amor (de Desdémona, aunque sin mencionarla), diciéndole que es ella la única que puede ayudarlo. Otelo deja ya entrever sus celos y manda encarcelar a Casio, aunque éste proclame su inocencia. Pero Otelo pronto se da cuenta del complot de Bianca y le devuelve la libertad a Casio, a quien acoge a sus brazos fraternalmente como amigos que son. Viene el intervalo.
En el carnaval veneciano, Otelo ve a Desdémona y baila con ella, mientras se arrepiente por el amor que le profesa Casio, pero Yago le dice que ya la olvidó, ya que no es más que un donjuan que picotea un poco en cada lado. Cantan un bello dúo de amor Otelo y Desdémona que incluye el original "Mariposas", repetido al final. Al advertir el romance, Bravancio hace partir a su hija, oponiéndose a éste, pero  Otelo le manda una misiva por Yago, diciéndole que esa noche huirán juntos a las 12 de la noche. Finalmente huyen y Desdémona y Otelo se casan. Bravancio manda a detener al moro, pero el discurso valiente y valeroso que hace éste cantado hacen que el Dux los perdone y les señale el camino hacia la libertad. Yago, ya a esta altura habla de la celotipia de Otelo y de que le quitará lo que a él le ha quitado (no se sabe muy bien si Otelo le ha quitado Desdémona a Yago, o que es al revés, lo que se demuestra en un baile de tintes homosexuales entre Otelo y Yago). El moro se sincera con Casio, diciéndole que se ha casado con Desdémona y que por su honor tiene que perdonarlo. Esto es de tal manera. Hablan de que el regalo de lealtad que le ha dado Otelo a su esposa es un pañuelo bordado que guarda ella celosamente en un cofre. Pero Yago, valiéndose de una estratagema, se lo roba y se lo pone en un bolsillo a Casio. Entonces le dice a su amo que Casio y Desdémona lo engañan, que él le pidió una audiencia a su antigua amada y ahora están juntos en su cuarto. Y que ella le ha reglado el pañuelo... Casio ha ido a ver a Desdémona llevándole flores y un perfume, y Otelo los sorprende juntos y, preso de la ira, revisa a Casio y encuentra el pañuelo en su bolsillo. Casio reconoce que aún la ama, pero que no la ha tocado, más que en su imaginación, y lo jura por su honor. Y al ver la furia que Otelo emprende contra él, opta por suicidarse. Desdémona llora sobre el cadáver de Casio y le dice a Otelo que ya no lo ama. El moro sigue enloquecido y la estrangula (bueno, esto es ya sabido por todos, cantate una que sepamos todos podemos decirle acá a Otelo...) Otelo llora destrozado sobre los cadáveres de ambos. Aparecen Bianca y Yago, acompañados por Leticia, la criada de Bianca, quien en un arrebato declara toda la traición. Otelo llora de impotencia y no puede creerlo: ordena que torturen a Yago y a Bianca -como no se puede torturar a una mujer- que se entregue a su ejército para que todos la vejen y al final la tiren a los perros. Otelo enloquece y se suicida. Y así damos término a una de las magnas tragedias de la historia y a un musical de dos horas cuarenta...
