sábado, 28 de mayo de 2016

Mi crítica de "Cita a Ciegas" (Teatro)

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Pude ver esta genial obra del autor argentino Mario Diament gracias a la voluntariosa iniciativa de Teatrix, que la estrenó este mes para que todos podamos disfrutar de ella y de su maravillosa propuesta.
Cuando en 1992 Al Pacino ganó el Oscar por su composición de un ciego en "Perfume de Mujer" lo que se destacaba por sobre toda su actuación era el manejo de su rostro, impasible en la mitad superior, de la nariz a los ojos, ya que los ciegos no tienen expresividad en esta zona de la cara por el mismo hecho de carecer de visión. Lección que parece no haber tenido en cuenta Luis Agustoni al encarar su papel de escritor ciego en esta obra. Es una lástima ya que esperaba que me deslumbrara en la actuación tanto como lo hace en la autoría o en la dirección. Es un gran error de Agustoni manejar todo el movimiento de la cara y no preocuparse por dar más verosimilitud a su composición. Por lo demás podemos decir que es correcta, al igual que todo el elenco, ya que nadie sale de lo corriente en esta interesante pieza. En definitiva no importa si el escritor ciego sea Borges o no, como lo postulan muchas otras críticas, ya que lo que importa es el argumento de telaraña y las historias que entreteje.
Podemos hablar acá de la construcción de un pentágono, un polígono de cinco lados y cinco vértices cuyas historias se entremezclan, se unen y se separan con la plasticidad de una medusa. Son cinco cuadros los de la obra y cinco los personajes, todos perfectamente estructurados desde el guión. Empecemos con el encuentro casual (aquí esta palabra va a recibir mucha importancia) entre el escritor y un hombre, subdirector de un banco que ha decidido llegar tarde a su trabajo para sentarse en la plaza. Allí el escritor le explica la importancia de las casualidades, ya que habría miles de factores que podrían haber incidido para que no se cruzaran nunca ni intercambiaran sus historias. El tema del azar, del Destino o como quiera llamarse atraviesa toda la obra. Ya los griegos antiguos estaban bien anoticiados  sobre las consecuencias del azar en la vida y en las tragedias humanas. No otra cosa es el mito de Edipo y Yocasta. Pero volvamos acá. El escritor le explica al hombre que cree firmemente en la teoría de las realidades paralelas, que dice que mientras en nuestro universo está sucediendo un acontecimiento, en otros universos paralelos pueden estar pasando los mismos acontecimientos con otro desenlace. Esta idea tal vez es la que originó la propuesta teatral que presenciamos. Por otra parte, el escritor le cuenta a su oyente que en su juventud vivió en París un encuentro que lo dejó marcado: se cruzó unos instantes en ascensores distintas con una chica tan hermosa que no cabía en sí de emoción. No pudo hablarle y regresó en los días sucesivos a la misma hora para ver si la encontraba, lo cual fue infructuoso. A la vez el hombre le relata que conoció a una chica más joven que él en un vernisage artístico que lo conmovió profundamente y a la que rastreó para volverla a ver. Ella lo atraía sobremanera si bien podía ser su hija y creyó que él ejercía el mismo influjo sobre ella. Esta le vendió un cuadro de un desnudo propio hecho por su novio a la módica suma de 20.000 dólares. Acto seguido se acostó con él en signo de agradecimiento. Ella era escultora en hierro que se dedicaba a hacer imágenes abstractas. Él siguió llamándola y ella empezó a rechazar sus llamadas e incluso a no atenderlo. Pero ese día, lo llamó para decirle que tenía una noticia para darle, que se verían a la noche en su departamento. Creo que es superfluo decir que el hombre en cuestión está casado, con una psicóloga por la que no siente pasión (siendo correspondido) y que tiene dos hijos. Los eventuales conferenciantes se separan.
Acto seguido se presenta ante el ciego que sigue en su banco de la plaza San Martín, una chica de 28 años que le relata brevemente su vida, es escultora en hierro, vive con un novio al que creía un genio y que al ser ignorado por la crítica empezó a tomar y a drogarse  y que en la actualidad se está muriendo de SIDA. Él pintó un desnudo de ella el que vendió a un hombre con el cual tuvo una aventura, por 20.000 dólares. Evidentemente es la chica sin nombre (es curioso, ninguno de los personajes tiene nombre propio). Ella le confiesa al escritor que desprecia completamente a este hombre, que no sólo insiste con verla sino que además se disfraza y la sigue por la calle creyendo que ella no lo advierte. Lo ha citado esa noche en su departamento para decirle que se muda a Londres. Antes de irse le cuenta al escritor que ha tomado una sesión con una psicóloga a la que le contó toda su situación, obviamente sin dar nombres. A esta altura no tenemos que ser muy sagaces para advertir que la psicóloga es la esposa del hombre.
Luego presenciamos una entrevista de la psicóloga con una mujer adulta que vive al lado de un hombre por el que no siente nada, que tiene una hija con la que se lleva mal, que es escultora en hierro... Bueno, ya sabemos que esta es la madre de la chica. Le cuenta de sus ambiciones de joven de dedicarse al canto lírico y como fue interrumpida su carrera. La psicóloga es una típica profesional de esa rama de la ciencia que contesta todo con otra pregunta, lo que fastidia a la mujer que le echa en cara su falta de profesionalismo. Antes de terminar la sesión le cuenta que estuvo durante toda su vida enamorada de un hombre a quién vio una sola vez en el boulevard de Saint Michel en París, que con el tiempo supo que se trataba de un famoso escritor (al que fue a ver en cada una de sus conferencias, pero siempre sentándose en la última fila y detrás de la columna). El escritor ahora está ciego.
Los acontecimientos siguen enredándose pero no quiero seguir más en el argumento para obligarlos a que la vean. Sólo diré que el escritor que pretende ser Borges calcula la Eternidad como una gran biblioteca de 500 anaqueles donde está escrita la historia presente y todo lo que hubiera podido haber ocurrido. Detalle que nos dice que éste no es Borges, ya que Jorge Luis habla de la Eternidad en su cuento (tal vez el más conocido) "El Aleph" y la presenta como un punto en el espacio en donde pueden verse simultáneamente todos los acontecimientos del pasado, presente y futuro que se están dando en todos los rincones del universo. Que esto no es otra cosa que la Eternidad por comprensión y definición.
Hay muchos detalles más en la obra que conforman un bloque sólido e indivisible de literatura teatral, pero el espacio y mi reserva me impiden continuar. La dirección de la obra corrió por manos del propio Agustoni y es correcta, con buenas marcaciones a los actores y un timming de comedia (tragicomedia) de enredos dignas de los directores hollywoodenses de la década del 50. Recomiendo muy fervorosamente esta pieza, quien todavía no la haya visto (va por su tercera temporada en el teatro El Ojo, propiedad de Luis Agustoni), también pueden hacerlo por acá, por Teatrix, sería una buena excusa para asociarse y para no dejar pasar joyas como esta.
Gracias nuevamente por leerme hasta acá.
 El Conde de Teberito (un crítico independiente).

