viernes, 25 de mayo de 2018

Mi crítica de "Yo, Tonya" (Cine)

"Yo, Tonya" es un documental apócrifo sobre la "irónica" vida de Tonya Harding, la, quizá, mejor patinadora del mundo. La historia tiene tintes tragicómicos, es decir: lo que se cuenta es una tragedia, pero con una mirada humorística de la situación. El patinaje sobre hielo es uno de los deportes más hermosos de ver, y se supone que todos los que lo ejecutan tienen un alma hermosa. Nada más alejado, parece decirnos este film. Tonya es una hermosa chica de 23 años que ha logrado realizar un "triple Axel" (una prueba que consiste en dar tres giros sobre su eje en el aire, para caer luego sobre sus patines,aunque los expertos sabrán describir esto mejor que yo), única mujer en lograrlo, y se supone que eso la hace una mujer mejor. Nada más erróneo. Es capaz de soportar golpes de su madre y su novio (y pronto marido) y de darlos ella, como así de mandar a que le rompan la rodilla a su competidora en los Juegos Olímpicos.
Criada por una madre despótica e invasiva, La Vonia (increíble labor de Allison Janney, una villana como pocos) que no duda en plantarle un sopapo cada vez que la nena hace mal alguna destreza y la presenta, a los 4 años, ante una entrenadora, Diane (Julianne Nicholson, hija del gran Jack) para que haga de ella una estrella. La nena tiene condiciones y pronto avanza en su manejo del patín, pero su madre, al verla hablando con otra niña patinadora le increpa: "no hables con ella, que es tu enemiga". En ese ambiente se cría Tonya y a los 15 años ya es una hermosa rubia de ojos verdes y rostro angelical (magistral la nominada al Oscar y eximia patinadora y actriz Margot Robbie), pero de trato hosco y agresivo, capaz de insultar al jurado, de matarse a golpes con su madre y con su novio, y hasta de dispararle a este con una escopeta. A los 15 años es cuando se pone de novia con Jeff Gillody (Sebastian Stan) y las primeras salidas son con la presencia de su madre, quien le advierte que no es bueno para ella. Pasará un tiempo hasta que la madre, en un tono seco y despótico pregunte: "¿ya cogieron?", lo que les dejará la puerta abierta para tener sexo. Los primero tramos del noviazgo son tan dulces como violentos: ella, acostumbrada a recibir golpes y a golpear, soportará y devolverá ahora los de su novio.
Jeff tiene un amigo, Shawn, un gordo repugnante al que siempre vemos atorándose con comida (Paul Walter Hauser) y éste es quién, con el correr de los años se vuelva "un terrorista peligroso", el que contrate dos matones de poca monta para que le rompan la rodilla a Nancy Kerrigan (Catlin Cower) principal competidora para los Juegos Olímpicos de Tonya Harding.
Es también una historia de ascenso y caída de un ídolo, como la feroz Tonya puede subir hasta los primeros lugares del patinaje artístico en su país, a pasar a ser odiada por todo el mundo por ser la mala de la historia. Las separaciones y arreglos con su marido serán cosa frecuente en la pareja Tonya-Jeff e incluirán un disparo en plena cara (por parte de él a ella) que sólo le rozará la frente, pero que la hacen sangrar mucho. No hay medias tintas en esta película. Todo será a sangre y fuego.
Y el director Craig Gillespie tuvo el buen tino de tratar toda la crónica con un humor feroz, y de darle a cada intérprete las mejores actuaciones que pudiesen brindar. El ritmo de la película es frenético y está marcado por conocidos temas musicales que van pautando la calidad del relato. Como así también son magistrales las tomas de patinaje ofrecidos por la Robbie (es imposible que esta chica no sea la que patina, aunque mucho se lo debe a un espléndido montaje) exhibiendo sus dotes artísticas-deportivas naturales. El tema es presentado como un falso documental (partiendo de la premisa que se trata de una historia real) con los protagonistas reporteados y hablando a cámara. Es muy graciosa la presentación de la vieja La Vonia, con un loro en el hombro tironeándole del pelo. Incluso, dentro del film, Tonya rompe la cuarta pared hablándole directamente a los espectadores.
Luego de ser atrapados y juzgados los responsables del ataque a Nancy Kerrigan, algunos cumplirán sus penas, otros no. Pero la impuesta a Tonya es la más fuerte: además de pagar algunas damnificaciones, el retiro de por vida de toda posibilidad de presentarse a concursos o certámenes de patinaje. Con lo que ella se desarma ante el juez: "por favor, metame a la cárcel pero no me impida patinar, es lo único que sé hacer". Para lo que la chica fue preparada toda su vida, incluso prohibiéndosele ir a la escuela, de pronto desaparecía como una delgada capa de hielo bajo sus pies, arrojándola al agua helada. Por supuesto que esto no será motivo para detenerla. Si lo que supo hacer durante su existencia fue pelear y golpear, se convertirá ahora en mujer boxeadora profesional, debiendo morder la lona con asiduidad y hablándole al público una vez más, tendida en el suelo del ring y dejando su rastro de sangre
Una historia de vida que arranca a los 40 y tantos, cuando se la reportea a ella ya de adulta y que empezó a los 4 para finalizar abruptamente a los 23, una cruda historia de talento, violencia, desamor, frustración y tantas cosas más que hacen de esta ensalada un plato perfecto como plato principal.
Para no dejar pasar.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