Debemos decir que la orquesta de Mahler suena como siempre muy afinada, pero que no incluye ninguna canción que quede en la cabeza de los espectadores después de salir del teatro. Por una vez, Rodó está bien elegido para un papel que necesitaba de su tesitura vocal y de algo de inexpresividad, y es la vez en la que se ha enfrentado a textos cantados más largos y de una capacidad mnémica prodigiosa (es casi una ópera) y con muchos solos que son justamente reconocidos y aplaudidos. Georgina Frere en Desdémona está muy bien, aunque su voz es más operística que destinada a un musical, tiene una impostación que desentona con todas las de los demás. Daniel Vercelli (Casio) y Diego Duarte Conde (Yago) están correctos, sin sobresalir ninguno de los dos, y Bianca, Lorena García Pacheco tiene una bella voz para musicales y no dudamos que con su cuerpo imponente, pronto se la verá en otros escenarios. No importa que al final salgan a saludar Cibrián Campoy y Mahler, ha sido una derrota dentro de los muchos éxitos y vale la pena reconocerlo. Una lástima. Podría haber sido mejor.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 18 de diciembre de 2017

Mi crítica de "A Beira do Abismo me Cresceram Asas" (Teatro-Brasileño)


Nuevamente para la productora "Cennarium" y acercado por Teatrix, tengo el gusto de celebrar esta ágil comedia brasileña, cuya traducción es "Al Borde del Abismo me Crecerán las Alas", escrita, dirigida e interpretada por Maité Proenca (célebre actriz de la telenovela "Donna Beixa", novela provocativa en lo sexual y en escenas subidas de tono que se pudo ver por nuestra televisión durante la primavera alfonsinista). Colabora en la dirección Clarice Niskias, y en la actuación comparte cartel con Clarisse Derzié Luz. Ambas componen a dos viejitas que están en un geriátrico, una por propia voluntad, llamadas Terezinha (Proenca) y Valdina (Derzié Luz). Realmente los físicos y actitudes de personas mayores de 85 años no están bien trabajadas, ya que hablan y se mueven como la edad que poseen realmente (deberían aprender de esas Clarita y Rosarito que juegan Carlos Núñez Cortés y Jorge Maronna -Les Luthiers- en "Pasión Bucólica" o las extraordinarias composiciones de Brandoni y Eduardo Blanco para "Parque Lezama"). Pero dejando esto a un lado, nos asomamos a un texto inteligente y sugestivo de Maité Proenca (el apellido va con cedilla, pero en mi computadora no está), siempre risueño, aunque, como buena comedia actual, deba terminar con una nota triste. Toda la ambientación son dos sillones que están en el geriátrico y que ocupan sendas ancianas, siendo muy ágil la escenografía y coreografías que las obliga a pararse, caminar o bailar, siempre olvidando que su envase es el de un cuerpo trajinado por los años.
Terezinha es más calma y reflexiva, en cambio  Valdina es la zafada, la que ha vivido la vida sin escatimar placeres y a su edad no rechaza el goce de una buena cervecita a escondidas del director de la institución. Valdina, sin embargo, carga con un pasado terrible, su marido, Tutuco murió de cáncer de pulmón y de los tres hijos que tuvo con él, dos fueron asesinados y su tercera hija la debió luchar contra un cáncer que terminó ganándole. Turbada por su historia se fue a vivir con una hermana gemela de la que sintió envidia por su dichosa situación familiar y se tomó las de Villadiego y se autointernó en el geriátrico no volviendo a ver a su familia. Cuando estaba por morir, su hermana, le escribió una carta muy emotiva en la que le dice que la perdone y que vaya de vez en cuando a visitar a su sobrina. Pero Valdina no toma con tristeza este pasado, sino que, como ella misma dice, nadie le podrá quitar la risa, y celebra la vida. Tal vez será por ese espíritu carioca que alumbra a los brasileños que, en medio de las grandes tragedias, siempre tienen tiempo para vestir trajes de carnaval y bailar un sanba.
La historia de Terezinha es bien distinta. Casada con un hombre que amó, cuando el murió, a sus 60 años, sus tres hijos que tuvo con él, se fueron lejos, menos uno, que, cuando le empezó a flaquear el cuerpo, y cansado de tenerla en su casa ("y casado con una víbora" -sic-), la internó en el geriátrico para sacarse el peso de encima. Pero Terezinha conserva en ella la niña que fue a los 16 años, la joven de sus 20, la mujer de 40 con hijos y la de 60 cuando murió su esposo, y no sabe qué hacer con tanta vitalidad que le reclama el cuerpo y que ella ya no puede brindarle. Dice en sus parlamentos frases muy acertadas sobre el doloroso trance de la vejez, y otros más esperanzadores. Igualmente no se privan de reír juntas y de compartir vicios y maldades varias.