Mi crítica de "Viejos Hazmerreíres" (Segunda visión) (Teatro)

El Gran Rex está lleno de bote a bote. Yo estoy con mi amiga Amalia, con quien elegí ver por segunda vez este espectáculo de Les Luthiers. Ellos siempre fueron una de las formas más acabadas de la alegría y el regocijo de vivir. Pero esta noche hay algo incómodo. Se mezclan la alegría con la tristeza. Y es que hace casi un año que no está Daniel Rabinovich con ellos (con nosotros). No se puede ser plenamente feliz cuando ha muerto el amigo. Y es que Daniel era el integrante justo para Les Luthiers. Era el más histriónico, el más gracioso, el que mejor sabía hacerse el bobo o llevar una conversación hasta el extremo de lo imposible, quien hacía esos juegos de palabras increíbles que desataban la carcajada a cada nuevo trastabilar de Daniel, uno de los que mejor cantaba (desde bolero hasta ópera), quien tocaba más cantidad de instrumentos (formales e informales). Todo eso se perdió de un plumazo aquella mañana de agosto en que nos despertamos con la triste noticia (yo me acuerdo que fue un viernes y no pude ir a terapia por el dolor que sentía) y nos quedábamos para siempre sin la jocundidad y la inteligencia infinita del humorista fino, aquel que bordeaba siempre el doble sentido sin traspasarlo jamás ("Ya sé, capitán, vayamos disfrazados de prisioneras y una vez a bordo, les atacamos", "No, imagínate lo que nos harían si se dieran cuenta de que no somos mujeres". Rabinovich (en voz baja): "Ps, peor lo que nos harían si no se dieran cuenta"). Chiste perfecto, redondito, efectivo, sin caer en la grosería y a punto de caer en ella. Este chiste en boca de Daniel funcionaba de maravilla.
Pero hoy venimos a tomar examen. Porque están los dos reemplazantes de Rabinovich: Martín O'Connor y Tato Turano. Es cosa difícil reemplazar un personaje en una obra y más acá, donde el reemplazo no es de un personaje sino de una persona. Había que inventar otro Luthier que tuviera el mismo discurso delirante de Daniel y a la vez no quedarse pegado a él. Y tengo que decir con profundo orgullo que lo logran. Uno tiende a olvidarse de quien ocupaba esos papeles porque ahora están encarnados con soltura, destreza y profesionalismo. O'Connor reemplaza al Daniel parlante y cantante y Turano al Daniel músico. Y la inteligencia y profundo amor de estos muchachos los llevan a hacerlo bien. O'Connor tiene mucha gracia espontánea y sabe hacer suyas las palabras del otro, tiene a su vez una voz excepcional, forjada por la comedia musical y se posiciona con total comodiad en el papel de Ramírez en la inefable  "Radio Tertulia" (Nuestra opinión, y la tulia), que es la columna vertebral del espectáculo, así como en la zarzuela náutica "Las Majas del Bergantín" o la cumbia epistemológica "Dilema de Amor". Tato Turano, por su parte , conoce el mundo de los instrumentos y puede manejarse a la perfección con la tuba, la batería o el "calephone" (especie de tuba hecha con un calefón). Prueba superada ampliamente por los dos.