Mi crítica de "Madame" (Cine)

Por un desperfecto con mi internet estuve sin servicio 8 días, a eso se debe mi ausencia en este blog, tan prolongada. Ahora solucionado el problema, vuelvo.
En París puede pasar cualquier cosa (ya lo dejó en claro Woody Allen con "Medianoche en París" y su visita nocturna a la época del surrealismo parisino) incluso que una mucama española se convierta en la pareja de un bon vivant inglés residiendo en Francia. Esta es la historia de "Madame", una película en abierto tono de farsa y de comedia ligera que, si bien no nos deja nada muy sustancial en el paladar, nos hace pasar un buen rato. El humor está dado más en los climas que propone el film que en buenos chistes o frases ingeniosas, que, sin embargo, se encuentran, pero no abundan. Es un clima burlón, juguetón el que sobrevuela la película, un film que peca de inverosímil, proponiendo como premisa que la caballuna y generosa de pechos, cola y panza, y almovadariana Rossy de Palma, pueda generar suspiros entre los hombres y despertar un amor loco en uno en especial.
Y es que María (Rossy de Palma, en versión autoparódica), mucama de sus "patrones" -qué fea que suena esa expresión- Anne (Toni Colette, ya muy lejos de "El Casamiento de Muriel") y Bob (Harvey Keitel, también en clave de autoburla), es hecha pasar por una amiga de la casa señorial, más específicamente por una Condesa de Asturias, en una cena ofrecida por los dueños de casa. Todo nace de una superstición, que no sean 13 los comensales a la mesa (aunque 13 son los retratados en el cuadro de la Última Cena pintado por Caravaggio, que el anfitrión logra vender) y se irá de madre llegando a resultados inesperados. Para la cena, María es preparada y vestida por Anne, con la condición de que no hable mucho, que no coma mucho ni beba mucho. No calcularán que va a sentarse al lado del museísta David Morgan (Michael Smiley) y que éste se enamorará perdidamente de la Condesa española. Y que ésta, le corresponderá. Es tal el delirio que se puede postular que la mucama despertará el deseo de todos los hombres a la mesa, tal es el morbo que Anne se disfrazará de mucama para incentivar sexualmente al alicaído Bob, como si ese rol figurara en todos los idearios del deseo masculino.
Lo que viene a "enseñarnos" esta fábula es que la fidelidad sólo se puede encontrar en el personal doméstico (y en los equipos de audio, hoy por hoy), ya que ambos patrones se son infieles entre sí. Si bien Bob acepta que está casado -en segundas o terceras nupcias- con Anne sólo por el dinero y ella por las apariencias, él coqueteará con su joven y hermosa profesora de francés, y Anne se dejará arrastrar por un amigo de la casa con el cual comparten veladas. Todo procede de un equívoco. David, no sabiendo que María es la mucama, la seduce, la invita al cine, a cenar y al hotel (aunque en distintas salidas) y se muestra profundamente enamorado de esta grotesca mujer. Creo que Rossy de Palma era la actriz indicada para encarnar este rol para tornarlo inverosímil, por sus excedidos rasgos de mujer "fea" (según los cánones de belleza estipulados), por su gran porte, que supera al de su amado y por la desmesura de sus atributos. Han creado un prototipo de mujer "perfecta" para volver inexcusable un romance. Y es por todo esto que, en una de las partes más sustanciales del film, Anne se salga de quicio sin comprender cómo su "mucama", sin belleza, cultura ni dinero, contando chistes guarangos, consiga un hombre en una noche, cuando ella, teniéndolo todo, haya tenido que trabajar tanto para cada conquista.
Claro que no todo termina en la cena. El romance se sostiene en el tiempo y hace de María una mujer plena y feliz, que es capaz de bailar y cantar el "Aserejé" de Las Ketchup en una fiesta íntima con los hijos de la patrona.
En un momento en que comparten solaz las dos parejas (la de los dueños de casa y la de su "sierva"), ella opta por contarle a su novio la verdad, que no es más que la mucama de Anne, pero ésta dirá pronto que se trata de una broma, que ella y María son amigas de larga data. Pero, más allá de lo que María sostiene, que a todo el mundo le gustan los finales felices y con el galán besando a la chica bajo la lluvia, el diablo -o Anne- meterá la cola y develará la verdad a David en un encuentro fortuito en la calle. A partir de allí dejará de llamar a María y de enviarle "whatsapps" y sólo queda la nada y el vacío ante las insistencias de ésta.
Una tarde, Anne le pide a María que sirva en la sala el té para dos. Cuando ella lo lleva, se da cuenta de que Anne está con David. Él acepta el té pero ni la mira, como si de un fantasma se tratase. Éste es el peor de los destratos que puede hacerle, y la venganza de su "ama". A partir de eso ella ve cuál es su verdadero lugar de pertenencia en el mundo y, en su afán por valorarse, cuelga los hábitos de doncella de palacio, arma su bolso y se vuelve para España.
La labor de la directora Amanda Sthers ha sido digno, y es encomiable el ritmo que sostiene el film (de tan sólo 90 minutos), apuntalado a su vez por una más que apreciable musicalización de Matthieu Gonet que supo preservar toda la intención lúdica de la propuesta. No es de visión imprescindible pero bueno para pasar un buen rato.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