Maité Proenca también se luce como cantante, tiene muy buena voz y canta una canción en portugués y se da el lujo de acompañar a Edith Piaf en "Non, je ne regartte rien", en francés y a viva voz. Valdina es la bailarina del dúo, y la verdad es que baila como el tujes, pero su compañera la aplaude y apoya en sus aficiones. Valdina viste con estrepitosos colores y parece medio hippie, ante el atuendo recatado y pudoroso de Terezinha, con rigurosa peluca blanca, mientras que la otra ostenta su cabello todavía renegrido, con alguna cana que lo surca. Todo en la vida y en el aspecto de Valdina refleja su alegría por estar viva y su olvido de pesares antiguos.
Las maledicencias de las que hablábamos consisten en festejar el amor lésbico de dos de sus compañeras de geriátrico, que se aman a cielo abierto y lucen muy "machonas", aunque la intriga de Valdina es cómo será la relación entre dos mujeres, ya que entre dos hombres se entiende, "uno tiene su pirulín y otro su agujero, uno hace de hombre y otro de mujer, pero entre dos mujeres, ¿cómo será?", se pregunta. Sólo saben que las dos mujeres saben tocar muy bien los cascabeles, aunque nunca se atrevieron a preguntarles que es éso, aunque se lo imaginan... Así pasan revista a todos los pacientes del lugar, como aquella ex cantante de ópera que fuera muy famosa en su época pero ahora a sus 90 años convertida en una alcohólica sin remedio y a la que los muchachones le pasaban por la verja alcohol puro para ver cómo se desmayaba. El director del instituto, con decisión salomónica, le ofreció que no se acercara más a la verja si él le daba una botella de vino por día así hasta el día de su muerte. De tal modo que la ex lírica se emborrachaba cómodamente sentada en el parque sin molestarse. Como éstas son todas las anécdotas que desfilan por boca de las dos ancianas durante la obra,  y no vale la pena contar ninguna más.
La obra, a pesar de ser muy realista en lo que se refiere al mundo de la vejez, lo hace todo con un comentario gracioso permanentemente y enciende el buen humor, ingenioso, sin golpes bajos, inteligente, de la pluma de Maité, para no caer en la melancolía que el tema de la obra podría haber propiciado. Las actuaciones son excelentes, mientras no reparemos en el tono del manejo del cuerpo y de la voz, que, obviamente falló en el momento de las decisiones. Lo mismo podemos decir de la dirección, que si bien propone un entretenimiento que no tiene nada de pasatista y que es muy acertado en su tono y muy ágil en el tiempo de los desplazamientos en escena, descuidó algo tan importante como la presencia física de dos figuras que debían dejar traslucir el paso de la edad.
El ritmo de danza carioca se apodera del texto en los últimos tramos, cuando se celebra la fiesta de los 86 años de Terezinha, fiesta a la que está invitado su hijo e hija con esposos (y "víbora") y nietos, de los que sospechamos no concurrió nadie a pesar de todo el glamour y la buena disposición de ambas en agasajar a sus invitados. Del techo caen papelitos plateados todo el tiempo que dura la fiesta, y Terezinha convida un gran pionono sin recibir acuso. Inclusive, baja a la platea para comprobar si sus familiares están allí. Lógico, cuando termina el festejo, ella se deja caer en el sillón y mientras Valdina habla, Terezinha se despide de este mundo en paz. Es cuidada y abrazada por su amiga, quien sin embargo la despide con alegría y hace suyo el pensamiento: "si cuando el sol se oculta nos lamentamos no porque se oculte, sino porque deja de alumbrar".
La comedia se deja ver con agrado y es recomendable para toda la familia (si bien tiene algunos excesos en el lenguaje de Valdina que no serían convenientes para los menores), pero la recomiendo fervientemente (¡¡¡por fin una comedia brasileña que me gusta!!!) y remarco el talento de Maité Provenca en los tres rubros que eligió para brillar, como ciertamente lo hace.
Y gracias por leerme nuevamente hasta aquí.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).