El programa es extenso (casi dos horas) y comienza con la Radio Tertulia en donde se irán hilando los sucesivos números musicales, sumados a los propios de la radio (el desopilante trío "London Inspection") con un también imperdible reportaje en "inglés" a los integrantes del trío en conexión desde Londres ("qué inglés cerrado. Estos me parece que son de Temperley", dirá Murena (Mundstock). Comienza por la ya citada "Las Majas del Bergantín", un fragmento de zarzuela que data de 1980 y todavía sigue vigente, haciendo partir de risa a los que la contemplamos. Siguen en pie Francisco "el estampao", Aníbal, "El insatisfecho", y los mellizos Julio y Agosto. Y el Capitán ("¡Es inútil!", "Sí... pero es el capitán"). Continúa un número tocado con todos elementos del baño, es "Loas al Cuarto de Baño" (Obra Sanitaria), que se ejecuta con "Calephone", "Lirodoro o Lira de Asiento" (una lira hecha con la tabla de un inodoro), el "Nomeolbidet" (un complejo artificio que toca Maronna empuñando un bidet con manivela) y la "Desafinaducha" (otro invento realizado con una ducha que, mientras vierte agua va tocando campanillas a su paso). Es uno de los puntos altos del programa. Sigue con las "verdades hindudables" del Swami Maharishi Sali Baba (un López Puccio inigualable) que vendrá a revelar verdades sobre el ser humano y el Cosmos. Sigue la banda de sonido de la serie "Deber Imposible", rebautizada "Imposible de ver", en el capítulo "¿Quién Mató a Tom McCoffee?", que aunque la haya visto decenas de veces sigue tendiéndome a la carcajada, con esa pianista negra ciega que, como es ciega, no sabe que es negra (ella cree que es hija de polacos) ¿Humor surreealista? Podría ser. Una extensa y deliciosa obra donde impera el jazz y el blues.
Continuamos con el estreno de este espectáculo, la "Receta Postrera", un enfrentamiento gastronómico entre las ancianitas Clarita y Rosarito, armadas por un instrumento a base de sartenes, que, al oprimir sus asas tocan un cómico sonido que les permite tocar su vals comestible. Sigue la bossa libidinosa "Amor a Primera Vista" tocada por el famoso guitarrista nacido en Bahía... Blanca. Y que cuenta cómo consiguió seducir a la esposa de uno de los guitarristas de Les Luthiers, para luego llevarse a la del otro. Va llegando el espectáculo a su fin y estallan las palmas para acompañar la cumbia epistemológica "Dilema de Amor", una cumbia villera sazonada con nombres de filósofos y epistemólogos famosos por parte del solista, lo que crea una gran confusión en los instrumentistas y coreutas que le adjudican al verbo "epistemologar" el significado que todos nos imaginamos. Y finaliza el espectáculo con lo mejor (musicalmente) de la noche, el ten-step "Pepper Clemens Sent the Messenger, Nevertheless the Reverend Left the Herd" (todo con "e"), cuya traducción es "Snerf el Mequetrefe, ese Repelente Vejete Verde". Si es original en la música lo es también en la parte leída que ofician Mundstock y O'Connor y que provoca que se junten gran cantidad de instrumentos informales sobre el escenario, y que sean ejecutados todos consecutivamente. Lo que empieza como una pieza barroca para órgano alterna con los latines (violines de lata) y se vaya complementando con la Flauta Bunsen, las bocinetas, la tuba, el piano y por último la Tabla de Tocar (una tabla de lavar con múltiples anexos) que los cuatro luthiers músicos tocan terminando en un jazz desenfrenado.
Y "fuera de programa" el r.i.p. al rap "Los Jóvenes de Hoy en Día", que demuestran que a sus 70 años López Puccio está ágil para saltar y rapear como el más afiebrado de los jóvenes.
Bueno, pasamos una noche magnífica en compañía de estos amigos de toda la vida (empezaron ellos dos años antes de nacer yo, así que me acompañaron durante toda mi existencia) y que ya cumplen casi 50  años de vida como grupo.
¡¡¡Larga vida a Les Luthiers y que sigan llenándonos el alma de juventud!!!
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

lunes, 23 de mayo de 2016

Mi crítica de "Ópera Prima" (F. Trueba-1980) (Cine)