Mi crítica de "El Test" (Teatro)

Ayer fui a ver "El Test", obra que me debía desde el verano y concluyo en que consiste en un perfecto entretenimiento para todo público. La obra de Jordi Vallejo ha sido estupendamente adaptada y dirigida por el prolífico Daniel Veronese y tiene un peso actoral suficiente como para convertirse en una propuesta seductora. Que el mayor brillo en la actuación recae una vez más en Jorge Suárez no es ninguna novedad ya que nos tiene acostumbrados a extraordinarias interpretaciones, pero esta, además de ser rutilante, sostiene todo el peso de la obra en un papel que parece haber sido escrito para su lucimiento. Ese Héctor parece impensable en la voz y en el cuerpo de otro actor: digámoslo de una vez, Jorge Suárez es insustituible. Por ahí la decepción está en Carlos Belloso, un actor sólido que nos deleita presentándonos criaturas al borde del patetismo, acá se lo ve muy sobrio y "normal", actuando en piloto automático. Viviana Saccone imprime fuerza y vitalidad y credibilidad a su personaje, que se debate entre lo tierno y lo férreo. Y María Zubiri vuelve desagradable a su papel de Berta, una psicóloga del cable, exitosa, sensual, hermosa y muy decidida e independiente, presentando así un estupendo trabajo. Lo repetimos. Veronese sabe crear comedia de las situaciones más patéticas y lo hace con indudable talento y oficio, y se constituye en el director ideal para comandar este grupo de actores que saben bien lo que quieren.
Así presentada, "El Test" se vuelve una comedia feroz sobre el dinero como tabla de salvación para todos los males, sobre cómo la codicia puede arruinar vínculos duraderos y cómo la desesperación de un hombre fracasado puede ser el motor de un infinito ruego a la caridad del poderoso. Y nos hacemos las siguientes preguntas: ¿es el dinero fin o medio? ¿Puede la plata arrasar con todo, poner al descubierto miserias, avaricias, ansias de poder, extorsión, manipulación? Esto y mucho más es lo que dispara esta obra cuya premisa es: "¿qué preferirías, cien mil dólares ahora o un millón dentro de diez años?"
Los parámetros son claros, la pareja formada por Paula y Héctor es un matrimonio que pasa penurias económicas. Ella es naturista, ecológica, antimaterialista y acaba de rechazar un muy buen trabajo que el potentado de su padre termina de ofrecerle. Héctor tiene un bar en el que le va bastante mal ("ni la pascualina sale en mi bar") y no tiene el dinero suficiente para pagarle el viaje de egresados de 7° a su hija Marina ni para las zapatillas de ballet. Están pasando una velada en el departamento de su mejor amigo, Antonio (Belloso) quien es un ricachón que amasó su fortuna con un emprendimiento inmobiliario estafando gente, y además con negocios con compañías de electricidad. Él es quien les propone el famoso "test-Berta", el de los dólares, y prosiguiendo el afilado juego les hace un cheque por cien mil dólares a cobrar ya o que opten por un contrato para un millón dentro de diez años. Por supuesto que Paula, la incorruptible Paula, rechaza el cheque y el contrato por tratarse de dinero mal habido, mientras que su marido insiste por hacerla cambiar de opinión. Todo esto en un tono de comedia que invita a la carcajada franca y a la reflexión. Desesperado por  tratar de cambiar su vida, Héctor opta por los cien mil dólares a cobrar al día siguiente, mientras su esposa se niega, todo esto cedido por el millonario poseedor de un departamento de 250 metros cuadrados.
Pero la cosa no es tan simple. Cuando llega Berta, la pareja joven de Antonio y exitosa psicóloga de la televisión, y descubra el cheque y el contrato a diez años, pondrá todo patas para arriba. Se encierra con su novio a decirle que no puede regalar su dinero  de esa manera y se empeñará que la pareja de amigos opten por el millón dentro de diez años, el cuál nunca será pagado. Una vez reincorporados al grupo Héctor y Paula se han decidido por el cheque, y ahora, la labor de la pareja donante, será hacerlos desistir. Para ello, Berta les cuenta la parábola de las hermanas gemelas. A dos hermanas que son iguales en todo, que han recibido la misma educación y el mismo amor paterno, se les ofrece una golosina con el siguiente trato: aquella que sea capaz de esperar para comerla se le dará una segunda golosina, mientras que a la que la coma inmediatamente no se le dará nada más. Con el tiempo, la que supo esperar se convertirá en una persona exitosa y feliz, mientras que la otra será una fracasada.
Héctor interpreta al toque la "paradoja" (como entiende él el término, entre otros, su aumento de los "trigonométricos" y la extinción del "otorrino-laringólogo"), pero no se deja convencer, quiere su cheque y considera verdaderas  tonterías lo que proclama Berta y no se siente un ser frustrado: tiene una profesión, se lleva bien con su familia y ha logrado una pareja armónica. Por supuesto que hay brotes de ira en las respuestas de un Héctor más frustrado que nunca.
Con la dilación de la cobranza empezarán a salir a la luz todas las bajezas humanas: Héctor acusará a Antonio de tener romances con "pendejas" en paralelo con su historia con Berta y éste le revelará que el engaño de su mujer no fue con un miembro de la ONG que albergaba en su casa, sino que ha sido con un servidor. Claro, todo esto desbarrancará  la situación hasta llegar a los gritos, los insultos, los reproches y las rupturas. Todas las máscaras caen cuando se dicen las grandes verdades de la vida, y Paula y Héctor rompen el cheque y el contrato que Antonio les ofrece, demostrando que el "mejor amigo" no era tal. Un último esfuerzo por parte de Antonio consiste en hacerle a Héctor un cheque para un millón de dólares para cobrar al día siguiente. Pero deberá elegir, entre esto o su esposa... Una obra para reír y reflexionar. Imperdible.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