Pude volver a ver esta película después de muchísimo tiempo, que me había hecho guardar un sabor dulce en mi memoria cinéfila, reemplazándolo ahora por uno un poco más amargo. Digamos que Fernando Trueba es uno de mis directores favoritos dentro del cine español, que aprendió mucho de sus errores de esta y logró obras más consolidadas como "El Año de las Luces" (1986), "El Sueño del Mono Loco" (1989), "Belle Epoque" (1992, con la que ganara el Oscar a la Mejor Película Extranjera), "Two Much" (1996, filmada en Estados Unidos con equipo norteamericano) y "La Niña de tus Ojos" (1998). De ahí en más le perdí el rastro, empezó a filmar peor o no se estrenaron en nuestro país sus películas. Digamos que para una ópera prima, el título no es del todo desacertado, ya que trata de la relación amorosa entre dos primos, pero el mismo título yo lo supe utilizar mejor en un guión mío que también trataba sobre la pasión entre dos primos hermanos, pero uno de ellos es un regiseur de ópera y toda la música de la película está compuesta por arias de ópera. El conflicto entre los primos se presenta porque él es ateo fulminante y ella una religiosa recalcitrante, pero a través de la atracción que sienten el uno por el otro empezarán a tambalear sus creencias. Acá no, todo es más ramplón, ella, Violeta (Paula Molina, bellísima) es una pésima violinista, de esas que parecen serruchar el instrumento, reencuentra en la calle a su primo Matías (Oscar Ludoire), quien se desempeña como reportero de un diario, junto a su amigo y mentor León (Antonio Resinés). Todo parece fulminante entre los dos primos, apenas dos cenas de por medio y a la media hora del film ella se desnuda y se mete en la cama invitándolo a él a compartir almohada. Después de un debut decepcionante (como eyaculador precoz), León le recomendará que tenga pensamientos sobre la muerte en el momento de acabar, lo que vuelve aún más traumática la situación (digo traumática y no cómica, ya que a esta comedia le falta el condimento del humor, y eso es muy serio en una comedia, casi como ser eyaculador precoz). Pasarán a vivir juntos y a amarse locamente, aunque su compañero de violoncello (que tiene el mismo sex apeal que un Capusotto español), Nicky (Luis González-Regueral) se ponga como una sombra oscura entre los primos, y cuando planean un viaje a Perú por un encuentro musical, y Matías no pueda ir, como prolegómeno, se acuesten juntos. Además Matías es "escritor de un best seller", una novela negra que avanza con grandes dificultades, a punto de verse atrapado en el capítulo VI. Las desavenencias empiezan entre entre ellos y es así que Violeta parte para Perú. Pero no se asusten, el final es feliz, cosa que no volvería a aparecer en la obra de este cineasta.
Trueba aprendió muy rápido a hacer cine y en esta obra de sus 25 años tiene muy buen uso del plano-secuencia, filmando casi toda la película en esta modalidad y dejando muy poco espacio para los primeros planos, prefiriendo un plano de conjunto que abarca la totalidad de la escena y sabe mantener el tiempo necesario. Otra particularidad de la obra es que se guíe mucho por la improvisación de los parlamentos, que los actores más sólidos (Resinés, Marisa Paredes) saben aprovechar con mayor soltura que los jóvenes. A veces, atarse a un guión de hierro puede ser útil para la comedia. Por supuesto el dilema ético del amor entre dos primos hermanos no es un problema que afecte acá (en mi obra tampoco), y se han dado casos en la historia de relaciones entre primos hermanos que han sido fructíferas (Dardo Rocha,, mi antecesor se casó con su prima  Paula Arana y vivieron muy felices). No debería por qué serlo tampoco.
Pero digo que le falló la comedia a Trueba (gran conductor de comedias por otra parte, ver "Belle Epoque") porque hay una falla estructural, el guión está mal trabajado y vuelvo en que se dejó mucho espacio para la improvisación de tipos que tienen la misma gracia que un hipopótamo, y sin la columna vertebral de la película, como es el guión, no hay quien pueda sacarla  a flote. No hay gracia en los diálogos, no hay gracia en las situaciones, no hay gracia en los rostros elegidos, todo apunta para el fracaso. Si se quiere ver como una película romántica, ahí tenemos más chances, pero tampoco es algo del otro mundo... Por lo pronto, no recomiendo ver "Ópera Prima" más que como piedra basal de lo que con el tiempo fue un gran director.
Gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 21 de mayo de 2016

Mi crítica de "El Gran Gatsby" (Vers. B. Luhrmann) (Cine)

Me ví compelido a ver esta película por iniciativa de mi gran amigo Miguel, quien me requirió para hacer juntos un tratado sobre política y arte y quiere que yo dé mi opinión sobre diversas películas. Así que allí me fui, a recorrer el texto de Scott Fitzgerald (el que confieso, no leí, no hay tiempo para leerlo todo en esta vida, y uno hace sus elecciones) a través de la mirada de alguien tan extremista como Baz Luhrmann. Debo reconocer que no la vi en su momento (2013) por la cantidad de malas críticas que recibió, y que a mí no me disgustó, pero tampoco me enloqueció.
Vamos por partes. Toda la película es un extenso flashback de un relato que está escribiendo Nick Carraway (el insoportable Tobey Maguire, con su perenne e inmutable mueca de sonrisa aún en los momentos más dramáticos) en un sanatorio en el que se ha internado por alcoholismo, desórdenes nerviosos y otras bellezas. "Mi padre me dijo que yo debía fijarme en lo mejor de las personas", comienza el relato en voz de Carraway, quien llegara a ser el gran amigo y compinche de ese misterioso Gatsby.
La película está hecha enteramente por computación, totalmente digitalizada y yo, como principio, estoy en contra de las películas "artificiales". Pero decir que por eso Luhrmann es un mal director es como decir que James Cameron o Peter Jackson también lo sean. Por la misma razón que no me gustaron "El Señor de los Anillos", la saga de "La Guerra de las Galaxias" o "Avatar" ("Titánic" me gustó bastante, eh). Y debo reconocer que nadie como Luhrmann para despilfarrar efectos especiales en mostrar una fiesta "salvaje" de los años 20 en Norteamérica, con todo el fasto, el despliegue, el uso de la música y las posiciones de cámara que ya lo habían hecho famoso en "Moulin Rouge!" (la cuál me encantó). Es el director indicado, pero ya cuando los planos de toda la película empiezan a durar entre 2 y 5 segundos y ¡corte! a otro plano empieza a cansar. El ritmo es vertiginoso y el montaje tan excepcional que deja boquiabierto. Pero no es una competencia de técnica lo que estamos juzgando sino un hecho artístico. Y sobre todo con un final trágico como el que acá se cuenta (un verdadero "melodrama" ya que el término se utilizaba en sus comienzos para definir los dramas con música). Las tomas aéreas de New York, las carreras de los coches, las fiestas, todo está digitalizado y montado a un ritmo alucinante (que hace alucinar, en el verdadero sentido). La presentación de Jay Gatsby en medio de fuegos artificiales y remarcado por la "Rhapsody in Blue" es hermosa, pero igualmente falaz.
La historia es la de la amistad entre Carraway y Gatsby (Leonardo Di Caprio, de él voy a hablar más adelante) y la relación que une a éste con la prima de aquel, Daisy, casada hace cinco años con el millonario Tom Buchanan, pero que se vio separada de Gatsby por la guerra y nunca dejó de amarlo, y su "feliz" reencuentro cuando éste ya es un millonario que reíte de los K... Encuentro que la llevará a separarse de su marido y planear su vida junto a Gatsby, pero que los conducirá a la tragedia. Leonardo Di Caprio es un actor enorme, que se consagró con esta película (ya se había consagrado en "¿A quién ama Gilbert Grape?" y "Mi vida como hijo", dos películas de su niñez/adolescencia), le bastan dos escenas para deslumbrar, cuando arremete con aires de toro para su reencuentro con Daisy en la cita del té en la casa de Nick y cuando se le avalanza al marido de Daisy con la furia de golpearlo y se contiene en el intento. Estas escenas lo muestran como el nuevo Marlon Brando y es inevitable que durante toda la película nos haga recordar a Robert Redford (quien hiciera la versión original junto a Mia Farrow) en algunos gestos cómplices que lo hacen muy semejante. Por eso, a Di Caprio deberían haberle dado el Oscar mucho tiempo antes y no esperar a ganarlo por ese mamarracho de "El Reventado", o "El repartido", o "El Renacido", o como se llame... Carey Mulligan como Daisy, esa "rubia algo tonta", como lo que ella espera para su hija, sale airosa de su papel y exige una entrega también importante.
Gatsby representa el Sueño Americano, y lo ha ido construyendo a través del contrabando de alcohol y de sus negocios turbios con Wolfsheim, otro mafioso y corrupto igual que él (¿de dónde es posible sacar tanto dinero, en todos los órdenes de la vida, si no es a través de la corrupción?) y vive anhelando ver ese esperanzador "rayo verde" en el horizonte al igual que los protagonistas de la película homónima de Eric Rohmer. Rayo que por fin alcanzará a ver Carraway.
En resumen, que me parece que no hace falta de tanto desborde tecnológico y pirotécnico para contar una historia que en sí es una tragedia, si bien en manos de otro director hubiese sido una película más, era necesario que Luhrmann se pusiera al timón del proyecto para contarla, pero se podría haber ahorrado unos cuantos millones de dólares sabiendo dosificarla mejor y unos cuantos dolores de cabeza (y de ojos) al pobre espectador desprevenido.
Gracias nuevamente por leerme hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente). Espero que esto te aclare dudas, Miguel.

Mi crítica de "Claveles Rojos" (Teatro)