miércoles, 9 de mayo de 2018

Mi crítica de "Toc Toc" (Cine)

Después de haber sufrido la muerte de mi papá, hace sólo seis días, deprimido y entristecido, decidí darme un respiro y volver a mis críticas. Y utilicé una comedia para esto. Se trata nada más y nada menos que de la adaptación para cine de la obra de teatro "Toc Toc", obra que en nuestro país fue un verdadero boom y que ya lleva seis temporadas en cartel a sala llena y con entradas imposibles de conseguir. La obra es del francés Laurent Baffie y la adaptación para la pantalla grande la hizo el propio director de la película Vicente Villanueva (2017), película todavía no estrenada en nuestro medio pero que es posible ver por Netflix o bajar del Torrent. La adaptación tiene un plus: mejora la obra (obra que a mí nunca me pareció del todo excelente, por otra parte). Generalmente las adaptaciones para cine de obras teatrales suelen ser desastrosas y arruinar la obra, en la Argentina esto es inevitable, y lo digo con conocimiento de causa: como guionista, las dos veces en que tuve que enfrentarme a guionizar mi propio material teatral me costó un esfuerzo terrible y los resultados fueron bien deprimentes. Me vienen a la mente dos casos que fueron exitosos, el de "El Vestidor" y el de "¿Quién le teme a VIrginia Woolf" y otros desastrosos como el de la reciente "Un dios salvaje" de Polansky, y en nuestro país un exitazo como lo fue "Esperando la Carroza". Es por eso que digo que es muy difícil "airear" una obra que fue planificada para cuatro paredes. Pero acá el esfuerzo valió la pena: hay exteriores justificados, hay personajes secundarios bien empleados y sobre todo el trabajo de puesta en escena le confiere una vitalidad inusual en estas propuestas (hay ángulos de cámara muy interesantes que expresan lo que en teatro sería imposible).
Ya todos sabemos lo que es un Toc (Trastorno Obsesivo Compulsivo) y los millares que han visto la obra saben que los hay de las más diversas calañas. En este caso se juntan en la consulta de un psiquiatra (que nunca aparece) seis pacientes con serios trastornos de personalidad que les afectan sus vidas personales de una forma tremenda y que limitan sus vínculos sociales. Cada uno llega a la consulta a la hora convenida (la misma para todos, al final sabremos el porqué) y arrastran consigo sus propias cruces. Está Federico, quien tiene el Síndrome de Tourette (Oscar Martínez, excelentes todos), lo que lo impulsa a decir groserías e insultos de alto calibre en los momentos más inesperados y sin mediar causa alguna. También una fanática religiosa y con una manía por revisar sus cosas cientos de veces, Ana María (deliciosa Rossy de Palma). Está el taxista afectado por aritmomanía, un TOC que lo hace cuantificar, sumar, restar, multiplicar y dividir con exactitud los más astronómicos números, que lo convierten en un portento digno de la televisión, Emilio (Paco León) También llega Blanca, una atractiva mujer de 35 años que sufre del síndrome de la limpieza y el terror a contagiarse enfermedades (Alexandra Jiménez), lo que la obligará a ir al baño cientos de veces a lavarse las manos cada vez que toca algo o alguien. La chica que tiende a repetir todas sus frases dos veces, una atractiva jovencita llamada Lilí (Nuria Herrera) y por último el poseedor del TOC por el que no puede pisar rayas en el piso y que es un obsesivo del orden y la simetría, Otto (Manolo, en realidad, pero su nuevo nombre es simétrico, Adrián Lastra). A esto se suma la también desopilante secretaria gorda Tiffany (Inma Cuevas) que le pone pimienta a la reunión con sus intervenciones.