Ver obra

¿Quién es normal y quién no en este mundo de anormales? ¿Cuál es el parámetro para medir la salud mental en esta sociedad de mentirosos, tramposos, olvidadizos, desmemoriados, ignorantes, incoherentes, absurdos e incapaces? La obra, escrita y dirigida brillantemente por el gran Luis Agustoni, con sus actores del teatro "El Ojo", y presentada ahora por Teatrix, al mismo momento en que cursa su cuarta temporada, pone el dedo en la llaga sobre el sistema jurídico, el de salud y los prejuicios.
Es que Liliana Doblas (una admirable María de Pablo Pardo) padece de un significativo retraso mental, lo que le hace hablar mal, arrastrar sus palabras, tener un hemicuerpo encogido, pero no le impide razonar y considerarse en pleno uso de sus facultades mentales y su dignidad como persona. Síntomas, que, por otra parte no difieren de los de quien ha sufrido un ACV, por ejemplo, aunque a su corta edad, 23 años, esto parece imposible. Pero su madre, Elena Suárez de Doblas (Teresa Solana) parece odiarla por todos los problemas que le ha infligido a su familia y pide que sea declarada insana para pasar a ser ella su curadora. Es una mala madre, además de una víbora ponzoñosa que se cava su propia fosa cuando la dejan hablar francamente en el juicio. Liliana, a la muerte del padre, reclama su parte de la herencia que consta de varias millas de campos y una estancia, y como su familia está en bancarrota, éste es el detonante para proclamar que no puede autovalerse, ni manejar dinero y menos comprar o vender. Pero afortunadamente Liliana cae en manos de un buen abogado, el Dr. Fernando Millán (Santiago Rapela), quien es su defensor y la defiende con uñas y dientes, haciendo las preguntas pertinentes y sagaces a todos los testigos. Le promete que van a ganar el juicio. Lo cierto es que Liliana tiene que pasar por cientos de tests, audiencias y entrevistas que dan su veredicto, es una persona por debajo de lo normal. Pero Liliana (quien no ha podido terminar la escuela primaria) se desenvuelve con soltura en un curso de teatro y ha conseguido recibirse de radioaficionada y trabajar con un colega que la defiende, en un programa radial. Ella tiene sus propios pensamientos críticos y sabe argumentar, así como enfrentarse a su rapaz familia. Consigue hacerse amiga de una secretaria del juzgado, Federica, (Ivana Cur) quien se vuelve cómplice en sus padecimientos. Se ve el enfrentamiento entre ambos abogados, el de la parte defensora como el acusador y todo transcurre en un ámbito jurídico, oficinas, estrados y dependencias.
La obra está bien construída y es sólida, no tanto el elenco, que como dije está formado por alumnos de Agustoni, destacándose los ya mencionados, con un gran trabajo de  María de Pablo Pardo, que logra conducir a su subnormal por los caminos de la dificultad expresiva y motriz. Del resto de muchos actores y actrices (algunos hacen hasta cuatro papeles) poco es lo que se puede agregar, ya que no alcanzan el brillo de los actores profesionales, y eso se nota.
Luis Agustoni es un gran director de actores, baste recordar sus obras "El Protagonista" y "Los Lobos", de gran éxito ambas y con excelentes actuaciones, y la puesta de obras como "El último de los amantes ardientes", "Loca" y sobre todo la adaptación y dirección de la inmortal "Brujas", obra récord del teatro argentino que duró 13 años en cartel.
Esta obra fue concebida como un libreto para televisión y luego adaptada a su formato teatral sin que le veamos las costuras, y el trabajo de cámara que se toman los muchachos de Teatrix es formidable, logrando primeros planos de gran expresión. Así es como los bigotes del juez, Dr. González Berger (Fernando Ricco) nos suenen falsos y malamente encanecidos. Pero lo que se ve es brillante, pese a estos pequeños inconvenientes.
Pero volvamos a la pregunta sobre la normalidad. ¿Quién puede establecer quién es normal y quién no? ¿Un grupo de peritos calificados, como médicos, psiquiatras, psicoanalistas, maestras, compañeros de estudio, novio malandra, etc.? ¿No está sobrevalorada la normalidad hoy en día? Cuando sabemos que todos tenemos nuestro propio TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) por pequeño que sea. Nuestras propias fobias (conozco gentes muy normales que no aparecen los días de lluvia porque le tienen fobia a la lluvia). ¿Quién no ha necesitado en alguna etapa de su vida de "la pastillita", ya sea para conciliar el sueño, para bajar neurosis o para vencer miedos? ¿Es tan "terrible" que Liliana aparezca un día "dopada", a sabiendas del terror que conlleva estar sometida a un juicio? Sólo debo decir que la obra se resuelve de la forma más saludable posible y genera un gran respiro para los espectadores. Si quieren saber más, vayan a verla, o véanla por Teatrix. Mis felicitaciones para una obra tan adulta y valiente de uno de los grandes autores argentinos contemporáneos.
Y gracias por leerme nuevamente hasta acá.

El Conde de Teberito (un crítico independiente).

Mi crítica de "La Academia de las Musas" (Cine)

"La academia de las musas" es una película pseudodocumental del gran director José Luis Guerín, del 2015 que pasó con gran éxito por el Bafici 2016 de nuestra ciudad. Es una clara muestra de como la ciencia puede ser absorbida por el cine y transmitida sin caer en lo retórico ni en el aburrimiento, siendo a la vez didáctica y apasionante. Dudo mucho que, por sus características esta obra se estrene en nuestra cartelera (digo yo usando la metonimia), salvo en alguna sala reducida de cine arte, aunque su llegada podría ser bien acogida por el público masivo.
El tema central son las clases y vida de un profesor de filología, el italiano Raffaele Pinto, dando clases en la Universidad de Barcelona, Facultad de Filología. Esta rama del saber es la ciencia que estudia los textos escritos y en ella la estructura y evolución de una lengua y su desarrollo histórico y literario, así como la literatura y la cultura del pueblo o grupo de pueblos que las han producido. En principio asistimos a las clases de este profesor (clases pobladas de mujeres jóvenes y de algún que otro varón, las que lo admirarán y hasta llegarán a compartir cama con él). También somos voyeristas de parte de su vida conyugal con una mujer mayor, de la edad de él, quien también se encuentra entre su alumnado y discute y lo enfrenta en su casa en sus hipótesis sobre el valor de las musas, y con él, el de la mujer en general.
Raffaele toma como prototipo de musa a la Beatrice del Dante y su descenso a los infiernos, en donde conocerá a Francesca, mujer inspirada por la literatura, en donde encontró a la reina Ginevra que le robara un beso a su amado Lancelot. Ella cometió el mismo "error" y por eso ahora está condenada al Infierno. Se suscitan polémicas en su alumnado en torno a ésto y se derivan ramificaciones que nos va llevando por los difíciles caminos de esta ciencia/arte. Dice el profesor que la función de las musas es la de despertar pasión, y eso es lo que despierta él en sus infatigables conferencias. Otra de las definiciones es que tanto el amor como el deseo es un invento de los poetas (y de los antiguos trovadores) y que somos prisioneros del lenguaje, ya que sin él no podríamos escribir, ni pensar ni comunicar.
Discute con su mujer el que las musas pasan de su condición de mito a historia, al trocarse de imaginaciones a seres de carne y hueso como la Beatrice de Dante (que no sabemos a ciencia cierta si existió). Otro de los mitos que se citan es el de Apolo y Daphne, que cada uno de ellos fue atravesado por una flecha que tenía el poder de hacerlos enamorarse perdidamente de la primera persona que vieran, y se vieron ellos y vivieron una loca historia de pasión. Se nombra también el mito de Orfeo y Eurídice, y con él la función de la música y la poesía en las musas, que sería la de conectarnos con los muertos. Una de sus alumnas (todas son muy calificadas en el tema a través de sus preguntas y opiniones) trae el concepto de "ninfa", término del cual se desprende el de "ninfómana", reservado sólo para las mujeres, y que en la mitología sería el anverso del sátiro. Estas mujeres expresan la voluptuosidad de la sexualidad desenfrenada y del deseo constante.
El profesor hace un viaje a Cerdeña acompañado por una de sus alumnas, la bella Emanuela, que habla sólo italiano (uno de los más serios inconvenientes de la película es que la mitad está hablada en italiano y no trae subtítulos -los subtítulos que yo tengo están en inglés- y al no ser ducho en esa lengua pierdo bastante de las tesis, aunque algo logro rescatar). Es muy sospechoso que  Raffaele complete su formación con alumnas en su auto, a las que parece conduce a algún lugar. Pero volvamos a Cerdeña. Allí, con el invalorable apoyo de Emanuela entrevista a unos pastores/filósofos/cantantes/músicos/poetas que ponen su hincapié en la fuerza de la palabra como propiciatorio para el amor, y cantan bellos tríos o entablan poemas difíciles de superar por poetas profesionales.
En otro viaje, ahora a Nápoles, se hace acompañar por Mireia, una joven hermosa que tuvo un romance por Internet que la ha dejado muy satisfecha, pero cuando se encontró en la cama con su amante, este le pide que no aspire tan bajo de sus posibilidades. Entonces no tiene mejor idea que convertirse en la amante de Raffaele.
Según el profesor dice a su mujer, que la poesía es la pregunta sobre qué hay detrás de la muerte y que eso es a lo que aspira él, y ella le recrimina que lo busca a través de sus alumnas, a lo que él asiente. Hay una mudanza de por medio en donde se expresa la tirantez e incomodidad del matrimonio por la disposición de sus libros. Finalmente la esposa se entrevista con Mireia y esta le reconoce en la cara que es la amante de Raffaele y que éste escribe sonetos dedicados a ella. La mujer le contesta que han hecho un pacto con su marido, que si él muere primero ella se encargará de publicar todos sus sonetos y él le promete que si ella muere antes él sólo se dedicará a escribirle sonetos a ella. La película cierra con una imagen de cada una de las mujeres que han desfilado por la vida de Raffaele en este breve pero apasionante istmo de su vida.
Más allá de la historia de amor, que puede (o debe) ser inventada, son sumamente interesantes todos los debates sobre mitos, lenguaje, poesía, musas, música, escritura y todo lo que constituye esta apasionante rama de la ciencia, es una pena no poder transcribir cada uno de ellos pero sería como contar la película en su totalidad, algo que no debo hacer y que además excedería mi espacio. Una maravilla de obra de arte bien elegida para el Bafici, y, para los que no la hayan visto, para no dejar pasar.
Gracias por leerme nuevamente hasta acá.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).

sábado, 14 de mayo de 2016

Mi crítica de "2 Días en New York" (2011) (Cine)