Ya está conformado el plantel, ahora los jugadores a la cancha. Y lo hacen de la mejor manera posible, sacando el mayor jugo de cada uno de los papeles que les han tocado en suerte. Es una labor consagratoria para cada uno de ellos, aunque los conocidos por nosotros no necesitaban probarse en este terreno para mostrar sus aptitudes. Oscar Martínez, con su invariable tic en el ojo y sus desbocados y delirantes exabruptos ponen el toque "guarro" a la comedia y Rossy de Palma, ya una señora adulta persignándose interminables veces, rezando en silencio y lloriqueando porque no encuentra las llaves o porque debe haber dejado abierto el gas o el agua. Paco León es el "cómico" del grupo, quien va a desdramatizar las situaciones más embarazosas con su dudoso sentido del humor y su capacidad para mensurar cifras. Por su parte Alexandra Jiménez aporta frescura y dinamismo a su obsesiva por la higiene y provoca más de un desastre. Y la parejita joven, Nuria Herrera y Adrián Lastra pondrán el broche de oro romántico a la película creando un amor impensado e improbable.
Cuando el grupo ve que el Dr. Palomero tarda en llegar pues se ha demorado su vuelo desde Londres, empieza a funcionar como un sistema, ensamble de cosas en las que cuando falla una, falla toda la organización,  buscan la complicidad del otro y tratar de aliviar juntos sus propias cargas. Por suerte se sacó en esta versión la larga secuencia en que juegan a un juego de mesa (no me acuerdo si era el "Monopoly"), que lentificaba bastante la acción, y optan por resolver los unos los problemas de los otros. Se proponen un reto: que cada uno pase tres minutos sin recurrir a su TOC. Por supuesto que esto resulta imposible, pero sobre el final se darán cuenta que con la mutua ayuda y la preocupación de cada uno por los problemas ajenos, hubo oportunidades en que no recurrieron a su TOC. No saldrán curados de la "sesión", pero sí con la esperanza de que, con dedicación y esfuerzo,, sus males son posibles de mejorar.
Trata de ser una comedia "psicológica", aunque acá la psicología brilla por su ausencia. Es más la carga de disparates y confusiones que se acumulan todas juntas sobre el escenario (o en este caso sobre el plano) que lo que esto pueda tener de verdadera terapia. Si bien se concibe como una terapia de grupo improvisada, su manual es más de autoayuda que de verdadero saber psicoanalítico o psiquiátrico.
Es de considerar que lo que en otras manos podría haber sido un drama, acá se torna en una comedia ligera y amable, poniendo el viso del humor sobre tanta negrura en los padecimientos psicológicos. Siempre la locura o los trastornos psíquicos han llevado más para el campo del drama que al del humor (hasta en una comedia como "Mejor... Imposible" se le asignaba su verdadero patetismo al TOC que padecía el protagonista -Jack Nicholson-), por eso es bienvenida esa bocanada de aire fresco que, como la ventana que insiste en abrir Blanca, inundan de claridad tanta desesperación. Sí, porque de eso se habla en el fondo, de la desesperación del vivir, y del vivir mal, a contracorriente de todo el mundo y de como nuestras limitaciones nos afectan en el devenir diario. "Todos tenemos un TOC", es el latiguillo de la obra de teatro, "¿cuál es el tuyo?", insiste. Y parte de verdad hay en eso. Nadie se salva de tener algún rasgo de obsesión en su vida, y todo nos condiciona. El director Vicente Villanueva realizó un excelente trabajo con un material que daba para mucho, bien llevado, y supo sacarle todo el provecho posible. Y el plantel de actores, un lujo. Véanla por Netflix o bájenla o esperen que se estrene en el cine, pero no se la pierdan ya que van a pasar un momento muy dichoso.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 7 de mayo de 2018

Mi crítica de "Todas las Canciones de Amor" (Teatro)