Por fin pude ver la tan demorada por mí secuela de "2 Días en París" de, por y con la talentosa Jullie Delpy, continuación de la otra pero esta vez el marco de referencia y de residencia es New York en vez de la Ciudad Luz. Marion ha cambiado no sólo de residencia sino también de novio, ahora comparte piso y cama con un afroamericano de nombre Mingus (Chris Rock) y los dos días fatídicos son los de la visita de su familia francesa a la capital de la cultura (un padre viudo, con todo el espíritu lúdico a flor de piel, una hermana exhibicionista y un futuro cuñado drogón). Marion comienza y termina su película contándosela como un cuento de títeres a la que al final sabremos es la hija de la pareja (mulata). Una de las cosas que más asombra en el film es que todos tomen con tanta naturalidad la unión y enamoramiento de la rubia francesita con un negro como el carbón que no habla ese idioma, cosa que debería ser, por otra parte, lo más natural si no existiesen los prejuicios de unión de razas o de religiones (hasta de bandos políticos enfrentados). Todo está aceptado en la ciudad de New York y nada asombra a nadie.
Mingus trabaja como periodista en un programa radial y su sueño es entrevistar a Obama, sueño que va configurándose realidad; y Marion busca abrirse camino en el mundo de la fotografía y las exposiciones artísticas. Es por ello que para su primera muestra "vende el alma" (concretamente) por 5.000 dólares (puestos por el actor y director Vincent Gallo, de breve intervención en la película). Es que Marion no cree en la existencia del alma, así que eso es como un juego para ella, juego que le sale mal debido al pobre monto de dinero que recolecta. Pero lo principal es la familia... Convive con su novio y sus tres visitantes, más dos niños propios y ajenos en su piso de New York hasta que la situación se hace insostenible para Mingus (que debe soportar hasta que la hermana de ella utilice su cepillo de dientes eléctrico como vibrador junto a su novio) y éste le suplique que los mude a un hotel. El padre no, que a su edad siempre está dispuesto para hacer bromas o maldades, como esa de rayarle la limusina a un millonario con una moneda, o la de andar desnudo en el baño sauna.
Pero lo que prevalece en esta comedia (sí, porque de eso se trata) es el humor y amor con que la actriz/autora/directora trata a sus personajes. Está visto que Jullie Delpy es la Woody Allen con faldas, y no duda en poner un gag detrás de otro, todos de efectividad y conjugarlo con situaciones dramáticas. Es mucho lo que aprendió Delpy de su colega neoyorquino, si bien aquí todo pasa sobre el tamiz de lo francés en lugar de lo judío. Y Delpy sabe escribir, ya lo había demostrado en sus anteriores "Dos Días en París", "Le Skylab" y la recién estrenada "Lolo, el Hijo de mi Novia", además de la colaboración con Richard Linklater y Ethan Hawke para darle forma y color a esas maravillas que fueron "Antes del Amanecer", "Antes del Atardecer" y "Antes del Anochecer", que para mí ya son películas de culto, y a las que frecuentemente vuelvo para refrescarme el alma.
Decíamos que lo importante es la familia (como dirían los Campanelli), ya que a pesar de aguantarles las mil y una, en el momento cúlmine del film, cuando Marion se suba a un alto tejado para salvar a la paloma que ha quedado enganchada y esté por caer al vacío, serán las manos de toda su familia quiénes la salven del golpe mortal. Decimos que Marion (Delpy) es el alter ego de Woody porque es una chica nerviosa, neurótica, insegura de sí misma (capaz de agarrar por las solapas al crítico despiadado que está elogiando su trabajo, por las dudas nomás), capaz de fingir un tumor cerebral que le da un mes de vida ante la vecina que quiere desalojarla, una mujer que recorre un camino distinto al del resto del mundo. Y hay golpes maestros como cuando se finge atacada por el tumor o cuando se pierde en la calle en esa noche de Halloween donde los rostros enmascarados le devuelven como un espejo su distorsionada y apesadumbrada vida, o cuando trata de explicarle a sus hijos porqué es malo andar disfrazado de muerto. Sin hablar del último de los gags, el de la "paloma vengadora".
Jullie Delpy se ha instalado ya en el lugar de los directores sólidos, aún con sólo cuatro largometrajes a sus espaldas, diciendo en un reportaje que dirigir, es para la mujer 1.000 veces más difícil que para el hombre. Pero sus productos dan muestra cabal que tiene qué decir y sabe como hacerlo, recurriendo en todos los casos a un sentido del humor entre irónico y nostálgico, pero siempre chispeante. Recomiendo esta película como así todas las demás en que dirigió o colaboró (como en los casos de "Antes del...") o en las que simplemente trabajó (no podemos olvidar su eficaz colaboración con el maestro polaco Kryzstof Kieslowski en "Blanc", de su trilogía de colores). Así que véanla si la encuentran por cable o si la pueden conseguir bajar como hice yo. Dentro de poco mi crítica de "Lolo".
Y gracias por leerme hasta acá nuevamente.
El Conde de Teberito (un crítico independiente).