Teatrix sigue pisando fuerte. Ahora estrenó "Todas las canciones de amor", el magistral unipersonal de Marilú Marini consagrado como uno de los mejores espectáculos del 2016. Yo sigo opinando lo mismo, así que quien quiera leer mi crítica vuelva dos años atrás y busque. Y para el que no, que disfrute acá del trabajo y el talento de esta grande que es Marilú Marini y su sutil desempeño, plagado de matices. Pueden acceder a la obra. Disfrútenla.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 28 de abril de 2018

Mi crítica de "El Botella" (Teatro Musical)


Otro nuevo acierto de Teatrix... por fin una obra musical infantil ("para toda la familia") que me gustó, y mucho... Los autores son Diego Corán (letras y libro) y Jorge Soldera (música), co equiper de otras obras como "La Parka" o "Alicia en Frikiland", y dirigida ésta por Diego Corán Oria. Hay un despliegue escénico de cartón pintado muy poco frecuente en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, aunque todo en la escenografía tiemble un poco y amenace con venirse abajo. Pero el gran valor de la obra radica (además de en su libro y canciones, que son muy buenas), en la alta calidad de las interpretaciones. Sobre todo "el Botella" ese chico de 10 años interpretado por el niño Enoc Girado, que es todo un derroche de simpatía, naturalidad, desparpajo y buena voz. Es difícil hallar en un chico tan chico tantas cualidades juntas, y lo principal es su naturalidad para afrontar un papel que, en una mala elección artística hubiera sonado acartonado y ridículo. Pero los honores no son sólo para Enoc, sino también para su compañero de aventuras, Fresco, otro chico un poco más grande que hace las delicias del público con su hambre constante, sus metidas de pata y su enamoramiento eterno de la Señorita Laura, novia a la vez de Miguel, una especie de padrino de "el Botella".
La obra supone un viaje por partida doble: el viaje que se inicia en Punta Orilla y que, por mar, llevará a los chicos hasta París en busca de los padres del huerfanito "Botella", desaparecidos cuando él era un bebé, y un viaje tal vez más profundo, el viaje interior y de autoconocimiento que revelan los personajes, en su busca personal. Las botellas son tantas como el nombre del protagonista: la vieja fábrica de botellas en la que trabajaba el abuelo del "Botella", muerto al empezar la obra pero que estará permanentemente presente, las botellas de todos colores, forma y tamaño que colecciona el protagonista y por último, los mensajes en botella que cruzarán el Atlántico, llevando cartas del niño a su amada Milagros, residente en París, y de ella hacia él. Por eso de viajes y de botellas trata la obra. Pero también es un viaje el encontrar a los progenitores de este pobre niño criado por su abuelo y por Miguel, a la sazón una pareja que durante la guerra que asoló a Europa  y demás mundo allá por el 39 y hasta el 45, se dedicó a preservar y rescatar obras de arte como las que hoy integran los museos, y que fueron perseguidos en calidad de espías por las fuerzas de la ofensiva y que por fin se reencontrarán al finalizar la obra. Pero el trayecto es largo.
Una vez muerto el abuelo y entregadas sus cenizas al "Botella", éste deberá desocupar la vieja fábrica en la que vivía y pasará a ser reclutado por la policía de Punta Orilla para integrar sus calabozos. Los policías también forman parte de la troupe, un par de cabos poco despiertos y un comisario que es adepto al baile y el canto, compartiendo escenas con el "Botella". En el calabozo conocerá a Juan Carlos Barrera, "poeta del pueblo" y a Pepe  Vacío, dos presos dados a las rimas, a la poesía y al music hall que harán las delicias del público con su simpatía y su "buena onda". Estos cerrarán el espectáculo montando un escenario de poesía y danza en la vieja fábrica reciclada para exposición de obras de arte cedidas por Antonio y Sofía, los padres del niño. Los presos lo ayudan a escapar de la celda, apoyados por Fresco y la Señorita Laura desde el afuera, y con la recomendación de que vaya en busca de Milton Fatiga, un bucanero como pocos, dado a los excesos, al maltrato a su tripulación pero también... al baile y el canto. Como se habrá visto todos bailan y cantan en este musical para chicos que realiza constantes guiños a los grandes, que terminan aplaudiendo y coreando una de las canciones del pirata. Los temas son muy pegadizos por otra parte y proponen integrar al público a su lenguaje expresivo. Hay planteos que son únicamente para grandes, como el piquete que se forma en pedido por la falta de trabajo y el cierre de fábricas en Punta Orilla o el celebrado chiste de llamarse el "Botella" en realidad Juan y Fresco, Domingo, así se convertirán en "las aventuras de Juan Domingo". Todos chascarrillos que pasan desapercibidos para el público infantil. Por suerte hay muchos padres y madres en la sala que acompañan con sus risas las ocurrencias, así como la supuesta erudición del "Botella", que habla cual enciclopedia o las "cancheradas" del mismo. Así éste transforma la "chanson" parisina "Es el amor" en un tango-milonga arrabalero y compadrito que bailará con su amada Milagros (una chica parisina más alta que él, pero igualmente dada a la sensibilidad y a las explicaciones enciclopédicas, encargada de la guía del Louvre), sin tener en cuenta que el tango es una danza que se baila abrazados, siendo notoria la distancia que hay entre los dos, como para demostrar todos los pasos de tango que aprendieron y los firuletes y acrobacias que se anima a hacer la "percanta".
Así como París es la "ciudad luz" también lo es del amor, y es allá donde el "Botella" encuentra el suyo, en el cuerpo y alma de una chica con rulitos llamada Milagros, que canta tan bien como él y despunta el vicio ofreciéndole un beso en la mejilla. De ahí en más, se prometerán como futuros esposos y todo será correspondencia acuática en botellas que nunca sabremos si llegaron a destino. Allí, en París, también es donde Miguel le propondrá casamiento a Laura, que responde con su consabido "me caigo y me levanto". Hasta allá van los cuatro en busca de los padres del "Botella", que, según unos datos que le han pasado a Miguel, están en París. Pero no es ahí donde los encontrarán sino en la mismísima Punta Orilla ("agarrame la sombrilla", como reza la radio pueblerina), llevados por su conciencia paterna a recuperar su precioso botín de 10 años.
El abuelo del "Botella", don Timón, era un marinero de alta mar que lleva a su nieto encantado a visitar a las sirenas en sueños (de las tres sirenas, hay una gorda impresentable, que, a pesar de no querer ser denunciado en el INADI, deberían haberla guardado para mejores ocasiones, aunque siempre la esconden detrás de las otras dos) y así es que sus cenizas son arrojadas en el muelle, para que vuelvan al agua, su líquido elemento en donde siempre se desenvolvió.
Lo que sorprende del elenco de "El Botella" es su perfecta cualidad canora y danzarina, sin mencionar la solvencia actoral de todos ellos, formando un combo completo. Y la alegría y el desparpajo que ofrecen todos y cada uno de ellos. De movida se nota que la están pasando bien. Que "El Botella" es una fiesta a la que todos han sido invitados y que responden con creces. Nombrar a uno por sobre los demás sería injusto, baste decir que el pibe Enoc Girado es toda una revelación que convendría tener en cuenta para tanto programa de televisión zonzo y desabrido como hay por acá. Y que recomiendo plenamente ver esta obra en familia. Seguramente todos la disfrutarán. Y no se olviden que apretando el "Ver Obra" pueden acceder a ella.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

viernes, 20 de abril de 2018

Mi crítica de "Los Tutores" (Teatro)

Ayer pude ver esta tan esperada comedia que, por los calores del verano se me venía alargando. Pero ante la próxima bajada de cartel de la obra me apuré. La pieza ganó el concurso Contar 3, que es el que auspician los productores teatrales tratando de incorporar autores jóvenes y noveles al circuito teatral de la av. Corrientes, y hasta ahora ha resultado un éxito la propuesta. La obra es de Carlos La Casa y Daniel Cúparo, siendo el primero el responsable de "Todas las Rayuelas", excelente obra que ganó el año pasado y que por desgracia estuvo poco tiempo en cartel, con una repercusión mediocre, y la dirección de "Los Tutores" corre por cuenta de su coautor Daniel Cúparo, muy eficaz por cierto.
La obra no tiene los mismos méritos que "Todas las Rayuelas", es un poco inferior, pero apuesta abiertamente al género de la comedia, un trayecto no demasiado transitado por el joven teatro argentino, así que es bienvenido, si bien no proyecta una mirada universal sobre el género humano, deteniéndose en un caso específico. El elenco es magistral. Está Hugo Arana, siempre eficaz para estas lides y con toda una trayectoria imprescindible, está Laura Oliva, otra batalladora de la comedia, Mónica Cabrera, con toda su autoridad de autora, directora y actriz en un papel a medida que despierta no pocas risas, está Paula Kohan, otra buena comediante que acá se luce, Ludovico Di Santo en un rol muy disfrutable y por último Dennis Smith en reemplazo de Dan Breitman que se fue para "El violinista en el tejado". La acción transcurre en la dirección de un colegio bilingüe y recontra caro, a dónde han sido citados los tutores o padres de cuatro chicos de quince años que han realizado un acto vandálico registrado por las cámaras del colegio: violentaron una puerta consiguiendo un bate de beisbol y posteriormente molieron a palos al profesor de música que se encontraba en un descanso, practicando sus dotes de gran pianista. Los personajes son el abuelo de uno de los chicos (Arana), de actitud recta y criado a la usanza antigua, que no tiene el menor empacho de bajarle los dientes de un cachiporrazo a su nieto; una pareja, Fabiana (Oliva) y Patricio Sosa (Di Santo), un político en campaña, que está todo el tiempo pendiente de su celular y con ganas de evadir el compromiso para ir a su acto de cierre; una madre abandonada por su pareja, Andrea (Kohan) que es naturista, profesora de cuanta terapia estrambótica y oriental quepa en la mente y por último un padre abiertamente gay (con pareja homosexual) que encarna Dennis Smith componiendo al mariposa de siempre (ya me tiene un poco cansado). La directora del establecimiento es la doble cara de Marta (una estupenda Cabrera, que hace honor a su apellido) de rígidas costumbres y no dudando en insultar a sus subordinadas o a los padres de los pequeños delincuentes. Lo que se propone con la reunión es que los tutores firmen un papel asumiendo la responsabilidad de sus hijos y declarando no responsable al colegio, para evitar posibles juicios. Por supuesto que toda la trama correra sobre la suerte de firmar o no los dichosos papeles. Entre tanto se despliegan todo tipo de mezquindades, agachadas, mea culpas y aberraciones morales por parte de los progenitores, que demuestran que como tutores no valen mucho.
Aclara La Casa, que debido a la polisemia de las palabras, "tutores" son también esas varas que se colocan en las plantas para ayudarlas a crecer derechas, y que es con este doble sentido que se ha nominado a la obra. Como "tutores-sarmientos" también distan mucho los padres o encargados. El único que asume responsabilidades y no duda en que su nieto vaya preso es el abuelo Héctor, quien, por otra parte pone en duda la validez de la figura paterna que tiene Nacho (el gay) sobre su hijo, al presentar una familia con dos padres hombres, y que le "desacomoda las tuercas en la cabeza" a su hijo. Nacho no se queda atrás con sus comentarios tratando de retrógrado y fascista a Héctor. Por otra parte, el hijo más incriminado (en el video sin sonido, recalcamos esto, porque es fundamental como cambian las cosas cuando se descubre el audio), parece ser el hijo de Andrea, el que le destrozó la cabeza al profesor de música con el bate. Ésta, esquiva olímpicamente toda presunta responsabilidad aduciendo que su hijo es más o menos un angelito de Dios. Por algo es que los demás chicos rechazan ir a las reuniones que este organiza en su casa... influenciado por su madre y sus intentos macrobióticos de inyectarles las filosofías orientales a todos los compañeritos de su hijo. Por otra parte, Fabiana es una máquina de hablar y de negar la realidad y pelearse con su esposo, que se la pasa haciendo proselitismo en el aula (uno de los personajes más logrados este de Patricio Sosa). El político tiene al Chaqueño Palavecino animando su acto mientras lo esperan a él, pero al no llegar, hasta el folklorista se tomará las de Villa Diego. La directora, hablando mitad en castellano, mitad en inglés (para prestigiar su enseñanza, ¿viste?) es una directora de marcado paso nazi y representante de las fuerzas de la represión, a la que terminarán tirando por la ventana, en uno de los gags más inspirados.
Decimos que la obra no se convierte en universal ni en totalizadora porque se circunscribe a lograr aclarar este específico caso de agresión estudiantil, no deteniéndose en analizar las conductas negativas de los adolescentes de la mayor parte de este mundo nuestro que nos toca vivir, ni en revisar los porqués de tanta violencia en las aulas. Es un buen ensayo de pasos de comedia pero creo que se queda en eso, aunque como piedra de toque es bueno haber elegido este tema tan preocupante en nuestra actualidad, como disparador para hablarlo después de la función. Si bien lo que empieza como comedia termina en catástrofe y en muchos trapitos sacados al sol que son capaces de destruir falsas imágenes (que no vamos a deschavar en esta crítica), lo importante es conocer el paso de los adolescentes por la droga (casi todos, sin excepción son drogadictos) y por los abusos de violencia. Si bien están en una edad caracterizada por la rebeldía y el rechazo a las normas, lo inusitado de tanta agresión pasa a ser el tema dominante en esta inusual reunión de padres.
El tema de la violencia parece ser la contracara de estos pacíficos tutores, que pueden volverse salvajes cuando se ven tocados sus intereses o puestas en duda sus convicciones. Así aparecen los conflictos de pareja, las diversas formas de identidad sexual, la furia contenida contra sus hijos/nietos, el papel de "mantenidas" que juegan algunas personas, el rol de los chicos en la escuela, y sobre todo, el decoro que supone enviar a sus hijos a un colegio "tan caro", que más que por el nivel educativo parece haber sido elegido por el prestigio socio-económico que desempeña ante la mirada de los otros.
La reunión de padres, que comienza como una cosa calma, termina convirtiéndose en un verdadero caos y convocando a la carcajada permanente, por eso agradezco a esta obra estar en la cartelera porteña. Al que no la vio, le recomiendo que se apure porque son las últimas semanas en cartel y es una lástima perdérsela. La recomiendo con las acotaciones que he realizado, pero definitivamente es un buen pasatiempo para alegrar el alma, aunque se hable a veces de cosas trágicas.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).